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4. El
escolar hispanoamericano, Método moderno de lectura y escritura. Bogotá. Colegio
Pestalozziano, 1908.
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5. Primera
jornada. Alvaro Marín Alejandro Cano Medellín. Bedout. sf.
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Un primer
grupo, de editadas a finales del siglo XIX:
Curso de lectura elemental combinada, Nepomuceno Serrano y Belisario Canal, Bogotá,
Imprenta y Librería de Medardo Rivas, 1896.
Enseñanza moderna. Cartilla de lectura y escritura, Aurelio Martín Cabrera, Bogotá,
Tipografía Salesiana, 1897.
Guía para la enseñanza de la lectura combinada con el dibujo, Francisco García Rico,
Bogotá. Imprenta Medardo Rivas, 1898.
Un segundo grupo de
comienzos de siglo:
El lector infantil, Armando de la Fuente, Bogotá, Imprenta San Bernardo, 1915.
Para la tercera muestra,
saltamos a los años sesenta:
Primera jornada, Alvaro Marín y Alejandro Cano, 9a. edición, Medellín, Editorial
Bedout. 1963.
La cuarta muestra es
representativa de los años setenta:
Tu idioma, Carlos Medellín y Javier González, Bogotá, Cultural Colombiana Ltda.. 1970.
Un grupo, más numeroso, de
los años ochenta:
Pinocho, libro de lectura inicial, Medellín, Susaeta Ediciones, 1981.
Rin Rin, Alma Flor Ada y María del Pilar de Olave, Fondo Educativo Interamericano,
impreso en Colombia, 1983.
Nacho, Medellín, Susaeta Ediciones, 1984.
Coquito, Everardo Zapata Santillana, Bogotá, Editorial Presencia, 1985.
Vivamos nuestra lengua, Bogotá, Editorial Norma, 1985.
Trampolín, 4a. edición, Bogotá, Voluntad editores, 1985.
Diabluras, cartilla de lecto-escritura, una experiencia de la Escuela Popular
Claretiana, Neiva, 2a. edición, 1985.
Hay
un último grupo, conformado por aquellas que aparecen sin fecha de publicación en los
textos legales, que son las que se reeditan año tras año, entre las cuales tenemos:
La tradicional cartilla Victoria, de la Editorial Norma, acogida por los maestros desde
1943, según dice en la contraportada.
Mi primer libro de lectura, Alvaro Marín y Alejandro Cano, 7a. edición, Medellín,
Editorial Bedout.
MAESTROS Y ESCUELAS
Por lo general
se aprende a leer en el colegio; es más: se entra al colegio o a la escuela primaria para
aprender a leer. Los maestros de preescolar y guarderías tienen que batirse
permanentemente con los padres que creen que sus hijos se la pasan perdiendo el tiempo
jugando. Además de los beneficios propios del juego, el dibujo, los trabajos manuales, el
modelado con arcilla o plastilina, los ejercicios llamados de aprestamiento, todas estas
actividades le ayudan al niño a soltar la mano para escribir. Lo preparan para entrar a
la escuela primaria, un cambio radical en su vida, determinante en su formación y por lo
general traumático, tanto para los niños que han asistido al preescolar como para los
que llegan a la escuela directamente de sus casas.
Independientemente
de la personalidad que tenga
el maestro, éste encarna para los niños el
método de enseñanza, el sistema educativo y la autoridad. Él es el adulto que entra a
competir con los padres, sustitutos o familiares frente al niño. El maestro por lo
general se asocia al conocimiento en la mente del niño y por lo tanto en este aspecto su
influencia es más fuerte que la de la casa, aunque los maestros se quejen de la
competencia desleal que ésta ejerce contra ellos ante los niños. Además, al maestro, a
la hora de enseñar a leer, lo refuerza la cartilla con su magia poderosa que es la
palabra escrita, companera íntima.
El sabio Caldas
era de los que consideraban nefasta la influencia de las mamás, "que no quieren se
corrijan y se castiguen, por una compasión mal entendida, los desvíos de sus hijos, y
procuran insolentarlos y sacarlos del poder del maestro, anteponiendo los verdaderos
intereses de la educación al corto que sacan de las ocupaciones domésticas que
ordinariamente les dan "y llegaba hasta proponer" que si el joven aprendiz es
orgulloso y altivo, y no quiere sujetarse, se le remache un grillete o se sujete del modo
más apto"
1.
