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Eureka,
un excelente libro de historia
Colombia y la economía mundial,
1830-1910
Jose Antonio Ocampo
Siglo XXI, Bogotá, 1984, 456 págs.
La importancia del tema de este libro
entraña una paradoja. A finales de un siglo, 1820-1913, que presenció la expansión del
comercio mundial en una magnitud de treinta y tres veces, así como el desarrollo
espectacular orientado hacia las exportaciones que experimentaron las naciones más
extensas y pobladas de América Latina (específicamente Brasil, México y Argentina),
Colombia, cuyos habitantes representaban, en 1913, el seis por ciento del total de la
población latinoamericana, produjo solamente el dos por ciento de las exportaciones de la
región y mantuvo restringida al 0,5 por ciento la inversión extranjera. De acuerdo con
el volumen de su comercio exterior, la cuantía de la inversión extranjera en su
economía y la extensión de su red ferroviaria ("ese índice par excellence del
desarrollo periférico decimónico), Colombia aparecía, al iniciarse el siglo XX, según
palabras de José Antonio Ocampo, "como el país latinoamericano con más bajo grado
de integración a la economía mundial" (pág. 52)
¿Por qué, entonces, escribir un grueso volumen titulado Colombia y
la
economía mundial, 1830-1910? ¿Por qué derrochar como lo ha hecho Ocampo, tan enorme
cúmulo de erudición, energía investigativa e imaginación en el empeño de describir en
la forma más exacta posible el crecimiento y la estructura del comercio exterior de la
nación en el. siglo XIX?
¿Porqué intentar analizar y corregir los incompletos e
inexactos datos, extranjeros y nacionales, sobre el volumen y el valor de las
exportaciones e importaciones colombianas? ¿Por qué dividir el siglo en tres períodos,
uno de estancamiento (1820-50), otro de crecimiento estable (1850-80) y otro de violenta
oscilación (1880-1910), y someter cada uno de ellos a un concienzudo análisis
económico? ¿Por qué esmerarse tanto en la elaboración de noventa cuadros y gráficos,
cada uno cuidadosamente documentado, y en explicar, en apéndices especiales, de manera
pormenorizada, todas las fuentes y la compleja metodología empleada? ¿Por qué,
finalmente, esforzarse en adquirir un magistral dominio sobre las fuentes primarias y
secundarias que tratan (en muchos casos apenas tangencialmente) acerca del desarrollo que,
con miras a las exportaciones, experimentó la nación en
el siglo XIX. Ciertamente
¿por qué?
Las razones explícitas e implícitas se hallan en el propio libro de Ocampo. Unas y otras
evidencian la extraordinaria importancia que reviste este volumen para la historiografía
colombiana, tanto por sus logros admirables, acaso definitivos, como por lo que
corresponde hacer o, más precisamente, por lo que se ha dejado de hacer en este terreno.
La razón explícita dada por Ocampo para justificar la magnitud de su esfuerzo es batante
clara. Dados los recursos de la sociedad colombiana y la naturaleza de la economía del
planeta durante el primer siglo de existencia de la nación, la economía política
liberal, fundada en una apertura hacia la economía mundial, representaba el único camino
hacia el desarrollo nacional.
La primacía de las
exportaciones en el desarrollo colombiano del siglo XIX no fue el resultado de una
decisión de la burguesía colombiana, ni de una "política económica" que se
escogiera entre una serie de alternativas posibles, como algunas interpretaciones
históricas lo sugieren, sino de condiciones objetivas, tanto internas como externas. La
ideología librecambista que surgió para expresar esta primacía del desarrollo
exportador fue, así, resultado de condiciones materiales concretas; es decir, una
ideología históricamente necesaria y no una "política económica errada".
Por consiguiente, y este
corolario no es tan claro, el cuidadoso estudio cuantitativo de los resultados económicos
de estos esfuerzos, particularmente los datos sobre el comercio exterior, constituyen la
condición imprescindible del estudio del desenvolvimiento económico de la nación
durante el último siglo. Dicho estudio, cree Ocampo, es el que revela más completamente
la dimensión económica de un proceso que conduciría en el siglo XX a la consolidación
del desarrollo capitalista en Colombia.
