Boletín Cultural y Bibliográfico. Número7,  Volumen XXIII , 1986
 
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Luis Carlos López, sentado. Su hermano Domingo López a la derecha.

La poesía de Luis Carlos López y la tradición de la antiliteratura en las letras hispánicas *

JAMES J. ALSTRUM

FOTOGRAFÍAS: DARÍO MORALES
CARICATURAS: CENTRO DE HISTORIA DE CARTAGENA DE INDIAS

Tira los libros y huye de la literatura legándole a
otros bardos, colega sin igual, "la sonrosada aurora",
"la negra desventura", "los ojos de azabache", "la boca
de coral"...

LUIS CARLOS LÓPEZ,
A Luis C. Visbal (II),Munich, 1929.

 

ES INDISPENSABLE situar la poesía del colombiano Luis Carlos López (1879-1950) con la mayor exactitud posible dentro del panorama histórico de la lírica hispanoamericana de este siglo, que se inicia con el auge del modernismo y que culmina en el verso posvanguardista actual. Es preciso, además, situar a López dentro de la tradición hispánica de la antiliteratura que surge en España con el Libro de buen amor de Juan Ruiz (1283-1350). Este libro parodia el menester de clerecía y satiriza la vida cotidiana en la Edad Media, época en que la Iglesia católica y su clero dominaron la sociedad. Esta obra maestra del siglo XIV reúne casi todas las formas métricas medievales castellanas junto con exempla, anécdotas y fábulas de origen oriental. Ahí lo popular pone en ridículo la literatura culta 1. Además de sintetizar las formas literarias de su época y de recurrir al humor para censurar los vicios de su sociedad, el libro del Arciprestre de Hita reconoce y logra hacer resaltar por primera vez la ambivalencia de la palabra, la materia prima de toda literatura, en los versos intitulados De las propiedades que las dueñas chicas han. Estos versos constituyen un juego verbal en que palabras contrapuestas se aniquilan mutuamente y se prestan a múltiples interpretaciones.

Ahora bien: desde sus comienzos, en el Libro de buen amor, la antiliteratura hispana representó una crítica mordaz de la sociedad y una empresa de demolición formal en que se juntaban diversas formas literarias para parodiarlas. La misma tendencia de crear una antiliteratura se manifiesta en planos muy diversos en Don Quijote 2, así como en los versos satíricos y antigongorinos de Quevedo 3 . Esa misma percepción revisionista de la escritura literaria emerge en los esperpentos de Valle-Inclán y en Niebla, la antinovela de Unamuno. Dicha tradición se trasladó a Hispanoamérica en los versos satíricos de López 4, que seguían dispersos en revistas y periódicos de su época, salvo los reunidos en los libros De mí villorrio (1908), Posturas difíciles(1909), Varios a varios (1910), hecho en colaboración con Manuel Cervera y Abraham Z. López Penha, y Por el atajo, cuya primera edición es de 1920 y la segunda de 1928. La antiliteratura hispanoamericana continúa a otro nivel en la poesía de Nicanor Parra, que en Colombia ha dejado huellas en el "nadaísmo" de X-504, seudónimo de Jaime Jaramillo Escobar 5 y en gran parte de la poesía de María Mercedes Carranza (1945) 6 . Lo que todos estos ejemplos de antipoesía que acabo de mencionar tienen en común con el Libro de buen amor del Arcipreste de Hita es su tendencia hacia lo narrativo y lo satírico que señala una ruptura con el lenguaje poético tradicional que parodian. Marcan, además, un retorno hacia lo épico pero con un enfoque cómico y autobiográfico sobre el personaje-creador, que es un antihéroe patético que le cuenta al lector sus fracasos y desventuras a la vez que incluye una autocrítica de su propia escritura y de su papel como autor. Actualmente, la antiliteratura hispanoamericana se expresa también en la prosa de muchos escritores, entre quienes se destacan Borges, Cortázar (Rayuela) y, sobre todo, Cabrera Infante (Tres tristes tigres) 7 . Ellos cuestionan y con frecuencia rechazan la organización lineal del relato; parodian otros modelos literarios mediante el humor irónico y la alusión, y critican el texto dentro del marco de la obra que van elaborando.

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ARRIBA Ana Cawan de López, la esposa de Luis Carlos López.
ABAJO Sus hijos:Marina, Carlos y Bruno.