El maestro siempre está
diciendo lo que hay que hacer; puede obligar, castigar. premiar, dejar a un niño
repasando la lección durante el recreo o ganarse su afecto. Si al niño le gusta su
maestro, con toda seguridad va a aprender con interés y rápidamente; y si la relación
no es buena, va a repercutir en su aprendizaje. Del maestro depende que leer se convierta
en un placer o en un martirio.
El maestro se hace
extensivo a la escuela. La cartilla huele a pupitre, a cuaderno borroneado y sucio de
tanto pasar las hojas, a sudor seco después del recreo. La niñez está impregnada de ese
recuerdo, y si es desagradable, si lo es el lugar donde aprendió a leer o la persona que
le enseñé, no es probable que el niño haya gozado con su cartilla, ni con la lectura,
ni que haya quedado con ganas de seguir leyendo cuando grande. (Cuando Pinocho oyó desde
lejos la música que anunciaba los títeres se dijo: "Hoy iré a oir los pífanos y
mañana, al colegio. Para ir al colegio siempre hay tiempo").
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9. Los
diamantes de los niños, Evaristo Vaca Castillo Bogota, Imprenta San Bernardo. 1915.
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LOS MÉTODOS DE
LECTURA
En el siglo pasado
se enseñaba a leer empezando por las letras solas, primero las vocales y después las
consonantes: a distinguirlas por el sonido y su dibujo correspondiente. Con este método
fonético, el lenguaje estaba concebido como una sucesión de sonidos en la que no se
tenía en cuenta el sentido. Al niño le tocaba hacer un complicadísimo ejercicio que
consistía en mentalizar cómo se pronunciaban los garabatos renegridos e incomprensibles
que tenía frente a sus ojos. Eme con a ma. (9)
Mediando el siglo
vino el enfoque silábico o silabeo, en el que persistía la exigencia de un proceso de
abstracción inmenso por parte del aprendiz para comprender lo que estaba leyendo.
Así no es como habla la gente, pensaría el niño obligado a ese tartamudeo, casi
otro idioma. Ma-ma.
Por los años cincuenta,
las corrientes lingüísticas estructuralistas comenzaron a renovar la enseñanza de los
idiomas. Entonces se empezó a enseñar a leer con palabras enteras con un significado
correspondiente en la vida real, visualizable, recordable. Así sí se pudo gozar
comprobando que algo que se conoce un perro, un niño, una mamá se puede
escribir, se puede dibujar con letras y se puede leer. Mamá.
Y llegó todavía más
lejos el método semántico, en el que la frase es la unidad del lenguaje entera, con
sentido, y que considera la lectura como algo recreativo y gratificante. Mi mamá me ama. (10)
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10. Pinocho. libro de
lectura inicial Medellín, Susaeta. sf.
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La cronología de estos
métodos corresponde a como
han surgido y se han puesto en práctica en Europa y en
los Estados Unidos. En Colombia se ha adoptado indistintamente, simultáneamente,
caóticamente. Hay lugares en donde algunos todavía no se conocen; escuelas en las que
empiezan con un método y terminan con otro, dependiendo de la cartilla que exija el
maestro, consiga el niño, cambie el ministerio, promueva el vendedor, reedite el editor.
Tampoco falta el que asegura que es capaz de enseñar a leer en 60 días a los niños de 7
a 14 años y en 40 a los mayores de 14, como don Ramón Mercado, con su Método típico de
enseñanza en 1873, a quien le pone dos soldados analfabetos a la orden para hacer el
experimento don Emilio Murillo, del ministerio de guerra. O don Evaristo Vaca Castillo,
que en un destello de lucidez dice en 1915: "Leer es pasar la vista sobre signos
escritos, para saber las ideas que ahí están fijadas", para luego salir con un
chorro de sílabas entre guiones.
Las cartillas de
lectura que nos han tocado a los colombianos han sido de segunda mano: españolas,
cubanas, panameñas (Enseñanza simultánea de la lectura y la escritura, Manuel A.
