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La
poesía de Luis Carlos López y la tradición de la antiliteratura en las letras
hispánicas (segunda parte)
Aunque los antipoetas,
como López o Parra, se acercan a los textos de sus modelos literarios con una perspectiva
invertida e irreverente, no pueden aniquilar la poesía ni librarse de la palabra
heredada. La función primordial del antipoeta es crear poesía. Cuando el lenguaje de su
antecesor ya se ha hecho ritual y las imágenes y metáforas que lo componen han
degenerado en clisés y fórmulas desgastadas, el antipoeta las ridiculiza y las invierte
para crear una retórica nueva. No obstante, los elementos del anterior lenguaje poético
quedan en la retórica nueva como puntos de referencia que no pueden ser completamente
borrados. De igual modo, el antipoeta no ignora la temática universal de la literatura y
las diversas maneras utilizadas por otros autores para tratar una gran variedad de temas a
través de los siglos. La aparente actitud jocosa con la cual el antipoeta se refiere a su
obra y la máscara que interpone por medio de su narrador entre su texto y el lector no
desmienten la seria autocrítica a que se somete dentro de sus composiciones. La escritura
de toda antiliteratura necesariamente adquiere un carácter reflexivo. Por ejemplo, López
se burla del acto de creación de Un soneto, que tiene un antecedente literario en
el soneto dedicado a Violante por Lope de Vega bajo el título de Soneto de repente
19.
Cito a continuación el poema
de López:
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Caricaturas
de Luis Carlos López.
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Me dice
usted: "Escríbame un soneto".
Y para complacerla, necesito
salir, como Argensola, del aprieto...
Vamos, ya tengo un mal cuarteto escrito.
Y haré de sopetón otro cuarteto,
pues añorando el rostro tan bonito
que luce usted, como quien salta un seto,
salto... y me importa este cuarteto un pito!
Parecerá difícil que pudiera,
principiando un terceto a la ligera
finalizar el último terceto.
Pero sólo al pensar en su mirada,
noche oscura hecha flor, de una plumada
le digo a usted: aquí tiene el soneto.
(PEA, 1920, 77).
El escritor de
antiliteratura no sólo es exigente consigo mismo. Supone que el lector se da cuenta de la
sutileza de ingenio encontrada en la obra. No basta una lectura superficial del texto para
penetrar la fachada de humorismo con la que se presenta el argumento o se desenvuelve el
tema de un antipoema, de una antinovela, o de un drama de antiteatro. Por su retórica
desprovista de imágenes decorativas o de símbolos herméticos, las antipoesías de
López y Parra aparentan sencillez a primera vista. Esta impresión de sencillez se debe
en gran parte al carácter prosaico del lenguaje empleado en la antipoesía que
caracteriza también "la poesía conversacional" del nicaragüense Ernesto
Cardenal. Aunque la antipoesía, por su sencillez, es accesible y comprensible para gran
número de lectores, quienes pueden apreciarla al máximo son aquellas personas que
conocen a fondo la tradición literaria de los países hispánicos y del mundo occidental.
Es aconsejable saber "leer entre líneas" para saborear las imágenes
polisémicas, los eufemismos y las palabras de doble sentido, que son los recursos
predilectos de los antipoetas. La sátira empleada por el antipoeta requiere que el lector
tenga la capacidad de discernir los blancos a que van dirigidos los dardos de la crítica.
A pesar de la comicidad que aparenta el poema, debería estimular al lector a pensar en
los problemas de su sociedad e indignarse frente a ellos. El antipoeta no propone
soluciones sino que induce al lector a reflexionar sobre las sinrazones de la vida humana.
Analicemos, por ejemplo, el tratamiento satírico que aparece en el poema itt pace, en
torno al problema perenne de la miseria.
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Luis Carlos
López visto por otros caricaturistas.
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"Life
is a jest".
JOHN GAY
Cruza el arroyo el
solitario entierro
de un pobre. Es natural
que le acompañe un perro
bajo la indiferencia vesperal.
