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Traducción
de unas traducciones con notas de segunda mano
Poemas canónicos
Constantin Cavafy,
Versiones de Eduardo Lépez Jaramillo,
Fondo Editorial, Gobernación de
Risaralda, Pereira, 1985, 310 págs.
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El volumen fichado arriba
inaugura la Colección de Escritores de Risaralda y ha sido impreso en los talleres del
Fondo Editorial del departamento, que dirige Silvio Pinzón Cardona (véanse el colofón y
la pág. IV). Además y no hay mención de ello en el libro, se publica en el
cincuentenario de la primera edición completa de los poemas "canónicos" del
gran poeta griego: la de Alejandría, 1935, cuidada por Alecos y Rica Sengópulos.
Aparecido en estas circunstancias, el
libro que aquí reseñamos bien
podría merecer el acogedor saludo de los cavafistas colombianos.
El libro de López Jaramillo contiene lo siguiente: a) Una introducción a dos partes, la
primera de las cuales, Estas versiones (págs. 1-1V), es una explicación, del
autor, acerca de su trabajo de traductor, editor y comentarista, y la segunda, Presentación
de un viejo poeta (págs. VII-XVIII), es la presentación que hace López Jaramillo de
Cavafis y del contenido de algunos de sus poemas "más íntimos" (pág. XI),
escritos entre 1892 y 1904. b) La versión española de los 154 poemas
"canónicos" de Cavafis, realizada por López jaramillo "de manera
intermitente durante estos últimos años" (pág. 1) y que se extiende de la pág. 3
a la pág. 189 del libro. c) La indicación, impresa al
final de cada poema
traducido, de las fechas de composición y de primera impresión (o publicación) del
respectivo original. d) Notas a los poemas traducidos (págs. 193-245). e) La traducción
española de "otros textos" de Cavafis, a saber:
A pleno sol (págs. 249-259) relato en prosa y Nuestro arte (págs.
260-262): Tres escolios a Ruskin (1893- 1896) los distinguidos con los
números 57, 181 y 201, Ars poetica (1903) e Independencia (1907).
f)Una Cronología de Constantin Cavafy (págs. 265-295), flanqueada, año por año,
por datos referentes a "otros creadores". g) Una Bibliografía específica (pág.
246), con los datos bibliográficos de las cuatro traducciones, inglesas y francesas,
utilizadas por el autor para realizar la suya, y una Bibliografía (págs.
296-302), general, con 80 títulos compilados por Jaime Valencia Villa (cfr. pág. II). h)
Indices (págs. 303- 309). i) Cada parte del libro aproximadamente está
separada de la siguiente por una lámina, generalmente impresa a todo color (hay cuatro en
blanco y negro), en papel satinado y. además, se encuentra una ilustración en blanco y
negro en la página 190 y otra en la página 259.
Este libro, pereirano por rareza, está digámoslo de una vez decorosamente
impreso; las erratas no son muchas: viajo, por viaje (pág. 80); imapreso,
por impreso (pág. 150); si, por sin (pág. 154); Naguere, por
Naguere (pág. 198); poémes, por poémes (pág. 246); peemes, por
poémes (pág. 246); YATS, por YEATS (pág. 275); Yhorgos, por Yorgos (pág.
276); buch, por Buch (pág. 279); Hyeres, por Hyéres (pág.
281); ZONE. por ZOE (pág. 282); trough, por through, (pág. 287); poétes,
por poétes (pág. 297); CAVAFES, por CAVAFIS (pág. 300);...
Desafortunadamente, la encuadernación es de las malas de ahora: las hojas están cortadas
y pegadas, no plegadas y cosidas, por lo que el libro se desarma a la primera hojeada. El
ejemplar que hemos utilizado para esta reseña ha quedado convertido en un paquete de
hojas sueltas, en un fichero que a cada consulta se desordena haciéndonos ingrato su
manejo. Pero tenemos una compensación: el buen gusto de las láminas y su intachable
impresión.
