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hay poetas en la costa?
Poetas en abril
Luz Eugenia Sierra
Fundación Talleres de Medellín, 1985,
364
págs.
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Este libro parece más
uno de esos directorios especializados, como el de abogados o el de equipos para oficina,
que una antología. este sería, digamos, el directorio de poetas costeños, y como en
cualquier directorio, pueden estar todos los que se pretenden poetas, sin importar
calidad, edad, tendencia. Incluso su presentación tiene ese estilo publicitario:
propagándas en las últimas páginas, y fotografías de página entera de cada poeta para
acompañar apenas unos cuantos poemas, como si importara más "la pinta" que el
texto. La antologista es, a su vez, una especie de gerente de ventas: su nombre aparece en
grandes letras, y sus palabras de introducción son las más vendedoras: alusiones
irremediables a García Márquez, y ditirambos para resaltar "una excelsa factura en
el trabajo poético".
Pero aun si se deja a un lado el mal gusto de las fotografías, o las sospechas que
despierta tal cantidad (ˇ35!) de "excelsos" poetas, y se atiende sólo a la
letra, se descubre una realidad aplastante: no hay, en 364 páginas, ni un solo poema que
valga la pena. Hay, en cambio, un verdadero compendio de los vicios, lugares comunes,
imitaciones, y hasta viles copias, con los que se hace la inmensa mayoría de nuestra
poesía. Siendo generosos, se podría decir que ésta es la única utilidad de Poetas
en abril: enseñar muy a pesar de lo que pretende la antología en qué
consiste la tan promocionada abundancia de poetas colombianos.
En cuanto a las imitaciones y los lugares comunes, cabe señalar que van desde García
Lorca ("Son las cinco y cuarto de la tarde") hasta los versos de palabras de
Ungaretti:
En su lecho
Tumba
De basalto
Los amantes
La Historia
Los acoge
En el orgasmo
Detenido
y pasan, claro está,
por Borges y Paz y Nicolás Guillén, hasta uno que otro compositor de rock y
vallenatos. No falta el que "habita despierto entre los sueños" ni el que no
canta "un dolor de exportación", ni la que compara "la tarde y la
tristeza", o el que le dedica poemas a escritores y actrices de cine. No faltan
tampoco "las guerras ganadas y perdidas", y el "padecer los días y las
noches", o el poema que se deshace "en la orilla de la página", o el que
esta "solo en medio del desamor", o la que ruega para que el amante se quede
"vagando entre mis versos", o dice que "también el hielo abrasa".
De los vicios habría que destacar el más común y el más grave de todos; que es el de
creer que la poesía no es más que una prosa cortada en versos:
El camión de la Shell
aún no ha
llegado
como todos los días
con dos hombres engrasados
En la trastienda Noam sigue atendiendo su
burdelito de baratijas y de tetas
flácidas,
donde se pudren al calor de las
tardes
amores de quinceañeras que ya han trasegado
otros dispensaderos de placeres
rápidos y
han ajado su ternura en los
sudores
[...]
Se achantó en esto último:
tarareó boleros los primeros días
pagó a crédito los muebles
pasó a las jaquecas, a los partos
Los pocos que no caen
en esta fórmula se hunden en otros esquemas igual de desabridos: poemas con un falso tono
de castillos medievales, donde abundan los olivos, las hadas, los demonios, los cánticos,
el lapislázuli, hasta otros que se disfrazan de nadaístas.
Aunque se puede seguir la costumbre tan nuestra de elogiar el esfuerzo y la buena
voluntad, creo que ya va siendo hora de exigirles tanto a los poetas como a los
antologistas un mínimo de rigor y calidad. Si no se hace, la poesía va a perder los
pocos lectores que le quedan.
DANIEL WINOGRAD
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