Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 6,  Volumen XXIII , 1986
 

Un vistazo panorámico


Ezequiel Rojas y la primera república liberal
Gustavo Humberto Rodríguez
Universidad Externado de Colombia,
Bogotá, 1984, 331 págs.

En esta época, en la que la moderna disciplina histórica colombiana se está expandiendo dando lugar a diversas metodologías, teorías e interpretaciones, es agradable y aun sorprendente encontrarse con una obra que trata a la historia con erudición, en forma amena y al mismo tiempo rigurosa, aunque, como bien anota el autor, adopte una perspectiva jurídica e institucional.
Gustavo H. Rodríguez, al estudiar la figura de Ezequiel Rojas y la época, denominada primera república liberal, se remonta inicialmente al lapso independentista, delineando una sociedad en muchos aspectos todavía colonial y tradicionalista, compuesta en su mayor parte por anafalbetos que no estaban en condiciones de comprender las ideologías democráticas, utilitaristas, sensualistas y librecambistas de sus elites dirigentes Debido a tal condición, con el correr de los años, las gentes, reunidas alrededor de una figura política y no de una idea, pudierón ser fácilmente manipuladas.
Es así como, en momentos en que Bolívar aún no había concluido las campañas del sur, la llamada "Gran Colombia" empieza a derrumbarse ante los intereses caudillistas y las discordias intestinas de la nueva nación. Desde ese momento empiezan a perfilarse las tendencias políticas, al dividirse los seguidores del Libertador y de Santander en "serviles" y "liberales", respectivamente.
El autor ofrece una visión integrada de tres puntos importantes: los antecedentes de las ideas liberales en Colombia, la vida de Ezequiel Rojas y su influencia en la primera república liberal (1850-1885),
Por lo que se refiere al primer punto, Gustavo H. Rodríguez reconstruye minucijosamente el nacimiento de la ideología liberal, con toda su carga de idealismo y romanticismo, proveniente de las teorías y de las ideas europeas.
En ese transfondo cuidadosamente descrito por Rodríguez, la figura de Ezequiel Rojas emerge como la del gran pensador ideológico-político de su época. Pensador, en el más amplio sentido de la palabra. Ya desde los tiempos de la Convención de Ocaña, podemos apreciar cómo el joven Rojas se mueve en el círculo de los intelectuales políticos, demócratas y antidictatoriales; toma parte en las reuniones de las logias masónicas y de la recién fundada Sociedad Filológica, sociedad que albergaba en su seno a personajes de diversas tendencias ideológicas, a veces opuestas, como Mariano Osipina Rodríguez, y a cuyos miembros unía un acendrado afán republicano.
Al suceder la conspiración septembrina, Rojas es víctima, como muchos otros, de las arbitrariedades y castigos impuestos por el gobierno dictatorial y militarista a quienes fueron considerados, con o sin causa, partícipes en el hecho. De esta forma, es enviado al exilio, del que regresará para ser deportado nuevamente en momentos en que el general Rafael Urdaneta ocupa el poder. Al regresar al país, se dedicará, desde la cátedra universitaria a difundir las disciplinas de la filosofía, la jurisprudencia, la legislación y la economía política, siguiendo siempre las teorías de sus maestros europeos Bentham y Say. Continúa practicando el derecho tanto penal como civil y es nombrado representante a la Cámara, de la cual, más tarde, será presidente en repetidas ocasiones. En este recinto político, participó en debates parlamentarios sobre asuntos de tanta importancia como la construcción del canal de Panamá (1838-1870), la organización judicial y la redacción del código penal.
El punto culminante de la vida ideológico-política de Rojas es el momento en el que concibe y redacta lo que ha sido considerado como el primer programa o plataforma ideológica del partido liberal. Dicho programa apareció publicado en el periódico bogotano El Aviso, bajo el título "La razón de mi voto" (16 de julio de 1848), escrito en el que se lanza la candidatura liberal de José Hilario López, comprometiendo, en cierta forma, al que llegará a ser el futuro presidente a acatar y ejecutar dicha plataforma. Este hecho de gran trascendencia no opaca en ningún momento, sino todo lo contrario, las anteriores y posteriores actuaciones de Rojas.
En el gobierno de López fue nombrado ministro de hacienda, cargo desde el cual presentó proyectos con miras a solucionar la crisis fiscal de la nación, reemplazando los ingresos provenientes del extinto monopolio del tabaco mediante restricciones de los gastos públicos, la aceleración de los recaudos fiscales y la propuesta del estanco del aguardiente. Con todo, entre los presentados por Rojas, el más importante fue el "proyecto de ley reformatoria de las orgánicas de Hacienda Nacional", por medio del cual se estructuré administrativa y técnicamente a las oficinas de hacienda y es el origen de la Tesorería General de la República.
