Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 6,  Volumen XXIII , 1986
 

Nuestros recursos pesqueros


República de Colombia, mapa pesquero, 1985
Peces de Colombia

Inderena, lgac, Fondo Nacional de
Proyectos de Desarrollo
Espacio Común, Revista de los Parques
Nacionales de Colombia 1 (3). 1985. 16 págs.

Ha salido a la luz el mapa pesquero de Colombia y su cartilla acompañante, fruto de una inversión de 2’250.000 pesos y del trabajo de varias instituciones oficiales colombianas. Se destaca su excelente presentación, y esto es algo positivo, pues se pretende atraer a los inversionistas hacia la extracción de los recursos acuáticos de nuestro país.
En el mapa se presentan, utilizando dibujos, los principales recursos pescables y se indican por medio de gráficas pastel las facilidades existentes (Elementos) y por adecuar (Elementos a complementar) de cada una dc la más importantes plazas pesqueras nacionales. Así, se registran seis puertos caribeños y tres pacíficos, y ocho plazas continentales. En cuanto a los puertos en el Caribe, se dice, por ejemplo, que en Santa Marta los elementos incluyen pesca industrial y servicios públicos, pero es obvio que en la capital magdalenense no existe ningún tipo de pesca industrial y que los servicios públicos son poco eficientes; al contrario, no aparece que en Cartagena haya pesca industrial, lo cual claramente desconoce la existencia de la compañía semiestatal Vikingos. Los puertos de Riohacha y Bahía Portete se presentan con servicios públicos, aunque son bien conocidos los problemas de agua de la Guajira, y se señala que Turbo (supuestamente esta población, pues la línea indicadora se aproxima más a Montería) tiene muelles, a pesar de las quejas permanentes de los bananeros de Urabá. Se omite cualquier información acerca de la intendencia de San Andrés y Providencia. Respecto al Pacífico, del puerto chocoano de Bahía Solano sólo se da el accidente geográfico, sin indicar localidad alguna, y se le adjudican muelles, los cuales no existen. De las plazas del interior del país se dice que Leticia y Villavicencio (otra vez una inferencia, pues la línea indicadora aparece lejos de la capital llanera) poseen servicios públicos, mas los colombianos constantemente oímos los reclamos de los compatriotas que habitan dichos municipios. Se incluye a Bogotá, lo que lleva a preguntarse por qué no a otras importantísimas capitales (Medellín, Cali).
La revista Peces de Colombia provoca tantas inquietudes, que se hace necesario referirse más extensamente a ella. Incluye seis artículos firmados y un mapa; la primera nota (La pesca en Colombia) es un recuento de la historia de la pesca industrial con casi total omisión de la artesanal (excepto por la bella fotografía), y cuando la menciona es para presentar su lado oscuro, el de la pesca con dinamita y barbasco, "que han ido seriamente en detrimento de este recurso". Eso es cierto, pero no se debe olvidar que el problema de los explosivos es principalmente de oferta, pues hay que preguntarse cómo obtienen los pescadores la dinamita. Además, si la pesca artesanal ilegal amenaza al recurso, recordemos que la industrial (camaronera) arrasa los fondos arrastrables, incluso en zonas estuarinas, y desecha la gran mayoría de la pesca blanca. El artículo La Acuicultura, fuente de riqueza se refiere a"... países que como el nuestro han sido dotados de una especial (...) variedad de especies hidrobiológicas", pero de los cuatro tipos de peces aptos para la acuicultura dulceacuícola que se presentan, sólo uno (cachama) pertenece a nuestra ictiofauna, mientras que los otros tres (tilapia, carpa y trucha) fueron introducidos de otros hemisferios con todo y sus metodologías, fruto de al menos decenios de investigación. Pero aquí llegamos al gran problema que, coincidencialmente, se omite en ambos artículos (pesca y acuicultura): la investigación. Si se leen detenidamente, en ninguno se promueve dicha actividad y es obvio que "sólo a través de una investigación propia de nuestros valores y de nuestros recursos, se podrá decir que un país es independiente culturalmente"
1.
El artículo principal (Peces, crustáceos y moluscos de Colombia) muestra claramente una marcada diferencia entre el conocimiento de nuestros recursos de agua dulce y los marinos. Mientras que la gran mayoría (82%) de los animales dulceacuícolas se identifican a especie, sólo siete de veintitrés organismos marinos aparecen con nombre específico. Hay únicamente una especie de listado (Katsuwonus pelamis) en los mares del mundo y una especie de ostión de mangle (Crassostrea rhizopho rae) en las aguas americanas; por lo tanto, es inadecuada la abreviatura spp. (especies) que se usan luego de los nombres genéricos. El lebranche se denomina correctamente Mugil liza (no M. brasiliensis); las abreviaturas Himenopenaeus r. (correctamente, Pleoticus robustus) y Solenocera a. (S. agassizi) son incongruencias nomenclaturales. A pesar de contar con un dibujante excepcional (O. Bernal), la representación del caracol de pala (Strombus giga.s), el típico gasterópodo gigante sujetador de puertas, no corresponde a dicha especie. El pargo rojo (Lutjanus purpureus) no habita en arrecifes coralinos, aunque se asevera que "se ubica preferencialmente en áreas rocosas o de arrecifes de coral". Es poco comprensible que se haya incluido al pez vela como de importancia comercial en nuestros mares y se hayan excluido el sábalo (Tarpon atlanticus), el bonito (Euthynnus alletteratus) y las corvinas (Cynoscion spp.). Lamentablemente, cuando se mencionan el caracol o la langosta, no se informa que son animales al borde del exterminio en nuestras aguas caribeñas. Finalmente, produce cierta melancolía encontrar textos como "... y dados sus grandes tamaños posee amplia..." (atún), "poseen gran aceptación en el mercado, es capturado..." (calamar) y "se agrupan en grandes cardúmenes y es de relevancia (sierra).
Los peces de agua dulce reciben un tratamiento relativamente satisfactorio, mas se debe mencionar que el género de la pacora o curvinata es Plagioscion (no Plagiossion) y que el nombre científico correcto del emperador es Nematobrycon palmen (no N. amplyloxus). Es doloroso que no se diga nada de nuestros langostinos o camarones de agua dulce (Macrobrachium spp.), de enorme interés para cultivos, pero esta omisión debe de estar relacionada con los problemas de investigación. El mejor artículo es indudablemente El Caribe, mar de fronteras, el cual, al abandonar las pretensiones técnicas, es de fácil e interesante lectura. Parece conveniente que se piense en la repetición del esfuerzo, pues es claro que el conocimiento y la utilización racional de nuestros recursos acuáticos renovables deben alcanzar niveles mucho más elevados que los actuales.

ARTURO ACERO P.

 

1. Gabriel Roldán, Investigación en ciencias básicas ¿una necesidad?, Colombia: Ciencia y Tecnología 3 (4): 21, 1985. (regresar1)