Alguero, Panamá, Tipografía Gasís, 1889; Lecciones de niundo, Teodoro Guerrero, La
Habana, Imprenta del Gobierno, 1863. Y las reimpresiones españolas de Susaeta Ediciones,
Ah-norma, etc., que circulan todavía). Así haya sido en los comienzos de este siglo
cuando el suizo Ferdinand de Saussure relacionó la lingüística con la psicología, la
filosofía, la historia, la sociología y dio pie a que surgiera el método de las
palabras completas, este sólo se empezó a aplicar entre nosotros en los años setenta y
se impuso por decreto número 1002 en abril de 1984, lo cual no quiere decir que se aplique.
Hoy en día se sigue enseñando a leer silabeando, en regiones enteras del país. más que
todo rurales, siempre retrasadas culturalmente con relación a las ciudades. Se consideran
experimentales métodos que ya se están revaluando en otras partes: los colegios privados
y sólo algunos, los verdaderamente preocupados por la pedagogía, son los que tienen
acceso a las ideas renovadoras. No sirve que el ministerio de educación lance decretos
mientras las facultades de pedagogía y los maestros no se pongan al día y exijan a su
vez la modernización de los métodos y de su propia formación.
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De manera, también, que
el análisis de las cartillas de lectura en Colombia no puede ser riguroso ni se puede
ceñir a los métodos expuestos. Tampoco ha sido posible reunir todas las muestras que se
hubiera querido; por ejemplo, cartillas como La alegría de leer, con todo y sus treinta
reediciones o más, en las que tantas generaciones aprendieron a leer, no se consiguen en
las librerias.
APRENDER A LEER
Aprender a leer es
una experiencia definitiva y trascendental en la formación de una persona.
Leer es una habilidad
casi tan esencial como la de saber hablar, la cual, ¿podría decirse?, establece el mismo
paso que va de pensar a expresar lo que se piensa, y poderlo expresar en un lenguaje
comprensible para otros. La lectura es la traducción del lenguaje hablado al lenguaje
escrito.
El aprendizaje de la
lectura va casi siempre simultáneo al de la escritura y ese es el segundo gran
deslumbramiento: no sólo las cosas se pueden escribir y leer sino que yo también puedo
leerlas y escribirlas. Y hasta puedo escribir las que a mí se me ocurran, si me da por
ahí.
El proceso mental que
implica aprender a leer es complicado y misterioso. Los indígenas veían a los españoles
"hablar a solas en unos paños blancos como una persona hablaba con otra, y esto por
el leer en libros y cartas...".
Las notas musicales que
se escriben sobre el pentagrama son otros signos, y la música otro lenguaje o forma de
pensamiento. Como las letras, son una representación gráfica pero, a diferencia de las
palabras, de ideas mucho más abstractas e intangibles que las que se expresan oralmente.
Los idiomas que se
manifiestan por escrito mediante ideogramas nos ayudan a comprender mejor esto de la
representación visual de un sonido. Bruno Bettelheim lo hace parecer muy sencillo:
"(...) se supone que todo niño japonés, al finalizar el primer grado, habrá
dominado setenta y seis ideogramas. Aunque a los niños se les enseñan los trazos de la
pluma o del pincel con los que se construyen las sílabas y especialmente los ideogramas,
el símbolo mismo tienen que aprendérselo como tal y es necesario comprender su
significado para que el niño aprenda a leer y escribir. Por lo tanto, desde el mismo
principio, la enseñanza de la lectura se concentra solamente en el significado de un
símbolo pictórico y no en los elementos que lo constttuyen"
2
.
APRENDER A ESCRIBIR
Así como leer y
escribir van unidos, escribir es dibujar. Las cartillas antiguas dedican páginas
introductorias a la forma como se debe tomar la pluma para hacer los perfiles y los
gruesos, las mayúsculas y las minúsculas, los distintos tipos de letra: palmer,
imprenta, cursiva, gótica, etc.
Tener buena letra, clara,
bonita, legible, era una cualidad reconocida, una habilidad que podía convertirse en
oficio de escribiente o calígrafo y que ha desaparecido con el tiempo. Lo que para los
niños de hoy es tipografía, con la que se tienen que entender sólo cuando leen de
corrido, para los niños de comienzos de siglo era caligrafía. que tenían que aprender
desde los primeros ejercicios para soltar la mano.