En 1850, Ezequiel Rojas inicia su segunda estadía en Europa, esta vez como cónsul general de negocios en Inglaterra y Francia y, más tarde, como embajador ante la Sante Sede.
Durante los años de la llamada primera república liberal se dio un vuelco total a la estructura institucional: se rompió definitivamente con su émulo colonial y se inició el liberalismo capitalista. Florecieron las Sociedades Democráticas; se organizó la Comisión Corográfica, que sería la encargada de hacer un resumen de las necesidades y realidades del país, tanto en el campo cultural como en el económico; se aplicaron leyes fundamentalmente liberales y libertarias: libertad de prensa, manumisión de los esclavos, supresión del diezmo, liquidación de resguardos indígenas, liberación de las tasas de interés, disminución del ejército y eliminación del patronato. Las medidas que dejaron una huella más profunda fueron indudablemente las económicas, puesto que con el librecambismo se abrieron las puertas al capitalismo.
En 1853 se expide una nueva constitución en la que se consagra el germen del federalismo. Se iniciaba así la revolución institucional. Las dos posiciones doctrinarias: centralismo y federalismo, que desde antigua data habían dividido a los granadinos se definen en una sola: el federalismo. Gracias a las legislaturas provinciales, creadas por la Carta del 53, se empiezan a dictar las correspondientes Constituciones municipales; aun después del golpe de Melo se insistirá en la tesis federalista y, poco a poco, se formarán los Estados federales.
Bajo el gobierno de Mariano Ospina Rodríguez se trata de unificar el sistema político, cosa que se logra con la Constitución de 1858, al crearse la Confederación Granadina, que implantó un federalismo nominal. El enfrentamiento de estos dos sistemas: centralismo y federalismo, crearía graves problemas. Se desataron los conflictos armados y varios estados se separaron de la Confederación con la idea de formar una nueva república: los Estados Unidos de la Nueva Granada. Pronto los dirigentes de este movimiento encabezados por Mosquera, Obando y López unen fuerzas, y en 1861 se toman a Bogotá. Mosquera, convertido en gobernante, hace sentir su poder en todos los frentes; desamortiza los bienes de manos muertas, crea el derecho de tuición perpetua sobre los miembros del clero, expulsa a los jesuitas, etc. Los antiguos "gólgotas", llamados ahora "radicales", simpatizan con las medidas del gobierno pero temen sus procedimientos y lo que éstos representan: un poder omnímodo. Bajo presiones, se reúne el Pacto de Unión, en el cual se declara que los estados se unirán para formar los Estados Unidos de Colombia y se convoca una nueva constituyente cuyo resultado será la Constitución de Rionegro de 1863; esta Carta, que pronto se vería afectada por sus propias contradicciones, tiene un sorprendente parecido con el proyecto de constitución para el Estado Federal de Cundinamarca que Ezequiel Rojas había elaborado un año antes.
En 1870 Rojas vuelve a defender el proyecto de construcción del canal de Panamá, con una gran visión hacia el futuro tanto desde el punto de vista económico como desde el punto de vista legal. Por esta época, 1868-1873, que serían sus últimos años de vida, Rojas mantuvo una polémica con Miguel Antonio Caro acerca del tema que se había constituído, además de los ya mencionados del militarismo y el civilismo, del ceutralismo y el federalismo, en la polémica del siglo: el debate doctrinario entre el utilitarismo y el catolicismo, debate que llegó a invadirlo todo: la cátedra, él peródico, el púlpito y el parlamento.
El 21 de agosto de 1873 Rojas muere en Bogotá. Moría, según palabras de Salvador Camacho Roldán, un hombre que, como pocos, había ejercido una influencia poderosa en su tiempo.
Pocos años después, en 1878, el grupo de los liberales "independientes" acaudillado por Rafael Nuñez iniciaría lo que éste llamó la "Regeneración". Se pretendía renovar las instituciones políticas, realizar una reforma administrativa, dar estabilidad a los gobiernos de los estados y seguridad a las personas, pero surgieron nuevos problemas y se reanudaron los enfrentamientos armados. En 1885, casi un año después de haber tomado posesión del cargo de presidente, por segunda vez, Rafael Nuñez anunciaba que la Constitución del 63 habla muerto y se iniciaba la Regeneración. Había muerto también la primera república liberal.
En la presentación de su obra, Gustavo Humberto Rodríguez anuncia que se trata de un "vistazo panorámico", e indudablemente lo es. Pero además, es un vistazo panorámico: la forma sobria en la que el autor expone el tema, largo y complejo; el lenguaje preciso; la visión acertada de los personajes históricos, despojada del carácter mítico con que se los reviste con tanta frecuencia en la narración histórica; la explicación concisa de las diversas doctrinas filosóficas y políticas; las oportunas referencias documentales y la agilidad del escrito lo convierten en una importante obra de divulgación histórica, muy pertinente en la actualidad.

 

MARIA V. GUSSONI