¿De qué murió? Sería
de bulimia, es decir,
de no haber visto la panadería
con ojos de faquir.
Y ahora va, como inútil adjetivo,
despanzurrado dentro de un cajón
de tablas de barril. He aquí un motivo-
para una cerebral masturbacíon.
20
Es evidente el choque
irónico entre el epígrafe y la última frase del poema. La mención de masturbación,
palabra tabú en ese momento de la trayectoria de la lírica hispanoamericana, provoca
la risa del lector pero al mismo tiempo le hace pensar con amargura en la tragedia del
campesino pobre. Después de comparar el lector la situación del campesino hambriento con
el epígrafe y el último verso del poema se le subraya el doble fondo tragicómico de la
obra. Nicolás Guillén acierta al caracterizar la obra poética del cartagenero como
"una carcajada dolorosa" bien ilustrada por este poema
21
.
Luis Carlos López no es un simple humorista sino un
creador de tragicomedias en verso. In pace anticipa y hace posible el tratamiento
del mismo tema treinta años después, con un lenguaje aún más gráfico, en La rueda
del hambriento de César Vallejo.
La ironía y el humor vistos en el poema citado abundan en la poesía de López y son
otros dos fundamentos de la antiliteratura. El humor y la ironía están en juego en toda
la antipoesía. Se puede discernir en López y Parra el motivo literario de risa-llanto.
Este motivo tiene raíces en el verso de tipo tradicional en España. Inadvertida hasta
ahora, por la crítica, es la presencia de elementos de la lírica popular, los cuales,
entremezclados con la poesía culta, impregnan los versos de López. La compenetración de
la lírica popular y la poesía culta aparece en las obras de los mejores poetas hispanos.
La confluencia de lo culto y lo popular en los versos de López contribuye a la
producción de una tensión interna en muchos de sus poemas. Se percibe la influencia del
cancionero español y de la coplería colombiana en el lenguaje coloquial, la visión
cotidiana, la forma escueta e insinuante de los versos y en los desenlaces cómicos e
irónicos de la poesía de López. Muy propios del bardo colombiano podrían ser, por
ejemplo, los versos siguientes que provienen de una antología de coplas de Colombia:
Anoche menamoré
di una muchacha bonita;
esta mañana la vide,
¡Y era tuerta la maldita!
22
De igual modo, confluyen
corrientes populares y cultas en la poesía del chileno Nicanor Parra, que se destacan,
sobre todo, en su libro La cueca larga (1958). En él, Parra recurre sobre todo a
las fuentes de la poesía tradicional chilena y a la figura folclórica del huaso.
Aparte de esta característica de la raíz popular en la poesía de López y Parra, pueden
señalarse, sirviéndose de un riguroso cotejo de los textos de los dos, muchas afinidades
en lo que se refiere a conceptos sobre la función del verso, su visión de la condición
humana y su gran preocupación por los problemas que afligen al hombre del medio social y
de la época en que cada uno vive. Son cronistas de actualidades y poetas de lo cotidiano.
Están imbuidos en una visión angustiada de la historia. Desmitifican los valores y
creencias ya caducos de la sociedad burguesa que no funcionan ni corresponden a realidades
concreta ni a problemas actuales. López enfoca principalmente su visión microcósmica
hacia su ciudad natal, Cartagena de Indias, aunque, como García Márquez en nuestros
días, registra el impacto que sobre su villorrio ejercen avances tecnológicos llegados
de afuera. Parra amplía el alcance de su espejo poético desde Chile a otras partes del
globo.
