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En qué
hemos vivido
La arquitectura de la vivienda rural en
Colombia,
volumen II: Minifundio cafetero en Antioquia, Caldas,
Quindio y Risaralda
Lorenzo Fonseca Martinez y Alberto Saldarriaga Roa
Litocencoa Ltda, Cali, 1984, 204 págs., mapas, planos
arquitectónicos, fotografías Litocencoa Ltda, Cali, 1984,
204 págs., mapas, planos arquitectónicos, fotografías
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El segundo volumen
relacionado con la investigación de la vivienda rural en el minifundio colombiano recoge
los resultados obtenidos en la zona cafetera del occidente colombiano y más
específicamente en Antioquia y los departamentos relacionados con el proceso colonizador
antioqueño.
Además del enfoque conceptual dado por los autores en el volumen I, en éste son
enfáticos en afirmar que la arquitectura tradicional colombiana no se formó en un
momento específico de la historia. Por el contrario, reiteran que en su formación han
reunido elementos propios de las culturas prehispánicas, de la herencia hispánica de la
colonia, de las culturas africanas y de influencias diversas llegadas al país durante el
siglo pasado, filtrado todo esto a través de las circunstancias específicas de la
formación regional. De esta manera, se han conformado ámbitos arquitectónicos,
técnicos y decorativos definidos según las distintas culturas regionales.
En cuanto a los aspectos que en conjunto permiten definir la identidad arquitectónica
tradicional, regional o local, urbana y rural, destacan los siguientes: las tipologías
organizativas de los asentamientos y de las unidades de vivienda, las características
físicas de las edificaciones, las formas de uso del espacio habitable y los elementos
decorativos o simbólicos. Además hacen énfasis en tener siempre presente la
correspondencia de los aspectos antes mencionados con las condiciones propias de la
economía y de la cultura regional o local.
Para el estudio de la arquitectura popular colombiana y en especial para la que posee
características tradicionales, se adoptaron tres planos de observación y análisis. El
primero es el de la vivienda como fenómeno
concreto; acá la vivienda se presenta como edificaciones
habitadas, adecuadas para el alojamiento de un grupo de usuarios, con determinadas
características arquitectónicas. El segundo es el de la vivienda como fenómeno
cultural; en este punto la vivienda presenta rasgos comunes en una colectividad que
comparte semejanzas con sus modos de vida, en su economía y en su expresión. El tercero
es el de la vivienda como fenómeno histórico; acá la vivienda se observa como el
resultado de la acumulación y elaboración de rasgos originarios de etapas anteriores del
poblamiento de un territorio.
El concepto de identidad ha sido aplicado a cada uno de los planos enunciados
anteriormente para reunir en él sus propiedades. De esta manera, la identidad concreta de
la vivienda se vincula a la dimensión personal o existencial de sus habitantes; la
identidad cultural a la dimensión de una existencia colectiva compartida por los
habitantes de un territorio, y la identidad histórica se establece mediante la
interpretación de los procesos generadores del asentamiento de sus habitantes en ese
territorio.
Los tres planos de observación y análisis, o los tres planos de identidad, requieren un
trabajo simultáneo que contiene tres aproximaciones operativas diferentes. En primer
lugar, la aproximación directa a los hechos concretos con el registro de sus rasgos
significativos; en este caso, los aspectos propios de la arquitectura de la vivienda y de
su implantación. En segundo lugar, la aproximación conceptual a la interpretación de la
formación histórica del fenómeno. En tercer lugar, una aproximación generalizada y
sintetizadora que plantee la dimensión cultural del problema.
Como se dijo anteriormente, el campo de estudio comprende las zonas cafeteras de
Antioquia, Caldas, Quindío y Risaralda dentro de los parámetros definidos en el primer
volumen. El conjunto de municipios escogidos forma parte del gran bloque cultural conocido
como el "núcleo antioqueño" o "antioqueño caldense", el cual
presenta características internas homogéneas. El total de municipios estudiados en toda
la región es de veintinueve.
Geográficamente, estos municipios se localizan en la vertiente del río Cauca, en su
trayecto conocido como el cañón del Cauca, entre el valle del Cauca y el valle de
Antioquia.
Este segundo volumen, a diferencia del primero, presenta un cambio importante en la
aproximación operativa relacionada con el criterio de tipología". En los
estudios precedentes se adoptó un criterio basado en totalidades arquitectónicas
organizadas, cada una de ellas identificadas por la localización de las circulaciones, en
el caso de una edificación, y la posición de las construcciones, en el caso dedos o más
de ellas. Para el presente estudio se amplió el criterio al de "sistema
tipológico" constituido por los elementos: el eje o los ejes de la cubierta, los
espacios de circulación, su tamaño, número y posición. De las seis tipologías
iniciales, para una sola edificación, se pasó a cuatro disposiciones básicas de los
ejes de cubierta y dieciocho posibilidades simples; es decir, sin combinación de
elementos.
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En cuanto a los
antecedentes históricos de la vivienda cafetera, los estudios disponibles que contienen
referencias a la vivienda de los pobladores indígenas de la región antioqueña están
basados en relatos de los cronistas españoles de los siglos XVI y XVII, como son Pedro
Cieza de León, Juan de Castellanos, Fray Pedro Simón, Jacinto Jijón y Caamaño y Juan
Bautista Sardaña. Estos relatos, al ser muy prolijos en sus descripciones, dificultan la
descripción de una imagen precisa de los tipos de
vivienda prehispánica en la región. Las viviendas
descritas para esta región presentan en general plantas circulares y techos cónicos
construidos con materiales vegetales. El empleo de la guadua por los quimbayas fue
descrito como de uso corriente, tanto en la construcción de viviendas como de puentes y
otros elementos. El origen del empleo de la guadua puede situarse hipotéticamente en
culturas anteriores a la llegada de los españoles.
