Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 9,  Volumen XXIII , 1986
 

La educación como método


Civiliser le peuple et former les élites
(L’educatlon en Colombie, 1918-1957)

Aline Helg
Editions L’Harmattan, Paris, 1984, 344 págs.

Aline Helg, profesora de la facultad de ciencias de la educación de la Universidad de Ginebra y del Instituto Universitario de Estudios sobre el Desarrollo, escribió un libro serio, juicioso y disciplinado sobre la educación en Colombia en el siglo XX. El texto (que pronto aparecerá en castellano en nuestro país) resulta ser la versión corregida de una tesis de doctorado elaborada sobre la base de un "apasionante viaje" por Colombia realizado entre 1978 y 1981, y merece un comentario —aunque sea breve—, pues busca llevar al análisis de los procesos educativos teorías y métodos que hace tiempo son patrimonio común del quehacer cotidiano de los historiadores, pero patrimonio hacia el cual se muestran ajenos —o declaradamente reacios— los no muy frecuentes trabajos nacionales sobre la historia de la educación, trabajos en los cuales parecería encontrar uno de sus últimos refugios el saber convencional que nada quiere saber de formas de trabajo liberadas de la apología y la lírica. Así pues, por medio de consideraciones generales y sin entrar de manera desmedida en detalles, quiero llamar la atención sobre algunos de los aspectos más sobresalientes de este libro, un libro provechoso para especialistas, pero también para todos aquellos que se preocupen por el curso de nuestra sociedad a lo largo de este siglo.
Uno de los méritos iniciales para destacar en el libro de Aline Helg es el de su conocimiento de la documentación necesaria para el análisis del proceso educativo del país en el siglo XX, no tanto porque abra de manera novedosa fuentes antes inexploradas —aunque la investigadora acudió a una fuente que hasta ahora empieza a utilizarse con carácter sistemático:
los archivos del Congreso de la República—, sino más bien por el uso amplio y atinado de múltiples fuentes, uso que no se encuentra siempre en la medida deseable en los analistas extranjeros de fenómenos nacionales. Los documentos oficiales que recogen la legislación educativa —la cual fue consultada de manera exhaustiva—; las memorias de los ministros de instrucción pública, primero, y luego de educación; la inmensa variedad de revistas en que quedó plasmada la polémica educativa, sobre todo en los primeros cuarenta años de este siglo; los principales periódicos colombianos, en cuyos editoriales se han dejado escuchar las voces —siempre apasionadas e interesadas— de nuestros partidos políticos; toda esa masa documental cuya sola localización es ya un gran trabajo en las condiciones del país, aparece, en general, con una utilización pertinente y controlada, a lo largo de los cuatro capítulos que conforman el texto. E incluso llega a aparecer en ciertos momentos con análisis finos, atentos a los matices en toda la variedad que las polémicas y realizaciones educativas han supuesto. Este uso, muy profesional y atemperado, de una documentación que se despliega en varios niveles, le ha permitido a la autora una penetración más profunda en el tema, superando, en parte gracias a la apertura documental, la visión economicista del problema ("la educación es el reflejo de la economía"), lo mismo que la visión juridicista que, al limitarse al campo formal de la ley, termina confiriéndole a ésta toda la capacidad de producir la nueva realidad. Con toda seguridad esas fuentes deben volver a leerse de manera más intensa y ser mucho mejor aprovechadas sobre la base de un enfoque menos convencional de los fenómenos educativos y, sobre todo, de su relación con otros elementos de la estructura social, pero, hasta donde parece posible en un primer acercamiento, la tarea ha sido cumplida.
Resalta también en el texto la combinación que la autora ha hecho de los métodos documentales de la historia con otras formas de trabajo que provienen, principalmente, del campo de la sociología, de lo que en la actualidad se denominan los diseños etnográficos: una serie de entrevistas con personajes que en distintos niveles estuvieron vinculados con los procesos que se investigan, y que resultan en un doble mérito: una profundización en la vida cotidiana de la escuela, no siempre factible con la documentación habitual, y una puesta de presente de mecanismos de control y dominio pedagógicos cuya vigencia se daría por inexistente si se atiende al simple registro de lo que la ley ordena. Son las voces de heterogéneos personajes cuya memoria recuerda, muchos años después, jirones de un proceso del que fueron personajes activos, todo ello con el enriquecimiento analítico que de ahí resulta y, desde luego, con los problemas de interpretación que esto supone, problemas que la propia autora no dejó de consignar en el texto de manera explícita.
Después de un corto preliminar que contiene los defectos habituales que resultan de esas breves introducciones en que se pretende "resumir" un complejo proceso de tres siglos de vida colonial y casi cien años de vida republicana —y que más allá de la tesis de grado original sobraría—, y de algunas pocas líneas con generalidades también superficiales sobre "la Colombia", el libro se abre al estudio de lo que para la autora resultan ser las cuatro grandes fases en que se subdivide el periodo que considera su investigación:
1918-1924: la puesta en marcha, lenta y parcial, de la legislación escolar de 1903-1904.
1924-1934: el inicio de los procesos de reforma educativa.
1934-1938: la Revolución en Marcha y su tentativa de integración nacional por la educación.
1938-1957: las repercusiones de las transformaciones demográficas y socioeconómicas sobre la educación.
División que tiene, en principio, dos cualidades sobresalientes que no siempre aparecen de manera clara en los estudios sobre el tema de la educación en Colombia en el siglo XX.
Por una parte, en los análisis que se presentan resulta bien fundamentado el hecho de que las reformas educativas que, legislativamente, cristalizan después de 1930, no pueden ser de manera tan sencilla adjudicadas al liberalismo, que había accedido al poder después de casi medio siglo de exclusión. Tales reformas educativas se gestaron de tiempo atrás, y en la lucha por imponerlas se vieron comprometidos grupos intelectuales —políticos, médicos, educadores— que no pertenecieron de manera exclusiva al partido liberal. Por otra parte, aparece también explicitado algo que resulta una novedad, aunque lo sea tan sólo en el campo de la historia educativa en nuestro país: las periodizaciones del proceso educativo no tienen necesariamente por qué corresponder a las de los procesos político-jurídicos, con las que tradicionalmente se ha tratado de fundamentar la existencia de períodos y de fases divisorios para todo proceso social, independientemente de su propia configuración interna, de sus especificas modalidades de transformación y de sus formas particulares de relación con el conjunto de la sociedad. En contra de todo ello y, me parece, con muy buen juicio, la autora escribe respecto de las cuatro fases del periodo que estudia: "Ces phases ne se superposent pas au découpage politique".
Hay algo que también muestra la inscripción de este libro en la "modernidad" del conocimiento histórico en nuestro medio y su separación de las formas más rutinarias de hacer historia educativa en el país: es la introducción, así sea parcial y un tanto por la vía del ejemplo —ya que no todo se puede esperar de un solo libro en un campo de estudio tan atrasado—, de situaciones regionales en una perspectiva quede alguna manera puede considerarse como de "historia regional". Con perfecta pertinencia, aunque con la limitación señalada, aparecen allí consideraciones justas sobre Antioquia y Boyacá, dos departamentos que resultan de extrema singularidad y que están esperando tratamientos mucho más sistemáticos de los que figuran en el texto, pero que éste alcanza a proponer como invitación al análisis: la introducción del concepto de región en la historia educativa, siempre que el problema no sea visto en términos de "casos", y que el concepto de región no sea pensado en una perspectiva geográfica simplista o en términos de estereotipos culturales, sino
definido en términos de la política, en términos de la acción de una clase dominante que a través de la extensión de sus intereses políticos logra producir ese efecto que se llama la "región", vista "como el conjunto de instituciones dentro de un ámbito geográfico y espacial muy específico, en el que se constituye el dominio social de una clase determinada, a través de aspectos económicos y políticos", un poco en la perspectiva en que el concepto ha sido utilizado en trabajos como el de Marco Palacios sobre la fragmentación regional de las clases dominantes en Colombia.