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11. Escritura moderna,
cartilla de lectura y
escritura. A.M. Cabrera. Bogotá, Tipografía salesiana,
1897.
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12. Escritura moderna,
cartilla de lectura y
escritura. AM. Cabrera. Bogotá, Tipografía salesiana, 1897.
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13. Los diamantes de los
niños, Evaristo Vaca Castillo. Bogotá. Imprenta San Bernardo, 1915.
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Con la
aparición de la máquina de escribir, la evolución de los sistemas tipográficos, el
levantamiento de textos "en frío" (principalmente la fotocomposición) para la
impresión litográfica (offset), el procesador de palabras, los manuscritos se están
convirtiendo en piezas de museo.
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14. Rin Rin,
Fondo educativo interanserícano, 1953
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15. Mi primer
libro de lectura. Alvaro Marín. Alejandro Cano. Medellín, Bedout, 7a. edición, sf.
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¿POR QUÉ TODOS LOS NIÑOS HABRÁN QUERIDO SIEMPRE VENDER
SU CARTILLA?
Porque no
tiene nada que ver con ellos
Las cartillas muestran niños buenos y bien peinados, niñas hacendosas, papás que fuman
pipa al llegar del trabajo, mamás que preparan la comida con
delantal. Familias en
las que inexorablemente hay un papá, una mamá, un hijo, una hija, un abuelo y un animal
doméstico. Familias felices. Familias honradas, ordenadas, limpias, cumplidoras del
deber. Cuando más, familias humanizadas de gatitos, perritos, pollitos, ositos. Ni las
mejores cartillas se escapan de este rígido esquema familiar. Y estas familias, ¿qué
tendrán que ver con las familias colombianas?. (14)
Las familias de las
cartillas de comienzos de siglo se parecen a la familia modelo europea de finales del XIX.
(15) A la clase media estadounidense de los años cincuenta, en las
que aprendieron a leer los niños colombianos de los sesenta y los setenta. Y de ahí en
adelante, a personajes de las tiras cómicas y los dibujos animados o de la publicidad.
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16. Mi
primer libro de lectura. Alvaro Martín Alejandro Cano. Medellín. Bedout. 7a. edición
sf.
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Las cartillas le
ponen al niño un modelo muy diferente de lo que es él, o tiene posibilidades de ser, o
le gustaría ser, si seguimos de acuerdo en que a los niños les gusta más el Pinocho de
madera que el de carne y hueso. Le muestran un modelo familiar estereotipado, con papeles
sexuales fijos. (16) Un mundo de espacios y costumbres diferentes, que no
puede identificar: extraño para él, que no conoce o no le pertenece porque ya pasó, era
de sus padres o abuelos o parece de otra parte.
Si nos enseñan a leer
mostrandonos a tinas gentes que no se parecen a nosotros, ¡como no vamos a salir con
ganas de ser como ellas! "La lengua de un pueblo es su espíritu y su espíritu es su
lengua", escribió el lingüista Wilhelm von Humboldt, hermano de nuestro barón.
Como quien dice: que si a un tipo de pensamiento determinado por cierta cultura se le da
un lenguaje que no le corresponde, el pensamiento se tuerce. Pero nosotros, por ejemplo,
dejamos que el señor Paul Rivet se llevara una gramática chibcha para el Museo del
Hombre de París, en lugar de tratar de entenderla. Y luego nos quejamos de ser como
somos. Y así, ¿cómo podemos tener identidad nacional?
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17. Nacho,
libro inicial de lectura. Medellín Susaeta. sf.
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18.
Escritura
moderna, cartilla de lectura y escritura. A.M. Cabrera. Bogotá, Tipografía salesiana,
1897.
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Ésta se
sustituye por patrioterismo. Los valores patrios que nos siembran son de cartilla.
Próceres como estatuas de parque, hechos trascendentales y símbolos patrios se cuelan en
las últimas páginas de la cartilla de lectura y se graban en la memoria del niño como
las tablas de multiplicar, sin comprender su significado ni lograr que se interese en su
historia.
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16a.
