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La
voz del sabio
Zroara Nebura: historias de los
antiguos.
Literatura oral emberá
Floresmiro Dogiramd (relator)
Mauricio Pardo (compilador)
Centro Jorge Eliécer Gaitán, Bogotá, 1984,
277 págs.
"Que los jóvenes
no olviden,
porque si olvidan
es como si murieran"
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FLORESMIRO DOGIRAMA
Floresmiro Dogiramá, indígena emberá, dueño de tres bastones, jaibaná (chamán)
importante, fue el relator de la mayoría de los textos orales recopilados en forma de
libro por el antropólogo colombiano Mauricio Pardo en Zroara Nebura: historias de los
antiguos. El excepcional jaibaná vivió ochenta años; durante su larga vida, y hasta
su muerte en 1982, fue guardián de las tradiciones antiguas. "Difícilmente pudiera
encontrarse a alguien que poseyera conocimientos más completos sobre su propia
cultura", afirma Pardo. Floresmiro, además de conocer los cantos y rituales de
curación, siempre se había interesado por los relatos antiguos y también por la
historia chocoana en general.
"Dueño" y protector de los mitos y relatos tradicionales de su grupo cultural,
así era conocido Floresmiro; de ahí que la mayoría de los veintiséis relatos incluidos
en el texto Zroara Nebura son del repertorio del relator Dogiramá. Muchos de ellos
los aprendió de su abuelo, Lucasuniga Dogiramá; de su papá, Villamoro, o de uno de sus
tíos, Antoñito o Ricaurte Dogiramá.
Los relatos se presentan en el tomo bajo las siguientes clasificaciones:
1. Historias del principio; 2. Historias de Trueno; 3. Historias de cuñados; 4. Historias
de jaibanás; 5. Historias de guerra; 6. Historias de cimarrones; y 7. Historias de
animales. Son categorías que, en sí, despiertan mucho interés y curiosidad en cuanto a
sus orígenes. El volumen, desafortunadamente, carece de una nota crítica explícita
sobre los criterios que se siguieron para llegar a dicha clasificación. Esto habría sido
muy útil, no sólo para el estudioso de las culturas indígenas y de sus literaturas,
sino también para el lector neófito.
No obstante, algunas categorías parecen transgredir las convenciones literarias (si las
miráramos desde el pensamiento occidental) y nos hacen pensar que la clasificación
obedece a una conceptualización emberá para la división de las temáticas narrativas.
Las más notables son "Historias de Trueno"e "Historias de cuñados".
En las primeras actúa Ba, el Trueno, transformándose, engañando a otros,
iniciando largos diálogos lúdicos, revelando sus poderes sobrenaturales a quienes se
muestren dignos de tal experiencia. En las otras vemos que en cada relato el
"cuñado" es un animal (nutria, garza, cuervo) que se transforma en hombre
temporalmente para casarse con una mujer; o es un hombre que entra en contacto especial
con el mundo animal (El rey gallinazo, Los puercos de monte) y aprende secretos
importantes. Estos contactos inesperados con el mundo de lo sobrenatural caracterizan la
particularidad de "cuñado" en los relatos emberás. El análisis de estos
conceptos emberás nos pueden proporcionar un material muy rico en cuanto a la lógica
cultural inherente a los temas, y la importancia del conocimiento cultural compartido que
cada texto presupone.
También hay una ordenación en el libro de acuerdo con los temas señalados que parece
jerarquizar los textos, desde los más antiguos y sagrados que tratan los asuntos que
tuvieron lugar en el tiempo primordial y mítico (las secciones 1 a 4). Las secciones
siguientes (5 y 6) abarcan los tiempos más recientes e involucran ya el tiempo
histórico, y al final, los relatos menos sagrados y más cotidianos o
"profanos" (que parece ser el caso de las "Historias de animales",
sección 7). ¿Vemos, entonces, un proceso gradual que lleva desde el mito a la leyenda, y
finalmente al cuento oral? ¿Tenemos un material narrativo que nos puede ayudar a entender
los procesos de la sacralización y desacralización de los textos?
Uno de los valores más positivos del libro elaborado por el antropólogo Pardo es su
fidelidad al lenguaje original del relato, y al modo en que el relator efectuaba, en cada
caso, su repetición oral. El compilador explica que la mayoría de los relatos fueron
transcritos directamente de la grabación efectuada en castellano; con respecto a los
demás, cinco relatos fueron dictados por el indígena y copiados textualmente, y uno de
los relatos, El tigre, fue grabado en idioma emberá y luego traducido por el
compilador. Aunque las posibles diferencias "de estilo" de un relato a otro tal
vez no sean evidentes para el lector no especialista, sí se destaca para todos el
indudable carácter oral de los relatos, aun a veces con riesgo de pertenecer a un sistema
"hermético".