En cuanto a las características culturales de los pobladores indígenas de la región
antioqueña, los autores ponen de presente cómo estos pobladores formaron un bloque
productivo y cultural importante en el momento de la llegada de los españoles, tanto en
el aspecto comercial como en el de la producción. La abundancia de asentamientos
nucleados, las rutas de comunicación, las actividades productivas y de intercambio y
características tales como el empleo de la guadua en la construcción son rasgos que
posteriormente formarán parte de la cultura regional.
En términos culturales generales, la colonización antioqueña configuró los caracteres
fundamentales de la cultura del occidente colombiano y en especial del espíritu
empresarial e independiente, lo mismo que la solidaridad en empresas. La estructura
familiar patriarcal, numerosa, móvil y dedicada al trabajo, se gestó y se aprovechó a
lo largo del proceso. El espíritu aventurero que posteriormente se proyectó en otros
aspectos de la vida nacional, aparece claramente como una derivación de la colonización.
El efecto de esas formas de afrontar el trabajo y la economía fue definitivo en el
desarrollo posterior del país.
El cultivo del café, además de haber sido renglón fundamental en la economía durante
más de medio siglo, ha contribuido a consolidar esa cultura regional. Como factor
unificador, reunió rasgos acumulados a lo largo del proceso histórico del poblamiento y
manejo del territorio. La cultura urbana actual ha perdido su carácter regional; de allí
que la cultura campesina cafetera de la región
antioqueña sea la expresión más calificada de la cultura
regional.
Hasta acá se han sentado algunas características históricas de la cultura campesina
cafetera en Antioquía y el antiguo Caldas, como son: la pequeña propiedad, el trabajo
familiar de carácter independiente, la especialización del cultivo, etc. La importancia
económica del cultivo del café dentro del espacio geográfico regional conforman un
espacio cultural en el que los modos de vida y sus rasgos materiales se caracterizan
fuertemente con base en esas determinaciones.
Los autores, al analizar cada una de las regiones, se apartan totalmente de los cuatro
puntos establecidos en el primer volumen, y para éste presentan una serie de porcentajes
bastantes extensos relacionados con tres factores, como son la población en su aspecto
rural y urbano y la densidad; la producción en cuanto al número total de explotaciones
agrícolas; la tenencia de la tierra; el aprovechamiento de la tierra en cuanto a cultivos
permanentes y pastos y la producción de cargas por hectárea; la vivienda en cuanto a su
situación y las tipologías organizativas.
En cuanto a la identidad cultural de la vivienda cafetera, plantean que la influencia
arquitectónica que puede ser calificada como "tradicional" proviene del
período colonial. Si el origen de las migraciones hacia el sur se localizó en la región
de Rionegro, Sonsón y Abejorral, la arquitectura de estos territorios en el siglo XVIII
sería la pauta seguida por los colonizadores en sus fundaciones y edificaciones. En lo
organizativo esta pauta se expresa en el uso de los corredores o en las secuencias
lineales de habitaciones o recintos; en lo constructivo la pauta es el uso de la teja de
barro, maderas aserradas en columnas, pares y cerchas y en el uso de muros revocados o
enlucidos.
El manejo de la guadua, de procedencia indígena, se incorpora como la segunda influencia
importante en el campo arquitectónico. El aporte del siglo XIX propiamente dicho se
encuentra más que todo en los detalles de la construcción; puertas, ventanas, zócalos,
relieves, etc.
Lo anotado hasta acá sirve para el análisis específico de la identidad de la vivienda
cafetera en las zonas de minifundio estudiadas. Para lograr tal aproximación se trabajan
tres criterios básicos: el primero se refiere a la relación entre la vivienda cafetera y
el contexto ambiental: clima, topografía y paisaje; esto es importante si se tiene en
cuenta que las parcelas del minifundio cafetero se localizan en vertientes de topografía
inclinada y que el cultivo del café requiere un clima especial.
El segundo criterio de análisis se basa en las características arquitectónicas de la
vivienda cafetera: formas predominantes, tradición constructiva, pautas de uso del
espacio y adecuación de la vivienda al cultivo del café.
El tercer criterio considera que los elementos de identidad que se atribuyen a la
arquitectura son parte importante del carácter que ésta posee; v.gr.: el color, las plantas, los muebles, los objetos, etc.
Sobre la estructura arquitectónica del espacio de la vivienda se colocan una serie de
símbolos que representan tres campos de valores colectivos que encuentran representación
en los símbolos físicos; estos campos son los de la ideología (religión y política),
los de los valores y costumbres y los de las modas.
Los símbolos religiosos son de protección, de seguridad, de intersección para el
bienestar o la bonanza y de garantía contra peligros naturales o sobrenaturales. Los
valores y costumbres colectivos tienen que ver con las actitudes hacia el espacio de la
vivienda y sus edificaciones. El mantenimiento de las casas y el aseo son las dos
exigencias más claras de estos valores; el ambiente general es de extremada pulcritud.
Las modas que llegan a la vivienda cafetera provienen de la cultura urbana de masas y se
expresa por medio de infinidad de objetos recordatorios de cantantes, fechas propias del
comercio, equipos de fútbol, etc. El manejo del color es importante en la expresión
familiar. El color abunda tanto en la casa como en los objetos que contiene.
NESTOR TOBON BOTERO
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