Al calificar a Luis Carlos López como el antipoeta de su época, (como lo es Parra en la nuestra), he de precisar más cuál es el verdadero significado de anti aplicado a la literatura 8. El prefijo anti no implica menosprecio a la obra del escritor a quien se aplica. Por el contrario, la antiliteratura, que representa una de las vetas más ricas de las letras hispanas, denota, en términos hegelianos, un arte dialéctico que se contrapone a la artificialidad y al hermetismo retórico del discurso literario y rechaza la noción de que una obra literaria sea autosuficiente o autónoma en relación con la realidad social que la rodea 9 . En realidad, durante toda la historia de la escritura literaria se observa una continua evolución que se basa en la reacción de cada generación contra las creaciones de la generación anterior. No obstante, la antiliteratura señala una ruptura de carácter radical con respecto a la tradición artística. La antiliteratura es esencialmente paródica y satírica y se halla impregnada de una gran dosis de humor negro e ironía, comunes también al arte de lo grotesco, como la novela picaresca o los aguafuertes de Goya. La antiliteratura no sólo se opone a cierto estilo literario, sino que subvierte la forma y el lenguaje tradicionales del género en que se manifiesta: y de esa manera invierte los conceptos habituales de la elocuencia y de la escritura literaria como tal; lo cual, lejos de ser mera reacción, produce una revisión formal de los recursos expresivos del escritor.

Aunque el verso de Luis Carlos López representa la antítesis de la poesía modernista decorativa que aparece en Prosas profanas, de Rubén Darío, y Ritos, del poeta colombiano Guillermo Valencia, el verso se produce mediante una inversión de los cánones que formuló el modernismo. Federico de Onís acierta, en su Antología de la poesía española e hispanoamericana, al describir la poesía posmodernista de López como "el modernismo visto al revés". Por ejemplo, si cotejamos la estrofa inicial de Los camellos de Valencia con Emoción vesperal de López, saltan a la vista el contraste y la negación, en éste último, de la retórica modernista.

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Luis Carlos López y Ana Cawan de López.

LOS CAMELLOS 10

"Lo triste es así"
PETER ALTENBERG

Dos lánguidos camellos, de elásticas cervices, /
de verdes ojos claros y piel sedosa y rubia, / l
los cuellos recogidos, hinchadas las narices, /
a grandes pasos miden un arenal de Nubia.

EMOCIÓN VESPERAL 11

"Lo triste es así"
PETER ALTENHERG

Perfume delicado
de flor
y de retoño.  Olor de prado
sentimental, un exquisito
olor...

Pero bajo la ampolla
del mismo sol,
también hiede a fritanga
de cebolla y col.

 

López comienza su poema con el mismo epígrafe que puso Valencia al suyo. Valencia emplea alejandrinos perfectos de medido ritmo musical que contienen un lenguaje poético cargado de adjetivos de gran plasticidad que captan el paso de los camellos por un exótico desierto. En cambio, López poda el verso de sus adornos, y presenta una descripción concisa de versos entrecortados con métrica irregular. El poeta cartagenero ofrece un cuadro sencillo de la realidad circundante descrita en un lenguaje cotidiano. En la visión poética de López no puede haber belleza pura. Por eso, la primera estrofa de Emoción vesperal, en que se menciona la fragancia presente en la hermosura de la naturaleza, se contrapone a la segunda estrofa, donde hiede el mal olor producido por la carne asada y las legumbres que se encuentran en estado de descomposición. No se puede escapar de la realidad concreta de la naturaleza en que lo hermoso roza diariamente con elementos chocantes.

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Los poetas Luis C. López y Miguel Rasch Isla, en Barranquilla, 1910, (fotografía de la fototeca de Cartagena).