Pardo no ha pretendido "reescribir" los textos, ni hacerlos más
"accesibles" para el lector no especialista. No ha buscado la manera de darles
un "toque artístico", ni de imponerles cierta homogeneidad de
"estilo" para que fueran "más literarios".
Los objetivos expresos del compilador no parecen ser pretensiosos. Presenta el texto como
homenaje a la memoria de Floresmiro. Es también "un documento sobre el castellano
local" (pág. 9) y una labor de "recuperación y de reivindicación de la
expresión literaria y lingüística de la etnia emberá" (pág. 17).
Pero creo que sus alcances irán más allá de esos propósitos modestos. A partir de las
colecciones de este tipo, dedicadas a las tradiciones orales, se pueden realizar también
estudios a fondo de la especificidad de las literaturas orales de los diversos grupos
culturales en Colombia, tomando en cuenta los sistemas de pensamiento de cada grupo. Así
nos podemos acercar a sus textos y descubrir los elementos de su coherencia interna, sin
imponer, desde afuera, estructuras foráneas a ellas.
Precisamente Zroara Nebura me parece un valioso documento que puede servir como
base para futuras investigaciones y estudios: sobre texto y delivery; sobre performance,
contexto y significado; sobre marcadores verbales de códigos de performance (indicadores
gestuales; fórmulas tradicionales de inicio y determinación; reiteraciones, efectos,
sonidos). Además, los relatos contenidos en este volumen ofrecen variados ejemplos para
estudios temáticos, sobre las imágenes predominantes, y para estudios de las estructuras
narrativas y discursivas del texto oral.
Las limitaciones obvias de espacio no permiten entrar en este momento a analizar los
relatos. Sólo tal vez pueden mencionarse algunos de los relatos de especial interés,
como los de Carabí (El agua y La hermana de Carabí), los del Trueno, los
de jaibanás, El tigre, El trueno jaiband, Auka y el Tigre mojano, y de las
"Historias de cuñados", La nutria. Ojalá en otro momento se pueda hacer
un análisis detallado de los relatos, porque en los textos se despliega gran riqueza
imaginística, se presentan complejidades en la estructura narrativa, y a través de ese
proceso de contar la historiase revelan elementos esenciales a la comprensión del
pensamiento emberá, a la tradición oral y a los modos en que se transmite.
Unas palabras con respecto a la organización formal del ribro. El Preámbulo de Mauricio
Pardo se inicia con un recuento muy personal de su experiencia y luego da material
biográfico sobre Floresmiro Dogiramá. La Introducción, breve (seis páginas), cubre
algunos aspectos etnográficos e históricos, pero hay poca referencia a los relatos en
sí y a su valor para la vida de la comunidad. Las ilustraciones de César Landazábal son
lindas y útiles para poder relacionar la fauna real con los personajes míticos y
fantásticos; en el mismo sentido las notas de pie de página y el glosario al final del
libro, son elementos valiosos para la comprensión del contexto cultural. Sin embargo,
aparecen como accesorios y un poco lejanos a la lectura de los textos; no se recogen como
un conjunto global, por ejemplo en la Introducción. Haría falta tal vez esa
presentación sintetizada para darle más cohesión al trabajo realizado.
Se nota cierto descuido en la edición. Varía el título. Varía la colocación del
nombre del compilador (o se omite éste), al igual que el del narrador o relator.
La lista de ilustraciones aparece antes de la Tabla de Contenido. Faltan entradas en el
Contenido y a veces falta la paginación. El mapa y la bibliografía están repetidos.
Pero lo más desesperante es la pobreza de la encuadernación. Se desbarata el libro la
primera vez que se abre. Es una lástima que la gran riqueza del contenido narrativo no
haya tenido eco en el formato editorial. Ojalá en futuras ediciones se puedan mejorar
esos detalles de presentación.
Mauricio Pardo rindió homenaje al extraordinario jaibaná y narrador Floresmiro
Dogiramá. Ahora queda abierto un nuevo camino: el análisis y estudio de estas Historias
de los antiguos para que se conozcan más ampliamente, y "para que los jóvenes
no olviden", porque el olvido es la muerte.
LAURA LEE CRUMLEY
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