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Ibagué a través de la fotografía
Patricia Londoño
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Antigua calle del comercio,
actual avenida 10, en 1912
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Batallón "Bravos del
Tolima" en la antigua Plaza de Bolivar, en 1932 durante el conflicto colombo-peruano
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Ferias de
ganado en la Plaza de Bolívar a principios del siglo.
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Gobernación
antes de la remodelación y Parque Murillo Toro hacia 1920.
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Pila de agua
construida en 1886 en la Plaza de Bolívar. De allí se tomaba agua para las casas hasta
que la ciudad construye su acueducto y es reemplazada por una fuente italiana en mármol
llamada "Los hijos de Neptuno
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Mercado en
toldos en la Plaza de Bolívar en 1901. Hasta 1910 funcionó en este lugar. Luego se
trasladó al mercado de Santa Librada.
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ABORRON Y CUENTA NUEVA
AL LLEGAR a
Ibagué se tiene la sensación de estar en una ciudad construida hace pocos decenios. No
quedan elementos visuales que nos revelen su pasado, y lo mismo ocurre con la zona rural
aledaña. En vez de las casonas de las antiguas haciendas que existieron en la región, se
observan sólo construcciones relativamente nuevas, rodeadas de cultivos mecanizados que
alcanzan una de las más altas productividades en el país debido a las condiciones
óptimas del microclima.
Pero en realidad
Ibagué tiene más de cuatrocientos años. A mediados del siglo XVI el descubrimiento del
oro y la plata que había al otro lado del Río Grande de la Magdalena y la necesidad de
abrir una vía entre las villas de Tocaima y Cartago, para comunicar a Santafé con
Popayán y Quito, hacen que la Real Audiencia del Nuevo Reino de Granada decida pacificar
el valle de las Lanzas, habitado por los pijaos, temibles guerreros descritos por don Juan
de Castellanos como:
Selváticos, caribes,
atrevidos
todos en general y en tanto grado
que muertos pueden ser,
mas no rendidos
a condición de servil estado
1
Así fue fundada la Villa de San
Bonifacio de Ibagué el 14 de octubre de 1550, en el sitio que hoy ocupa Cajamarca.
Pero los constantes ataques de los indios motivan su traslado a orillas del río Combeima.
Durante el resto del siglo y el siguiente, la villa adquirió el carácter de sitio de
paso, donde, según Carlos Eduardo Jaramillo, los blasones de la nobleza ibérica pasaron
de largo, a hombro de indio, a lomo de mula, para echar raíces en otros
lugares"
2
En consecuencia, su crecimiento fue muy lento y
muy poco pomposo.
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El famoso
palo de mango que aún existe, sembrado en 1861 por Delfin Varón en la carrera 3a. frente
a la Gobernación.
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Teatro
Torres en 1923. carrera 3a. calle 12/13. Fue construido en 1911. Tenía palcos adornados y
galería popular. Allí se presentaron compañías de zarzuelas como la de Virginia
Fábregas y cine mudo en funciones anunciadas por la banda "La Pollera" que
además amenizaba el cine. Hoy ocupa su lugar una nueva edificación, el Teatro Tolima.
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Flota de
carros Ford "Tres Patadas"en la Plaza de Bolívar en 1919.
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Parque
Murillo Toro después de la remodelación y Gobernación al fondo, alrededor de 1940.
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Cuartel
del ejército en la carrera 3a. entre calles 14 y 15, durante el conflicto
colombo-peruano (Fotografía de Daniel Camacho).
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Carrera 3a.
con calle 15 en 1935. Se ve el local donde funcionó Foto Camacho.
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Calle 14,
antiguo Chapinero por donde entraba el camino del Quindío. Al borde existían
alquiladeros de bestias y herrerías.
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Llegada del
primer tren el 1o. de enero de 1921.
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Durante la
colonia, en la región tuvieron preeminencia Mariquita, por sus minas de oro y plata y por
su clima, y Honda, por ser el punto de partida del camino que se usó durante más de dos
siglos para subir a Santafé y a otros poblados. Entre 1857 y 1887, con el caos político
imperante, se agudizaron las pugnas de los centros urbanos más prósperos de turno por
ser la sede del gobierno estatal. Durante estos treinta años Natagaima, Purificación,
Guamo, Ibagué y Honda llegaron a ser capitales.