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Valle-Inclán
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Miguel de
Unamuno
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José
Asunción Silva
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Los versos
de ambos antipoetas se asemejan en otros aspectos importantes. El narrador de sus
antipoemas dialoga con el lector; se mofa de éste y de sí mismo; o le cuenta una
anécdora o una historieta. Los dos antipoetas juegan con el lector, y la risa que le
inspiran no desmiente la angustia que sienten al contemplar al hombre y sus circunstancias
actuales. De ahí que la antipoesía derive su tensión especial de una contraposición de
valores que dan a la literatura un sesgo ambivalente. La antipoesía es una escritura que
fluye entre el humor mordaz y la vivencia traumatizada. La dramatización se lleva a cabo
con el tono y los recursos expresivos que utilizaría la literatura ligera, humorística y
de ocasión. En fín, ambos escritores presentan sus versos con una ironía burlesca
aunada al prosaísmo coloquial.
El acercamiento entre
poesía y prosa, encontrado en la obra de López y Parra, es característico de gran parte
de la literatura occidental del siglo XX.
Tanto la poetización de la prosa por
medio del símbolo lírico como la prosificación de la poesía mediante la anécdota son
fenómenos complementarios. Este doble proceso acontece plenamente por primera vez en
América Latina, aun antes del comienzo del siglo actual, en los versos y la prosa de
José Marfi, Manuel Gutiérrez Najera, Jose Asunción Silva y Rubén Dario. Dentro de la
literatura colombiana, la interrelación de la poesía lírica de Isaac y su famosa
novela,
María
(1867)
23
. Constituye un antecedende de la creación de una prosa
artística-cromática y musical por los modernistas. Esta compenetración de lírica y
prosa se encuentra también en la novela. La vorágine (1924), de José Eustasio
Rivera, cuyas descripciones poéticas de la naturaleza contienen imágenes empleadas antes
por el mismo autor en su libro de sonetos, Tierra de promisión (1921)
24.
igual que los modernistas,
López combina lo lírico y lo prosaico agregando toques histriónicos como el diálogo
intercalado y el movimiento escénico dentro de un soneto epigramático. La tendencia
característica de los antipoetas es narrar sin excluir del todo las descripciones
líricas
25.
En fín, la mezcla de
prosaísmo y lirismo aumenta en cada época de antipoesía, pero en el verso de Luis
Carlos López estos elementos se hallan equilibrados
26
.
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Guillermo
Valencia
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Ruben
Dario
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César
Vallejo - Dibujo de Picasso, 1938
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Aunque en
los versos de Luis Carlos López, se observa una variedad de formas métricas
tradicionales, como la lira, la silva y los tercetos alejandrinos, predomina el soneto
endecasílabo al cual el poeta da un aspecto narrativo. El soneto tradicionalmente sigue
convenciones bien definidas y posee una estructura lógica y discursiva. El soneto pasa
por ser una forma sagrada de poesía. Aunque López respetó y mantuvo el molde usual del
soneto, a veces, distorsionó su estructura tradicional: en algunos casos suprimió un
cuarteto y en otros un terceto, creando de esta manera variaciones truncas de este metro.
Los sonetos truncados de López producen un efecto de brusquedad en que el narrador
poético lleva directamente al lector dentro (itt medias res) de una escena o
acción. López alteró la métrica de varios sonetos como en el poema Tedio de la
parroquia, que cito a continuación:
"¡Ay qué
vida!"
TEMISTOCLES
La población parece
abandonada,
dormida a pleno
sol. ¿Y qué hay de bueno?
Y uno responde bostezando: ;Nada!
¡Ni una sola ilusión inesperada, que brinde ameno
rato! ... Es un sereno
vivir este vivir siempre a plomada.
Porque ¡ay! no surge un acontecimiento
sensacional. Apenas un detalle
y eso de vez en cuando, en la infinita
placidez lugareña: hoy no hace viento,
y andan únicamente por la calle
cuatro perros detrás de una perrita.
(PEA,1920, 89).