Hoy, los antipoemas de Nicanor Parra (1914), señalan un rechazo del superrealismo hermético y ensimismado de la poesía de Pablo Neruda (1904-1973) aparecida antes de la guerra civil española. El superrealismo que influyó la obra de Neruda antes de 1936 no significa antiliteratura. A pesar de sus aspiraciones de llegar a ser "antiliterario" 12 expresadas en sus manifiestos y demostraciones públicas, el superrealismo se parece solamente al anti en concebir la literatura como juego pero, al mismo tiempo, el movimiento de André Breton (1896-1966) tiende a propagar, con mucha seriedad, la idea de la autosuficiencia del arte verbal y su divorcio de la realidad prosaica y circundante que atormenta al hombre moderno 13 . No obstante, en el fondo , los antipoemas de Parra presentan la misma visión onírica y las enumeraciones caóticas de arquetipos míticos y emblemas tradicionales de la poesía que abundan en las dos primeras Residencias de Neruda. En cambio, a través de la organización caótica de los antipoemas no se vislumbra, como en la obra superrealista de Neruda, la búsqueda metafísica y ontológica del narrador poético que recorre con la imagen las esferas terrenales y su propio interior psíquico. El narrador del antipoema no le atribuye al poeta un poder profético y se burla de tal presunción. Parra es anti-Neruda en su selección de elementos expresivos de mayor claridad que son más accesibles al hombre común porque provienen del habla cotidiana y la lectura de los diarios. Los catálogos de imágenes concretas y sensuales de la naturaleza, el proceso orgánico, el arquetipo de la madre-tierra y la glorificación de lo erótico y lo material que aparecen a lo largo del mundo poético de Neruda, son suplantados en Parra por aparatos domésticos, alusiones al comercio y a procesos burocráticos, una actitud misógina, el uso de refranes coloquiales y dichos populares y la reiteración de expresiones de fastidio y cinismo. Cuando Parra se refiere a los elementos telúricos, los pone en ridículo. Hay que advertir que el mismo Neruda, a medida que iba evolucionando su obra, repudió los versos herméticos de su época de pleno superrealismo. Adquirió mayor conciencia social y empezó a cantar en forma más comprensible para el lector a partir de su libro España en el corazón. En Odas elementales (1954), aparecido en el mismo año que Poemas y antipoemas de Parra, se observa una orientación del verso nerudiano hacia las cosas humildes y el hombre común. Esta orientación hacia lo sencillo se reforzó en los dos otros libros de odas nerudianas, Nuevas odas elementales (1956) y Tercer libro de odas (1957). En fín, la poesía de Neruda se hizo más lúcida y llegó a a tener afinidades con los antipoemas de su compatriota Nicanor Parra.

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A la izquierda el poeta a los 25 años, a continuación caricaturas del Tuerto López publicadas en periódicos y revistas nacionales que lo retratan a lo largo de su vida. Pertenecen a Darío Morales y fueron facilitadas por el Centro Histórico de Cartagena de Indias.

A consecuencia del carácter diálectico de la antiliteratura, el escritor adopta una nueva postura ante el texto y frente al acto de creación. López y Parra comparten una actitud de autonegación de su papel como poetas. López no se exalta en su función de poeta ni exagera la importancia de sus creaciones poéticas. En Al lector, el poema inicial de Por el atajo, el narrador poético le aconseja al lector que eche el libro al cesto de la basura.

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Mas dejo al irme —amén de lo que dejo:
salud, papel moneda— este librejo
y otros libros sin literatura
que no valen ni siquiera un estornudo
para que tú lector hueco y panzudo
los tires al barril de la basura
14 .

López, en efecto... estaba solo y marginado en su postura difícil ante la literatura en comparación con sus contemporáneos modernistas, quienes se consagraron, igual que los parnasianos franceses, "al arte por el arte". El mismo poeta se da cuenta de su ruptura con la poesía modernista de sus coterráneos al observar:

Seguí después por el atajo...
Y sigo y seguiré muy lejos de la vía,
porque mi corazón -ese mendigo
vagabundo- no quiere compañía...

(PEA. 1920, 25). -

Parra no toma en serio los elementos de la tradición poética que recibe de Neruda. Parra adopta una nueva actitud frente al oficio del poeta que para él ya no es mago ni alquimista ni, como dijo Huidobro, "un pequeño dios". El antipoeta resume su nueva posición ante la poesía anterior al declarar en Manifiesto que "los poetas bajaron del Olimpo" 15 . El narrador poético de Parra, en Advertencias al lector, menosprecia aparentemente su propia obra cuando asevera que "mi poesía puede perfectamente no conducir a ninguna parte" 16. El antipoeta expresa una opinión heterodoxa ante el lenguaje poético. El narrador poético de la composición —"Me retracto de todo lo dicho"— le aconseja al lector que queme el libro, porque "no representaba lo que quise decir". Luego agrega:

Mi situación no puede ser más triste
Fui derrotado por mi propia sombra
Las palabras se vengaron de mí’
17.