Ibagué tomó la
delantera solamente a partir de la década de 1880, cuando aumenta su población debido a
las migraciones causadas por la Regeneración, por la expansión de la colonización
antioqueña salida del Gran Caldas y por el atractivo auge minero que se dio en la
periferia montañosa. Se activa su economía y en 1887 es declarada capital del Tolima
Grande y en 1903 del actual Tolima y sede del gobierno eclesiástico. Entre 1876 y 1938 da
el primer salto brusco en su crecimiento demográfico e inicia su transformación de villa
a ciudad
3
. El siguiente incremento
notable de población ocurre a mediados del presente siglo con el éxodo campesino que
provocó la violencia política, vivida con especial intensidad en la región. La
población de los centros urbanos del departamento del Tolima pasó de ser el 29,5% en
1951 a ser el 51,3% en 1973. Ibagué, por su parte, tuvo su tasa de crecimiento
demográfica más alta entre 1951 y 1964
4.
Se construyen nuevos barrios en los suburbios: unos
arborizados y de arquitectura moderna, para los más adinerados; otros de edificaciones
sencillas, donde se instalan los recién llegados más pobres.
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Primeros
buses estacionados frente a la estación del Ferrocarril.
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Estación del
Ferrocarril "Pedro Nel Ospina" en 1928
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Parque
Murillo Toro en 1920. Era muy concurrida la retreta de los jueves y los domingos
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Calle del
comercio en 1920, actual carrera 3a. entre calles 11 y 12. A la izquierda se ve el
teatro Torres
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Una monografía sobre la
ciudad con motivo de su cuarto centenario comentó entonces: "Las calles de Ibagué
están librando también, como todas las fuerzas vivas de la ciudad, su campaña de
modernización y urbanismo"
5
. Se vive un afán de cambiar
rápidamente de aspecto. Los nuevos edificios, de formas simples y amplios ventanales,
reemplazan las viejas construcciones, dándole a la ciudad "el aspecto a que tiene
derecho a aspirar como capital del departamento"
6
Tal vez la movilidad que
han experimentado sus residentes influye en la falta de interés que la ciudad ha tenido
por su propia historia. Emigraron sus primeros encomenderos y en el siglo pasado, con las
vicisitudes de la emancipación y las guerras civiles, entraron unos y salieron otros. En
este siglo, en los decenios del veinte y del treinta, se reanuda el éxodo de las
principales familias a Bogotá. En Ibagué, a diferencia de otras ciudades en el país,
antes de 1950 no se publicaron álbumes o libros ilustrados que captaran su aspecto, ni
tampoco hubo cronistas propiamente dichos
7.
Apenas en 1950, con motivo de los cuatrocientos
años, se edita una monografía ilustrada, con el título de Ibagué 1550-1950. Una
de las memorias del Ibagué de la primera mitad del siglo que se conservan son los
testimonios de los pocos fotógrafos que retrataron su paisaje urbano y sus gentes.
LOS FOTOGRAFOS
Y LA MEMORIA VISUAL
La Biblioteca
Darío Echandía, del Banco de la República en Ibagué, está organizando una exposición
de fotografías titulada Ibagué ayer y hoy. Comprende noventa fotografías de la
ciudad, de 1910 a 1950, contrastadas con una serie de fotografías de Alberto Suárez
sobre el Ibagué actual que tiende a desaparecer y otras sobre la ciudad moderna. La
mayoría de las fotos viejas provienen de la colección de 102 negativos de Daniel Camacho
Ponce, recientemente adquirida por la biblioteca para su centro de documentación
regional. Dicha colección incluye negativos que muestran la ciudad en los dos primeros
decenios del siglo, comprados por él a otros colegas y una parte de su propio archivo.
Daniel Camacho Ponce se
menciona en el libro Historia de la fotografla en Colombia del Museo de Arte
Moderno de Bogotá. Nació en Bogotá en 1907 y estuvo activo como fotógrafo en Ibagué
desde los años veinte. En 1925 abre el estudio Foto Camacho con su cuñado, Manuel de J.
Morales. Permanecen juntos hasta 1940, cuando se separan para abrir Camacho la Foto Luz, y
su cuñado la Foto Morales, ambas existentes hoy. Trabajó para Cromos, El Tiempo y El
Espectador, entre otras publicaciones, y dejó el más completo registro gráfico de la
ciudad. En 1983 la compañía de Walter Rothlisberger, "en homenaje a Ibagué y sus
valores artísticos", publicó 150 carpetas tituladas Historia gráfica de
Ibagué, con diez fotografías suyas ampliadas a 20 x 25 centímetros.
Los fotógrafos
anteriores, de quienes Daniel Camacho adquirió unos cuantos negativos, fueron Pedro
Angulo y José Miguel Alfonso, los más antiguos identificados hasta ahora. Fue él quien
retrató la feria y el mercado de toldos en la plaza de Bolívar en la década de 1910.
Después abandonó la fotografía.
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Fiesta de
disfraces en la Escuela Normal Nacional de Ibagué en los años cuarenta.(Fotógrafo José
Miguel Alfonso).