A propósito, ¿De dónde tomó López Jaramillo las ilustraciones de su libro? No nos lo
dice. Se limita a indicarnos (pág. III) que "proceden de una localidad situada al
sur del delta del Nilo (...)
de El Fayum". Debemos entender, sin
embargo, contra la literalidad de lo escrito por López Jaramillo, no que sus
ilustraciones proceden de El Fayum, sino que reproducen determinadas fotografías, ya
publicadas, de objetos procedentes de El Fayum. Y aun así esto no es del todo cierto,
pues el retrato de Cavafis (entre págs. IV y VII) y las imágenes en blanco y negro de
las págs. 190 y 259 no reproducen objetos procedentes de El Fayum. Dejando en claro que
López Jaramillo no cita la fuente (bibliográfica) de sus ilustraciones y nos priva de
elementales datos sobre ellas y.
gr., el retrato de Cavafis ¿de qué
época es?, nuestro actual cuestionamiento quiere sobre todo señalar ciertas
deficiencias en la redacción de López Jaramillo que sobrecargan al lector con un trabajo
extra de interpretación. Otro ejemplo: en la pág. 211, nota al poema de Cavafis Escultor
de Tiana (no Tyana), afirma López Jaramillo traduciendo del francés a
Paputsaquis que "cronológicamente podemos situar este poema hacia el año 35 o
30 a.C.". El lector debe entender, empero, que lo que podemos situar hacia el año 35
o 30 a.C. no es el poema de Cavafis (escrito, según López Jaramillo (pág. 51), en junio
de 1893, reescrito en noviembre de 1903 y publicado en marzo de 1911), sino su tema.
Pero la redacción de López Jaramillo falla también de otras diversas maneras, y esto
tanto en las traducciones como en otros lugares de su libro(¿,que también son
traducciones?). por ejemplo: 1. Hay ambigüedad en "Hoy llegan los bárbaros y
el emperador quiere recibir a su jefe [¿el jefe de quién?]", pág. 14.
"En soledad, se indignaba, jurando que... [¿se indignaba en soledad o juraba en
soledad?]", pág. 106. 2. Hay imprecisión de vocabulario en "De no ser
por los dos [jovencitos o mozos], el lugar estaría desierto [...] Cabeceando, [...] el mozo
[el mesero] moría de sueño", pág. 108. "Bula de oro [el término
preciso es edicto áureo, o crisóbulo]", pág. 151. "Lo habían dispuesto [el
cadáver] en una habitación amplia [lo habían puesto]", pág. 170. 3. Hay
uso u omisión incorrectos de preposición en "Propagaron el rumor que había muerto
en Efeso [el rumor de que]", pág. 110. "Hacen grandes historias con las
pequeñas cosas [de las pequeñas cosas; además, lo de "grandes historias" es
puro francés, en el presente contextol", pág. 164. "Tuve el [...]
presentimiento que Mires se apartaba de mi lado [presentimiento de que]",
pág. 106. "Herodes [...]
ordenó a ahogar a Aristóbulo
[ordenó ahogar]", pág. 265. 4. Hay empleo, inusual en español moderno, del
artículo masculino en "el Khi, [...] el Kappa [la khi, la kappa;
en francés sí es le khi, le Keppa]", págs. 152 y 239. 5. Hay
construcción inusual de verbos en "Nunca los cruzarás [te cruzarás con
ellos]", pág. 30. "Sin arriesgar a verse comprometido [sin arriesgarse]",
pág. 154. 6. Hay equivocado uso del aspecto verbal en "Sin que notara el dueño, que
se sentaba [que estaba sentado] al fondo", pág. 179. 7. Hay anacoluto en "unos
pocos pasos sobre la acera, después, hasta cuando sonrieron y asintieron", pág. 93.
