Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 6,  Volumen XXIII , 1986
 

El cielo debajo del mundo


Colombia: corales y arrecifes coralinos
Henry von Prahl y Harry Erhardt
Fondo para la Protección del Medio
Ambiente José Celestino Mutis, FEN
Colombia, Bogotá, 1985, 295 págs.

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"...para ver ese otro cielo debajo del mundo que eran los
fondos de corales".

                                 Gabriel García Márquez
                                                             

La Financiera Eléctrica Nacional (FEN) ha seguido demostrando con hechos su apoyo a la investigación científica en nuestro país. Ahora ha publicado este interesante volumen en el que se estudia la variada y hermosa fauna colombiana de corales, así como los arrecifes por ellos formados. Este esfuerzo editorial’ es elogiable en un medio como el nuestro, que parece estéril a todo lo que signifique el conocimiento a fondo de la naturaleza que nos rodea. Los autores son profesionales experimentados; Henry von Prahl, principalmente, ha demostrado siempre gran inquietud y deseos de estudiar y dar a conocer sus investigaciones.
El libro está dividido en cinco capítulos que siguen a una Introducción: Fisiología y morfología del pólipo coralino; Investigaciones sobre corales realizadas en Colombia; Sistemática; Distribución y descripción de los arrecifes y formaciones coralinas de Colonibia; Distribución de los corales y comparación entre las formacines coralinas del Pacífico y Caribe colombianos. El volumen está muy bien ilustrado, pues se incluyen quince fotografías originales en color de gran calidad, con numeración aparte, y ciento sesenta y seis figuras, varias de ellas también fotografías en color.
En la sección introductoria los autores manifiestan su preocupación por la degradación de los ambientes coralinos, diciendo: "El hombre [...] con su actividad irracional destruye lentamente esta importante comunidad, especialmente por operaciones de dragado, construcciones civiles, pesca con dinamita y todo tipo de contaminación, incluyendo la de las aguas negras". Se debe ampliar esta denuncia, pues es evidente que en Colombia desde la colonia se ha venido agrediendo sistemáticamente a los arrecifes. La bahía de Cartagena, antes un paraíso de aguas transparentes, con el fondo cubierto de corales y una enorme riqueza íctica, fue asolada por los españoles al abrir el canal del Dique y cerrar Bocagrande. A partir de los años cincuenta de este siglo empezó la embestida moderna sobre los arrecifes colombianos. Los bajos de las islas del Rosario albergan mansiones estrafalarias y hace poco se amplió el canal del Dique, de modo que más sedimentos cubren sus jardines submarinos. En San Andrés se arrojan al mar los desechos, fruto de un turismo comercial que en muy poco beneficia a los isleños. En Santa Marta las hasta ese entonces aisladas y, por ende, protegidas bahías del parque Tairona vieron construir una carretera cuya erosión aporta toneladas de sedimentos y que transporta a un turismo fuera de cualquier control. Resultado: saqueo y destrucción. Pero aún falta mencionar lo más grave: la brutal pesca con dinamita, generalizada en todo el Caribe continental colombiano, acto terrorista contra la naturaleza y aun contra el hombre que la estudia, según parece, auspiciado por aquellos encargados de comercializar los explosivos. Todo esto porque, como escriben Prahl y Erhardt, "quienes tienen en sus manos la posibilidad de decidir, no conocen la importancia vital de este ecosistema y toman muchas veces medidas equivocadas".
En el primer capítulo (páginas 19-39) se presenta un ameno recuento de la historia natural de los corales, así como de los tipos y la evolución geológica de los arrecifes. Esta sección bien hubiese recibido el aporte de autores antiguos, como Charles Darwin
1 , padre de la teoría de la evolución de los atolones, y modernos, como Jörn Geister 2 , experto alemán en los arrecifes del Caribe occidental colombiano. La reseña de las principales investigaciones que se han adelantado sobre los sistemas arrecifales en nuestro país es el tema del segundo capítulo (páginas 43-49). Allí se ve que el Instituto de Investigaciones Marinas de Punta de Betín (Invemar) (Santa Marta), ha desempeñado un papel primordial, pues ha intervenido en más del sesenta por ciento de los estudios enumerados.
El tercer capítulo (páginas 55-184) ocupa poco menos de la mitad del libro y, por ser uno de los más importantes para los biólogos marinos, es adecuado referirse extensamente a él. Incluye una "Lista sistemática de hidrocorales, corales hermatípicos y ahermatípicos de Colombia", donde se citan ochenta especies, pero sin basarse en obras clásicas, como la de Smith 3 , o recientes, como las de Wood 4 o Zlatarski y Martínez Estalella 5. .   En esa lista se indican cuáles especies construyen arrecifes y cuáles no; es necesario incluir en esa última categoría a Stylaster roseus y a Madracis formosa. Posteriormente se hace un corto recuento de cada especie, que consta por lo general de una diagnosis y de notas sobre su color y su hábitat. Entonces aparecen algunos problemas, pues las especies caribeñas carecen de una indicación clara de su distribución geográfica, obligando al lector a ayudarse de las fotografías. Pero doce especies del total no están ilustradas, por lo que hay que ir a la tabla final, con inconvenientes que luego se presentarán; es complicado, por ejemplo, el caso de Ponites, que tiene especies en ambas costas. La consistencia del estilo se pierde algunas veces, ya que para cinco de los treinta y ocho géneros incluidos se da el autor y la fecha de su descripción original, pero no para el resto. El uso del nombre específico agari ceter para Agaricia agaricites desconcierta, pues sin duda alguna no es un error tipográfico. Taxonómicamente se considera, a partir del trabajo de Dinesen 6 , que Madrepora cucullata Ellis y Solander pertenece al género Leptoseris. De manera unánime los autores modernos (Cairns 7 , Wood, Zlatarski y Martínez Estalella) opinan que sólo hay una especie de Stephanocoenia y que Colpophyllia amaranthus es un sinónimo de C. natans. Merecen mención especial las 98 fotografías que acompañan a esta sección y que ocupan el 72% de su contenido; su calidad va de buena a excelente, destacándose en particular muchas de las tomadas en laboratorios. Estas ilustraciones facilitarán el análisis que los taxónomos hagan de las identificaciones incluidas. Una de las fotografías (figura 74) que ilustra una colonia de C. amaranthus (= C. natans) viviendo en la ensenada de Granate a siete metros de profundidad, fue publicada antes 8 como tomada en Punta de Betfn a quince metros.
El cuarto capítulo (páginas 191-283) es fundamental para los interesados en la ecología de los ecosistemas arrecifales nacionales. Allí se divide al Caribe colombiano en cinco zonas: San Andrés, Guajira, Santa Marta, Cartagena y Urabá, y nuestro Pacífico en tres: Gorgona, Malpelo y Utría.De cada una de estas ocho zonas se dan luego sus características más importantes; es especialmente extensa (31 páginas) la discusión sobre el Caribe occidental. Para el análisis de Santa Marta conviene aclarar que en ella existen formaciones coralinas no sólo en las seis zonas mencionadas, sino en al menos cinco bahías e islotes más (Rodadero. Taganga, Aguja, Gairaca y Guachaquita) y que es en la bahía de Chengue donde se encuentran los ecosistemas coralinos más complejos de la región. Se debe recordar, así mismo, que las características únicas de Santa Marta se originan primordialmente por la presencia de la Sierra Nevada, que se levanta desde la ribera marina hasta casi los seis mil metros e incluye dos de los tres picos más altos de América al norte del ecuador. Para el caso de la región de Cartagena, faltó mencionar que en el bajo de Salmedina existen importantes crecimientos de coral y que el archipiélago de Nuestra Señora del Rosario está protegido por la ley, pues conforma un parque nacional natural sumergido. Sobre las islas de San Bernardo es oportuno solicitar que la isla Tintipán, de enorme riqueza y en buen estado de conservación, se considere también zona protegida. Los principales corales de la zona de Urabá se hallan en Sapzurro (no Zapzurro), una bahía que debe estar cubierta por una legislación especial que tienda a conservar su increíble belleza.
La última sección del libro (páginas 287-294) discute las diferentes teorías que tratan de explicar la actual distribución de las especies de corales en ambas costas americanas. Además se presenta una tabla denominada "Las especies coralinas y su distribución en Colombia", que sería la encargada de aclarar las dudas surgidas en el capítulo III y de entregar una visión general de la fauna de corales por localidades. Lamentablemente, dicho cuadro tiene iguales carencias que su análogo publicado antes por Prahl
9. Así, por ejemplo, Colpophyllia brevisenialis aparece citada sólo para Tierra Bomba y San Bernardo, pero se le conoce de Chengue (ver figura 76: "Bahía de Chengue, catorce metros de profundidad"), bahía Concha e isla de Providencia; Mycetophyllia aliciae y M. ferox fueron registradas de Concha, y Tubastrea aurea existe en las bahías de Concha y Santa Marta. El estudio de este importante volumen se hubiese facilitado enormemente si se hubiera incluido al final un índice de los nombres científicos mencionados en el texto.
Ojalá que Colombia; corales y arrecífes coralinos marque el comienzo de una nueva era en la biología marina colombiana; él ha demostrado que es posible producir información básica de calidad. Este tipo de información científica es el único que puede hacer tomar conciencia a los administradores, políticos y ciudadanía en general de lo que heredamos y debemos entregar a nuestros descendientes.

