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Desactualizado
pero original
Jewish education in Colombia: group
survival
versus assimilstion
(Tesis doctoral, Universidad de Wisconsin, 1972)
John Kenneth Smith
University Microfilms International.
Ann Arbor (Michigan). 1983, 207 págs
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A pesar de la desactualización estadística de este estudio, varios
aspectos que trata directa o tangencialmente le otorgan interés y originalidad. El
análisis central se dirige a la capacidad de la educación escolar judía, impartida en
un país como Colombia (descrito en la página 2 como una "cultura latina totalmente
católica") por iniciativa de la propia comunidad hebrea, con el propósito de
asegurar la identidad cultural como parte de la diáspora. Al margen de este problema, se
consideran elementos de la política educativa oficial colombiana en cuanto a la
reglamentación de los establecimientos privados bilingües. También está problematizada
la textura y densidad de la integración social y cultural de una minoría, merced a lo
cual se evidencia cómo no es la capacidad económica el factor decisivo para propiciar la
supervivencia de ella. Un tercer aspecto de interés es el desempeño propiamente
económico que han tenido algunos grupos de residentes extranjeros llegados al país, en
todas las etapas del desarrollo de éste.
Esta última comprobación permite establecer una comparación marginal al objetivo de la
tesis, pero que la aproxima a otros estudios. ¿Cuál ha sido la relación entre la
cultura judía en Colombia, y los componentes propios de la nacionalidad colombiana en
términos de orientación religiosa, política y económica? Parece pertinente recordar
cómo la connotación judío en Colombia ha estado ligada tradicionalmente
(más en el sentido común y menos en la
investigación social) al factor de éxito económico empresarial y de posición
socioeconómica. Esta ligazón tiene origen en la frecuente asimilación de la idea de
lo judío con un comportamiento
ético-religioso que da solución terrenal a la realización individual. De ahí que
peyorativamente se acostumbró rotular como "judio"(hasta hace unos años) a una
persona con logros impresionantes en lo económico. A su vez, en nuestra bibliografía
abundaron también las evocaciones "semíticas" de la raza empresarial
colombiana, haciendo juego a simplistas posturas teóricas, lo que provocó también
prolongados contrapunteos.
De lo anterior es claro que quedaba en segundo plano la denotación original de la idea de
judío, la cual, no totalmente disociada del matiz económico, es la esencia significativa
de la investigación adelantada por J. Smith a comienzos del decenio pasado.
Respecto a la fecha en que se trabajan las fuentes de esta tesis, vale la pena señalar
las diferencias del medio y del tamaño de la comunidad estudiada. En cuanto medio de
contraste para una minoría judía latinoamericana, la Colombia de 1970 no ha variado en
lo sustancial de la actual, si bien la facilidad con que se pudo entonces entrevistar y
conocer directamente a los miembros de la minoría y su estructura de socialización no es
la misma, como lo demuestra la suspensión de las macabiadas de 1985 (olimpiadas en donde
participaban delegaciones de los cuatro colegios hebreos) que debían realizarse en Cali,
por razones de la violencia urbana allí imperantes. Cuantitativamente, Smith, recoge
cifras que establecen una población de nueve mil judíos en Colombia en 1950, y estima
que hacia 1970 había unos quince mil, de los cuales calcula que cuatro mil ochocientos
vivían en las tres ciudades estudiadas, otros ocho mil residían en Bogotá, y los
restantes dos mil quinientos en otros centros urbanos del país. A propósito de la
comunidad de Bogotá (la mayor en Colombia) se explica, en nota de pie de página que no
se incluyó en el estudio debido a la falta de cooperación de los entonces directivos del
colegios Colombo-Hebreo. Estas cifras son difíciles de verificar, por cuanto ninguna
entidad oficial tiene registros estadísticos históricos al respecto.
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El investigador estadounidense basó su estudio en dos
cuestionarios dirigidos a una parte de los padres y alumnos de tres de los cuatro colegios
judíos existentes entonces (y también actualmente) en el país. Con ellos se propuso
establecer las variantes actitudinales con relación al perfil ocupacional, la conducta
política, la aceptación de amistades no judías, la exogamia y el cumplimiento de los
preceptos tradicionales de la asistencia a la sinagoga, el sabbat, y la práctica
del kosher y el seder. Complementariamente entrevistó a dirigentes de las
comunidades, directivos y profesores de los tres colegios y padres de estudiantes judíos
matriculados en otros colegios privados.
Sobre esta base documental se logra
presentar, en calidad de antecedentes, un detallado recuento de la inmigración,
desenvolvimiento y preocupación por crear sus propios establecimientos educativos en las
tres comunidades. Smith recuerda que en la primera mitad del presente siglo casi cien mil
judíos emigraron de Europa a Latinoamérica, en movimientos que agruparon miembros de
importantes conglomerados desde el punto de vista lingüístico y religioso. Los grupos
más representativos de la población judía en Colombia se establecieron en las cuatro
principales ciudades, constituyendo un núcleo demográfico que después de 1950 ha
aumentado endógenamente al estancarse e invertirse el flujo migratorio tras la creación
del estado de Israel. Resulta claro que el problema de la supervivencia y perpetuación
como grupo cultural, se planteó a partir de ese año, cuando las nuevas condiciones
demopolíticas (entre las cuales el desmonte del antisemitismo) se aunaron para colocar en
el vértice de sus expectativas comunitarias el mantener un modelo de educación formal
propio, como mecanismo de reforzamiento de su cohesión. Por otra parte, el hecho de
caracterizarse Colombia por una relativa posición "pluralista", en términos de
aceptación de minorías, libertad de cultos y laxa regulación oficial de los colegios
privados, hacía surgir el interrogante en torno a la viabilidad de preservación de una
minoría étnica, amenazada por la posible asimilación en tanto esta minoría no
intentara llevar a cabo prácticas "retencionistas" o biculturalistas,
destinadas a poner en interacción dentro del grupo los dos sistemas culturales, sin
permitir el predominio de uno de ellos. Los antecedentes inmediatos de la organización
escolar de las comunidades judías de Cali, Medellín y Barranquilla se sitúan en cuanto
al tiempo, entre 1932 y 1945. En este año se funda el primero de los colegios, el Jorge
Isaacs, en Cali, y en los dos años siguientes el Theodor Herzl, de Medellín, y el
Unión, de Barranquilla. Luego de un período de prueba "en tanto la misma comunidad
dióles plena aceptación" se consolidan con su primera promoción alrededor de 1960.