"Si no recuerdo dónde olvidar significa muy poco.", pág. 98. 8. Hay
gerundios equivocados en "No se contentaron privándolo [con privarlo] de la
realeza", pág. 122. "Recibe una carta indicándole [que le indica] que
se trasladara [traslade] a Alejandría", pág. 265.9. Hayoscuridad sintática
en "Dejadme estar aquí, convencerme de que no veo estas cosas [...]; y no de que
también miro mis fantasías", pág. 61. "Escasamente leyó diez minutos,
cuando los hizo a un lado [los libros]", pág. 137. 10. Hay oraciones
subordinadas finales inhábilmente construidas en "Ofrece [Demetrio] a Ptolomeo
trajes, [...] una diadema, [...]
joyas, [...] esclavos [...], para que pudiese
[pueda] entrar [...] en Roma", pág. 39. "Se le envió a crecer en Jonia
para olvidar [para que olvidara] [...] sus orígenes", pág. 40. "Los griegos lo
siguen [...] para seguirlo (por seguirlo; ¿aquí el pour francés despistó a
nuestro traductor?)", pág. 49. 11. Hay increíbles faltas de concordancia en
"¡Dioses poderosos [...]
ayúdanos!", pág. 115. "Poco
importa que una rueda [...] está rota y deba renunciar a una victoria sin
importancia", pág. 120. "Distinguido sofista que ahora dej Siria
[...]"
bien vale que menciones a Mebes en tu obra", pag.
150. 12. Hay galicismos de aprendiz en "ve allá [voilá]", pág
50, y "ve aquí [voici]", pág. 51. "La pieza era [estaba]
escondida sobre la taberna", pág. 63. "Botaniates siempre me consultó el
primero [de primeras]", pág. 118.13. Hay cacofonía desagradable en
"¡Qué gloria magnífica, la de Herodes del Atica!", pág. 48. Y basta.
López Jaramillo llama "versiones" (?) a sus traducciones, "porque han sido
realizadas sobre traducciones del griego al inglés y al francés" (pág. 1); es
decir, sus "versiones", en cuanto tales, son traducciones de segunda mano cuya
materia prima parece ser (pág. II) el texto inglés de Rae Dalven (The Complete Poems
of Cavafy, Nueva York, 1961), compulsado con el texto francés de Paputsaquis (Poémes
de Consantin Cavafy, París, 1958) y sometido al control de Marguerite Yourcenar
y, forzosamente, al de Constantino Dimarás de cuyo texto francés (Présentation
critique de Cavafy, suivie dune traduction des poèmes, París, 1978) se ha
servido el traductor "cuando se trataba de escoger el matiz de significación
adecuado" (!), pág. II. El texto griego original ha quedado reducido en estas
"versiones" como es apenas obvio a un papel prácticamente inútil:
el de "definir la división de los poemas en estrofas (cosa hecha ya en las
traducciones utilizadas por López Jaramillo para realizar la suya), y el número
respectivo de sus versos", pág. II.
Ahora bien: porque siempre hemos considerado muy poco gratificador el arduo trabajo de
revisar la traducción de la traducción de un texto poético y, por otra parte,
espontáneamente tendemos a establecer el grado de exactitud que, respecto del auténtico
original, ha conseguido una traducción dada, vamos a limitarnos en esta parte de nuestra
reseña a presentar, en términos de exactitud/inexactitud (o fidelidad/infidelidad), el
resultado de la comparación que hemos hecho entre la "versión" de López
Jaramillo y el texto griego de Cavafis (según la edición de Savvidis, Atenas, 1968). La
unidad elegida para este recuento ha sido el verso de la "versión", que, en
casi la totalidad de los casos, coincide con el verso del original, y hemos considerado
inexactos (o infieles) todos los versos de López Jaramillo que difieren semánticamente
así sea en detalles del respectivo original. Desde luego que hay versos en la
"versión" de López Jaramillo que sólo se apartan de los correspondientes de
Cavafis por, v. gr., el tiempo o la persona gramaticales; pero también los hay de
contenido total notoriamente diferente del que tienen en el texto griego. Unos y otros
repito- han sido tenidos por inexactos o infieles. He aquí una síntesis
cuantitativa de los resultados obtenidos:
a) En todo el libro
traducido, Poemas canónicos, los versos inexactos (568) representan el 22% del
total de versos (2.633).