Y en ese rosario de méritos, algo que resulta curioso y alentador: recordemos que se trata del libro de una historiadora joven (nacida en 1953) y esas dos virtudes (joven y mujer, valga la redundancia) no dejan de marcar el libro en un punto preciso:  su extrema sensibilidad para algo que regularmente se olvida, las formas particulares y en extremo subordinadas que ha revestido la educación de la mujer en el país. Y en nada disminuye esa virtud el hecho de que muchas de las alusiones rápidas que tratan de relacionar patrones culturales del país con, por ejemplo, tasas educativas de escolaridad o analfabetismo por sexo, tiendan a ser falsamente argumentadas y, en un caso por lo menos, perfectamente disparatadas. Así, al parecer refiriéndose muy en conjunto a los departamentos de la costa atlántica y pacífica (!), escribe: "L’inestabilité de l’homme dans la famille est á origine du róle central que la mére y tient; dans cette région pauvre, celle-ci a le plus souvent le charge des enfants. Ces conditions familiaux et économiques se reflétent dans les taux d’alphabétisation relativement élevés des femmes et dans la scolanisation des filles".
Este tipo de observaciones —y muchas otras que figuran en el texto— podrían mostrar la forma un tanto desproporcionada como cierta "conciencia feminista" que se hace sentir en el libro termina afectando los análisis; y con mucha seguridad indica también las constantes ambigüedades e inexactitudes que son típicas de algunos investigadores extranjeros que escriben sobre Colombia, y en
donde también se resume el número diverso de prejuicios con que se asoman a nuestra ventana. Tan sólo quiero citar un caso, dudoso por lo menos. Comentando las dificultades que presenta en nuestro medio la información estadística, escribe: "Depuis 1918, les recensements colombiens ne mentionent plus la composition raciale de la population, afin d’éviter les tensions entre les différentes communautés" (!).

Como conclusión preliminar y parcial de esta primera lectura de un texto sobrio y novedoso y en donde se siente afecto por el país —mérito no siempre presente en las investigaciones de extranjeros sobre Colombia— podríamos decir que señala caminos de investigación; que vincula nuestra historia educativa contemporánea a métodos y técnicas de análisis que encuentran y producen su distancia necesaria frente a la apología de "venerables educadores y nobles intenciones de reforma", al colocarla en la relación necesaria con los procesos económicos, políticos y culturales del país en este siglo, es decir, con el conjunto de las modificaciones de sus estructuras sociales, logrando para el campo de la historia educativa lo que con éxitos moderados pero alentadores ha venido logrando la historia económica y, en menor medida, la historia política; acercando de esta manera la problemática educativa, por las conclusiones de su trabajo, al tipo de análisis "normal" que ya se ha alcanzado para otros campos de la investigación. Con esta obra se llega, en el plano educativo, a lo que es ya en otros campos el "régimen dominante de consenso", ese lugar nuevo y saludable pero siempre difícil donde de manera mucho más compleja hay que volver a reinventar los problemas que puedan permitir avanzar en un campo del trabajo histórico.

RENAN SILVA