|
El
cielo debajo del mundo
Colombia: corales y arrecifes coralinos
Henry von Prahl y Harry Erhardt
Fondo para la Protección del Medio
Ambiente José Celestino Mutis, FEN
Colombia, Bogotá, 1985, 295 págs.
"...para ver ese
otro cielo debajo del mundo que eran los
fondos de corales".
Gabriel
García Márquez
La Financiera Eléctrica
Nacional (FEN) ha seguido demostrando con hechos su apoyo a la investigación científica
en nuestro país. Ahora ha publicado este interesante volumen en el que se estudia la
variada y hermosa fauna colombiana de corales, así como los arrecifes por ellos formados.
Este esfuerzo editorial es elogiable en un medio como el nuestro, que parece
estéril a todo lo que signifique el conocimiento a fondo de la naturaleza que nos rodea.
Los autores son profesionales experimentados; Henry von Prahl, principalmente, ha
demostrado siempre gran inquietud y deseos de estudiar y dar a conocer sus
investigaciones.
El libro está dividido en cinco capítulos que siguen a una Introducción: Fisiología y
morfología del pólipo coralino; Investigaciones sobre corales realizadas en Colombia;
Sistemática; Distribución y descripción de los arrecifes y formaciones coralinas de
Colonibia; Distribución de los corales y comparación entre las formacines coralinas del
Pacífico y Caribe colombianos. El volumen está muy bien ilustrado, pues se incluyen
quince fotografías originales en color de gran calidad, con numeración aparte, y ciento
sesenta y seis figuras, varias de ellas también fotografías en color.
En la sección introductoria los autores manifiestan su preocupación por la degradación
de los ambientes coralinos, diciendo: "El hombre [...]
con su actividad
irracional destruye lentamente esta importante comunidad, especialmente por operaciones de
dragado, construcciones civiles, pesca con dinamita y todo tipo de contaminación,
incluyendo la de las aguas negras". Se debe ampliar esta denuncia, pues es evidente
que en Colombia desde la colonia se ha venido agrediendo sistemáticamente a los
arrecifes. La bahía de Cartagena, antes un paraíso de aguas transparentes, con el fondo
cubierto de corales y una enorme riqueza íctica, fue asolada por los españoles al abrir
el canal del Dique y cerrar Bocagrande. A partir de los años cincuenta de este siglo
empezó la embestida moderna sobre los arrecifes colombianos. Los bajos de las islas del
Rosario albergan mansiones estrafalarias y hace poco se amplió el canal del Dique, de
modo que más sedimentos cubren sus jardines submarinos. En San Andrés se arrojan al mar
los desechos, fruto de un turismo comercial que en muy poco beneficia a los isleños. En
Santa Marta las hasta ese entonces aisladas y, por ende, protegidas bahías del parque
Tairona vieron construir una carretera cuya erosión aporta toneladas de sedimentos y que
transporta a un turismo fuera de cualquier control. Resultado: saqueo y destrucción. Pero
aún falta mencionar lo más grave: la brutal pesca con dinamita, generalizada en todo el
Caribe continental colombiano, acto terrorista contra la naturaleza y aun contra el hombre
que la estudia, según parece, auspiciado por aquellos encargados de comercializar los
explosivos. Todo esto porque, como escriben Prahl y Erhardt, "quienes tienen en sus
manos la posibilidad de decidir, no conocen la importancia vital de este ecosistema y
toman muchas veces medidas equivocadas".
En el primer capítulo (páginas 19-39) se presenta un ameno recuento de la historia
natural de los corales, así como de los tipos y la evolución geológica de los
arrecifes. Esta sección bien hubiese recibido el aporte de autores antiguos, como Charles
Darwin
1
, padre de la teoría de la evolución de los atolones, y
modernos, como Jörn Geister
2
,
experto alemán en los arrecifes del Caribe
occidental colombiano. La reseña de las principales investigaciones que se han adelantado
sobre los sistemas arrecifales en nuestro país es el tema del segundo capítulo (páginas
43-49). Allí se ve que el Instituto de Investigaciones Marinas de Punta de Betín
(Invemar) (Santa Marta), ha desempeñado un papel primordial, pues ha intervenido en más
del sesenta por ciento de los estudios enumerados.
El tercer capítulo (páginas 55-184) ocupa poco menos de la mitad del libro y, por
ser uno de los más importantes para los biólogos marinos, es adecuado referirse
extensamente a él. Incluye una "Lista sistemática de hidrocorales, corales hermatípicos
y ahermatípicos de Colombia", donde se citan ochenta especies, pero sin basarse en
obras clásicas, como la de Smith
3
, o recientes, como las de Wood
4
o Zlatarski y Martínez Estalella
5.
. En esa lista se indican cuáles
especies construyen arrecifes y cuáles no; es necesario incluir en esa última categoría
a Stylaster roseus y a Madracis formosa. Posteriormente se hace un corto
recuento de cada especie, que consta por lo general de una diagnosis y de notas sobre su
color y su hábitat. Entonces aparecen algunos problemas, pues las especies caribeñas
carecen de una indicación clara de su distribución geográfica, obligando al lector a
ayudarse de las fotografías. Pero doce especies del total no están ilustradas, por lo
que hay que ir a la tabla final, con inconvenientes que luego se presentarán; es
complicado, por ejemplo, el caso de Ponites, que tiene especies en ambas costas. La
consistencia del estilo se pierde algunas veces, ya que para cinco de los treinta y ocho
géneros incluidos se da el autor y la fecha de su descripción original, pero no para el
resto. El uso del nombre específico agari ceter para Agaricia agaricites desconcierta,
pues sin duda alguna no es un error tipográfico. Taxonómicamente se considera, a partir
del trabajo de Dinesen
6
, que Madrepora cucullata Ellis y Solander pertenece
al género Leptoseris. De manera unánime los autores modernos (Cairns
7
, Wood, Zlatarski y Martínez Estalella) opinan
que sólo hay una especie de Stephanocoenia y que Colpophyllia amaranthus es
un sinónimo de C. natans. Merecen mención especial las 98 fotografías que
acompañan a esta sección y que ocupan el 72% de su contenido; su calidad va de buena a
excelente, destacándose en particular muchas de las tomadas en laboratorios. Estas
ilustraciones facilitarán el análisis que los taxónomos hagan de las identificaciones
incluidas. Una de las fotografías (figura 74) que ilustra una colonia de C. amaranthus
(= C. natans) viviendo en la ensenada de Granate a siete metros de profundidad,
fue publicada antes
8
como tomada en Punta de Betfn a quince metros.