b) La proporción de
versos inexactos por poema fluctúa entre el 0% y el 80%.
c) Hay 7 poemas (5% del
total) con una proporción de versos inexactos igual a cero.
d) Hay 131 poemas (85 del
total) con una proporción de versos inexactos menos que el 50%, pero mayor que cero.
e) Hay 16 poemas (10% del
total) con una proporción de versos inexactos igual o mayor que el 50%.
f) El título de un
poema, aunque no sea uno de sus versos, hace parte también de su texto. Por ello hemos
incluido aquí el resultado de nuestra comparación al respecto. En la
"versión" de López Jaramillo el 13% de los títulos son inexactos.
Permítasenos ampliar un
poco nuestro dato f. De los veinte títulos inexactos de la "versión", trece
son traducciones equivocadas: "Un hombre viejo (Un viejo)", "Almas de
viejos [Las almas de los viejos]", "Si te es posible [Cuanto puedas]",
"Es el hombre [Ese es aquel]", "Cuando surjan [Cuando despierten]",
"Tanto me regocijé [Tan intensamente atendí]", "Pasaje [Tránsito]",
"¿De veras, habría muerto? [Si es que murió]", "Para que vengan [Que
vengan]", "No comprendió [No comprendiste]", "En el mismo espacio [En
el mismo lugar]", "Preguntó [Preguntaba] por la calidad", "Han debido
tomarse el trabajo [Ojalá se hubieran preocupado]". Los restantes títulos
inexactos son creaciones libres de López Jaramillo: "Juegos peligrosos [Los
peligros]", "Sobre pintura [Pintura]", "Canción jónica
[Jónico]", "Juramentos [Jura]", "Orfebre [Artífice de crateras],
"El triunfo de Juan Cantacuzeno [Juan Cantacuzeno prevalece]", "Bellas y
blancas flores [Hermosas flores, blancas, que le iban muy bien]".
Regresemos ahora a nuestros datos sobre los versos inexactos. Ellos muestran, entre otras
cosas, que quien haya leído uno cualquiera de los 154 breves poemas "vertidos",
al español por López Jaramillo, tuvo ante sus ojos -con una probabilidad muy grande, de
0,95 por lo menos un verso que traiciona el pensamiento expresado en análogo lugar
por Constantino Cavafis. ¿Y a quién culpar? ¿Al propio López Jaramillo o a sus
intermediarios (los señores Paputsaquis y Dimarás, Miss Dalven y Madame Yourcenar)?
Evidentemente no es fácil fijar responsabilidades en este caso, por lo que nos
reduciremos a advertir al lector de esta reseña acerca de la irresponsabilidad que se
arroga, y de la cual resulta víctima, en general, quien traduce de una traducción. Y
hacer precisamente esto ¿en qué beneficia al público lector? En muy poco. Ese público
quedará más o menos enterado de lo que ha dicho un poeta, pero no de cómo lo ha dicho.
La emoción del creador y su arte, así a través de la traducción de otra
traducción, es prácticamente imposible que puedan ser comunicados al lector. Y
este es también el caso, a nuestro modo de sentir y ver, de la "versión" de
López Jaramillo que estamos reseñando.