[Este proceso]
permitía que se diese inicialmente el paso de una red mercantil extensa sin una
alteración básica en las relaciones de producción internas [...] Este tránsito inicial
permitía romper lentamente los condicionamientos internos al desenvolvimiento del
capital: constituir un sistema de transportes modernos, fortalecer fiscalmente al Estado,
desarrollar actividades subsidiadas al comercio exterior alrededor de las cuales se iría
conformando una red urbana más extensa, etc. Todos estos elementos, asociados al
incremento en el nivel de ingresos provenientes del comercio exterior, impulsaban
potencialmente el desarrollo del mercado interno. Más aún, la expansión del comercio
exterior presionaba sobre los mercados de trabajo, tierra y capital, e inducía algunas
transformaciones de las relaciones de producción (subdivisión de la propiedad
territorial, competencia por la mano de obra, que permitía una liberación relativa de
las viejas relaciones señoriales, etc.), entre ellas los primeros gérmenes de trabajo
asalariado moderno... (pág. 44)
Tal proceso
acompañado por otro, de naturaleza política, no estudiado por Ocampo, que
comprendería las reformas liberales de los años cincuenta y sesenta, el lento
fortalecimiento de la Nación Estado y la ascensión al poder de una clase social
claramente identificada con el desarrollo capitalista del país significaba que
la bonanza cafetera que
comenzó en 1910, encontró una solución básica al problema del Estado, una burguesía
dispuesta a responder a los incentivos que generaba el sector comercial, financiero e
industrial, un cierto grado de acumulación de capital, de movilidad de la fuerza de
trabajo y de desarrollo de los transportes modernos. La bonanza cafetera sirvilo así para
acelerar un proceso que ya se venía gestando. Su capacidad para impulsar el desarrollo
del capitalismo dependiente en Colombia es así indisociable de los procesos de
transformación que se vivieron en el siglo pasado (pág. 76).
Es a describir, medir
y analizar este proceso económico que Ocampo se ha dedicado con tanto tesón en su
estudio.
Estas suposiciones explican los estrictos lineamientos del libro y la disciplina que
emplea el autor para tratar ciertos asuntos y desechar otros. En cada uno de los
principales periodos y para cada uno de los artículos de exportación cuya historia
examina, Ocampo analiza el carácter de la respuesta colombiana dentro del contexto de las
tendencias económicas mundiales. A los lectores les agradarán las síntesis que él hace
de las publicaciones de importancia sencudaria, sobre el desenvolvimiento del mercado
mundial y de las fuentes de abastecimiento de café, tabaco, quinina, así como de las
exportaciones agrícolas menores y los productos silvícolas, cuya historia estudia, desde
la del cultivo de la quina en Java hasta la del añil en Bengala. Así mismo, hace
hincapié especialmente en la historia del tabaco, del café y la quina en el cotinente
americano. El punto central de atención es, sin embargo, la historia de las principales
exportaciones de productos agrícolas y mineros en el siglo XIX: oro, tabaco, quinina y
café (aunque Ocampo no olvida otros artículos de exportación: ganado, añil, algodón,
caucho, sombreros de paja). Utilizando primordialmente material obtenido de documentos
públicos editados en Colombia, así como de los principales socios comerciales del país
en el mundo desarrollado (Gran Bretaña, Francia, Alemania y los Estados Unidos) y
también numerosos estudios secundarios, Ocampo traza la génesis de cada uno de tales
productos, su expansión y su, al parecer, inevitable decadencia. De especial interés
resulta el examen de las repercusiones de los artículos de exportación en los mecanismos
de crédito (tanto externo como interno), en los sistemas laborales y en el transporte.
Algunos lectores encontrarán unilaterales/ y excesivas, la jerarquía causal y la
racionalidad que Ocampo asigna a la naturaleza de este proceso y a su resultado. Sin
embargo, es esta dimensión interpretativa del libro lo que constituye su aspecto más
atrevido y original. Ocampo arguye que, dadas las condiciones a las cuales han tenido que
enfrentarse los empresarios colombianos, al ejercer la defensa de sus intereses como
productores de artículos para la exportación, han actuado en general como especuladores;
se han apresurado en sacar provecho de la coyuntura mundial (altos precios, escasa oferta)
de determinado artículo de exportación; por lo común, no han solido reinvertir sus
beneficios para impulsar formas de producción estables, a largo plazo, competitivas y
orientadas hacia las exportaciones. Así pues, por ejemplo, descarta las explicaciones,
formuladas antes y ahora, que atribuyen la situación declinante de la producción de
tabaco durante el tercer tercio del siglo XIX en Colombia a las relaciones sociales de
producción en las zonas tabacaleras. Hace hincapié, por el contrario, en el fracaso de
los empresarios en el perfeccionamiento de una tecnología para el cultivo y el
procesamiento de un artículo de alta calidad, con lo cual hubieran asegurado su
producción a largo plazo. (Cap. V).
