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En la
isla de Providencia se encuentra la salvación eterna
Providencia: Las actividades
colonizadoras de
los puritanos ingleses en la isla de Providencia
Arthur Percival Newton
Banco de la República, Bogotá, 1985,
301 págs.
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La colonización inglesa de los puritanos
en Massachusetts es el ideal que muchos quisieran que se hubiera repetido en América
Hispánica en
vez del esfuerzo
español, condenado con frecuencia como el origen de tantos males que se padecen en la
sociedad actual. Este deseo es ilusorio, primero, porque la corriente puritana fue la
excepción o, si se quiere, la protesta dentro de la colonización inglesa. Y en
definitiva, la diferencia radicaba no en el hecho de ser ingleses o españoles, sino en el
grado de injerencia que tuvo el capital en las distintas empresas colonizadoras. El
trabajo de Newton, que nos brinda la oportunidad de comparar las actividades de los
puritanos ingleses en Estados Unidos y en la isla colombiana de Providencia, destruye
muchos mitos que se han tejido sobre las supuestas bondades de la colonización inglesa en
el trópico.
El libro narra la vida de la colonia puritana desde sus antecedentes y su fundación, en
1629, hasta la definitiva destrucción, en 1641, a manos de las fuerzas militares
españolas. Toda la obra constituye la referencia indispensable para este tema, pero sin
lugar a dudas la parte más interesante es la primera, que comprende los años 1629-1635
(capítulos I a VIII), cuando se llevó a cabo el único intento de crear una sociedad
ideal en la convulsionada zona del Caribe colonial.
Los objetivos en Providencia eran los mismos que en Massachusetts:
"sentar las bases de un monumento eterno y glorioso representado en la propagación
de la verdadera religión" (pág. 101). La isla cumplía la función de ser un
refugio para los puritanos que eran perseguidos en Inglaterra. Según la disponibilidad de
viajes, algunos iban a Massachusetts, otros a Providencia, pero todos eran de la misma
composición social y motivados por el fervoroso deseo de pertenecer a "una sociedad
ordenada de acuerdo con los dictados de religión y gobernada con justicia y equidad, pero
basada en el más rígido modelo puritano" (pág. 103).
El modelo puritano no toleraba ninguna otra creencia espiritual, a pesar de haber sufrido
la persecución religiosa en Inglaterra. El trabajo honrado del individuo y su familia era
exaltado como la máxima obligación. Trabajar y rezar, he ahí las
dos funciones del puritano, que no podía dejarse arrastrar
por distracciones: los bailes mixtos estaban prohibidos, y cuando llegaron a Providencia
mesas de juego, dados y cartas, todo fue quemado públicamente. Las numerosísimas
referencias al vino en la Biblia impedían prohibir el consumo de bebidas alcohólicas,
pero un control riguroso limitaba sus ventas a mínimas cantidades y solamente en
ocasiones especiales. Sobra decir que se ejercía una vigilancia permanente sobre la moral
y las costumbres de todos los individuos en la isla, y que cualquier comportamiento que se
desviaba de las normas puritanas acarreaba rápidos castigos, que llegaban hasta la
expulsión o la ejecución.
La Compañía de la isla de Providencia, promotora de la fundación de esta segunda
colonia puritana, podía sentirse orgullosa de haber establecido en el Caribe una copia de
la que existía en Massachusetts. Pero había una diferencia fundamental que desde la
misma fundación, en 1629, empezó a traer resultados muy distintos: mientras que
Massachusetts fue obra de familias puritanas cuyo único recurso era su propio trabajo,
Providencia juntaba las dos metas contradictorias de querer ser una sociedad ideal y al
mismo tiempo una inversión rentable. En efecto, los puritanos que habían invertido
capitales en la empresa esperaban y exigían que la isla produjera jugosas utilidades. El
hecho de estar situada Providencia en una zona tropical y entre colonias españolas
ejerció también alguna influencia, pero la explicación decisiva para el
desenvolvimiento divergente entre Massachusetts y la isla del Caribe la encontramos en la
presencia del capital mercantil.