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Estuvo
también Segundo Tamayo, quien tuvo su estudio, Foto Tamayo, en la carrera 3a. con la
calle 13, hasta 1927, cuando se fue para Cali
8.
Aparte de la colección
de Daniel Camacho, la biblioteca ha adquirido otras fotografías. Unas del fotógrafo
itinerante Manuel García de Pereira, otras del archivo de Darío Echandía, donde aparece
al lado de diversas personalidades políticas en Bogotá y en sus viajes a Roma, y por
último una serie de los años cincuenta de bautizos, primeras comuniones y
reinados de provincia. Para la exposición en la Biblioteca Darío Echandía se obtuvieron
en préstamo algunas fotografías reunidas por Armando Polanco, coleccionista de
antigüedades, y de unos cuantos álbumes familiares.
El tema más representado
en la exposición es el aspecto físico de la ciudad, de 1910 a 1950. Los fotógrafos,
sobre todo José Miguel Alfonso y Daniel Camacho Ponce, retrataron los lugares públicos y
las principales construcciones. Aparecen la plaza de Bolívar con su mercado en toldos y
las calles con sus caños y muchachos de calzón corto de los primeros diez años del
siglo. En la década del veinte enfocaron, entre otros temas, la flota de los Ford
"tres patadas", el teatro Torres, el parque Murillo Toro, con sus verjas de
hierro a lo europeo, y las fuentes de la plaza de Bolívar, con los tritones de mármol
que fueron reemplazados hace diez años por unas esculturas de cemento que representan una
paloma, símbolo de la paz, y una nota musical, alusiva a la vocación musical de la
ciudad. De los años treinta están el batallón Bravos del Tolima y el cuartel del
Regimiento durante el conflicto colombo-peruano. En los cuarenta, el parque Murillo Toro,
ahora remodelado, tiene arbustos, flores, pabellón para las retretas dominicales,
balaustradas, lámparas redondas, bancas y un pórtico de entrada.
Aparece también un
elemento que en los 125 años de vida de la ciudad se ha convertido en insólito punto de
referencia que les da identidad a sus habitantes. Se trata de un árbol de mango sembrado
en el parque Murillo Toro, frente a la gobernación, sitio que fuera escenario de paradas
militares, desfiles y toda clase de celebraciones. Fue el único árbol del lugar que no
sucumbió a la remodelación del parque y a la rectificación de la carrera 3a. Sin
embargo, quedó sobre la vía, es decir, fuera del lugar para el urbanismo en boga. Pero,
en el momento de cortarlo, una decidida movilización de los manguistas, que resultaron
ser muchos, impidió que desapareciera.
La literatura reciente
del Tolima señala la importancia del tren en la vida de sus pueblos. La fotografía
captó la solemnidad del momento, cuando al iniciarse enero de 1921 llega a Ibagué la
primera locomotora. Entre el tumulto vestido de ruanas y pañolones encabezado por el
general Pedro Nel Ospina y las autoridades civiles y eclesiásticas de la localidad,
estuvo Daniel Camacho Ponce para registrar el acontecimiento. Volvería en 1928, cuando se
construye la estación, y en varias otras oportunidades a captar escenas de los
alrededores y, finalmente, su demolición en 1982. Cuenta que retrató la vida y muerte de
la estación porque era un sitio de especial atractivo y significado en la vida de los
ciudadanos de todas las capas sociales. Era el lugar de la expectativa, de los encuentros,
de la alegría, del dolor, el paseadero de todos, donde había un surtido mercado de
alimentos típicos como bizcochos, carne de cerdo salada, frutas, golosinas y otros
productos de tierra caliente.
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Demolición
de la estación del Ferrocarril en agosto de 1982.
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Quiosco de
Belén, construido en 1926, cuando los alrededores eran mangas. Se utilizaba para
diversión de los más elegantes hasta los años cincuenta cuando el sector se urbaniza y
se adecúa como centro educativo.
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Entierro del
Maestro Castilla. 1936. (Fotografía de José Miguel Alfonso).
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Quiosco del
centro de la ciudad utilizado en verbenas populares.
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Demolición
de la Gobernación, uno de los edificios más hermosos de Ibagué en 1954.
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Aparecen
retratados los establecimientos educativos. El antiguo Colegio de San Simón, fundado en
1822 por Santander, la Escuela Agronómica de San Jorge, fundada en 1918 por la comunidad
salesiana, "y el Conservatorio que se inició como Academia de Música en
1893, establecimiento que dirige el maestro Alberto Castilla, quien le da la
organización de Conservatorio"
9.
