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Nuestros
recursos pesqueros
República de Colombia, mapa pesquero,
1985
Peces de Colombia
Inderena, lgac, Fondo Nacional de
Proyectos de Desarrollo
Espacio Común, Revista de los Parques
Nacionales de Colombia 1 (3). 1985. 16
págs.
Ha salido a la luz el
mapa pesquero de Colombia y su cartilla acompañante, fruto de una inversión de
2250.000 pesos y del trabajo de varias instituciones oficiales colombianas. Se
destaca su excelente presentación, y esto es algo positivo, pues se pretende atraer a los
inversionistas hacia la extracción de los recursos acuáticos de nuestro país.
En el mapa se presentan, utilizando dibujos, los principales recursos pescables y se
indican por medio de gráficas pastel las facilidades existentes (Elementos) y por
adecuar (Elementos a complementar) de cada una dc la más importantes plazas
pesqueras nacionales. Así, se registran seis puertos caribeños y tres pacíficos, y ocho
plazas continentales. En cuanto a los puertos en el Caribe, se dice, por ejemplo, que en
Santa Marta los elementos incluyen pesca industrial y servicios públicos, pero es obvio
que en la capital magdalenense no existe ningún tipo de pesca industrial y que los
servicios públicos son poco eficientes; al contrario, no aparece que en Cartagena haya
pesca industrial, lo cual claramente desconoce la existencia de la compañía semiestatal
Vikingos. Los puertos de Riohacha y Bahía Portete se presentan con servicios públicos,
aunque son bien conocidos los problemas de agua de la Guajira, y se señala que Turbo
(supuestamente esta población, pues la línea indicadora se aproxima más a Montería)
tiene muelles, a pesar de las quejas permanentes de los bananeros de Urabá. Se omite
cualquier información acerca de la intendencia de San Andrés y Providencia. Respecto al
Pacífico, del puerto chocoano de Bahía Solano sólo se da el accidente geográfico, sin
indicar localidad alguna, y se le adjudican muelles, los cuales no existen. De las plazas
del interior del país se dice que Leticia y Villavicencio (otra vez una inferencia, pues
la línea indicadora aparece lejos de la capital llanera) poseen servicios públicos, mas
los colombianos constantemente oímos los reclamos de los compatriotas que habitan dichos
municipios. Se incluye a Bogotá, lo que lleva a preguntarse por qué no a otras
importantísimas capitales (Medellín, Cali).
La revista Peces de Colombia provoca tantas inquietudes, que se hace necesario referirse
más extensamente a ella. Incluye seis artículos firmados y un mapa; la primera nota (La
pesca en Colombia) es un recuento de la historia de la pesca industrial con
casi total omisión de la artesanal (excepto por la bella fotografía), y cuando la
menciona es para presentar su lado oscuro, el de la pesca con dinamita y barbasco,
"que han ido seriamente en detrimento de este recurso". Eso es cierto, pero no
se debe olvidar que el problema de los explosivos es principalmente de oferta, pues hay
que preguntarse cómo obtienen los pescadores la dinamita. Además, si la pesca artesanal
ilegal amenaza al recurso, recordemos que la industrial (camaronera) arrasa los fondos
arrastrables, incluso en zonas estuarinas, y desecha la gran mayoría de la pesca blanca.
El artículo La Acuicultura, fuente de riqueza se refiere a"... países que
como el nuestro han sido dotados de una especial (...)
variedad de especies
hidrobiológicas", pero de los cuatro tipos de peces aptos para la acuicultura
dulceacuícola que se presentan, sólo uno (cachama) pertenece a nuestra ictiofauna,
mientras que los otros tres (tilapia, carpa y trucha) fueron introducidos de otros
hemisferios con todo y sus metodologías, fruto de al menos decenios de investigación.
Pero aquí llegamos al gran problema que, coincidencialmente, se omite en ambos artículos
(pesca y acuicultura): la investigación. Si se leen detenidamente, en ninguno se
promueve dicha actividad y es obvio que "sólo a través de una investigación propia
de nuestros valores y de nuestros recursos, se podrá decir que un país es
independiente culturalmente"
1.
El artículo principal (Peces, crustáceos
y moluscos de Colombia) muestra claramente una marcada diferencia entre el
conocimiento de nuestros recursos de agua dulce y los marinos. Mientras que la gran
mayoría (82%) de los animales dulceacuícolas se identifican a especie, sólo siete de
veintitrés organismos marinos aparecen con nombre específico. Hay únicamente una
especie de listado (Katsuwonus pelamis) en los mares del mundo y una especie de
ostión de mangle (Crassostrea rhizopho rae) en las aguas americanas; por lo tanto,
es inadecuada la abreviatura spp. (especies) que se usan luego de los nombres genéricos.
El lebranche se denomina correctamente Mugil liza (no M. brasiliensis); las
abreviaturas Himenopenaeus r. (correctamente, Pleoticus robustus) y Solenocera
a. (S. agassizi) son incongruencias nomenclaturales. A pesar de contar con un
dibujante excepcional (O. Bernal), la representación del caracol de pala (Strombus
giga.s), el típico gasterópodo gigante sujetador de puertas, no corresponde a dicha
especie. El pargo rojo (Lutjanus purpureus) no habita en arrecifes coralinos,
aunque se asevera que "se ubica preferencialmente en áreas rocosas o de arrecifes de
coral". Es poco comprensible que se haya incluido al pez vela como de importancia
comercial en nuestros mares y se hayan excluido el sábalo (Tarpon atlanticus), el
bonito (Euthynnus alletteratus) y las corvinas (Cynoscion spp.).
Lamentablemente, cuando se mencionan el caracol o la langosta, no se informa que son
animales al borde del exterminio en nuestras aguas caribeñas. Finalmente, produce cierta
melancolía encontrar textos como "... y dados sus grandes tamaños posee
amplia..." (atún), "poseen gran aceptación en el mercado, es
capturado..." (calamar) y "se agrupan en grandes cardúmenes y es de relevancia
(sierra).
Los peces de agua dulce reciben un tratamiento relativamente satisfactorio, mas se debe
mencionar que el género de la pacora o curvinata es Plagioscion (no Plagiossion)
y que el nombre científico correcto del emperador es Nematobrycon palmen (no
N. amplyloxus). Es doloroso que no se diga nada de nuestros langostinos o camarones
de agua dulce (Macrobrachium spp.), de enorme interés para cultivos, pero esta
omisión debe de estar relacionada con los problemas de investigación. El mejor artículo
es indudablemente El Caribe, mar de fronteras, el cual, al abandonar las
pretensiones técnicas, es de fácil e interesante lectura. Parece conveniente que se
piense en la repetición del esfuerzo, pues es claro que el conocimiento y la utilización
racional de nuestros recursos acuáticos renovables deben alcanzar niveles mucho más
elevados que los actuales.
ARTURO ACERO P.
1.
Gabriel Roldán, Investigación en ciencias básicas ¿una necesidad?, Colombia:
Ciencia y Tecnología 3 (4): 21, 1985. (regresar1)
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