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En los
treinta las ciudades publicaban álbumes
Cartagena 400 anos y el antiguo
Bolívar, s.p.i.
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En la portada se lee: Cartagena
400 años y el antiguo Bolívar; y en la primera página: "Álbum de
Cartagenal 20 de enero de 1533 al 20 de Enero de 1933. Bajo los Auspicios de Man a
Inmaculada". No hay indicio alguno de quién publicó el álbum original ni de quién
lo reedita ahora. Sin conocer el original es imposible saber qué tan fiel copia es. La
versión actual tiene pasta dura y el formato más ancho que largo de los álbumes. La
información viene en una dosis mayor de imágenes que de texto. En algunas partes el
texto también está en inglés. Cada página está bordeada con un marco, las
fotografías y anuncios publicitarios están nítidamente reproducidos y todo, letras e
ilustraciones, son de color sepia.
El álbum empieza con un retrato de don Pedro de Heredia, fundador de la ciudad en 1533.
Sigue luego una Loa a Cartagena de Indias escrita por Fernando de la Vega. Es una
de esas usuales alabanzas "vibrantes de sagrada emoción y henchidas de
reverencia" a la "villa inmortal y nido de leyendas (...) ciudad de mis amores,
novia que no envejeces!". Después de dos páginas de fotos panorámicas de la ciudad
hay una "Presentación de Cartagena" como el puerto marítimo de mayor
importancia en el país. Se muestran enseguida sus riquezas históricas que recuerdan los
tiempos de los piratas, y las iglesias, conventos y caserones que dan una idea del antiguo
esplendor de la ciudad. Luego aparecen san Luis Beltrán y san Pedro Claver, los ilustres
huéspedes de la ciudad en la época colonial. La página siguiente insiste en la
conveniencia de usar la "Vía de Cartagena", que ofrece ventajas para la entrada
de la carga a su puerto, pues evita tener que colocarla en carros férreos para llevarla a
la aduana, como sucedía en Barranquilla, su rival.
La joven vecina venía experimentando con el progreso desde finales del siglo pasado, pero
su avance se aceleré sobre todo entre 1925 y 1935, años en los cuales completa su
infraestructura urbana. Durante esos lustros llegó a ser, sin duda, el principal puerto
del país. Esto lo logra después de mucho tiempo de solicitar y esperar la apertura total
del comercio internacional. Comercio que realiza primero por medio del puerto en
Sabanilla, al que se conecta por ferrocarril, y desde 1893 por conducto de Puerto
Colombia, donde el ingeniero cubano Francisco Javier Cisneros construyó un enorme muelle
de concreto reforzado. Posteriormente adecua las Bocas de Ceniza para que los barcos
puedan entrar hasta la propia ciudad. La próspera urbe atrajo un número considerable de
extranjeros de distintas latitudes, que vincularon su espíritu emprendedor a la
exportación del café o al desenvolvimiento de la banca o del comercio que el tráfico
internacional trajo consigo.
El Álbum de Cartagena, al presentarla como el "principal puerto del
país" en 1933, está mostrando una imagen inflada con fines publicitarios y no un
hecho exacto.
Una vez hecha la presentación, el álbum trae una sección denominada "Vida
social", donde aparecen retratadas las beldades de la elite local: las Zubiría,
Mogollón, Emiliani, Diaz y Martínez, entre otras. Algunas son mujeres casadas y hay
fotos con sus maridos y sus hijos. Otras son reinas y candidatas del carnaval y las
acompaña su corte de honor. La sección remata con una "Pájina infantil".
Luego se informa sobre las instituciones cívicas y religiosas, y el resto del álbum, su
cuerpo principal, se dedica a hacer un inventario de las más importantes empresas de
Cartagena y del departamento de Bolívar. Entre ellas: el ingenio de azúcar de Sincerín,
el Packing Ho use de Coveñas, la Compañía de Extractos Tánicos, la fábrica de
hilados y tejidos de algodón De la Espriella y Compañía, la Andian Corporation, la
Colombiana de Tabaco, la Cervecería de Cartagena y otras fábricas, almacenes,
droguerías, hoteles y bancos. En esta parte es más precisa la información, aunque
incompleta en cuanto al suministro de fechas, rasgo compartido por las crónicas
costumbristas de la época.