Vale recordar que desde 1886 Ibagué se conocía
como la "ciudad musical de Colombia, a raíz de los comentarios del conde de
Gaubriac, visitante francés a quien le llamaron mucho la atención las habilidades de los
jóvenes de las familias más acaudaladas, lucidas en las tertulias o veladas familiares,
entre declamaciones y refrescantes tragos de mistela. Años más tarde, en 1948, las Masas
Corales del Conservatorio de Ibagué reciben la Cruz de Boyacá y al año siguiente
realizan una exitosa gira a La Habana, viaje que registra García Márquez en sus primeras
crónicas. Y estaba además el espíritu folclórico más popular, expresado en las
tradicionales fiestas, en especial las de San Juan, en la semana del 24 de junio,
conocidas como Festival Folclórico desde 1959 y en decadencia durante los últimos diez
años.
Para ser la "ciudad
musical", sorprende la escasez, en la colección de Daniel Camacho Ponce, de
fotografías antiguas sobre este aspecto. Hasta ahora han aparecido una sola foto del
Conservatorio, dos o tres de sus coros y algunos conjuntos musicales. Alusivas a la
recreación, hay fotografías de las instalaciones de sitios como el quiosco de Belén,
construido en 1926, o el club Baltasar, que fuera tan popular en la década del cuarenta
con su circo de toros, instalaciones deportivas y pista de baile. No aparecen imágenes
del Círculo Social, el primer club, fundado apenas hace cuarenta años, donde se jugaba
al dominó y al parqués y se asistía a bailes de presentación en sociedad, ni de los
primeros equipos y partidos de fútbol en los llanos de Belén o de las tardes en el
hipódromo, o de las procesiones y celebraciones colectivas, temas que atrajeron tanto la
atención de los fotógrafos en otras ciudades del país. Tampoco se conservan imágenes
de los elegantes baños públicos en Las Brisas, situados a orillas de una quebrada en las
afueras de la ciudad, ni de diversiones populares como el tejo, traído por los
inmigrantes cundiboyacenses, ni testimonio gráfico de la violencia y la política, dos
elementos claves en su historia local
10
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El
Salado, portada de las pampas tolimenses, en 1936. (Foto Camacho).
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En
comparación con otras ciudades intermedias, unas más antiguas que otras, como Pasto,
Cúcuta o Pereira, la documentación visual recogida hasta el momento en Ibagué no es muy
abundante, tal vez a causa de que sólo en 1985 se inicia su recopilación por intermedio
del Centro de Documentación Tolima de la Biblioteca Darío Echandía. Más que sus
habitantes, la exposición destaca el paisaje urbano, el aspecto de la ciudad que se
borró en nombre del progreso. Pero precisamente por lo escaso del material recopilado,
son muy valiosos estos trozos de pasado que se conservaron y que se han podido reunir para
esta exposición.
1 Augusto
Trujillo Muñoz, en Monografía del municipio de Ibagué, Dane, Bogotá, y Cámara
de Comercio de Ibagué, 1983. pág. 19. (regresar1)
2
Ibagué: Conflictos
políticos de 1930 al 9 de abril, Bogotá, Centro Jorge Eliécer Gaitán, 1983, pág
11. (regresar2)
3 Pasa de
10.346 habitantes en 1876 a 61.447 en 1938. Ibagué 1550-1950, Ibagué,
Editorial Antares, 1950. (regresar3)
4 Pasa de 98.695
habitantes a 163.661 (Monografía del municipio de Ibagué). (regresar4)
5 Ibagué 1550-1950,
Ibagué, Editorial Antares, 1950. (regresar5)
6
Ibíd
(regresar6)
7 Se pueden
encontrar cuadros costumbristas en la literatura. Por ejemplo, en novelas como Los
desheredados de Héctor Sánchez, que muestra cómo se vive en los pueblos del Tolima,
la importancia del tren hasta 1960 y Otros asuntos. O en estampas como las de Eduardo
Santa en La provincia perdida, que describe el parque, los bobos y el circo en
provincia. (regresar7)
8 Después de Daniel
Camacho se instaló Foto Alfonso, de José Miguel Alfonso, músico del batallón
Caldas, quien trabajó hasta los años cincuenta; Foto Rojas, que funcionó desde los
años cuarenta hasta los sesenta, y Foto Aguiar, de Liborio Aguiar, poeta, maestro de
escuela e inspector de educación venido de Purificación en la misma época. (regresar8)
9 Héctor Villegas
Villegas, Reseña histórica del Conservatorio de Música del Tolima. 1962,
pág.33.(regresar9)
10 Se conocen registros
gráficos de la violencia en la zona. Ver, por ejemplo, Cuando Colombia se desangró, estudio
ilustrado de James Anderson, publicado recientemente por El Ancora Editores, y La
violencia en Colombia, de Germán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda y Eduardo Umafía
Luna. (regresar10)
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