Llama
de amor viva
Fernando Charry Lara
Nueva Biblioteca Colombiana de Cultura,
Bogotá, 1986
|
|
|
|
|
Con el romanticismo, la escritura poética se erotizó. Cualquier
reflexión sobre la poesía esconde un acoplamiento de cuerpos; cualquier poema sobre el
fragor amoroso revela una extensa porción de apareamiento verbal. Así, las palabras
dispuestas en la página semejan también los gestos que adopta el deseo vuelto lenguaje.
La ecuación romántica entre la sinceridad del yo y el valor del poema fue adoptando, con
el surrealismo, esos aires ligados a una trascendencia excluyente. El magnetismo sensual
de la escritura cobra la forma de una lucha total con la muerte. Hay en la práctica
surrealista una ansiedad, una angustia pavorosa que se plasman en el reguero de imágenes;
y ya se ha convertido en perogrullada afirmar que la teoría poética surrealista resulta
más atractiva que la mayoría de los poemas escritos. Sin embargo, esto no desvirtúa el
carácter ritual de la poesía y su lado mágico (de técnica y control, sí: la escritura
automática es, en fin de cuentas, una manera, como otras, de escribir poesía) para
lidiar con aquella farándula llamada "la fuerza oculta de la naturaleza".
Es en este contexto en que debemos leer la poesía de Fernando Charry Lara reunida con un
título bastante comprometedor: Llama de amor viva. Pero la osadía no decepciona
en estos poemas. Y merece algunas salvedades: su escepticismo frente a la escritura
automática bien justificado no le viene sólo de Jorge Guillén sino del
propio san Juan de la Cruz, que conocía como pocos el strip-tease de las palabras
y se sabía de paporreta la forma de conquistarlas. No es gratuito, por ello, que la
composición poética de Charry Lara tenga paralelos con la de los Contemporáneos, de
México, y me atrevería a decir que
con Ali Chumacero. De la noche y sus nocturnos, con harta sombra y mucha niebla pero en
ristre la linterna de la exacta palabra, nos llega una voz "como una estrella que
busca su paisaje" (Al mar la sombra mía). Felizmente el paisaje en la poesía
de Charry Lara es la escritura que se transforma, como la pasión, en un acto único:
"Amargo, sí, errante silencio en que no queda/ Sino el poema en la noche! Como
recuerdo herido por el filo de un beso" (El verso llega de la noche).
El poeta colombiano ha ido limando los excesos del mejor Neruda y de Aleixandre para
concebir el ejercicio poético como una respuesta eventual, mas nunca alternativa, de la
vida. Hay una búsqueda de voces en esta noche y sólo del ocio nace una probable quietud:
"Pero me dejas en suspenso, extraña,/ Sólo palpitación, sólo deseo,/ Hallazgo
imprevisto de mi destino ignorado" (Fantasma). Ese instante presentido y
apenas si hecho lenguaje, conduce al poeta a una precisa y preciosa relación con
el silencio. Al borrarse las fronteras de la persona poética se cumple la escena que ha
ido consumiendo los instantes: "Tal mano sobre cabellera dormida/ Una extensión
recorre/ De imágenes deshechas en la arena/ Y es como aquel a quien en púrpura enciende/
Vuelta su palabra/ Lluvia de sol o llamarada" (Palabra suya).
Por eso será que muy pocos personajes pueblan este territorio. Salvo el poema al
hermano u otro que recrear el regreso de los restos de Rivera a Bogotá (desde el punto de
vista de un observador inocente y literario al mismo tiempo) los seres de Charry Lara
existen como sorpresivos encuentros de voces. O repeticiones de una sabia experiencia que
hace feliz al amante, y viceversa: "Acaso quedes con un nombre/ Al pie de las
palabras que trazas" ( El que aún eres). La poesía es, entonces, un festín
prodigioso pero esporádico. El poeta no es sólo un médium sino el portador de un
conocimiento que es la distancia entre el silencio y la palabra. En el caso de Charry
Lara, dicha conciencia es cada vez más aguda, afilada, cautelosa: da en el blanco de la página y goza.
EDGAR OHARA