Boletín Cultural y Bibliográfico. Número8,  Volumen XXIII , 1986
 

La voz del sabio


Zroara Nebura: historias de los antiguos.
Literatura oral emberá
Floresmiro Dogiramd (relator)
Mauricio Pardo (compilador)

Centro Jorge Eliécer Gaitán, Bogotá, 1984,
277 págs.

"Que los jóvenes no olviden,
porque si olvidan
es como si murieran"

 

80.jpg (10181 bytes)

FLORESMIRO DOGIRAMA
Floresmiro Dogiramá, indígena emberá, dueño de tres bastones, jaibaná (chamán) importante, fue el relator de la mayoría de los textos orales recopilados en forma de libro por el antropólogo colombiano Mauricio Pardo en Zroara Nebura: historias de los antiguos. El excepcional jaibaná vivió ochenta años; durante su larga vida, y hasta su muerte en 1982, fue guardián de las tradiciones antiguas. "Difícilmente pudiera encontrarse a alguien que poseyera conocimientos más completos sobre su propia cultura", afirma Pardo. Floresmiro, además de conocer los cantos y rituales de curación, siempre se había interesado por los relatos antiguos y también por la historia chocoana en general.
"Dueño" y protector de los mitos y relatos tradicionales de su grupo cultural, así era conocido Floresmiro; de ahí que la mayoría de los veintiséis relatos incluidos en el texto Zroara Nebura son del repertorio del relator Dogiramá. Muchos de ellos los aprendió de su abuelo, Lucasuniga Dogiramá; de su papá, Villamoro, o de uno de sus tíos, Antoñito o Ricaurte Dogiramá.
Los relatos se presentan en el tomo bajo las siguientes clasificaciones:
1. Historias del principio; 2. Historias de Trueno; 3. Historias de cuñados; 4. Historias de jaibanás; 5. Historias de guerra; 6. Historias de cimarrones; y 7. Historias de animales. Son categorías que, en sí, despiertan mucho interés y curiosidad en cuanto a sus orígenes. El volumen, desafortunadamente, carece de una nota crítica explícita sobre los criterios que se siguieron para llegar a dicha clasificación. Esto habría sido muy útil, no sólo para el estudioso de las culturas indígenas y de sus literaturas, sino también para el lector neófito.
No obstante, algunas categorías parecen transgredir las convenciones literarias (si las miráramos desde el pensamiento occidental) y nos hacen pensar que la clasificación obedece a una conceptualización emberá para la división de las temáticas narrativas. Las más notables son "Historias de Trueno"e "Historias de cuñados". En las primeras actúa Ba, el Trueno, transformándose, engañando a otros, iniciando largos diálogos lúdicos, revelando sus poderes sobrenaturales a quienes se muestren dignos de tal experiencia. En las otras vemos que en cada relato el "cuñado" es un animal (nutria, garza, cuervo) que se transforma en hombre temporalmente para casarse con una mujer; o es un hombre que entra en contacto especial con el mundo animal (El rey gallinazo, Los puercos de monte) y aprende secretos importantes. Estos contactos inesperados con el mundo de lo sobrenatural caracterizan la particularidad de "cuñado" en los relatos emberás. El análisis de estos conceptos emberás nos pueden proporcionar un material muy rico en cuanto a la lógica cultural inherente a los temas, y la importancia del conocimiento cultural compartido que cada texto presupone.
También hay una ordenación en el libro de acuerdo con los temas señalados que parece jerarquizar los textos, desde los más antiguos y sagrados que tratan los asuntos que tuvieron lugar en el tiempo primordial y mítico (las secciones 1 a 4). Las secciones siguientes (5 y 6) abarcan los tiempos más recientes e involucran ya el tiempo histórico, y al final, los relatos menos sagrados y más cotidianos o "profanos" (que parece ser el caso de las "Historias de animales", sección 7). ¿Vemos, entonces, un proceso gradual que lleva desde el mito a la leyenda, y finalmente al cuento oral? ¿Tenemos un material narrativo que nos puede ayudar a entender los procesos de la sacralización y desacralización de los textos?
Uno de los valores más positivos del libro elaborado por el antropólogo Pardo es su fidelidad al lenguaje original del relato, y al modo en que el relator efectuaba, en cada caso, su repetición oral. El compilador explica que la mayoría de los relatos fueron transcritos directamente de la grabación efectuada en castellano; con respecto a los demás, cinco relatos fueron dictados por el indígena y copiados textualmente, y uno de los relatos, El tigre, fue grabado en idioma emberá y luego traducido por el compilador. Aunque las posibles diferencias "de estilo" de un relato a otro tal vez no sean evidentes para el lector no especialista, sí se destaca para todos el indudable carácter oral de los relatos, aun a veces con riesgo de pertenecer a un sistema "hermético".