Sin ser colegios excluyentes, ya que han admitido que se matriculen católicos, crecieron
significativamente, hasta tener en conjunto más de mil alumnos en 1970. Curiosamente, los
administradores de los colegios frecuentemente fueron de nacionalidad diferente de la de
los fundadores, pero sin mayores modificaciones se mantuvieron los propósitos iniciales,
siendo estos proveer una buena educación secular, dispensando paralelamente una especie
de biculturalismo (identidad colombo-judía).
Las tres comunidades analizadas presentaban una notoria semejanza en cuanto a que su
estructura institucional la constituían sencillamente colegios, clubes privados y
sinagogas, este en orden de importancia. El club como centro de la vida social individual
y del grupo, el colegio como respuesta comunitaria a las necesidades de socialización
bicultural y la sinagoga como monumento a la tradición. Smith señala que la homogeneidad
significativa de las tres comunidades en aspectos tales como la escasa participación
política en la vida nacional, la ortodoxia filosófica en la orientación religiosa y la
usual abstención de participar en clubes sociales ajenos a la comunidad, así como una
estructura económica muy semejante, permite aislar los efectos de las variaciones
educacionales en los resultados de los alumnos, distinguiendo variaciones en tales
aspectos, tanto en las operaciones internas de los colegios como en la interrelación de
cada colegio con las otras instituciones de la comunidad. En esa medida el estudio se
concibe como una comparación educativa de minorías.
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Smith concluye que en la
relación entre los colegios, la comunidad y el ambiente social general, existe una
diferencia de grado entre los tres. Mientras el colegio Unión (Barranquilla) muestra una
tendencia biculturalista en sus estudiantes, apoyada en la dualidad administrativa
(director católico, subdirector judío), que permite una estrecha cooperación en cuanto
al currículo y la atmósfera escolar, y por otra parte integra plenamente a los
estudiantes católicos en las actividades extracurriculares, logrando así ser activo y
coordinado con las dos restantes instituciones comunitarias (es decir, el objetivo
bicultural se alcanza), los otros dos colegios no tienen el mismo éxito en cuanto a su
efectividad para transmitir una cultura dual. El colegio lsaacs
muestra una tendencia "retencionista" en sus
estudiantes (grupo minoritario que no interactúa con la sociedad dominante), mientras que
los alumnos del colegio Herzl demostraron neutralidad frente al grupo judío y frente a la
sociedad colombiana. Para estos dos colegios los factores explicativos que Smith halla
son, en primer término, la parcelación entre los departamentos hebraicos y el conjunto
administrativo, Esta operación independiente se expresa adicionalmente en la desconexión
entre el currículo hebreo y el programa del ministerio de Educación. Las celebraciones
biculturales (izada de banderas, conmemoraciones nacionales judías y lectura de oraciones
en el colegio) que concretan la existencia de esa atmósfera bicultural, están pobremente
organizadas en el colegio Herzl, mientras que en el Isaacs, si bien se realizaban, no eran
menos obligatorias que en el colegio Unión. En cuanto al nivel de integración entre los
alumnos no judíos con éstos, en el colegio Herzl las directivas no tenían como
preocupación el fomento a los contactos intergrupales (básicamente a causa de un alto
promedio de matrimonios mixtos). En el colegio Isaacs, por su parte, la pequeña
proporción de estudiantes no judíos condicionaba un clima de exclusividad étnica que
impedía, a su vez, cualquier intento de fortalecer el biculturalismo. Por último, la
interrelacián colegios-instituciones comunitarias no existía en el caso de Medellín,
creando inactividad del colegio con la comunidad, y aislándolo de la sociedad en general.
En Cali, por su parte, el rasgo exclusivista del colegio Isaacs, el club y la sinagoga
predominaba sobre el propósito biculturalista, y pocos o nulos contactos se crean con la
sociedad y las instituciones no judías.
Comparativamente, Smith señalaba, al pasar revista a las publicaciones sobre el tema,
cómo para los niños judíos en Estados Unidos el común denominador, en cambio, ha sido
una especie de exclusividad étnica, en lugar (y a expensas) del pluralismo o de una base
ampliamente bicultural.
Por último, un hallazgo interesante de las entrevistas realizadas es el cambio en el
perfil ocupacional de padres a hijos. Mientras a su llegada a Colombia, como inmigrantes,
estaban en general en una situación de clase desposeída (75% de las autoclasificaciones), para 1970 un porcentaje similar
se clasificó como propietarios de grandes negocios e industrias (plástico, nailon,
textiles, supermercados, y Sector metalúrgico) o de medianas industrias en las mismas
ramas. El resto se clasificó como médicos, arquitectos e ingenieros. La investigación,
como queda claro, no encontró judíos pobres en Colombia, aun para los niveles
estadounidenses de pobreza.
JOSE ERNESTO RAMIREZ
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