Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 6,  Volumen XXIII , 1986
 

En los treinta las ciudades publicaban álbumes


Cartagena 400 anos y el antiguo Bolívar, s.p.i.

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En la portada se lee: Cartagena 400 años y el antiguo Bolívar; y en la primera página: "Álbum de Cartagenal 20 de enero de 1533 al 20 de Enero de 1933. Bajo los Auspicios de Man a Inmaculada". No hay indicio alguno de quién publicó el álbum original ni de quién lo reedita ahora. Sin conocer el original es imposible saber qué tan fiel copia es. La versión actual tiene pasta dura y el formato más ancho que largo de los álbumes. La información viene en una dosis mayor de imágenes que de texto. En algunas partes el texto también está en inglés. Cada página está bordeada con un marco, las fotografías y anuncios publicitarios están nítidamente reproducidos y todo, letras e ilustraciones, son de color sepia.
El álbum empieza con un retrato de don Pedro de Heredia, fundador de la ciudad en 1533. Sigue luego una Loa a Cartagena de Indias escrita por Fernando de la Vega. Es una de esas usuales alabanzas "vibrantes de sagrada emoción y henchidas de reverencia" a la "villa inmortal y nido de leyendas (...) ciudad de mis amores, novia que no envejeces!". Después de dos páginas de fotos panorámicas de la ciudad hay una "Presentación de Cartagena" como el puerto marítimo de mayor importancia en el país. Se muestran enseguida sus riquezas históricas que recuerdan los tiempos de los piratas, y las iglesias, conventos y caserones que dan una idea del antiguo esplendor de la ciudad. Luego aparecen san Luis Beltrán y san Pedro Claver, los ilustres huéspedes de la ciudad en la época colonial. La página siguiente insiste en la conveniencia de usar la "Vía de Cartagena", que ofrece ventajas para la entrada de la carga a su puerto, pues evita tener que colocarla en carros férreos para llevarla a la aduana, como sucedía en Barranquilla, su rival.
La joven vecina venía experimentando con el progreso desde finales del siglo pasado, pero su avance se aceleré sobre todo entre 1925 y 1935, años en los cuales completa su infraestructura urbana. Durante esos lustros llegó a ser, sin duda, el principal puerto del país. Esto lo logra después de mucho tiempo de solicitar y esperar la apertura total del comercio internacional. Comercio que realiza primero por medio del puerto en Sabanilla, al que se conecta por ferrocarril, y desde 1893 por conducto de Puerto Colombia, donde el ingeniero cubano Francisco Javier Cisneros construyó un enorme muelle de concreto reforzado. Posteriormente adecua las Bocas de Ceniza para que los barcos puedan entrar hasta la propia ciudad. La próspera urbe atrajo un número considerable de extranjeros de distintas latitudes, que vincularon su espíritu emprendedor a la exportación del café o al desenvolvimiento de la banca o del comercio que el tráfico internacional trajo consigo.
El Álbum de Cartagena, al presentarla como el "principal puerto del país" en 1933, está mostrando una imagen inflada con fines publicitarios y no un hecho exacto.
Una vez hecha la presentación, el álbum trae una sección denominada "Vida social", donde aparecen retratadas las beldades de la elite local: las Zubiría, Mogollón, Emiliani, Diaz y Martínez, entre otras. Algunas son mujeres casadas y hay fotos con sus maridos y sus hijos. Otras son reinas y candidatas del carnaval y las acompaña su corte de honor. La sección remata con una "Pájina infantil".