Pero la irresponsabilidad a que antes nos referíamos cobija también, en el libro de
López Jaramillo, la adjudicación arbitraria de títulos a las partes que suelen
distinguirse en el conjunto de los poemas "canónicos" de Cavafis. Ya es cosa
resabida que el poeta griego formó dos cuadernos con sus versos: 1905-1915 y 1916-1918,
en los que los poemas escritos durante esos años fueron ordenados temáticamente
sin rótulo alguno que sintetizara los temas; que, además, dejó una
colección de hojas sueltas impresas con sus poemas de los años 1919-1933, ordenados
cronológicamente sin título global y, finalmente que se conservaron, por
fuera de dichas colecciones, dieciséis poemas más también sin título
global que no fueron "proscritos" por su autor y que datan de 1896 (no
1892, como imprime López Jaramillo, pág. II, y Contenido)-1904. Esta es la
producción "canónica" de Cavafis que ha venido reeditando en forma íntegra
Savvidis, a partir de 1963, para la editorial ateniense Icaro, la cual es desde 1948 su
propietaria. López Jaramillo, sin embargo, titula Prisiones, Años fugaces a los
poemas de 1896-1904; Días antiguos a los de 1905- 1915; Sombras de amor a
los de 1916-1918, y Pasiones a los de 1919-1933, sin fijarse
irresponsablemente en que tales rótulos (conservados en forma privada y
provisional en un temprano y tentativo catálogo de Cavafis, nunca utilizado públicamente
por éste) son del todo inadecuados para sintetizar la diversidad temática de cada serie.
Ítem más: esos mismos rótulos aparecen en el libro de López Jaramillo como subtítulos
de cuatro poemas, sin justificación filológica ninguna (veánse págs. 5, 13, 20 y 47),
y, por el contrario, López Jaramillo suprime, en el texto de su "versión"
(págs. 25, 34 y 152), los epígrafes puestos por Cavafis a tres de sus poemas, y hace de
ellos simples datos perdidos entre las Notas a los poemas canónicos (págs. 202,
204 y 239): otro caso de arbitrariedad irresponsable.
En el párrafo anterior dijimos cómo están ordenados los poemas "canónicos"
de Cavafis en los manuscritos e impresos del autor, y aludimos a cómo su editor, Yorgos
Savvidis, ha respetado ese orden en todas sus ediciones. Atenidos a este hecho, ya de
nosotros conocido, esperábamos que las "versiones" de López Jaramillo se
ajustaran consecuentemente a tal ordenamiento. Pero no fue así. Para comparar, con el mínimo
posible de incomodidad, los versos de las "versiones" con los versos originales,
nos vimos obligados a establecer por nuestra propia cuenta la imprescindible
correspondencia entre el orden que los poemas tienen en el texto griego y el que tienen en
el de López Jaramillo; y pudimos constatar por supuesto, con sorpresa y
disgusto el "desorden" de nuestro traductor, injustificable, por lo
demás, mediante las razones aducidas (págs. II-III): "una tradición instaurada por
Georges Savidis" (!), "el orden temático preferido por el propio Cavafy" y
"un propósito editorial" (?). Pero aún hay más: las Notas a los
poemas canónicos tienen también su propio "desorden" y así, a la
secuencia arbitraria de poemas corresponde una secuencia, no igual sino diferente y
arbitraria también, de notas explicativas. En verdad que este proceder sólo
consigue desanimar al lector en el uso del libro y desfigurar las intenciones del autor y
del editor de los poemas "canónicos". En efecto, ¿en qué queda, v. gr.,
la invocada (pág. 202) observación de Savvidis de que La ciudad y Satrapía son
los portales de la madurez poética de Cavafis, al menos hasta 1916, si dichas poesías,
en lugar de encabezar las "versiones" de López Jaramillo como de hecho
encabezan la edición griega y la de las mejores traducciones, sólo aparecen,
después de muchas otras, en las páginas 23 y 24 de su libro?
