Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 9,  Volumen XXIII , 1986
 

Modelos para leer las listas electorales


Faccionalismo y partidos políticos en Colombia.
(Tesis doctoral, Universidad de Tennessee, 1979)
Thomas Michael Wilson
University Microfilms International, Ann
Arbor (Michigan), 1983. 300 págs.

Nuestras situaciones electorales competitivas se prestan para llevar a cabo una lectura empírica de trabajos de ciencia política como éste, que pretende "identificar y describir algunos aspectos sobresalientes de las facciones políticas partidistas en Colombia" (pág. iii). Algunos de los fenómenos de la cultura política se hacen más visibles que el corneta, durante los meses que rodean la fecha de la justa democrática. Una tarde de día hábil, por ejemplo, se podría observar una típica sede urbana de campaña electoral intentando registrar y explicar las expectativas y valoraciones de los ciudadanos allí presentes. Más interesante aún sería la observación de una reunión de dirigentes en la cual se está definiendo la conformación de las listas para las corporaciones públicas. Pocos meses después, seria un privilegio asistir a la reunión de junta directiva de la entidad oficial en la cual se designan los funcionarios que por cada fuerza política participarán en la administración de tal entidad.
A primera vista, mencionar este tipo de situaciones permitiría a un politólogo precoz inferir conceptos elementales y trajinados como clientelismo, cuota de poder, reputación y cuota, reparto o botín burocrático, y el concepto más general de faccionalismo, matices, alas, tendencias, etc., con referencia a los partidos y su comportamiento en la arena política.
Sin embargo, el manejo de esta terminología y, lo que es más importante, los niveles de teorización que permite alcanzar, no hay prueba de que sean hoy los más apropiados, ya que cualquier avance supone en este campo el desarrollo de investigación sistemática. El científico político estadounidense, (especialista en una agencia federal en Nashville) reconoce que en razón de lo anterior no es posible ir más allá de derivar algunas hipótesis sobre el faccionalismo político latinoamericano. Faccionalismo que, como característica básica de los partidos políticos de América Latina, merece gran atención a partir del proceso de democratización regional, o, como lo describe Guy Hermet, de la extensión espectacular del ámbito electoral en el mundo contemporáneo (¿Para qué sirven las elecciones?. México, 1982, pág. 10). La importancia técnica de este estudio radica en que se plantea la necesidad de aplicar el modelo de análisis multifactorial, dado que el comportamiento faccional es una escala apropiada para explicar la actuación política en general.
Razones prácticas le imponen a Wilson focalizar en el Valle del Cauca el estudio, circunscrito a los dos partidos tradicionales. Se fundamenta en la recopilación documental histó rica especialmente del periodo 1958-1974, durante el cual "los colombianos han visto contenida la competencia partidista [...] aunque el conflicto dentro de cada uno de los partidos ha sido, no obstante, una imagen permanente" (pág. 114). En apoyo de lo establecido con relación al periodo en referencia, una serie de entrevistas personales con líderes partidistas (efectuadas en el año 1975) permiten penetrar lo suficiente en la descripción de las relaciones entre dirigentes políticos colombianos, mostrando claramente la naturaleza asimétrica, exclusiva y temporal de la organización de lealtades interfaccionalistas. Se delinca así una tipología autóctona del comportamiento faccionalista, que bien podríamos preguntarnos cuándo empezó y cuándo podría desaparecer bajo las circunstancias de las transformaciones históricas, siendo sus componentes antropológicos, al parecer, los de mayor trascendencia.