Luego se informa sobre las instituciones cívicas y religiosas, y el resto del álbum, su cuerpo principal, se dedica a hacer un inventario de las más importantes empresas de Cartagena y del departamento de Bolívar. Entre ellas: el ingenio de azúcar de Sincerín, el Packing Ho use de Coveñas, la Compañía de Extractos Tánicos, la fábrica de hilados y tejidos de algodón De la Espriella y Compañía, la Andian Corporation, la Colombiana de Tabaco, la Cervecería de Cartagena y otras fábricas, almacenes, droguerías, hoteles y bancos. En esta parte es más precisa la información, aunque incompleta en cuanto al suministro’ de fechas, rasgo compartido por las crónicas costumbristas de la época.
Se incluyen fotos de las fachadas y de los interiores de los establecimientos y de sus fundadores, como don Fernando Vélez Danies, cuyo nombre se asocia con la apertura de fábricas de cerveza, baldosas, fósforos, confites y del Packing House de Coveñas.
Después de repasar las empresas y casas comerciales, se mencionan los principales periódicos, fotógrafos y el colegio universitario de San Pedro Claven que "logra imprimir a sus alumnos un cachet imborrable para toda la vida", el colegio de la Presentación para señoritas, la clínica Bernett.
Las ciudades europeas y de norte de Suramérica publicaron en las primeras décadas del siglo, directorios, guías y álbumes, muchas veces en homenaje de la ciudad en su aniversario de fundación. Estas publicaciones sirvieron de propaganda para atraer la inversión de capitales propios y extraños.
En 1886 se publica Cartagena y sus cercanías, una guía de José P. Urueta. En 1912 se saca una segunda edición, corregida y aumentada, para celebrar el centenario de la declaratoria de la independencia de la provincia de Cartagena. Cubre temas muy parecidos a los del Álbum de Cartagena, pero contiene muy pocas fotografías, si bien incluye una tabla de materias y un indice onomástico. Cartagena 1936, de J. Montoya Márquez (Ed. El Mercurio), también divulga los adelantos del progreso en la urbe y reproduce con fotos lo que puede exhibirse con orgullo de la ciudad. Empieza con una Loa a Cartagena, que resulta ser la misma que encabeza el Álbum de Cartagena. Pero a diferencia de éste, en Cartagena 1936 el papel es muy ordinario y las reproduciones de las láminas son pésimas.
Sobre Barranquilla se publicaron: el Directorio Anuario de Barranquilla (Barranquilla, Imprenta El Comercio, 1892); la Guía comercial, industrial y general de Barranquilla (s.p.i.) y el bellísimo xDirectorio comercial pro-Barranquilla de Enrique Rasch-Isla (Barranquilla, 1928).
En los años treinta se publicaron en Bogotá: Santa Fe de Bogotá IV Centenario, Guía ilustrada, 1938, de Ricardo Valencia Restrepo (Ed. ABC, Bogotá, 1938); Bogotá 1938, de Antonio Gómez Restrepo, publicado por la Academia Colombiana de Historia, y Bogotá 1538- 1938, Homenaje del Municipio de Bogotá a la ciudad en su IV Centenario, de Daniel Samper Ortega.
Se podría seguir la lista con publicaciones similares para cada uno de los centros urbanos importantes del país o para el país en su conjunto, como lo fueron las excelentes ediciones de El libro azul de Colombia (Nueva York, 1918) y Colombia cafetera, de Diego Monsalve (Barcelona, Ed. Artes Gráficas, 1927).
Las crónicas costumbristas, las monografías y las historias locales que se escribieron durante las primeras décadas del siglo, también reflejan el descreste con el progreso y la conciencia de la rápida transformación de villas en ciudades modernas que se vive en estos años. En general, los directorios, álbumes y guías tienen un carácter más descriptivo y desechan de entrada la retórica. Prefieren la elocuencia de las cifras. Comprenden aspectos geográficos, estadísticos, una breve historia de la ciudad y un directorio que registra las industrias, el comercio, las instituciones y los servicios públicos. Pero a veces, como vimos en el Álbum de Cartagena, por el afán de resaltar la imagen de la ciudad, traen información deformada o incompleta. Aparte de esto, resultan de gran utilidad por el material gráfico y por el resto de datos recopilados sobre diversos aspectos de la vida urbana.

PATRICIA LONDOÑO