|
Modelos
para leer las listas electorales
Faccionalismo y partidos políticos en
Colombia.
(Tesis doctoral, Universidad de Tennessee, 1979)
Thomas Michael Wilson
University Microfilms International, Ann
Arbor (Michigan), 1983. 300 págs.
|
|
|
|
|
Nuestras situaciones electorales competitivas se prestan
para llevar a cabo una lectura empírica de trabajos de ciencia política como éste, que
pretende "identificar y describir algunos aspectos sobresalientes de las facciones
políticas partidistas en Colombia" (pág. iii). Algunos de los fenómenos de la
cultura política se hacen más visibles que el corneta, durante los meses que rodean la
fecha de la justa democrática. Una tarde de día hábil, por ejemplo, se podría observar
una típica sede urbana de campaña electoral intentando registrar y explicar las
expectativas y valoraciones de los ciudadanos allí presentes. Más interesante aún
sería la observación de una reunión de dirigentes en la cual se está definiendo la
conformación de las listas para las corporaciones públicas. Pocos meses después, seria
un privilegio asistir a la reunión de junta directiva de la entidad oficial en la cual se
designan los funcionarios que por cada fuerza política participarán en la
administración de tal entidad.
A primera vista, mencionar este tipo de situaciones permitiría a un politólogo precoz
inferir conceptos elementales y trajinados como clientelismo, cuota de poder, reputación
y cuota, reparto o botín burocrático, y el concepto más general de faccionalismo,
matices, alas, tendencias, etc., con referencia a los partidos y su comportamiento en la
arena política.
Sin embargo, el manejo de esta terminología y, lo que es más importante, los niveles de
teorización que permite alcanzar, no hay prueba de que sean hoy los más apropiados, ya
que cualquier avance supone en este campo el desarrollo de investigación sistemática. El
científico político estadounidense, (especialista en una agencia federal en Nashville)
reconoce que en razón de lo anterior no es posible ir más allá de derivar algunas
hipótesis sobre el faccionalismo político latinoamericano. Faccionalismo que, como
característica básica de los partidos políticos de América Latina, merece gran
atención a partir del proceso de democratización regional, o, como lo describe Guy
Hermet, de la extensión espectacular del ámbito electoral en el mundo contemporáneo (¿Para
qué sirven las elecciones?. México, 1982, pág. 10). La importancia técnica de este
estudio radica en que se plantea la necesidad de aplicar el modelo de análisis
multifactorial, dado que el comportamiento faccional es una escala apropiada para explicar
la actuación política en general.
Razones prácticas le imponen a Wilson
focalizar en el Valle del Cauca el estudio, circunscrito a los dos partidos tradicionales.
Se fundamenta en la recopilación documental histó
rica especialmente del periodo 1958-1974, durante el cual
"los colombianos han visto contenida la competencia partidista [...] aunque el
conflicto dentro de cada uno de los partidos ha sido, no obstante, una imagen
permanente" (pág. 114). En apoyo de lo establecido con relación al periodo en
referencia, una serie de entrevistas personales con líderes partidistas (efectuadas en el
año 1975) permiten penetrar lo suficiente en la descripción de las relaciones entre
dirigentes políticos colombianos, mostrando claramente la naturaleza asimétrica,
exclusiva y temporal de la organización de lealtades interfaccionalistas. Se delinca así
una tipología autóctona del comportamiento faccionalista, que bien podríamos
preguntarnos cuándo empezó y cuándo podría desaparecer bajo las circunstancias de las
transformaciones históricas, siendo sus componentes antropológicos, al parecer, los de
mayor trascendencia.
|
|
|
|
|
|
La tesis parte de evaluar
críticamente el estado actual de la teoría política, referente al estudio de las
facciones (cap. II). En primer lugar la imprecisión en el empleo del término facción,
sobre el cual es ilustrativo comparar las diversas definiciones citadas. Luego señala
la confusión
cada vez menos
frecuente con los conceptos de clientelismo y patronazgo,
cuando se analiza la estructura de las facciones. Esta confusión obedecería a la
percepción que se dé de la forma de las facciones. Un énfasis en la relación
líder-seguidores llevaría a definirlas como relación diádica, relación
patrón-cliente, o séquito de partidarios. Un énfasis en el programa o en las creencias
ideológicas y propósitos que tenga la facción llevarla a definirlas como colectividad
de copartidarios, pero esto depende, en última instancia, de la naturaleza del conflicto
que se da: intrapartidista o interfaccionalista. Por otra parte, si se mira su origen, por
lo menos cuatro categorías de explicaciones aparecen, de acuerdo con el corpus de
escritos sobre el tema: bases culturales, desajustes sociales, estructura de partidos y de
gobierno, o aspiraciones individuales. Cuando finalmente se miran el estilo de conducción
y los patrones de resolución en el desarrollo de conflictos entre facciones, el énfasis
previo repercute en la interpretación del proceso y desenlace (por ejemplo: motivación
egoísta en el origen genera relación patrón-cliente, conducida apelando a
manipulaciones tácticas y resueltas por negociación). De ahí que el análisis faccional
sea considerado como un modelo para el estudio de partidos políticos contemporáneos.
Proponer estas características de las facciones como variables permite a Wilson organizar
la exposición de la siguiente manera: estructura, elementos del conflicto y
comportamiento de las facciones (capítulos IV, y y VI, respectivamente).