Se incluyen fotos de las fachadas y de los interiores de los establecimientos y de sus
fundadores, como don Fernando Vélez Danies, cuyo nombre se asocia con la apertura de
fábricas de cerveza, baldosas, fósforos, confites y del Packing House de
Coveñas.
Después de repasar las empresas y casas comerciales, se mencionan los principales
periódicos, fotógrafos y el colegio universitario de San Pedro Claven que "logra
imprimir a sus alumnos un cachet imborrable para toda la vida", el colegio de
la Presentación para señoritas, la clínica Bernett.
Las ciudades europeas y de norte de Suramérica publicaron en las primeras décadas del
siglo, directorios, guías y álbumes, muchas veces en homenaje de la ciudad en su
aniversario de fundación. Estas publicaciones sirvieron de propaganda para atraer la
inversión de capitales propios y extraños.
En 1886 se publica Cartagena y sus cercanías, una guía de José P. Urueta. En
1912 se saca una segunda edición, corregida y aumentada, para celebrar el centenario de
la declaratoria de la independencia de la provincia de Cartagena. Cubre temas muy
parecidos a los del Álbum de Cartagena, pero contiene muy pocas fotografías, si
bien incluye una tabla de materias y un indice onomástico. Cartagena 1936, de J.
Montoya Márquez (Ed. El Mercurio), también divulga los adelantos del progreso en la urbe
y reproduce con fotos lo que puede exhibirse con orgullo de la ciudad. Empieza con una Loa
a Cartagena, que resulta ser la misma que encabeza el Álbum de Cartagena. Pero
a diferencia de éste, en Cartagena 1936 el papel es muy ordinario y las
reproduciones de las láminas son pésimas.
Sobre Barranquilla se publicaron: el Directorio Anuario de Barranquilla (Barranquilla,
Imprenta El Comercio, 1892); la Guía comercial, industrial y general de Barranquilla (s.p.i.)
y el bellísimo xDirectorio comercial pro-Barranquilla de Enrique Rasch-Isla
(Barranquilla, 1928).
En los años treinta se publicaron en Bogotá: Santa Fe de Bogotá IV Centenario, Guía
ilustrada, 1938, de Ricardo Valencia Restrepo (Ed. ABC, Bogotá, 1938); Bogotá
1938, de Antonio Gómez Restrepo, publicado por la Academia Colombiana de Historia, y Bogotá
1538- 1938, Homenaje del Municipio de Bogotá a la ciudad en su IV Centenario, de
Daniel Samper Ortega.
Se podría seguir la lista con publicaciones similares para cada uno de los centros
urbanos importantes del país o para el país en su conjunto, como lo fueron las
excelentes ediciones de El libro azul de Colombia (Nueva York, 1918) y Colombia
cafetera, de Diego Monsalve (Barcelona, Ed. Artes Gráficas, 1927).
Las crónicas costumbristas, las monografías y las historias locales que se escribieron
durante las primeras décadas del siglo, también reflejan el descreste con el progreso y
la conciencia de la rápida transformación de villas en ciudades modernas que se vive en
estos años. En general, los directorios, álbumes y guías tienen un carácter más
descriptivo y desechan de entrada la retórica. Prefieren la elocuencia de las cifras.
Comprenden aspectos geográficos, estadísticos, una breve historia de la ciudad y un
directorio que registra las industrias, el comercio, las instituciones y los servicios
públicos. Pero a veces, como vimos en el Álbum de Cartagena, por el afán de
resaltar la imagen de la ciudad, traen información deformada o incompleta. Aparte de
esto, resultan de gran utilidad por el material gráfico y por el resto de datos
recopilados sobre diversos aspectos de la vida urbana.
PATRICIA LONDOÑO
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