Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 6,  Volumen XXIII , 1986
 

Eureka, un excelente libro de historia


Colombia y la economía mundial, 1830-1910
Jose Antonio Ocampo
Siglo XXI, Bogotá, 1984, 456 págs.

La importancia del tema de este libro entraña una paradoja. A finales de un siglo, 1820-1913, que presenció la expansión del comercio mundial en una magnitud de treinta y tres veces, así como el desarrollo espectacular orientado hacia las exportaciones que experimentaron las naciones más extensas y pobladas de América Latina (específicamente Brasil, México y Argentina), Colombia, cuyos habitantes representaban, en 1913, el seis por ciento del total de la población latinoamericana, produjo solamente el dos por ciento de las exportaciones de la región y mantuvo restringida al 0,5 por ciento la inversión extranjera. De acuerdo con el volumen de su comercio exterior, la cuantía de la inversión extranjera en su economía y la extensión de su red ferroviaria ("ese índice par excellence del desarrollo periférico decimónico), Colombia aparecía, al iniciarse el siglo XX, según palabras de José Antonio Ocampo, "como el país latinoamericano con más bajo grado de integración a la economía mundial" (pág. 52)
¿Por qué, entonces, escribir un grueso volumen titulado Colombia y la economía mundial, 1830-1910? ¿Por qué derrochar como lo ha hecho Ocampo, tan enorme cúmulo de erudición, energía investigativa e imaginación en el empeño de describir en la forma más exacta posible el crecimiento y la estructura del comercio exterior de la nación en el. siglo XIX? ¿Porqué intentar analizar y corregir los incompletos e inexactos datos, extranjeros y nacionales, sobre el volumen y el valor de las exportaciones e importaciones colombianas? ¿Por qué dividir el siglo en tres períodos, uno de estancamiento (1820-50), otro de crecimiento estable (1850-80) y otro de violenta oscilación (1880-1910), y someter cada uno de ellos a un concienzudo análisis económico? ¿Por qué esmerarse tanto en la elaboración de noventa cuadros y gráficos, cada uno cuidadosamente documentado, y en explicar, en apéndices especiales, de manera pormenorizada, todas las fuentes y la compleja metodología empleada? ¿Por qué, finalmente, esforzarse en adquirir un magistral dominio sobre las fuentes primarias y secundarias que tratan (en muchos casos apenas tangencialmente) acerca del desarrollo que, con miras a las exportaciones, experimentó la nación en el siglo XIX. Ciertamente ¿por qué?
Las razones explícitas e implícitas se hallan en el propio libro de Ocampo. Unas y otras evidencian la extraordinaria importancia que reviste este volumen para la historiografía colombiana, tanto por sus logros admirables, acaso definitivos, como por lo que corresponde hacer o, más precisamente, por lo que se ha dejado de hacer en este terreno.
La razón explícita dada por Ocampo para justificar la magnitud de su esfuerzo es batante clara. Dados los recursos de la sociedad colombiana y la naturaleza de la economía del planeta durante el primer siglo de existencia de la nación, la economía política liberal, fundada en una apertura hacia la economía mundial, representaba el único camino hacia el desarrollo nacional.

La primacía de las exportaciones en el desarrollo colombiano del siglo XIX no fue el resultado de una decisión de la burguesía colombiana, ni de una "política económica" que se escogiera entre una serie de alternativas posibles, como algunas interpretaciones históricas lo sugieren, sino de condiciones objetivas, tanto internas como externas. La ideología librecambista que surgió para expresar esta primacía del desarrollo exportador fue, así, resultado de condiciones materiales concretas; es decir, una ideología históricamente necesaria y no una "política económica errada".

Por consiguiente, y este corolario no es tan claro, el cuidadoso estudio cuantitativo de los resultados económicos de estos esfuerzos, particularmente los datos sobre el comercio exterior, constituyen la condición imprescindible del estudio del desenvolvimiento económico de la nación durante el último siglo. Dicho estudio, cree Ocampo, es el que revela más completamente la dimensión económica de un proceso que conduciría en el siglo XX a la consolidación del desarrollo capitalista en Colombia.