Pasemos ahora a la parte erudita del libro de López Jaramillo. Las Notas a los poemas
canónicos son básicamente ajenas, pues proceden de paciente trabajo investigativo de
Savvidis, el pionero, de Paputsaquis, de Yourcenar, de Dalven, cuyos comentarios a los
poemas "canónicos" de Cavafis han sido traducidos, fragmentariamente, por
López Jaramillo, quien procuró según nos dice (pág. III) verificarlos, y
algunas veces esclarecerlos, "acudiendo a las fuentes". ¿A las fuentes griegas,
clásicas y bizantinas, por ejemplo? Inverosímil, puesto que nuestro traductor no sabe
griego. Por otra parte, esa ignorancia lo hace víctima, aquí también, de las
traducciones de otros, como puede testificarlo, v.
gr., el Epitafio de
Esquilo, apenas lejanamente parecido al original, que López Jaramillo nos exhibe en la
pág. 226. Además, no obstante la expresa declaración suya (pág. III) de que las notas
han sido "traducidas de Savidis, Papoutzakis, Dalven y Yourcenar", hay dos que
proceden de Bádenas de la Peña (C.P. Cavafis, Poesía completa. Introducción y
notas de Pedro Bádenas de la Peña, Madrid, Alianza Editorial, 1983) y diecinueve más
que, por no tener indicada su fuente, podrían atribuirse al propio López Jaramillo, si
no fuera tan fácil comprobar la inconsistencia de esta hipótesis. Sin embargo, es
curioso que, precisamente en algunas de estas ilotas, se hallen cosas tan inusitadas como
llamar Encuesta a las Historias de Heródoto, pág. 196; citar el pasaje
383a-b de La república de Platón con los números 11, 83, pág. 199, y afirmar
que el verso 204 del segundo canto de La Iliada
, es "No es
conveniente tener demasiados Césares" (!), pág. 217.
Las notas que en el libro de López Jaramillo aparecen debajo de la "versión"
de cada poema, y que registran la fecha de su composición, su reelaboración (si es el
caso) y su impresión y publicación, son también trabajo ajeno, puesto que provienen
como lo manifiesta nuestro traductor, pág. II- de G. Savvidis (ed.), C. P.
Cavafy, Collected poems, translated by Edmund Keely & Philip Sherrad, Sixth
Edition, New Jersey, Princeton University Press, 1980; y dígase lo mismo de la Bibliografía
general, que ha sido compilada por Jaime Valencia Villa (cfr. pág. II). De la parte
erudita del libro quedaría, como cosa de López Jaramillo, únicamente la Cronología
de Constantin Cavafy que ocupa las treinta y una páginas que van de la 265 a la 295.
A propósito de esta "proyección cronológica de la vida y de la creatividad de
Cavafy, en la cual hago referencia dice el autor (pág. III) a los momentos
estelares de la poesía occidental que le fueron contemporáneos" y cuyos datos
fueron verificados en detalle sobre la biografía de Cavafis escrita por Robert Liddell
(traducción española de
C. Miralles, Madrid, Ultramar, 1980) nos limitaremos a señalar aquí un par de
cuestiones. En primer lugar, la escasa cabida que en el registro de dichos "momentos
estelares" tienen los poetas colombianos, lo cual quita a la labor de López
Jaramillo cierto interés nacional que, de poseerlo, constituiría benéfica ilustración
para los lectores de su patria. En efecto, salvo León de Greiff (Tergiversaciones, 1925;
Cuadernillo poético, 1929; Libro de signos, 1930) y Luis Vidales (Suenan
timbres, 1926), ninguna otra obra de nuestra poesía y ningún acontecimiento nuestro
son puestos en coincidencia con lo que ocurría en la opaca y trivial existencia de
Cavafis. José Asunción Silva (1865-1896), su suicidio y su Libro de versos (la.
ed. 1908); Rafael Pombo (1833-1912 y sus Obras (la. ed. completa 1916); Julio
Flórez (1867-1923), su apoteósica coronación y sus populares libros (Cardos y
lirios, Fronda lírica, Gotas de ajenjo); Guillermo Valencia (1873-1943) y sus Ritos
(la. cd. 1899); José Eustasio Rivera (1889-1928). su Tiera de promisión (la.
cd. 1921) y La vorágine (la. cd. 1926), v.