El capítulo III, a su vez, resume longitudinalmente el período frente-nacionalista,
enfocando las nominaciones presidenciales, y las rivalidades entre los dirigentes,
traducidas en una tensión caudillista que llevó a cada presidente a "enfrentar un
problema político con bastantes faccionalismos dentro de los partidos" (pág. 69).
El marco de referencia favoreció la práctica, ya que "hasta 1974 la regla de
paridad se aplicó a todos los cuerpos legislativos, así la competición entre los
partidos no fuera por capturar una mayoría de escaños, puesto que cada partido tenía
garantizada la mitad de escaños, sin tener en cuenta los resultados de la elección. La
cuestión era quién debía ocupar los escaños, y la competición fue entre grupos o
facciones dentro de los partidos" (pág. 200).
No sobra, al margen de lo anterior, Intentar aproximar a esta época la relación entre
partidos, facciones y elecciones. Después de 1974, prosiguió la proliferación de los
llamados "barones locales", la multiplicación de listas y candidatos, en lo que
algunos análisis consideran una aguda crisis de indisciplina apetitos amparados en
prestigios locales, estimulado por el juego de residuos del actual sistema electoral
(Carlos Augusto Noriega). La ampliación de este fenómeno ha implicado incluso el
desarrollo, en el plano descriptivo, de conceptos netamente faccionalistas, como es el de
"escalafón de votación individual en elecciones de corporaciones públicas",
empleados por politólogos como Humberto Uribe Toro.
La tipología nacional del faccionalismo se condensa al final del estudio de Wilson (cap.
VII), en proposiciones genéricas que recogen los hallazgos precedentes, y que entre
paréntesis podríamos leer hoy empíricamente:
Los partidos tradicionales en Colombia tienen una organización que se hace muy
personalizada. De esa manera se asemejan más a confederaciones de políticos de estatus
desigual ligados a uno u otro líder principal (Pastrana, López, Turbay, Gómez).
Estos políticos pueden constituir eslabones (linkages) verticales exclusivos,
ligando sólo dos personas, basados en la lealtad personal y cuya dimensión temporal es
generalmente breve.
Una facción tiene un líder primario (Samper, Santofimio, Holguín S. Guerra Serna),
siendo aquel que no está encadenado a otro líder de más estatus en el mismo nivel
nacional, departamental o local de los partidos. Puede darse el caso de varios
lideres primarios varias facciones (Durán D., Samper, Sánchez) coexistiendo
en el mismo nivel. Más de un líder primario a un nivel dado puede estar unido al mismo
líder en un nivel más elevado (Lloreda C., Holguín 5.). Buscan crear su propia
organización personal dentro de la partidista.
La "cuota de poder" de un líder es el número de seguidores que lo respaldan.
Los líderes de los partidos colombianos forman eslabones entre ellos mismos con el
objetivo principal de
obtener un
cargo electivo (elective office).
Los conflictos entre las facciones partidistas en Colombia no son programáticos ni
ideológicos. El uso de la ideología por las facciones es una táctica política para
atraer la atención y para apelar a los votantes.
Finalmente hay variables tales como la competitividad de los partidos, la violencia, la
urbanización, y los niveles de abstención que pueden afectar el comportamiento de las
facciones partidistas.
A la tipología se añaden otras características peculiares, cuya vigencia no reviste
dudas.
El liberal y el conservador son partidos parlamentarios, en los que los congresistas
desempeñan un papel privilegiado en sus instancias superiores: la convención y el
directorio.
No hay fronteras entre los papeles legislativo y ejecutivo en Colombia, lo que permite
concentrar el liderazgo dentro de un pequeño grupo. A esto se añade el sistema de
suplentes, que hace posible a un líder primario manejar posiciones diferentes. Su
aparición en listas diversas disputando escaños que no ocupará tiene como
finalidad arrastrar votación para beneficio de sus seguidores en ese nivel o en esa
región.
Dado que la votación en Colombia no es por candidatos individuales (excluyendo el
presidente) sino por listas de candidatos, la lista es sólo un medio por el cual los
candidatos se colocan adelante en una elección. Es inexacto asociar listas con facciones
(como lo hace James Payne: Patrones de conflicto en Colombia, 1968, pág. 156), ya
que muchas veces una lista expresa la unificación táctica de dos o más facciones. La
selección de los nombres y la colocación escalonada obedece, según los datos recogidos,
al proceso "de bolígrafo" aplicado por los líderes en su respectiva fracción.
Si hay unificación, las posiciones se alternan sucesivamente merced a acuerdos
"armoniosos".
La expresión "nadie tiene capital político fijo" da cuenta de la inestabilidad
de los lazos faccionalistas, además de que los elegidos mudan frecuentemente sus
aspiraciones, dejando de lado programas y proyecciones
que superen
el periodo legislativo que alcanzan.
Se conoce relativamente poco el proceso de maniobra y negociación que envuelve la
asignación, milimétrica a veces, de los cargos ambicionados por las facciones dominantes
en un nivel dado de la división político-administrativa.
Para concluir, digamos que la información tabulada que condensa la metodología de
análisis empleada está bastante bien presentada, incluso cuando se interpretan algunos
coeficientes de correlación. Sólo se descubre alguna inconsistencia (cuadro 4.2, columna
1972-1974) en la transcripción de la distribución de los miembros de la Asamblea del
Valle, entre partidos y facciones.
JOSE ERNESTO RAMIREZ
|