[Este proceso] permitía que se diese inicialmente el paso de una red mercantil extensa sin una alteración básica en las relaciones de producción internas [...] Este tránsito inicial permitía romper lentamente los condicionamientos internos al desenvolvimiento del capital: constituir un sistema de transportes modernos, fortalecer fiscalmente al Estado, desarrollar actividades subsidiadas al comercio exterior alrededor de las cuales se iría conformando una red urbana más extensa, etc. Todos estos elementos, asociados al incremento en el nivel de ingresos provenientes del comercio exterior, impulsaban potencialmente el desarrollo del mercado interno. Más aún, la expansión del comercio exterior presionaba sobre los mercados de trabajo, tierra y capital, e inducía algunas transformaciones de las relaciones de producción (subdivisión de la propiedad territorial, competencia por la mano de obra, que permitía una liberación relativa de las viejas relaciones señoriales, etc.), entre ellas los primeros gérmenes de trabajo asalariado moderno... (pág. 44)

Tal proceso —acompañado por otro, de naturaleza política, no estudiado por Ocampo, que comprendería las reformas liberales de los años cincuenta y sesenta, el lento fortalecimiento de la Nación— Estado y la ascensión al poder de una clase social claramente identificada con el desarrollo capitalista del país— significaba que

la bonanza cafetera que comenzó en 1910, encontró una solución básica al problema del Estado, una burguesía dispuesta a responder a los incentivos que generaba el sector comercial, financiero e industrial, un cierto grado de acumulación de capital, de movilidad de la fuerza de trabajo y de desarrollo de los transportes modernos. La bonanza cafetera sirvilo así para acelerar un proceso que ya se venía gestando. Su capacidad para impulsar el desarrollo del capitalismo dependiente en Colombia es así indisociable de los procesos de transformación que se vivieron en el siglo pasado (pág. 76).