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Vicente
Huidobro
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Pablo Neruda
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Jorge Luis
Borges
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He aquí
un antisoneto en que aparecen versos de métrica variada que oscilan entre once, cinco,
seis y nueve sílabas. Para Ángel Valbuena, crítico español de orientación muy
tradicional, la organización métrica de este soneto, hecho de manera tan heterodoxa,
significó un descuido formal equivalente a la construcción de una casa carente de
simetría. Más incomprensible todavía, para Valbuena, fue la postura irreverente tomada
por López frente al texto de su antisoneto. Valbuena calificó la poesía del bardo
colombiano como "una sarta de inconveniencias.., porquería lo contrario
de la poesía"
27.
Los malentendidos y las polémicas que
surguieron entre los críticos colombianos acerca de los primeros libros de López se
debieron a que les pareció rara e inexplicable la pose rebelde del poeta ante la
creación lírica. A través de la historia literaria de Colombia, la lírica se
distinguió siempre por su apego a una estética tradicionalista, por el refinamiento y la
exquisitez verbal del poema y por el hondo sentimentalismo con que trató los temas de la
literatura universal. En cuestiones lingüísticas y literarias, Colombia ha sido ejemplo
de ortodoxia retórica. Esta reverencia hacia las formas castizas de la lengua ha
contribuído a dar un carácter poco innovador a la literatura nacional. Pablo González
Rodas observa en un artículo sobre el revolucionario movimiento literario del nadaísmo
(1958-1970) en Colombia que:
Se ha señalado como una
característica de las letras colombianas
una corrección y un cuidado en formas de raigambres
humanísticas y académicas que frecuentemente han constituído
un freno para las corrientes innovadoras y para los influjos
foráneos
28.
No sorprende, entonces, que cuando salen
los primeros libros del poeta cartagenero el cantor lírico más popular en Colombia sea
Julio Flórez (1867-1923), romántico retrasado cuyos versos exageradamente sentimentales
están dados al llanto y la nostalgia. Aún perduran huellas de desagrado entre algunos
críticos colombianos hacia los versos de López. Para más de un crítico, la obra
poética de López no parece significar nada más sustancial que chistes rimados. No ven
que la poesía satírica de López, que utiliza el humor como arma de crítica disolvente
de su sociedad tropical, es, a la vez, una caricatura del modernismo y gran parte de la
tradición poética del país.
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Julio
Cortázar
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Cabrera
Infante
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Andrés
Holguín confiesa que rectificó su opinión poco entusiasta sobre la poesía de López,
fundada en la consideración de que la lírica y el humor eran incompatibles:
En alguna oportunidad,
hace ya varios años, escribí un ensayo
sobre la poesía de Luis Carlos López para poner de relieve cuán
poco poético es su humorismo y cuán poco valor lírico tienen sus
descripciones, sus caricaturas(...) Y es que, en principio, poesía
y humorismo son incompatibles. Sin embargo, mi concepto sobre
el peculiar humorismo del tuerto López fue rectificado por mí....)
en una obra posterior
29
Fuera de Colombia, la reacción crítica
a la antipoesía lo pezca ha sido muy variada. Para algunos críticos, como Federico de
Onís, López encabezó el posmodernismo fragmentado en su tono más logrado de ironía
sentimental ante el rubendarismo decadente:
su actitud poética,
así como la de los demás poetas de esta
sección, es la más propia y típicamente posmodernista, porque
es el modermismo visto al revés, el modermisno que se burla
de sí mismo, que se perfecciona al deshacerse en la ironía
[...]
30
Hay algunos pocos críticos que creen que
López es el primer poeta posmodernista
31
. En cambio, otros atacan la obra
poética de López en diatribas polémicas. Ellos estiman que su lírica es mero humorismo
cursi, que no merece ser clasificada como poesía
32.
