Hechos
y crítica política
Mario Latorre
Universidad Nacional de Colombia, 1986,
199 págs.
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Dos de los textos reunidos en este
libro pueden considerarse ensayos por su relativa extensión y por la profundidad de la
exposición de las cuestiones tratadas. "El origen del plebiscito y algunos aspectos
de la reforma de 1968" es, formalmente, un salvamento de voto producido, junto con
otro magistrado, por Latorre, en una actuación del Consejo de Estado, ante una consulta
presentada por la
"honorable cámara de
representantes", en 1972. El documento está lejos de ser árido, y trasciende las
circunstancias concretas de su origen; es una interpretación de la constitución,
derivada de una filosofía democrática viva y consecuente. Se decide en el documento la
constitucionalidad de los nombramientos de afiliados a partidos distintos del conservador
y el liberal en ministerios, gobernaciones, dignidades de las cámaras legislativas, y en
cargos de la administración de justicia. Cuestión candente que se suscita en el momento
en que el cogobierno exclusivo liberal-conservador es mandato constitucional. Fuera de su
creatividad jurídica, este salvamento devoto constituye una defensa vigorosa de los
derechos de las minorías en una democracia, al fundamentar la consecuencia de esos
nombramientos con los principios constitucionales. El análisis semántico de las
fórmulas de la Carta relativas a la paridad
(art. 120) es brillante, y se concluye que "el significado estricto del término
utilizado, paridad, que en relación a la política y a este caso, no implica
exclusión de los demás sino igualdad de los dos partidos, el liberal y el
conservador".
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El otro texto con calidad
de ensayo se intitula "Memorial en favor de un conservatismo político". Su
actualidad también es clara, por tratarse de una argumentación contra las reformas que
buscan introducir en la constitución la elección popular de alcaldes y gobernadores, el
referéndum, la iniciativa popular y la revocación. Para Latorre son inspiración de
"unos cuantos intelectuales tronados". El referéndum somete la aprobación de
las leyes a decisión popular por votación, o sea a otra instancia fuera de su curso en
las dos cámaras legislativas, la iniciativa popular otorga a los ciudadanos el derecho a
proponer reformas y leyes, y la revocación es una modalidad que permitirla que los
miembros del Congreso pudieran ser puestos en interdicto y llamados a nuevas elecciones
por sus electores en el caso de descuidar los intereses de éstos. Ante estas propuestas
que procuran una mayor participación del pueblo, la posición de Latorre es claramente
fundamentalista. Se basa en la absolutez del principio de soberanía nacional, donde
"la Nación", por representatividad, es la titular de todo el poder. Las
reformas mencionadas implicarían un ejercicio directo del poder, por el pueblo, y no por
representatividad, y desde el principio de soberanía nacional serían anarquizantes. Dice
Latorre: "Agregar a la atribución de designar el presidente y la elección de
Congreso que ya tiene, la facultad de decidir sobre la constitución y las leyes,
concentrando todo en unas solas manos, así sean las múltiples del pueblo, de los
electores, es tiranía".
Los otros textos son propiamente artículos de corte periodístico; su reunión es un
análisis a fondo del funcionamiento del sistema demoliberal en Colombia empleando un
modelo teórico proveniente de la ciencia política, donde se aíslan elementos como las
elecciones presidenciales, las elecciones corporativas, participación o abstención
relativas, tipos de campañas, partidos, oscilaciones del voto, componentes de coalición
a las bases partidarias, y el comportamiento histórico comparativo de estos elementos. Se
introduce en el esquema, también, el factor sui génesis que tiene el sistema colombiano
y que lo hace una desviación flagrante del modelo: el pacto de congelamiento de la
competencia por el poder, por dos decenios, convenido entre las formaciones partidarias
históricas. Este rasgo atípico origina uno de los motivos recurrentes en estos escritos
de Latorre: un señalamiento constante y pedagógico de las desviaciones de nuestro
sistema del modelo teórico; por ejemplo, el receso de la competencia partidaria por el
poder. En "¿Colombia, una sociedad bloqueada?" es, quizá, donde es más clara
esta crítica al sistema practicado. Después de observar que en Colombia ni la obtención
de la mayoría en las cámaras, ni la obtención de la presidencia, significaban, bajo la
vigencia de los mecanismos del pacto mencionado, la obtención del poder político, afirma
Latorre: "En esas condiciones no puede hablarse correctamente de competencia
política. Piénsese por un momento en lo que son unas elecciones: los recursos de todo
género, la cantidad de esfuerzos, la movilización de gentes que requieren. ¿Puede
lograrse todo eso para conseguir como resultado uno o dos ministerios más, unas
gobernaciones y unas cuantas alcaldías más para los triunfadores? Se mantienen las
formas, el ritual y el aparato externo, pero no la esencia, el sustento de la
política". Y más adelante: "[...] la sociedad se ha quedado por fuera del
sistema político que, aislado, rechina moviéndose en sus engranajes. Los partidos
pierden una de sus funciones esenciales: dejan de encauzar la opinión, de representar y
congregar esperanzas y aspiraciones dispersas [...] pasa en ellos a predominar la
mecánica, las combinaciones, a ser presa de sus facciones [...]