Es a describir, medir y analizar este proceso económico que Ocampo se ha dedicado con tanto tesón en su estudio.
Estas suposiciones explican los estrictos lineamientos del libro y la disciplina que emplea el autor para tratar ciertos asuntos y desechar otros. En cada uno de los principales periodos y para cada uno de los artículos de exportación cuya historia examina, Ocampo analiza el carácter de la respuesta colombiana dentro del contexto de las tendencias económicas mundiales. A los lectores les agradarán las síntesis que él hace de las publicaciones de importancia sencudaria, sobre el desenvolvimiento del mercado mundial y de las fuentes de abastecimiento de café, tabaco, quinina, así como de las exportaciones agrícolas menores y los productos silvícolas, cuya historia estudia, desde la del cultivo de la quina en Java hasta la del añil en Bengala. Así mismo, hace hincapié especialmente en la historia del tabaco, del café y la quina en el cotinente americano. El punto central de atención es, sin embargo, la historia de las principales exportaciones de productos agrícolas y mineros en el siglo XIX: oro, tabaco, quinina y café (aunque Ocampo no olvida otros artículos de exportación: ganado, añil, algodón, caucho, sombreros de paja). Utilizando primordialmente material obtenido de documentos públicos editados en Colombia, así como de los principales socios comerciales del país en el mundo desarrollado (Gran Bretaña, Francia, Alemania y los Estados Unidos) y también numerosos estudios secundarios, Ocampo traza la génesis de cada uno de tales productos, su expansión y su, al parecer, inevitable decadencia. De especial interés resulta el examen de las repercusiones de los artículos de exportación en los mecanismos de crédito (tanto externo como interno), en los sistemas laborales y en el transporte.
Algunos lectores encontrarán unilaterales/ y excesivas, la jerarquía causal y la racionalidad que Ocampo asigna a la naturaleza de este proceso y a su resultado. Sin embargo, es esta dimensión interpretativa del libro lo que constituye su aspecto más atrevido y original. Ocampo arguye que, dadas las condiciones a las cuales han tenido que enfrentarse los empresarios colombianos, al ejercer la defensa de sus intereses como productores de artículos para la exportación, han actuado en general como especuladores; se han apresurado en sacar provecho de la coyuntura mundial (altos precios, escasa oferta) de determinado artículo de exportación; por lo común, no han solido reinvertir sus beneficios para impulsar formas de producción estables, a largo plazo, competitivas y orientadas hacia las exportaciones. Así pues, por ejemplo, descarta las explicaciones, formuladas antes y ahora, que atribuyen la situación declinante de la producción de tabaco durante el tercer tercio del siglo XIX en Colombia a las relaciones sociales de producción en las zonas tabacaleras. Hace hincapié, por el contrario, en el fracaso de los empresarios en el perfeccionamiento de una tecnología para el cultivo y el procesamiento de un artículo de alta calidad, con lo cual hubieran asegurado su producción a largo plazo. (Cap. V).
Este argumento contiene aspectos políticos con los cuales muchos no estarán de acuerdo. Simultáneamente, privilégia la importancia de acciones elitistas en el proceso histórico y las exonera de culpa, ya que, dadas las circunstancias, resultaban lógicas y racionales. No obstante, en el caso específico de su evaluación de las razones por las cuales se registré un descenso en las exportaciones de tabaco, así como en otras partes de su análisis, Ocampo toma juiciosamente en consideración los datos disponibles y refuta con efectividad otras explicaciones. En la mayoría de los casos, aquellos que creen que el desarrollo económico puede entenderse mejor dentro del contexto de la lucha de clases, tendrán que volver a los archivos y extraer nueva información.
Aún más: la insistencia de Ocampo en la necesidad histórica de algunos cambios, basada en una lógica determinada por realidades económicas, puede conducir a una significativa distorsión del proceso histórico. Esto sucede, por ejemplo, en su tratamiento del periodo de la Regeneración, esa anómala reacción bipartidista de finales del siglo XIX que atrasé el reloj en el progreso de la economía política liberal e hizo que el curso de los acontecimientos en Colombia comenzara a desplazarse contra la marea de la historia de Occidente y de la América Latina. Ocampo arguye, persuasivamente, que el régimen del papel moneda que comenzó bajo Rafael Núñez fue inicial y primordialmente una medida fiscal, no la expresión de una alternativa de política económica. Sin embargo, la crisis de la agricultura orientada hacia las exportaciones que precipité esta política monetaria antiortodoxa, "incivilizada" (para utilizar el término de sus críticos liberales bipartidistas), impulsé una serie de cambios políticos e ideológicos que finalmente hicieron pedazos el "consenso burgués históricamente necesario" que Ocampo ve realizarse tan inevitable como racionalmente a lo largo del siglo. Además, contribuyó a desencadenar la mayor guerra civil del siglo XIX en toda la América Latina. No fue principalmente el simple proceso económico acumulativo descrito por Ocampo, sino la amenaza que se proyectaba sobre los intereses de la clase dirigente, la magnitud de la destrucción de la economía y el desorden fiscal, así como el impacto de la desmembración de la nación —cambios socioeconómicos e ideológicos engendrados por la guerra y dejados de lado en el análisis de Ocampo—, lo que forjé, al iniciarse el siglo XX, el consenso ideológico bipartidista sobre la necesidad de promover un desarrollo capitalista estable orientado hacia las exportaciones.
Es en el descubrimiento y en el análisis de la compleja y dialéctica interacción entre las tendencias económicas, la lucha social y las controversias ideológicas donde radica el mayor desafío para los estudiosos de la historia de Colombia del siglo XIX. Sin embargo, basándose en una cuidadosa lectura del libro de Ocampo, cabe plantearse el poderoso argumento de que es precisamente porque el autor pasa por alto, en general, estas dimensiones extraeconómicas del cambio histórico por lo que logra profundizar tan osadamente en su análisis. Su recursiva, persistente y extraordinaria búsqueda de las dimensiones económicas del cambio histórico en la Colombia del siglo XIX, ha producido un estudio definitivo acerca del comercio exterior de la nación dúrante un siglo crucial en la formación de la vida nacional. El autor ha sentado, por lo tanto, las bases sobre las cuales ha de apoyarse toda futura investigación. Su obra es una magnífica realización, de la cual necesariamente dependerá el trabajo de las venideras generaciones de estudiosos de las historia colombiana del siglo XIX.

 

CH. BERQUIST