La tesis parte de evaluar críticamente el estado actual de la teoría política, referente al estudio de las facciones (cap. II). En primer lugar la imprecisión en el empleo del término facción, sobre el cual es ilustrativo comparar las diversas definiciones citadas. Luego señala la confusión —cada vez menos frecuente— con los conceptos de ‘clientelismo’ y ‘patronazgo’, cuando se analiza la estructura de las facciones. Esta confusión obedecería a la percepción que se dé de la forma de las facciones. Un énfasis en la relación líder-seguidores llevaría a definirlas como relación diádica, relación patrón-cliente, o séquito de partidarios. Un énfasis en el programa o en las creencias ideológicas y propósitos que tenga la facción llevarla a definirlas como colectividad de copartidarios, pero esto depende, en última instancia, de la naturaleza del conflicto que se da: intrapartidista o interfaccionalista. Por otra parte, si se mira su origen, por lo menos cuatro categorías de explicaciones aparecen, de acuerdo con el corpus de escritos sobre el tema: bases culturales, desajustes sociales, estructura de partidos y de gobierno, o aspiraciones individuales. Cuando finalmente se miran el estilo de conducción y los patrones de resolución en el desarrollo de conflictos entre facciones, el énfasis previo repercute en la interpretación del proceso y desenlace (por ejemplo: motivación egoísta en el origen genera relación patrón-cliente, conducida apelando a manipulaciones tácticas y resueltas por negociación). De ahí que el análisis faccional sea considerado como un modelo para el estudio de partidos políticos contemporáneos.
Proponer estas características de las facciones como variables permite a Wilson organizar la exposición de la siguiente manera: estructura, elementos del conflicto y comportamiento de las facciones (capítulos IV, y y VI, respectivamente).
El capítulo III, a su vez, resume longitudinalmente el período frente-nacionalista, enfocando las nominaciones presidenciales, y las rivalidades entre los dirigentes, traducidas en una tensión caudillista que llevó a cada presidente a "enfrentar un problema político con bastantes faccionalismos dentro de los partidos" (pág. 69). El marco de referencia favoreció la práctica, ya que "hasta 1974 la regla de paridad se aplicó a todos los cuerpos legislativos, así la competición entre los partidos no fuera por capturar una mayoría de escaños, puesto que cada partido tenía garantizada la mitad de escaños, sin tener en cuenta los resultados de la elección. La cuestión era quién debía ocupar los escaños, y la competición fue entre grupos o facciones dentro de los partidos" (pág. 200).
No sobra, al margen de lo anterior, Intentar aproximar a esta época la relación entre partidos, facciones y elecciones. Después de 1974, prosiguió la proliferación de los llamados "barones locales", la multiplicación de listas y candidatos, en lo que algunos análisis consideran una aguda crisis de indisciplina —apetitos amparados en prestigios locales—, estimulado por el juego de residuos del actual sistema electoral (Carlos Augusto Noriega). La ampliación de este fenómeno ha implicado incluso el desarrollo, en el plano descriptivo, de conceptos netamente faccionalistas, como es el de "escalafón de votación individual en elecciones de corporaciones públicas", empleados por politólogos como Humberto Uribe Toro.
La tipología nacional del faccionalismo se condensa al final del estudio de Wilson (cap. VII), en proposiciones genéricas que recogen los hallazgos precedentes, y que entre paréntesis podríamos leer hoy empíricamente:
Los partidos tradicionales en Colombia tienen una organización que se hace muy personalizada. De esa manera se asemejan más a confederaciones de políticos de estatus desigual ligados a uno u otro líder principal (Pastrana, López, Turbay, Gómez).
Estos políticos pueden constituir eslabones (linkages) verticales exclusivos, ligando sólo dos personas, basados en la lealtad personal y cuya dimensión temporal es generalmente breve.
Una facción tiene un líder primario (Samper, Santofimio, Holguín S. Guerra Serna), siendo aquel que no está encadenado a otro líder de más estatus en el mismo nivel —nacional, departamental o local— de los partidos. Puede darse el caso de varios lideres primarios —varias facciones— (Durán D., Samper, Sánchez) coexistiendo en el mismo nivel. Más de un líder primario a un nivel dado puede estar unido al mismo líder en un nivel más elevado (Lloreda C., Holguín 5.). Buscan crear su propia organización personal dentro de la partidista.
La "cuota de poder" de un líder es el número de seguidores que lo respaldan.
Los líderes de los partidos colombianos forman eslabones entre ellos mismos con el objetivo principal de
obtener un cargo electivo (elective office).
Los conflictos entre las facciones partidistas en Colombia no son programáticos ni ideológicos. El uso de la ideología por las facciones es una táctica política para atraer la atención y para apelar a los votantes.
Finalmente hay variables tales como la competitividad de los partidos, la violencia, la urbanización, y los niveles de abstención que pueden afectar el comportamiento de las facciones partidistas.
A la tipología se añaden otras características peculiares, cuya vigencia no reviste dudas.
El liberal y el conservador son partidos parlamentarios, en los que los congresistas desempeñan un papel privilegiado en sus instancias superiores: la convención y el directorio.
No hay fronteras entre los papeles legislativo y ejecutivo en Colombia, lo que permite concentrar el liderazgo dentro de un pequeño grupo. A esto se añade el sistema de suplentes, que hace posible a un líder primario manejar posiciones diferentes. Su aparición en listas diversas —disputando escaños que no ocupará— tiene como finalidad arrastrar votación para beneficio de sus seguidores en ese nivel o en esa región.
Dado que la votación en Colombia no es por candidatos individuales (excluyendo el presidente) sino por listas de candidatos, la lista es sólo un medio por el cual los candidatos se colocan adelante en una elección. Es inexacto asociar listas con facciones (como lo hace James Payne: Patrones de conflicto en Colombia, 1968, pág. 156), ya que muchas veces una lista expresa la unificación táctica de dos o más facciones. La selección de los nombres y la colocación escalonada obedece, según los datos recogidos, al proceso "de bolígrafo" aplicado por los líderes en su respectiva fracción. Si hay unificación, las posiciones se alternan sucesivamente merced a acuerdos "armoniosos".
La expresión "nadie tiene capital político fijo" da cuenta de la inestabilidad de los lazos faccionalistas, además de que los elegidos mudan frecuentemente sus aspiraciones, dejando de lado programas y proyecciones
que superen el periodo legislativo que alcanzan.
Se conoce relativamente poco el proceso de maniobra y negociación que envuelve la asignación, milimétrica a veces, de los cargos ambicionados por las facciones dominantes en un nivel dado de la división político-administrativa.
Para concluir, digamos que la información tabulada que condensa la metodología de análisis empleada está bastante bien presentada, incluso cuando se interpretan algunos coeficientes de correlación. Sólo se descubre alguna inconsistencia (cuadro 4.2, columna 1972-1974) en la transcripción de la distribución de los miembros de la Asamblea del Valle, entre partidos y facciones.

JOSE ERNESTO RAMIREZ