Pardo no ha pretendido "reescribir" los textos, ni hacerlos más "accesibles" para el lector no especialista. No ha buscado la manera de darles un "toque artístico", ni de imponerles cierta homogeneidad de "estilo" para que fueran "más literarios".
Los objetivos expresos del compilador no parecen ser pretensiosos. Presenta el texto como homenaje a la memoria de Floresmiro. Es también "un documento sobre el castellano local" (pág. 9) y una labor de "recuperación y de reivindicación de la expresión literaria y lingüística de la etnia emberá" (pág. 17).
Pero creo que sus alcances irán más allá de esos propósitos modestos. A partir de las colecciones de este tipo, dedicadas a las tradiciones orales, se pueden realizar también estudios a fondo de la especificidad de las literaturas orales de los diversos grupos culturales en Colombia, tomando en cuenta los sistemas de pensamiento de cada grupo. Así nos podemos acercar a sus textos y descubrir los elementos de su coherencia interna, sin imponer, desde afuera, estructuras foráneas a ellas.
Precisamente Zroara Nebura me parece un valioso documento que puede servir como base para futuras investigaciones y estudios: sobre texto y delivery; sobre performance, contexto y significado; sobre marcadores verbales de códigos de performance (indicadores gestuales; fórmulas tradicionales de inicio y determinación; reiteraciones, efectos, sonidos). Además, los relatos contenidos en este volumen ofrecen variados ejemplos para estudios temáticos, sobre las imágenes predominantes, y para estudios de las estructuras narrativas y discursivas del texto oral.
Las limitaciones obvias de espacio no permiten entrar en este momento a analizar los relatos. Sólo tal vez pueden mencionarse algunos de los relatos de especial interés, como los de Carabí (El agua y La hermana de Carabí), los del Trueno, los de jaibanás, El tigre, El trueno jaiband, Auka y el Tigre mojano, y de las "Historias de cuñados", La nutria. Ojalá en otro momento se pueda hacer un análisis detallado de los relatos, porque en los textos se despliega gran riqueza imaginística, se presentan complejidades en la estructura narrativa, y a través de ese proceso de contar la historiase revelan elementos esenciales a la comprensión del pensamiento emberá, a la tradición oral y a los modos en que se transmite.
Unas palabras con respecto a la organización formal del ribro. El Preámbulo de Mauricio Pardo se inicia con un recuento muy personal de su experiencia y luego da material biográfico sobre Floresmiro Dogiramá. La Introducción, breve (seis páginas), cubre algunos aspectos etnográficos e históricos, pero hay poca referencia a los relatos en sí y a su valor para la vida de la comunidad. Las ilustraciones de César Landazábal son lindas y útiles para poder relacionar la fauna real con los personajes míticos y fantásticos; en el mismo sentido las notas de pie de página y el glosario al final del libro, son elementos valiosos para la comprensión del contexto cultural. Sin embargo, aparecen como accesorios y un poco lejanos a la lectura de los textos; no se recogen como un conjunto global, por ejemplo en la Introducción. Haría falta tal vez esa presentación sintetizada para darle más cohesión al trabajo realizado.
Se nota cierto descuido en la edición. Varía el título. Varía la colocación del nombre del compilador (o se omite éste), al igual que el del narrador o relator. La lista de ilustraciones aparece antes de la Tabla de Contenido. Faltan entradas en el Contenido y a veces falta la paginación. El mapa y la bibliografía están repetidos. Pero lo más desesperante es la pobreza de la encuadernación. Se desbarata el libro la primera vez que se abre. Es una lástima que la gran riqueza del contenido narrativo no haya tenido eco en el formato editorial. Ojalá en futuras ediciones se puedan mejorar esos detalles de presentación.
Mauricio Pardo rindió homenaje al extraordinario jaibaná y narrador Floresmiro Dogiramá. Ahora queda abierto un nuevo camino: el análisis y estudio de estas Historias de los antiguos para que se conozcan más ampliamente, y "para que los jóvenes no olviden", porque el olvido es la muerte.

LAURA LEE CRUMLEY