Los críticos que opinan así aciertan, sin querer, al
calificar como antipoético los versos del poeta cartagenero. En general, aún existen en
la crítica hispanoamericana algunos prejuicios y un desinterés por la poesía del Tuerto
López. Enrique Anderson Imbert y Eugenio Florit le dedican apenas un breve párrafo de juicios críticos
33
En la antología hecha por Florit y José
Olivo Jiménez, se entreveen mayor aprecio y comprensión de la poesía del colombiano:
nos hacen pensar [los
poemas de López], en un Quevedo
criollo que se burla hasta de su propia sombra [...] por lo
desrealizado de sus imágenes y símiles, se podría relacionar
a Carlos López con la estética de vanguardia [...] esa falta
de equilibrio entre el fondo y la forma de sus poemas
producen el efecto que su autor busca: lo inesperado,
lo humorístico, lo caricaturesco, en fin.
34
La falta de estudios
serios acerca de los versos satíricos de Luis Carlos se ha debido en parte a la
inaccesibilidad de los textos originales y a las confusiones bibliográficas que han
surgido en torno a su obra.
Aún no se ha investigado cómo la personalidad de López y las circunstancias vivenciales
e históricas de su época contribuyeron a la formación de su perspectiva disidente ante
la literatura y a su evolución artística; orientación que hace de él uno de los
mejores poetas satíricos de todos los tiempos en Hispanoamérica. Surgen muchos
interrogantes. Entre ellos, por ejemplo, se podría preguntar acerca del efecto que sobre
su sensibilidad artística tuvo el abandono definitivo de los estudios de medicina de la
Universidad de Cartagena, a consecuencia de la guerra de los Mil Días.
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Luis
Carlos López (fotografta de Darío Morales).
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El poeta en sus
últimos días
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Aparte de
la originalidad, los versos de Luis Carlos López nos interesan hoy por la temática y la
visión antiheroica. El blanco principal de su sátira es la burguesía. El poema Canción
burguesa, ataca la presuntuosa falta de escrúpulos y el oportunismo maquiavélico de
esta clase social. Medio ambiente, censura al burgués por su
"conformismo" y "apatía" sociales, Don Juan Manuel constituye
una crítica de "La avaricia" y "el materialismo" del capitalista. Los
poemas De sociedad y En Gúambaro denuncian "la hipocresía" y
"el diletantismo" del burgués.
A los políticos, López
les lanza los dardos más venenosos de su invectiva. Los políticos que aparecen en A
un perro, Hongos de la riba y Mitin son parásitos y demagogos. Resulta claro,
a la vez, el desdén con que el narrador poético describe al clérigo soberbio y poco
caritativo del poema Tarde de verano. Se nota, además, preocupación por la
decadencia, el ambiente cerrado y el tedio con que el poeta dibuja su ciudad nativa.
Percibo a través de la
obra poética del cartagenero la expresión obsesiva de frustración y cinismo que
caracterizan el espíritu de nuestra propia época. Se observa el desengaño dela juventud
al estrellarse sus ideales contra realidades vivenciales y la presión del conformismo
social. El romanticismo e idealismo juveniles se aminoran con el paso de los años cuando
las circunstancias Impiden que se realicen reformas sociales y metas personales. Así, es
cada vez más vigente la idea expresada en el terceto final del soneto A un bodegón:
¡No vale hoy nada nuestra
vida! ¡Nada!
¡Sin juventud la cosa está fregada
más que fregada, viejo bodegón!...
(PEA,
1920, 91).
El poeta acierta
también en resumir lo compleja que es la vida, al describirla como "una mezcla de
olor / y un aroma de flor". Después de examinar los rasgos principales y las facetas
múltiples de la poesía de Luis Carlos López, no cabe duda de que merece ocupar un
puesto de mayor importancia en la trayectoria histórica de la lírica hispanoamericana.
Aparte de Fernández.