Mi primer libro de lectura. Alvaro Marín Alejandro Cano Medellín, Bedout, 7a.
edición. sf
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POR INCOMPRENSIBLE
Las cartillas, por
necesidad de ajustarse a cierta acomodación del alfabeto, emplean palabras difíciles o
viejas, como de los abuelos o los cuentos. Palabras desprovistas de sentido para los
niños por su significado obsoleto, o literario, o simplemente desconocido.
Otro elemento que
dificulta la comprensión de la lectura es la disposición de las palabras en la página y
el diseño total de ésta. Los espacios en blanco dejados entre sílabas causan vacios en
el sentido de la frase. La ayuda que debe constituir el dibujo se pierde cuando no está
claramente colocado en relación con la palabra que representa. La parte gráfica debe
estar ante todo puesta al servicio de la comprensión del texto. (24) La
lectura entra por los ojos. De hecho, los libros sin imágenes no atraen la atención de
los niños que no saben leer.
Los dibujos de las
cartillas antiguas eran totalmente realistas pero; con el tiempo se fueron haciendo más
simples, más esquemáticos, en aras de la comprensión del contenido. En la preparación
de algunas cartillas recientes hay pedagogos que trabajan conjuntamente con los
ilustradores para evitar este problema. Sin embargo, por su afán didáctico, las
ilustraciones resultan insulsas o menos atractivas que la misma realidad y, actualmente,
que el cine, la televisión y la publicidad. Los niños vuelven a encontrarse con una
representación gráfica estereotipada del mundo que no corresponde a lo que ellos
conocen. Tal vez a la de los cuentos. Niños que corretean felices por campos floridos y
niñas de trenzas que hablan con los animales. Dibujos de niños como de película de
Truffaut o de campaña cívica. O fotos didácticas de personas desabridas.
POR ABURRIDA
Si las
primeras frases son faltas de sentido, los textos e historias son insípidos y aburridos.
Los personajes son tan buenos y formalitos que ¿qué podría pasarles de interesante? La
cartilla es un llamado permanente al juicio, a la razón, al cumplimiento riel deber,
puesto que explícitamente se propone darle al niño principios morales, lecciones de
urbanidad y de civismo.
De manera que
cuando el niño podría empezar a gozar leyendo en voz alta, para él solo, para sus
amigos o para sus hermanos, las cartillas se vuelven un ladrillo pedagógico. (21)
Los maestros no pueden desprenderse de su objetivo inicial y mecánico que consiste en
leer de corrido, con buena pronunciación y entonación. Un experto de la Unesco, en una
asesoría al Instituto Colombiano de Cultura para su programa de clubes de lectura en
1971, recuerda: "Lectura funcional es un proceso global mediante el cual el lector
percibe correctamente los símbolos, comprende lo que quiere decir el autor, analiza y
juzga las ideas encontradas, las selecciona y las aplica en la solución de sus problemas,
para su mejoramiento". Se refiere a lectores adultos, pero el principio rige
exactamente igual para los niños.
Las cartillas una
y otra vez relegan a un segundo plano el contenido: por cuidar el andamiaje gramatical,
construyen un edificio desprovisto de imaginación. Entonces el niño se avergüenza de
decir estupideces en voz alta y prefiere quedarse callado, no seguir leyendo y se va a
jugar. ("Los niños buenos van al colegio", dice el hada. "Y a mí el
colegio me pone la carne de gallina", piensa Pinocho).
Las cartillas de
los años ochenta, felizmente, empiezan a presentar una notoria preocupación por hacerse
más interesantes. Los juegos de palabras, que siempre han gustado a los niños, tienen
humor y significado; el vocabulario es más cotidianos, sin dejar de enriquecer el del
futuro lector; los ejemplos y temas se acercan a lo que él conoce. Lo cual corresponde a
un cambio de actitud hacia el niño, que era considerado un hombrecito incompleto hasta
cuando la psicología moderna, con Piaget, logró imponer la niñez como un estado en sí
mismo y no como una etapa de transición hacia la edad adulta. (19)
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19.
Rin Rin. Bogotá. Fondo educativo interamericano. 1983.
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20.
Los diamantes de los niños. Evaristo Vaca Castillo. Bogotá, imprenta San Bernardo. 1915
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20a.
Los diamantes de los niños. Evaristo Vaca Castillo. Bogotá, imprenta San Bernardo.
1915
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21. Coquito.
Bogotá . Editorial Presencia.1984.
