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Perfiles
altos y perfiles bajos
Teoría y práctica de la política
exterior latinoamericana
Gerhard Drekonja. Juan G. Tokatlian (compiladores)
Cerec (Fondo Editorial)-Cei (Universidad de los Andes),
Bogotá, 1983, 559 págs.
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Aunque el profesor Gerhard Drekonja era persona muy conocida por sus
trabajos sobre política exterior colombiana desde que se vinculó al departamento de
ciencia política de la Universidad de los Andes en 1977, no es de extrañar que entre
1982 y 1983 se hubieran publicado dos libros que recogen dos aspectos diferentesaunque complementarios de su trabajo. Se trata
de la obra a la que aquí nos referimos y Retos de la política exterior colombiana, publicado
también por el Fondo Editorial Cerec en una primera edición en 1982, y en una segunda
(corregida, actualizada y aumentada) en 1983.
La proyección internacional de
Colombia, alcanzada por el gobierno de Belisario Betancur, hizo tanto más necesario para
estudiantes y funcionarios, diplomáticos y periodistas, que existieran fuentes de
consulta que sirvieran para obtener un marco de referencia de la historia de la política
exterior colombiana, dentro de un contexto más amplio: el curso de las relaciones
internacionales de América Latina.
El trabajo de Drekonja y Tokatlián se ha realizado en estrecha relación con un círculo
de alumnos y profesores que, teniendo como centro de operaciones el departamento de
ciencia política y el Centro de Estudios Internacionales de la Universidad de
los Andes, en Bogotá, conjuntamente avanzaban en la
búsqueda de precisar cuáles han sido las líneas y los momentos decisivos de la
política exterior colombiana y latinoamericana. Este factor hace que su obra sea un fiel
reflejo de la comunidad académica, de su visión y metodología, de su transparencia e
independencia.
Precedido de un prólogo de Klaus Schubert (director de la Fundación Friedrich Ebert de
Colombia FESCOL) que no le hace justicia al contenido del libro, en el que
abundan las comillas para referirse a términos muy trillados o a frases de cajón, que
introduce cierta desconfianza en el lector de hallarse de repente metido en un tema
dominado por clichés: "autosostenido y no dependiente", "qué hacer",
"desarrollo hacia afuera", "unidad perdida", "situaciones
condicionantes", "situaciones de transición"; y en el que se hace un uso
romántico y discutible de conceptos como el de Nación aplicado a la
"nación latinoamericana", el libro se subdivide en Cuatro grandes unidades:
A. Elementos teóricos
B. Enfoques prácticos
C. Elementos comparativos
D.
Anexos
En la primera de ellas
Elementos teóricos se reúnen ocho artículos de otros tantos autores, entre
los que se mezclan protagonistas y simples analistas de la política exterior de América
Latina. Compárese, por ejemplo, la posición de un Carlos Moneta, director alterno de
consulta y coordinación del Sistema Económico Latinoamericano (Sela); y la de un Luciano
Tomassini, coordinador del Rial (Programa de Estudios Conjuntos sobre Relaciones
Internacionales de América Latina), director de la revista Estudios Internacionales
que por sí misma es todo un capítulo de la historia de la teoría de las
relaciones internacionales de América Latina; con los artículos de Juan G.
Tokatlián, coordinador del posgrado de relaciones internacionales de la Universidad de
los Andes, y un Roberto Russell, profesor de política exterior de América Latina en las
universidades de Belgrano y Salvador, en Buenos Aires (Argentina).
Lo que si constituye una intención aglutinante de toda esta diversidad es la selección,
hecha por Drekonja y Tokatlián, de artículos en los cuales, a la vez que se hace
historia, se deja bien en claro dónde se sitúan los mayores problemas: recursos
energéticos; negociaciones regionales, multilaterales y colectivas; diálogo norte-sur;
poder de negociación de un país o un bloque de países, aunque lamentablemente queden
por fuera aspectos fundamentales, como es el papel de la transferencia de tecnología y la
presencia de las empresas multinacionales en América Latina y su influencia sobre la
formulación de la política exterior de los países en los cuales tienen su casa matriz y
sus subsidiarias.
El primer artículo, "Contenidos y metas de la nueva política exterior
latinoamericana", de Gerhard Drekonja, es prácticamente el mismo que publicó el
Fondo Editorial del Cerec en Retos de la política exterior colombiana, sólo que
en esta última edición está más actualizado. Allí Drekonja traza el rastro de la
situación actual de las relaciones internacionales de América Latina en la situación de
posguerra, la creación de la ONU, la firma del Tiar (Tratado Interamericano de Asistencia
Recíproca), la fundación de la OEA y la Cepal y la revista Foro Internacional, dirigida
por Daniel Cossio Villegas desde el Colegio de México. Dentro de estos momentos de la
coyuntura geopolítica se forjó lo que él llama la primera generación de pensadores y
políticos latinoamericanos que comenzaron a definir una posición más crítica e
independiente, en especial bajo la influencia de Raúl Prebisch y la Cepal.