Es decir: el antipoeta desconfía de sus propias palabras por su ambivalencia. Aparte de la nueva posición que el escritor toma frente al texto literario, la antiliteratura tiene como su tema central la misma literatura. El antiliterato está obsesionado con la problemática de qué es y cómo debería funcionar la literatura. Según Roland Barthes, para el escritor moderno, "su escritura es un modo de pensar la literatura, de extenderla" 18 . El antiliterato se empeña en deshacer los modelos literarios de su época y de años pasados a la vez que pone en tela de juicio la raison d’étre de la literatura. En La deshumanización del arte, Ortega y Gasset comenta que el arte vanguardista significa el repudio del arte burgués, y por eso resulta imcomprensible al hombre común, y observa que el arte nuevo "ridiculiza el arte". En gran medida lo que hace toda antiliteratura es caricaturizar la literatura. Al parodiar la otra literatura, el antiliterato comete a su vez un acto de estilización que corre el riesgo de llegar a convertirse, paradójicamente, en otra forma de amaneramiento. El impulso hacia la parodia de otros modelos literarios está bien arraigado en la literatura hispánica.

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La Unión Comercial fue el periódico de la familia López dirigido por el
propio Luis Carlos López. Apareció por primera vez el 1
o . de agosto de
1915, una característica fue su página bilingüe.

Salta a la vista la presencia de modelos literarios en la poesía de López mediante los epígrafes con los cuales inicia muchos poemas. Los epígrafes aluden a menudo a las obras maestras de la literatura universal o se atribuyen a sus más grandes autores. Se refieren también a figuras importantes del modernismo en Colombia, como José Asunción Silva y Guillermo Valencia. Los epígrafes son frecuentemente puras invenciones y chanzas. En todo caso, los epígrafes se mantienen en el cerebro del lector mientras lee el resto del poema. Presagian el logro de un coup de gráce irónico al final de la composición poética o sirven como el punto de partida de una parodia. Funcionan como recuerdos o insinuaciones sutiles para el lector de un modelo literario en los poemas siguientes: Noche de pueblo, Égloga tropical, Versos para ti, Serenata, A satán, Para Vuesa Merced, Adiós, itt pace, Sepelio, A un amigo y Se murió Casimiro. Aun cuando los poemas no traen epígrafes (como los de De mi villorrio), hay algunos ejemplos en que la voz narrativa revela su conciencia de paradigmas literarios. El narrador poético de Nota de viaje intercala dentro de una de las estrofas un aparte en que le pide perdón a Darío. Declara: "Ya no me río! de ti, Rubén Darío... ".. Por otra parte, en uno de los sonetos que López escribió acerca de las calles de Cartagena, Calle de Candilejo, el poeta alude a don Juan Tenorio y a "los polvos de la madre Celestina". Incluso este verso repite el título de una obra teatral de Juan Eugenio Hartzenbusch (1806-1880).

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SEGUNDA PARTE

 

* primer capítulo de La sátira y la antipoesía de Luis Carlos López, libro del profesor James J. Alstrum, de la Universidad de Illinois (Estados Unidos), que publicará próximamente el Banco de la República. (regresar*)

1 Es conveniente citar aquí la observación de Julio Cejador y Frauca acerca del papel desempeñado por el Arcipreste de Hita en la literatura castellana medieval, en su prólogo a la edición crítica de la obra del Arcipreste de Hita (Libro de buen amor, 1, décima edición, Madrid, Espasa-Calpe, 1967, págs. XII-XIII): "Él (Juan Ruiz) fue quien enterró el mester de clerecía, desgarrándose de la tradición latino-eclesiástica; él quien rompió todos los moldes de erudiciones trasnochadas, de ritmos apesadumbrados y de entorpecidos andares; él quien supo aprovechar como nadie en sus apólogos la manera pintoresca y sentenciosa de la literatura oriental [...]; él quien dio vida a la sátira moral [...]; él quien llevó a la literatura castellana las cantigas, las villanescas y las serranillas gallegas; él quien zanjó para siempre el realismo de nuestra literatura; él [...] quien dio vida de un golpe y en un solo libro a la lírica, a la dramática, a la autobiografía picaresca y, sobre todo, a la sátira en todos sus matices". (regresar1)