ARTURO ACERO P.

 

1. C. Darwin, The structure and distribution of coral reefs, reimpresión University Californía Press, Berkeley, 214 págs., 1962. (regresar1)

2.  J Geister, >Holozñne westindische Korallennffe: Geomorphologie, Oekologie und Fazies, Facies 9:173-284, 1983. (regresar2)

3.  F.G.W Smith. Atlantic reef corals, segunda edición, University Miami Press, Coral Gabies, 164 págs., 1971. (regresar3)

4. EM. Wood, Corals of the world, T.F.H. Publications, Hong Kong, 256 págs.. 1983. (regresar4)

5. V.N. Zlatarski y N. Martínez Estalella, Les scleractiniaires de Cuba, Editions Academie Bulgare des Sciences, Sofia, 471 págs., 1982. (regresar5)

6.  Z.D. Dinesen, A revision of use coral genus Leptoseris (Scleracunia: Fungiina: Agariciidae). Mcm. Qd. Mus. 20: 187-188, 1980.  (regrersar6)

7. S.D. Cairns, Stony corals (Cnidaria: Hydrozoa, Scleractinia) of Carne Bow Cay, Bel ize, Smith. Contr. Mar. Sci. 12: 281, 1982.  (regresar7)

8.  H. Erhardt y B. Werding, Los corales (Anthozoa e Hidrozoa) de la bahía de Santa Maria, Colombia, >Bol. Mus. Mar 7: 38, 1975.  (regresar8)

9. H. von Prahl, Lista anotada de arrecifes coralinos y corales de Colombia, Actualidades Biológicas 14: 33-34, 1985.   (regresar9)