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22. Enseñanza moderna, cartilla de lectura escritura. A.M. Cabrera. Bogotá,
tipografía salesiana, l897.
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23. Coquito.
Bogotá. editorial Presencia, 1984.
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24. Rin Rin.
Bogotá, Fondo educativo interamericano, 1983.
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Los
maestros que aplican la psicología y la pedagogía moderna saben que el lenguaje va
íntimamente unido a las demás experiencias de la persona; que no se trata de una simple
habilidad o destreza mecánica. Y proponen las dramatizaciones, el dibujo, el estímulo a
la expresión oral, con el fin de que el aprendizaje de la lectura y la escritura se
convierta en una experiencia ligada a la vida personal del alumno. Estos maestros son los
que, con decreto o sin él, tienen conciencia de los beneficios de la lectura; de ahí que
busquen todos los medios posibles para que su iniciación sea entretenida y los niños la
disfruten. Las cartillas ideales para ellos son las que reúnen textos interesantes e
ilustraciones que además de correctas sean bonitas y atrayentes, corno un buen libro (24)
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25.
El lector infantil, Armando de la Fuente. Bogotá, imprenta San Bernardo, 1912.
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Cada
día son más los que se inician artísticamente ilustrando libros escolares y terminan
comprendiendo que la ilustración y el diseño en el ámbito infantil constituyen toda una
forma de realización artística y profesional. De ahí que dentro de los nuevos intentos
encontremos con frecuencia ilustraciones que van más lejos que el contenido, es decir,
dibujantes más audaces que los maestros, quienes, por más que sean de avanzada, se
traicionan separando la hora de aprender de la de soñar, así le estén planteando al
niño un sistema de aprender jugando.
PORQUE SON DE OTRO
TIEMPO
La mayor crítica que
puede hacérseles a las cartillas, incluso a aquellas en que aprenden a leer los niños de
1986, es a su atemporalidad. Por lo general, lo que todos recuerdan es que "era
bonita", con colores, con dibujos, pero... ¿y las palabras qué? Las palabras son
eso: palabras para descifrar, para pronunciar en voz alta, que no es lo mismo que leer. No
sugieren imágenes, así sean fugaces, ni ideas. Son oraciones de un renglón con
combinaciones alfabéticas: gra-gre-gri-gro-gru. (20)
Eso de rogar por un
cambio en el contenido y en el contexto ha sido petición de todos los tiempos:
"[...] nuestros libros de lectura cortados casi todos por el mismo molde
con la selección de fábulas, cuentos y poesías de un siglos atrás, que los alumnos
leen y releen mecánicamente [...]". Como este texto escrito por don Clemente de la
Peña en 1934 en su Libro de lectura bolivariano dedicado "a los estudiantes de la
antigua Colombia" (dejó de existir en 1830 con el establecimiento de la Nueva
Granada). (26)
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26.
El texto continua diciendo: corren por sus mejillas: no hay quien la consuele. De cuantos
le eran queridos, sus amigos todos le han despreciado y se han vuelto enemigos suyos. Los
caminos de Sion están de luto porque ya no hay quien venga a las solemnidades. sus
sacerdotes gimiendo, sus virgenes desfiguradas y ella misma oprimida libro de lecturas
bolivarianas. Clemente de la Peña. Bogotá. Imprenta del ministerio de guerra, 1934.
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Las
cartillas de lectura les muestran a los niños un mundo que no les corresponde: el mundo
que les tocó vivir a sus padres, un mundo viejo para ellos. Así corno a sus padres les
tocó aprender a leer con el de sus abuelos. A cartillas viejas, niños viejos.
En este punto los
editores tienen una gran responsabilidad. Por decreto de la Cámara del Libro, ellos
forman parte del comité editorial que establece los programas de enseñanza oficiales, de
manera que está en sus manos elaborar o encargar las cartillas de acuerdo con esas
disposiciones y lanzarlas al mercado. Debido a su carácter comercial, son también los
editores quienes disponen de los medios de sondear la acogida que tienen sus
publicaciones, de reeditar lo que les conviene, de imponer uno u otro texto, teniendo en
cuenta la competencia.