2 Don Quijote, a su vez, no representa solamente la primera novela moderna sino que constituye una antinovela de caballerías que sintetiza también todas las formas novelescas empleadas en España hasta aquel momento. (rergresar2)

3. Véase el soneto Contra el mesmo, que parodia el lenguaje esotérico de un "Góngora bobo". (regresar3)

4.  Durante la época colonial, el cultivador más destacado de la poesía satírica fue el limeño Juan del Valle Caviedes ((,1652-1697?). Aunque era un epígono de Quevedo, no escribió antipoesía porque no cuestionó, mediante la parodia, los preceptos de la poesía predominante en su tiempo. (regresar4)

5. Andrés Holguín, Antología crítica de la poesía colombiana (1874-1974), t. II. Bogotá, Biblioteca del Centenario del Banco de Colombia, 1974, pág. 225. (regresar5)

6 Carranza ha publicado dos libros: Vainas y otros poemas (1968-1972), Bogotá, s.p.e., 1972, y Tengo miedo: poesía (1976-1982), Bogotá, Editorial La Oveja Negra, 1983. (regresar6)

7. Viene al caso mencionar, aunque sea de paso, las antinovelas y novelas del lenguaje de los autores siguientes: Néstor Sánchez, de Argentina (Nosotros dos, 1966, y Siberia blues, 1967), Vicente Leñero, de México (El garabato, 1967). Severo Sarduy, de Cuba (De dónde son los cantantes, 1967), y últimamente, Marco Tulio Aguilera Garramuño, de Colombia (Breve historia de todas las cosas, 1975). (regresar7)

8. No creo que la antiliteratura sea exclusivamente de lengua española ni que se restrinja solamente al siglo XX. Es una literatura subversiva y disidente que data de los comienzos de la literatura occidental en los clásicos grecolatinos y tiende a aparecer en épocas de decadencia moral o de transición social. (regresar8)

9. Estoy de acuerdo con las ideas expresadas por Roberto Fernández Retamar, "Antipoesía y poesía conversacional en América Latina", en Panorama actual de la literatura latinoamericana, Caracas, Editorial Fundamentos, 1972, págs. 331-345. En cambio, es rechazada la dialéctica hegeliana por Mark D. Seem, "Liberation of difference: Toward a theory of antiliterature",  en New Literary History, vol. V, núm. 1,1973, págs. 119-133. (regresar9)

1O. Andrés Holguín, op. cit., t. 1, pág. 159. (regresar10)

11. Luis Carlos López, "Cuartos de hora", en Varios a varios, Madrid, Librería de Pueyo, 1910, pág. 43. De aquí en adelante, se citará este libro como VAV, entre paréntesis y dentro del texto. (regresar11)

12. Véase Guillermo de Torre, ¿Qué es el superrealismo?, 3a edic., Buenos Aires, Editorial Columba, 1967, págs. 10-11. En otra parte del mismo libro, De Torre implica que el movimiento inmediatamente anterior, el dadaísmo, se asemeja más a la antipoesía tal y como lo concibo yo, al declarar: " (...) una reacción nihilista engendrada por el desengaño absoluto que provocó la guerra en los espíritus jóvenes; por extensión, una mofa contra todas las formas conocidas de la expresión literaria y artística; tabula rasa que volvía a poner todo en cuestión y aspiraba a recomenzar desde el cero" (pág. 12). (regresar12)

13. Consúltese Matthew Josephson, Life among the surrealists, NuevaYork, Holt, Tinehart &Winston, 1962, pág. 215.   (regresar13)

14 Luis Carlos López, Por el atajo, Cartagena, Casa Editorial de J.V. Mogollón, 1920, pág. 25. De aquí en adelante, se citará este libro como PEA, 1920, entre paréntesis y dentro del texto. (regresar14)

15 Nicanor Parra, Obra gruesa, 3a edic.; Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 1973, pág. 163. (regresar15)

16 Ibíd, pág. 31.17  (regresar16)

17 Ibíd, pág. 195. (regresar17)

18. Roland Barthes, El grado cero de la escritura, Buenos Aires, Siglo Veintiuno Editores, 1973, pág. 23. (regresar18)