En "Antes de las elecciones del 4 de junio de 1978" y "1982 y el panorama
político", Latorre introduce en el análisis la contrastación empírica del modelo
teórico, al seleccionar hechos observables en las cifras de votación de los veinte años
del Frente Nacional. Partiendo de una votación alta en el plebiscito de 1957, que
sancionó el pacto transitorio entre las agrupaciones políticas, la democracia colombiana
sufre una deserción escandalosa del electorado, con excepciones en 1970 y 1974
(elecciones presidenciales) en que Rojas Pinilla y López Michelsen representaban opciones
de recambio. Este esquema le permite predecir la apática votación que decide en 1978 la
presidencia para el postulante del partido liberal, Julio César Turbay, y detectar una
crisis de la coalición de base del partido liberal en 1982.
Para observar más cercanamente el método, veamos cómo analiza las cifras electorales en
este último caso. El hecho que ha de observarse es la dispersión de la coalición en la
base del partido liberal, de acuerdo con la descripción de este elemento del sistema:
"Un partido en una democracia es una agrupación de sectores sociales y económicos,
de intereses y aspiraciones, de regiones". La coalición del partido liberal se
esquematiza compuesta de sectores populares; de una región muy influenciada o controlada,
la costa caribe; de composición más urbana que rural; mayoritaria en las cuatro ciudades
más grandes del país.
En el desglose de las cifras electorales se desdibuja este perfil. Para efectos del
control de la región costeña, el dato elocuente es el incremento del voto conservador en
la región del río Magdalena. En 1974 el candidato conservador obtiene el 33,7% de los
votos en esa región, "una región liberal, más, acentuada y radicalmente de
izquierda, de sindicatos y de rudas huelgas"; para Betancur, en 1982, se abre
generosamente hasta un 47%.
Las grandes ciudades que acusan una definición liberal estable, remontándose a las
elecciones de 1946, que son ganadas claramente en 1974 por López Michelsen, se comportan
en 1982 así: el triunfo de Betancur es absoluto en Medellín, Tunja, Manizales, Popayán
y Pasto, y relativo en Bogotá, Barranquilla, Cartagena, Florencia, Santa Marta,
Villavicencio, Cúcuta, Armenia y Cali. El dato de las cuatro ciudades más grandes,
Bogotá, Barranquilla, Medellín y Cali, que se vierten a Betancur, en esta ocasión, es
rotundo; estas ciudades habían sido liberales desde 1958, y elección tras elección,
hasta 1978, se habían inclinado a favor de este
partido.
Respecto al supuesto de la composición marcadamente urbana de la coalición, 1982
presenta un ingrediente considerable de votación liberal oficialista en pequeñas
poblaciones y aldeas (47,6%). Los sectores populares ya no se pueden atribuir sin más al
liberalismo. Del voto de los estratos bajos de la población de la capital del país, que
ingresa en la votación conservadora total en esa ciudad como un tercio del todo, un 3
1,3% adhiere a Betancur en contraste con un 26,1% originado para el liberalismo.