El cuarto capítulo (páginas 191-283) es fundamental para los interesados en la ecología
de los ecosistemas arrecifales nacionales. Allí se divide al Caribe colombiano en cinco
zonas: San Andrés, Guajira, Santa Marta, Cartagena y Urabá, y nuestro Pacífico en tres:
Gorgona, Malpelo y Utría.De cada una de estas ocho zonas se dan luego sus
características más importantes; es especialmente extensa (31 páginas) la discusión
sobre el Caribe occidental. Para el análisis de Santa Marta conviene aclarar que en ella
existen formaciones coralinas no sólo en las seis zonas mencionadas, sino en al menos
cinco bahías e islotes más (Rodadero. Taganga, Aguja, Gairaca y Guachaquita) y que es en
la bahía de Chengue donde se encuentran los ecosistemas coralinos más complejos de la
región. Se debe recordar, así mismo, que las características únicas de Santa Marta se
originan primordialmente por la presencia de la Sierra Nevada, que se levanta desde la
ribera marina hasta casi los seis mil metros e incluye dos de los tres picos más altos de
América al norte del ecuador. Para el caso de la región de Cartagena, faltó mencionar
que en el bajo de Salmedina existen importantes crecimientos de coral y que el
archipiélago de Nuestra Señora del Rosario está protegido por la ley, pues conforma un
parque nacional natural sumergido. Sobre las islas de San Bernardo es oportuno solicitar
que la isla Tintipán, de enorme riqueza y en buen estado de conservación, se considere
también zona protegida. Los principales corales de la zona de Urabá se hallan en
Sapzurro (no Zapzurro), una bahía que debe estar cubierta por una legislación especial
que tienda a conservar su increíble belleza.
La última sección del libro (páginas 287-294) discute las diferentes teorías que
tratan de explicar la actual distribución de las especies de corales en ambas costas
americanas. Además se presenta una tabla denominada "Las especies coralinas y su
distribución en Colombia", que sería la encargada de aclarar las dudas surgidas en
el capítulo III y de entregar una visión general de la fauna de corales por localidades.
Lamentablemente, dicho cuadro tiene iguales carencias que su análogo publicado antes por Prahl
9.
Así, por ejemplo, Colpophyllia brevisenialis aparece citada sólo para Tierra
Bomba y San Bernardo, pero se le conoce de Chengue (ver figura 76: "Bahía de
Chengue, catorce metros de profundidad"), bahía Concha e isla de Providencia; Mycetophyllia
aliciae y M. ferox fueron registradas de Concha, y Tubastrea aurea existe
en las bahías de Concha y Santa Marta. El estudio de este importante volumen se hubiese
facilitado enormemente si se hubiera incluido al final un índice de los nombres
científicos mencionados en el texto.
Ojalá que Colombia; corales y arrecífes
coralinos marque el comienzo de una nueva era en la biología marina colombiana; él
ha demostrado que es posible producir información básica de calidad. Este tipo de
información científica es el único que puede hacer tomar conciencia a los
administradores, políticos y ciudadanía en general de lo que heredamos y debemos
entregar a nuestros descendientes.
ARTURO ACERO P.
1. C.
Darwin, The structure and distribution of coral reefs, reimpresión University Californía
Press, Berkeley, 214 págs., 1962. (regresar1)
2. J Geister,
>Holozñne westindische Korallennffe: Geomorphologie, Oekologie und Fazies, Facies
9:173-284, 1983. (regresar2)
3. F.G.W Smith. Atlantic
reef corals, segunda edición, University Miami Press, Coral Gabies, 164 págs., 1971. (regresar3)
4. EM. Wood, Corals of
the world, T.F.H. Publications, Hong Kong, 256 págs.. 1983.
(regresar4)
5. V.N. Zlatarski y N.
Martínez Estalella, Les
scleractiniaires de Cuba, Editions Academie Bulgare
des Sciences, Sofia, 471 págs., 1982. (regresar5)
6. Z.D. Dinesen, A
revision of use coral genus Leptoseris (Scleracunia: Fungiina: Agariciidae). Mcm. Qd. Mus.
20: 187-188, 1980. (regrersar6)
7. S.D. Cairns, Stony
corals (Cnidaria: Hydrozoa, Scleractinia) of Carne Bow Cay, Bel ize, Smith. Contr.
Mar. Sci. 12: 281, 1982. (regresar7)
8. H. Erhardt y B.
Werding, Los corales (Anthozoa e Hidrozoa) de la bahía de Santa Maria, Colombia,
>Bol. Mus. Mar 7: 38, 1975. (regresar8)
9. H. von Prahl, Lista
anotada de arrecifes coralinos y corales de Colombia, Actualidades Biológicas 14:
33-34, 1985. (regresar9)
|