Este argumento contiene aspectos políticos con los cuales muchos no estarán de acuerdo.
Simultáneamente, privilégia la importancia de acciones elitistas en el proceso
histórico y las exonera de culpa, ya que, dadas las circunstancias, resultaban lógicas y
racionales. No obstante, en el caso específico de su evaluación de las razones por las
cuales se registré un descenso en las exportaciones de tabaco, así como en otras partes
de su análisis, Ocampo toma juiciosamente en consideración los datos disponibles y
refuta con efectividad otras explicaciones. En la mayoría de los casos, aquellos que
creen que el desarrollo económico puede entenderse mejor dentro del contexto de la lucha
de clases, tendrán que volver a los archivos y extraer nueva información.
Aún más: la insistencia de Ocampo en la necesidad histórica de algunos cambios, basada
en una lógica determinada por realidades económicas, puede conducir a una significativa
distorsión del proceso histórico. Esto sucede, por ejemplo, en su tratamiento del periodo
de la Regeneración, esa anómala reacción bipartidista de finales del siglo XIX que
atrasé el reloj en el progreso de la economía política liberal e hizo que el curso de
los acontecimientos en Colombia comenzara a desplazarse contra la marea de la historia de
Occidente y de la América Latina. Ocampo arguye, persuasivamente, que el régimen del
papel moneda que comenzó bajo Rafael Núñez fue inicial y primordialmente una medida
fiscal, no la expresión de una alternativa de política económica. Sin embargo, la
crisis de la agricultura orientada hacia las exportaciones que precipité esta política
monetaria antiortodoxa, "incivilizada" (para utilizar el término de sus
críticos liberales bipartidistas), impulsé una serie de cambios políticos e
ideológicos que finalmente hicieron pedazos el "consenso burgués históricamente
necesario" que Ocampo ve realizarse tan inevitable como racionalmente a lo largo del
siglo. Además, contribuyó a desencadenar la mayor guerra civil del siglo XIX en toda la
América Latina. No fue principalmente el simple proceso económico acumulativo descrito
por Ocampo, sino la amenaza que se proyectaba sobre los intereses de la clase dirigente,
la magnitud de la destrucción de la economía y el desorden fiscal, así como el impacto
de la desmembración de la nación cambios socioeconómicos e ideológicos
engendrados por la guerra y dejados de lado en el análisis de Ocampo, lo que
forjé, al iniciarse el siglo XX, el consenso ideológico bipartidista sobre la necesidad
de promover un desarrollo capitalista estable orientado hacia las exportaciones.
Es en el descubrimiento y en el análisis de la compleja y dialéctica interacción entre
las tendencias económicas, la lucha social y las controversias ideológicas donde radica
el mayor desafío para los estudiosos de la historia de Colombia del siglo XIX. Sin
embargo, basándose en una cuidadosa lectura del libro de Ocampo, cabe plantearse el
poderoso argumento de que es precisamente porque el autor pasa por alto, en general, estas
dimensiones extraeconómicas del cambio histórico por lo que logra profundizar tan
osadamente en su análisis. Su recursiva, persistente y extraordinaria búsqueda de las
dimensiones económicas del cambio histórico en la Colombia del siglo XIX, ha producido
un estudio definitivo acerca del comercio exterior de la nación dúrante un siglo crucial
en la formación de la vida nacional. El autor ha sentado, por lo tanto, las bases sobre
las cuales ha de apoyarse toda futura investigación. Su obra es una magnífica
realización, de la cual necesariamente dependerá el trabajo de las venideras
generaciones de estudiosos de las historia colombiana del siglo XIX.
CH. BERQUIST
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