A los inmigrantes puritanos rasos los movía un sincero fervor religioso y actuaban con la
más escrupulosa honradez, pero los representantes de la Compañía en la isla sabían que
su permanencia en los cargos directivos dependía de las utilidades que remitían a
Londres. Los suelos de Providencia, complementados con la pesca, bastaban para dar un
sustento abundante para la pequeña y laboriosa población puritana, pero no había la
más remota esperanza de que se convirtieran
en fuente de considerables sumas para remitir a Inglaterra. Por eso fracasaron los
intentos de establecer plantaciones en la isla, y los esclavos introducidos por los
dirigentes locales de la Compañía en 1633, se fugaron a los montes o mantenían a los
habitantes en permanente zozobra.
El contrabando con las colonias españolas rendía ciertas utilidades, pero no las
suficientes para satisfacer las exigencias de la Compañía, cuyas deudas aumentaban día
tras día. Desde 1631 barcos corsarios habían arribado a Providencia aprovechando la
tradicional hospitalidad de los puritanos, y de ahí había sólo un paso para que los
empleados locales de la Compañía se lanzaran con avidez a atacar cuanta embarcación
española pasara cerca de la isla. El botín recaudado constituía una tentación
demasiado fuerte, y pronto los puritanos, tanto directivos como colonos rasos, se vieron
arrastrados a convertir la piratería en la actividad principal y ciertamente la más
lucrativa; incluso se olvidaban de remitir utilidades a la Compañía, confiados en que
con las sumas recogidas podrían después acallar con sobornos las quejas de Londres.
En menos de cinco años, entre 1630 y 1635, Providencia se había transformado de sociedad
ideal en guarida de piratas, donde toda clase de excesos no sólo eran permitidos sino
estimulados. Los puritanos que no se habían dejado corromper abandonaron la isla para ir
a Massachusetts, que aún conservaba su estricta disciplina original. Las noticias
llegaron a Inglaterra, y desde 1635 fue imposible atraer a más inmigrantes, que,
escandalizados por los sucesos de la isla, se dirigían exclusivamente a Massachusetts,
donde todavía se luchaba por la sociedad ideal.
A partir de 1635, cuando comenzó la segunda etapa de la vida de la colonia (capítulos
VIII a XIV), la Compañía en Londres aceptó la nueva situación y pasó a considerar la
isla de Providencia solamente como una inversión mercantil, confiando en que ahora
pudiera recuperarlos capitales de los socios. Regresó así Providencia a los dos patrones
interrelacionados y tradicionales del Caribe colonial: la búsqueda despiadada de
ganancias y la lucha militar entre las potencias europeas por el control de las islas.
La idea de la colonia puritana modelo quedó totalmente abandonada, y se dio rienda suelta
a cualquier actividad que significara ganancias sobre el capital. Se trajeron más
esclavos para volver a insistir en las plantaciones, pero el resultado fue una
sublevación difícilmente reprimida. Mayores éxitos se lograron con la piratería, que
se convirtió en fuente indiscutible de botín para los directivos de la Compañía en la
isla y para los corsarios, pero no para la sede londinense, que sólo cargaba con las
deudas.
Más grave aún: la piratería incesante provocaba represalias españolas, especialmente
cuando los corsarios de Providencia emprendieron ataques a posiciones de Tierra Firme.
Rechazados varios contraataques españoles, finalmente en 1641 fue capturada la isla y
expulsada la población de origen inglés. Este fue apenas el primer episodio en la larga
lucha militar entre España e Inglaterra por el dominio del archipiélago de San Andrés y
Providencia.
El libro de Newton se sustenta en una cuidadosa investigación y constituye un
valiosísimo aporte para conocer los albores de la colonización en la isla de
Providencia. Como el autor situó el tema dentro de la historia de Inglaterra y se limitó
a consultar documentos ingleses, con escasa referencia a fuentes españolas, el lector
colombiano puede sentirse distraído por las innumerables referencias a las actividades
británicas tanto en el viejo como en el nuevo mundo. Sin embargo, esta perspectiva,
distinta de las hispanizantes de que antes se disponía en Colombia, permite enriquecer el
tema con una nueva dimensión.
El autor del libro pertenece al grupo de historiadores ingleses que a finales del siglo
XIX se dedicaron a investigar la colonización británica en Estados Unidos y el Caribe.
Para su estudio sobre los puritanos en Providencia, se basó en los archivos de la
Compañía colonizadora de la isla, que aún se
conservan en Londres.
RENE DE LA PEDRAJA TOMAN
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