Retamar, la crítica no
se ha dado cuenta de la estrecha relación que hay entre la antipoesía de López y la de
Parra. La antipoesía lopezca fue muy avanzada para ser bien apreciada y entendida durante
su época. Obsérvese que Luis Carlos López escribió antipoesía cincuenta años antes
de la creación del antipoema de Nicanor Parra. López no sólo importa como precursor de
la antipoesía actual. Su empleo del diálogo dentro del soneto (a menudo entre el
narrador poético y el lector) anticipa la poesía conversacional de Ernesto Cardenal. Por
las caricaturas poéticas del paisaje, su obra sirve, junto con la de Julio Herrera y
Reissig, de puente entre el modernismo y la poesía de vanguardia. Al subvertir el marco
convencional del verso y al adoptar una postura irreverente ante la creación poética,
facilita el abandono de fórmulas y normas tradicionales de la lírica por Huibodro,
Neruda y Vallejo. Su rebeldía formal y estética, así como su crítica del medio social
que desborda los límites y convencionalismos de la época, hace de Luis Carlos López una
figura de considerable interés en la evolución histórica de las letras en lengua
española y un creador destacado de antiliteratura.
PRIMERA
PARTE
19. Consúltese este
soneto (que dice en el primer verso: "Un soneto me manda hacer Violante") en
Elías L. Rivers (ed.), Renaissance and Baro que Poetry of Spain, Nueva York, Dell
Publishing Co.. 1966, pág. 225. (regresar19)
20
Luis
Carlos López, Posturas difíciles, Madrid, Librería de Pueyo, 1909, pág. 29. De
aquí en adelante, se citará este libro como PD, entre
paréntesis y dentro del
texto. (regresar20)
21 Nicolás Guillén,
"La carcajada dolorosa de Luis C. López", en Revista de América, XXIII, junio
de 1951, págs. 433-440. (regresar21)
22 Carlos García Prada,
La copla errante en tierras colombianas, Madrid, Ediciones Iberoamericanas, 1971,
pag. 40. (regresar22)
23 C. Enrique Pupo
Walker, "Relaciones internas entre la poesía y la novela de Jorge Isaacs", en
Thesaurus, 1. XXII, 1967, págs. 45-59. (regresar23)
24 Luis Carlos Herrera
Molina, S.J., José Eustasio Rivera, poeta de promisión, Bogotá, Instituto
Caro y Cuervo, 1968, págs. 95-130. (regresar24)
25 No estoy de acuerdo
con Fernando Alegría,
Literatura y Revolución, México, Fondo de
Cultura
Económica, 1971, pág. 204. Él considera a Ramón López
Velarde
como
el precursor
de la poesía actual porque no "describe ni
canta". (regresar25)
26 Fernández Retamar
opina que el prosaísmo predomina sobre la lírica en antipoesía. Esto no sucede siempre
en la poesía de Luis Carlos López. (regresar26)
27 Luis Carlos
López, en "Exordio" de los editores, Por el atajo, 2a. edic., Cartagena,
s.p.e., 1928, pág. 9. (regresar27)
28 Pablo González
Rodas, "El movimiento nadaísta en Colombia", en Revista Iberoamericana, XXXII,
1966, págs. 229-246. (regresar28)
29 Andrés Holguín, op.
cit., t. 1, pág. 230. (regresar29)
30 Federico de Onís, Antología
de la poesía española e hispanoamericana, Nueva York, Appleton Century Crofts, 1964,
pág. 851. (regresar30)
31
Arqueles
Vela, Luis Carlos López, iniciador del posmodernismo, México, Colección
Actuales, 1963 (folleto de dieciocho páginas). (regresar31)
32 Marcelo Covián,
"Un encuentro lejano: Fernández Moreno y Luis Carlos López", en Razón y
Fábula, núm. 16, noviembre-diciembre de 1969, págs. 42- 48. (regresar32)
33 Enrique Anderson
Imbert y Eugenio Florit, Literatura Hispanoamericana, t. II,
Nueva York,
Holt, Rinehart & Winston, 1970, pág. 170. (regresar33)
34 Eugenio Florit y
José Olivo Jiménez, La poesía hispanoamericana desde el modernismo, Nueva York,
Appleton-CenturyCrofts, 1968, pág. 170. (regresar34)
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