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De esta manera, la coalición descrita arriba aparece, en la elección
de hace cuatro años, en un lastimoso estado de postración, porque "estas
agrupaciones se forman por grandes hechos sociales, sobreviven a las causas que las
generaron y se desintegran mas tarde". Esa es una ley del modelo, y como causa de la
desintegración un anquilosamiento del partido, "incapacidad [...] para adaptarse a ese nuevo medio; al liberalismo con su
organización anacrónica no ha sabido renovarla los electores se le escapan
para pasar a ser terreno de nadie que ocupa quien sepa conmoverlos". Relacionado con
ese factor de que una organización política no se halle a la altura respecto a su base y
de que sea incapaz de renovarse, agrega Latorre: "[...] fijémonos en la edad, es
fácil, y esto indica, entre muchas cosas, si se verifica la renovación de un organismo,
su vitalidad, su capacidad de reclutamiento"; esto con relación a la edad de los
miembros de la dirección liberal en ese momento, que permite aplicar el término de
gerontocracia.
Los artículos y ensayos de Latorre son de gran
interés y apasionante lectura, intelectualmente estimulantes, aun para quienes no
compartan su método y teoría, ni su fe en el sistema. El autor es dueño de un estilo
llano y confortable; no es un español cervantino, pero su sencillez y humor y tono
familiar intencionados y la sumariedad de la expresión de rápidas elipsis, dan un
carácter humano y amable a un tema que arriesga a la pedantería y la aridez. Latorre es
un caso de esos en que, según el viejo aforismo, el estilo es el hombre.
El sistema político
Se contemplaba atrás, en compañía del autor, una especie de débacle
liberal en su análisis de la elección presidencial de hace cuatro años. En
contraste con esa situación, el desenlace de la elección de este año, 1986, nos pone
por delante la recuperación vigorosa de ese partido y la reanimación también del
sistema político colombiano con relación a elecciones anteriores, dominadas por un
comportamiento lánguido. Los postulados de funcionamiento que Latorre señala en muchos
sitios, como el de que una elección (y con ella el sistema) funciona cuando, "real o
presuntamente", ella es una decisión sobre alternativas opuestas de conducción de
la sociedad ("Antes de las elecciones del 4 de junio de 1978"), darían cuenta
de esa inversión de la prognosis apuntada en el artículo sobre 1982. En la elección
próxima pasada se propuso un cambio en la conducción de los asuntos públicos, en la
forma de la restauración de la "esencia, el sustento de la política", el
gobierno de partido con sus aspectos correlativos de responsabilidad política de los
gobiernos, de ejercicio de la oposición y de competencia por el poder político; y esta
propuesta partió del candidato liberal. Así que el libro de Latorre, cuya obsesión, de
principio a fin, son las desviaciones del modelo que detecta en el proceso político
colombiano, históricamente, termina donde empieza una imprevista rehabilitación del
modelo con este gobierno departido y los conservadores formalmente preparando una
oposición.
La teoría y el modelo socorridos por el autor proceden de la ciencia política, cuyo
objeto es adquirir conocimientos verificables y falsables sobre el proceso político, de
aplicación en la práctica política. El proceso se observa en los partidos, en la
opinión pública, en las consultas electorales, sin contaminarse de juicios de valor
sobre la bondad o maldad del sistema. La bibliografía de Latorre es pronunciadamente de
textos estadounidenses sobre teoría del sistema político, el sistema demoliberal como
una realidad incondicionada. La teoría, como es palpable en la diferencia de los hechos
entre 1982 y 1986, acusa un preocupante cariz tautológico. Si se cumple con el modelo, el
sistema funciona; si no funciona es porque no sigue al modelo; en ambos casos el modelo es
verdadero.
Un supuesto de la teoría democrática, como también se conoce a esta disciplina, es el
de que el sistema demoliberal funciona representando la voluntad de los electores, pero,
por lo menos en Latorre, esta teoría no hace reservas sobre los condicionamientos que
mediatizan esta voluntad popular: la educación, la propaganda, el masaje mental de los
medios y la publicidad, y tantos otros medios de condicionar el teórico deliberar de los
ciudadanos. Sin embargo, un libro como éste promociona una nueva actitud o enfoque en el
análisis de la política, depurándolo de manías románticas, y para quien lea entre
líneas, comprueba una supervivencia y una vitalidad del régimen político dominante y de
su aparato ideológico.
HELVECIO ERNESTO GOMEZ M.