Posteriormente, Gabriel Valdez (ministro de relaciones exteriores del gobierno demócrata
cristiano en Chile), en compañía de Claudio Veliz y teniendo como sede el Instituto de
Estudios Internacionales de la Universidad de Chile, publican la revista Estudios
Internacionales (1967). Un poco antes Brasil había ingresado al Movimiento de los No
Alineados; después seria Venezuela la que ingresaría a la poderosa Opep (1970). Esto
configura una segunda generación en la que
va tomando forma el concepto de autonomía periférica (propuesto por primera
vez por Helio Jaguaribe en Estudios Internacionales, Santiago de Chile, vol. XII, Num. 46,
1979), que según lo recoge Drekonja se podría sintetizar así: "El desarrollo de
una política exterior semiautónoma [autonomía periférica] es viable [sólo] [. . .]
donde el país en cuestión reconoce los limites de tolerancia del poder central y
decide actuar dentro del sistema, aprovechando oportunidades y coyunturas propicias"
(pág. 8).
La firma de la Carta de los Derechos y
Deberes Económicos de los Estados, propuesta por México y finalmente aprobada por la
ONU, y la creación del Sela (Sistema Económico Latinoamericano) en 1975, al que Drekonja
no duda en calificar como "instrumento coordinador más eficaz de la emancipación
latinoamericana", delimitan los rasgos de una tercera generación de negociadores
políticos externos en América Latina. En ese sentido se ha avanzado más allá de la
Unctad y el diálogo nortesur, en el esfuerzo de formar un eje sur-sur y crear un nuevo
orden económico internacional.
En últimas tendríamos dos tipos de categorías para clasificar la política exterior de
los países latinoamericanos. Una sería la de aquellos que conservan un perfil alto en
la escena internacional, caracterizados por mostrar independencia frente a los Estados
Unidos, por buscar una integración regional, una apertura hacia el mundo entero y una
solidaridad con los No Alineados, por concebir y dirigir profesionalmente su política
exterior, y por un rasgo un poco discutible desde la perspectiva actual, como es el de
tener un alto endeudamiento externo. En el otro polo se encuentran los países de perfil
bajo en la escena internacional que, en resumen, se comportan en forma negativa, o
sometida, o tradicional frente a estas variables, lo cual implica, desde luego, menos
influencia de los tecnócratas sobre la concepción de sus políticas externas.
Así llega Drekonja a proponer su "modelo ideal" de política exterior
latinoamericana: un grado alto de participación en la corriente tercermundista; un grado
alto de cooperación económica con otros países de América Latina; una relación
"cuestionada", en permanente revisión con los Estados Unidos; influencia
técnica en la determinación de la política externa, con un papel protagónico de las
cancillerías; un endeudamiento internacional bajo; un modelo democrático de gobierno,
que busque un acercamiento a los sectores populares y, sobre todo, un apertunismo
comercial alto, sin barreras políticas o geográficas.
Para finalizar, cabría preguntarse:
¿qué tanto se aproxima Colombia a ese modelo al finalizar
el gobierno de Belisario Betancur? Desafortunadamente éste, que podría ser el tema más
sustancioso del libro para los lectores nacionales, queda para una elaboración personal
en la que, indudablemente, los elementos teóricos presentados por Drekonja y Tokatlián
en su selección son fundamentales.
Sin embargo, el artículo de Fernando Cepeda y Gerhard Drekonja, que se encuentra cobijado
por los enfoques prácticos, dedicado a mirar las fluctuaciones de la política exterior
colombiana (del respice polum, o alianza incondicional con los Estados Unidos, a la
respice similia, o alianza con los países vecinos, de análogas condiciones
socioeconómicas), no logra aprovechar la coyuntura de este gobierno para avanzar en la
formulación de algunas hipótesis que complementen su análisis de cómo
Colombia ha logrado pasar de un muy marcado perfil
bajo bajo de su política externa a un igualmente marcado perfil alto. Sus
formulaciones sobre el carácter progresista del gobierno de López Michelsen y los
primeros pasos de la gestión de Belisario Betancur no son suficientes para adquirir una
configuración completa de los alcances de este cambio. Ahí cabria, por tanto, hacer esta
reflexión: ¿qué tanto ha influido sobre la concepción de la política exterior de
Belisario Betancur la mayor claridad teórica que contribuyó a crear, en gran medida, el
trabajo de Gerhard Drekonja y el Centro de Estudios Internacionales de la Universidad de
los Andes? No poco, sin lugar a dudas.
JORGE ALBERTO RESTREPO R.
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