Las primeras cartillas,
al igual que la enseñanza y los demás libros de texto, estaban a cargo de religiosos,
que además eran dueños de las imprentas, o de particulares vinculados a ellos. La
educación ha estado en manos de la Iglesia o del Estado. Y
las cartillas que se
imponen generalmente son las de las casas editoriales en capacidad de efectuar grandes
tirajes y reimpresiones constantes, revaluadas o no, como se observa en las que aparecen
sin fecha de publicación. Las cartillas y métodos experimentales se quedan para los
particulares, salvo contadas excepciones. (27)
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27.
Diabluras, cartilla de lecto-escritura. Neiva, Escuela popular claretiana, 2a. edición,
1985.
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¿POR
QUÉ TODOS LOS GRANDES SE SABEN SU CARTILLA DE MEMORIA?
Primero que
todo, por ese intrincado ejercicio mental que significó aprender a leer y que quedó
incrustado en la memoria. Y segundo, porque las palabras no son huecas; ni son sólo
sílabas sin sentido, ni consonantes absurdas. Toda cartilla lleva incluida una manera de
ver el mundo: una cualquiera. La cartilla es el ABC de la ideología. La letra con sangre
entra. Y lo que cada uno lleva en la sangre se le entró por entre su cartilla.
Porque tiene sello
indeleble, como dicen los católicos acerca del pecado original. Porque las primeras
marcas quedan grabadas para siempre, dicen los psicólogos. Porque las primeras
impresiones son las más fuertes, dicen los novelistas. Y todas esas palabras aún sin
sentido que recordamos vagamente, son las primeras que nos rayaron el cerebro como con un
lápiz. Recibimos con ellas y por todos los poros del intelecto una ideología, una moral,
un sistema de valores, un esquema de comportamiento. Nos administró la dosis un fiel
representante de esa forma de ver el mundo. Nos regaló o cobré esa educación el Estado,
cumpliendo un deber con sus hijos del futuro.
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28. Los
diamantes de los niños, Evaristo Vaca Castillo. Bogotá. Imprenta San Bernardo. 1915.
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La
conquista española enseñó el castellano en América con la doctrina cristiana, al igual
que los soldados romanos enseñaban el latín en España a medida que la iban dominando.
Los niños de hoy aprenden a leer en la publicidad ideada en los Estados Unidos, y el
Instituto Lingüístico de Verano estudia las lenguas de nuestros grupos indígenas.
"Doctrina: Conjunto
de ideas religiosas, políticas o sociales que agrupan a personas que las profesan:
doctrina cristiana, doctrina liberal". (Diccionario Norma, preparado bajo la
dirección de Jorge Cárdenas Nannetti, 1981, Carvajal).
Con las primeras letras
se inculcan los principios de una doctrina, de una ideología, la que cada cual
conservará o contra la que se la pasará peleando toda la vida. Por eso todos los grandes
se saben su cartilla de memoria.
BENEFICIOS DE LA
LECTURA
Leer es un placer
solitario, único con tal característica dentro de los medios de comunicación y
expresión. En el teatro, el cine, la fotografía, la danza, la música, la televisión,
en todos existen uno o varios intermediarios entre el creador y el que lo escucha. Entre
el lector y lo escrito no hay más distancia que unas letras que resaltan sobre el papel.
Letras que sirven para decir cualquier cosa, la cual varía según como se diga y como se
comprenda. El lector puede mandar callar al autor con sólo cerrar el libro. Leer, como
escribir, permite tirarse en un pozo o estado de introspección, reflexión, imaginación,
evasión, ensimismamiento. Leer pone a pensar. Y de eso se pierde el que no sabe leer. Y
el que aprendió, para que siga leyendo y disfrutándolo, tiene que necesitarlo. Eso tiene
que crear en el niño su cartilla, porque el que no lee es como el que no puede oir: se
queda sin saber un montón de cosas.
Sin tener acceso al
conocimiento, como le dicen otros a esto. Conocimientos prácticos, filosóficos, que
llevan al lector a preguntarse quién es él y esos otros asuntos fundamentales de la
vida.
"Ese es ya tu
destino. Está escrito que todos los chicos poco estudiosos, que tienen fobia a los
libros, a las escuelas y a los maestros, y se pasan la vida entre juegos y diversiones,
deben acabar tarde o temprano transformados en burros [...]