gr., ¿no jalonan acaso, entre
nosotros, la época literaria contemporánea del gran poeta griego? En segundo lugar, es
de señalarse que, a manera de compensación por estas omisiones, el público colombiano
deberá leer la consignación, anodina, de por lo menos veinte poco o nada "estelares
momentos" que López Jaramillo pone en paralelo con sucesos corrientes de la vida de
Cavafis, a saber: el ingreso de Baudelaire al colegio Louis le Grand y el de Proust al
liceo Condorcet; la licenciatura en letras de Proust, el grado en el Hamilton College de
Ezra Pound y el doctorado en filosofía y letras de Salinas; el viaje de Nerval a Bélgica
(con Gautier); el regreso a Francia de Rimbaud luego de visitar Chipre y Alejandría
(mientras Cavafis, de dieciséis años y, naturalmente, desconocido, andaba por Inglaterra
y Marsella); una vista de Sefens a Londres (1924); la presencia de italianos en Eritrea
(1882), etc.
Por lo demás, el libro todo de López Jaramillo (que practicamente es sólo una
compilación de traducciones) se proyecta neto en nuestra mente como un foráneo
muestrario, expuesto sin nacionalizar sobre la peana de una cultura la del autor,
por supuesto en la que es patente la ausencia de conocimiento directo de lo griego y
la falta de familiaridad con los estudios clásicos en lengua española, cuya hoy ya larga
trayectoria constituye, como es natural, para cualquier helenista hispanoparlante su
propia y autorizada tradición. No es nuestra efectivamente, sino foránea, la
identificación del tálero con el dólar que hace López Jaramillo en la página 186,
como no son nuestras las acentuaciones Péloplaton, estáteres, niké, Sínope,
Antioco, Filostrato, etc., ni las latinizaciones de nombres propios, como Parus,
Latrnus, Pydna, Tyana, Rhea, Serapeum, Balius, Aratus, Mummius, Fa vorinus, Propertius, etc.,
que campean sin cédula de naturalización en el libro de López Jaramillo. La ignorancia
del griego moderno y, por ende, un deficiente conocimiento de la Grecia de nuestros días
han impedido también a nuestro traductor presentarnos un escrito exento de las
transcripciones extranjerizantes de nombres y apellidos, tan criticadas a propósito de
nuestros periódicos y que, esto no obstante, continúan empeñándose en hacer creer a la
gente que toda persona, no importa dónde haya nacido en lo vasto y variado de nuestro
planeta, tiene nombre inglés o francés, anglicizado o afrancesado. Es útil, pues, que
el lector sepa que el Constantin Cavafy de López Jaramillo se llamaba Constandinos (en
español Constantino) Cavafis; que el primer editor de sus poemas "canónicos era
Alecos (esp. Alejandro) Sengópulos, y no Alexander Singopoulos, o Sengopoulos; que el
editor griego más autorizado de la obra de Cavafis sigue siendo Yorgos (esp. Jorge)
Savvidis, y no Georges Savidis; que quien presentó por vez primera la poesía de Cavafis
al público de Grecia fue Grigorios (esp. Gregorio) Xenópulos, y no Gregory Xenopoulos;
que la revista griega que cita López Jaramillo en la página 201 es Nea Zoí, y no
Nea Zoe, y, en fin, otras cosas para las cuales ya no nos queda espacio.
Bajo esta luz, ¿será verdad -como nos lo asegura López Jaramillo (pág. III) que
"el lector estudioso puede tener la seguridad de encontrar reunido en este libro el
más autorizado corpus erudito que existe actualmente en español sobre estos
poemas"? Nuestra opinión, bajo esta luz, se inclina más bien a reconocer la verdad
en las palabras de Jorge Zalamea citadas por el autor (pág. VIII) y que aquí nos
permitimos parafrasear ligeramente: el conocimiento de la Hélade continúa siendo
"nuestra más secreta vergüenza".
JORGE PÁRAMO POMAREDA
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