Dentro de dos o tres
horas, te convertirás en un borriquillo de carne y hueso idéntico a los que tiran del
carro y a los que llevan las verduras al mercado" (Collodi).
Antiguamente rodaba la
idea de que leer daba dolor de cabeza. Al pobre sabio Caldas, a quien "la ciencia
hacía sus delicias", le tocó volverse cacharrero y comerciante. ("Ya sabría
usted la prohibición que los médicos, en especial el doctor Mariano, me hicieron de
cualquier lectura sólida o seria que pidiese mucha atención y en que trabajase la mente
Carta a su amigo Santiago Arroyo).
No se nos olvide que
Caldas y los otros armaron el enredo de la Independencia apenas empezaron a ilustrarse. El
señor Gutenberg sabía muy bien de lo que se trataba cuando inventó la imprenta:
"Para que lo que sepa uno en cualquier lugar del mundo, todos lo sepan en todas
partes". El general Tomás Cipriano de Mosquera se iba a la guerra con una imprenta
debajo del brazo para sacar el periódico El Centinela en Campaña y repartirlo entre los
soldados. Al Quijote también le decían que las lecturas de libros de caballería eran
las que le habían sorbido el seso. Y él mismo terminó quemando sus libros, como los
tenebrosos de la novela de Ray Bradbury Farenheit 451.
Cuando los estudiantes de
Nanterre pedían en mayo del 68 el cambio del sistema educativo, iban al fondo del
problema. En todos los países, cuando se realiza una revolución, cualquiera que sea, en
la época que sea, lo primero que hacen los revolucionarios es emprender una campaña de
alfabetizacion. O es lo que debieran hacer. Hay que cambiar las ideas de las cartillas si
se quieren cambiar las ideas de las personas.
¡Y PINOCHO TENÍA
RAZÓN
A la hora de
vender la cartilla, todos somos Pinocho. A la hora de recordarla, nos parecemos a Collodi,
que terminó haciendo escribir a Pinocho con una pajita mojada en jugo de moras. Cuando
nos ponemos de Pinochos no nos seducen con nada. (El que haya visto en una cartilla un
bandido, en la b de bandido, que alce la mano, para ponerle orejas de burro). Cuando nos
ponemos de adultos nos aterroriza esa cadena perpetua que son las cartillas.
Mal que bien,
muchos aprenden a leer así, muchos aprendimos y muchos siguen aprendiendo. Y son
muchísimos también los que recuerdan su cartilla como algo lindo, o como una maestra de
blusa azul; o un hermano mayor que le leía. O un recuerdo todavía más vago:
¿aprendería a leer en las tiras cómicas?, ¿en algún libro prohibido? Hay niños que
aprenden a leer solos, sin darse cuenta los grandes, y a veces ni ellos mismos.
Encontraron otras formas de aprender a leer, y las escogieron. Por curiosos, por querer
saber lo que andaban diciendo los otros por ahí, porque entendieron que esa es otra forma
de hallarse entre la gente. O por el deseo infantil de desentrañar una señal misteriosa.
O, porque en su casa había libros. O porque precisamente no
había ni uno,
aprendió a leer en la calle.
Los niños de hoy
encuentran infinidad de medios para aprender a leer: la publicidad, la página roja del
periódico, los logotipos comerciales, los emblemas deportivos, los símbolos de los
bancos, la televisión; cantidades de lenguajes gráficos lo viven asaltando. La cartilla
de lectura se vuelve a quedar atrás. Hay que tomar conciencia de su carácter de libro y,
dentro de sus características, ponerlo al día. Y hacer muchas cartillas diferentes para
aprender a leer: cartillas verdes, cartillas callejeras, desclasadas, anarquistas,
nacionalistas, ateas, conservadoras, para que los que aprendan a leer en ellas oígan
distintos lenguajes, distintas ideologías, y tengan más para escoger. Única condición:
que hagan la de Collodi. Que sean tan seductoras como la zorra y el gato que engañaron a
Pinocho, o como los títeres por los que él cambió la suya. Que hagan literatura.
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29. Le
avventure de Pinocchio, Florencia, 1924. Estas ilustraciones de Attilio Mussino (1878.?)
fueron definitivas dentro de la iconografia de pinocha, hasta que Disney introdujo en 1940
un nuevo estilo.
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