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żLos
buenos viejos tiempos?
Medellín, los locos años. Una
mirada a la década
de los veinte a través de los diarios de un testigo
Anita Gómez de Cárdenas
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Medellín, los locos
años es el trabajo de tesis de la comunicadora social Anita Gómez de Cárdenas
presentado a la Universidad Pontificia Bolivariana. Basado en el diario escrito por el
industrial don Jorge Echavarría (1889-1934) entre 1923 y 1926, intenta reconstruir el
ambiente urbano y las costumbres durante esos años, cuando ocurren cambios notables en el
aspecto de la ciudad y en la rutina de sus gentes.
Fabricato publica el libro en homenaje de quien fuera uno de sus fundadores. Don Jorge
llega a Medellín en 1923, procedente de Nueva York, donde permaneció ocho años al
frente de la firma de importadores y exportadores de café de propiedad de su familia.
Viene a iniciar el montaje de la maquinaria adquirida por él en Nueva York para la nueva
empresa textil. Fabricato. en la cual él y sus hermanos tienen acciones. Durante estos
años, cruciales en su vida personal, decide llevar el diario. Casi todo lo que registra
en los primeros dos años gira alrededor de su familia y de la instalación de la nueva
fábrica y sólo al final se refiere a los asuntos económicos y políticos del país.
Para armar el trasfondo de la escena. para que el lector pueda ver e imaginar cómo
respiraba la ciudad en un instante de su vida, la autora presenta información adicional
obtenida de fuentes diferentes al diario. Sitúa la vida privada del protagonista en
relación con los sucesos nacionales y con los de la propia ciudad, a la que retrata
despertando a los "Locos años". Se había hablado de "locos años" en
Europa y en Estados Unidos para referirse al periodo que va del cambio de siglo hasta
antes de la gran guerra, por haber sido unos años de ilusión y optimismo para el mundo
occidental, período en que se vivió el "impudor de la riqueza" o lo que los
franceses llamaron la belle épo que. La autora utiliza el mismo calificativo para
referirse al Medellín de los años veinte, con sus cien mil habitantes que ven abrir
nuevas empresas -entre ellas Fabricato, una de las mayores textileras del país y
que ven llegar al cine, la radio y los automóviles. A la ciudad que realiza la
Exposición Industrial en 1923, que cuenta con una Sociedad de Mejoras Públicas dedicada
a su embellecimiento y que se halla bajo el cuidado espiritual del gran orador, polfico y
aristócrata payanés, el obispo Manuel José Caycedo.
El libro trae cincuenta reproducciones de fotografías tomadas de archivos o de
publicaciones de la época. Está dividido en cinco capítulos que recorren la vida
familiar y laboral de don Jorge Echavarría. Se entera el lector de las reuniones en casa
de la madre de los Echavarrías en el parque Bolívar, con todo el clan familiar; de los
viajes diarios a la fábrica en Bello, primero en coche tirado por dos elegantes yeguas,
después en un carro Nash, cargando el almuerzo en portacomidas; así como de los paseos,
bailes, idas a la ópera, a la iglesia. También se reseñan los principales
acontecimientos que vivió la ciudad durante los cuatro años que cubre el diario, como
las nutridas manifestaciones contra la pena de muerte, en que participan Carlos E.
Restrepo y María Cano, la iluminada" que siempre vestía de blanco; las
reñidas elecciones de 1925 y la suntuosa misa pontifical con asistencia del general
Ospina, en la catedral nueva, para celebrar el quinto cincuentenario de Medellín.
El libro habla del ambiente social y cultural de la ciudad, de las costumbres diarias y de
la mentalidad de un empresario, temas que hoy son objeto de creciente interés, como lo
demuestra el número de publicaciones relacionadas con ellos. Entre éstas. hay un libro
que trata de los años veinte y que incluye material gráfico Los años veinte en
Colombia: Ideología y cultura de Carlos Uribe Celis (Colección Historia de Colombia,
Ediciones Aurora, Bogotá. 1985) que busca "reproducir el clima espiritual y el
ambiente cultural" del decenio. Al hacerlo, su autor recubre el texto con ese
lenguaje especial de los marcos teóricos que dicen aparato educativo en vez de educación,
y que usa y abusa de palabras y expresiones como proceso, contextos, a nivel de, y
otras por el estilo que hacen pesada la lectura.
Medellín, los locos años utiliza una fuente poco usual en los estudios urbanos
hasta ahora realizados: un diario personal. Alberto Mayor Mora en su reciente libro, Ética,
trabajo y productividad en Antioquia (Bogotá, 1984) también trata, desde otro
ángulo, acerca de los años veinte en Antioquia y de la mentalidad empresarial. Entre las
numerosas fuentes que consultó se encuentran tres diarios: el de Julián Cock, uno de los
ejecutivos y hombres de ciencia más representativos del antioqueño, escrito en Londres y
en Medellín entre 1922 y 1933, y las memorias de Ricardo Olano, el fundador de la
Compañía Nacional de Fósforos Olano, en tres tomos escritos de 1918 a 1935 en
Medellín, y este mismo diario del señor Echavarria.
Parece que la personalidad del estusiasta industrial don Jorge Echavarría y tal vez el
marcado contraste que hay entre la idílica vida urbana que proyecta su diario y la
percepción del caos y la inseguridad de la ciudad de los años ochenta dejan deslumbrada
a la autora. Con las fuentes consultadas se dedica a reforzar la romántica visión de ese
ser "tan amable, tan exitoso, y tan feliz". Parte de los comentarios se van en
elogiar repetitivamente las virtudes del protagonista o de lo sana que era la vida en la
ciudad. No contrasta nunca con otra visión que nos cuente de las intrigas y las presiones
creadas por una sociedad cerrada como la medellinense o de los olores y problemas de las
calles destapadas o empedradas.
De ahí que el libro termine siendo una "hermosa historia" sobre una
"época mágica". Además repite muchas cosas. Cada capítulo empieza como si el
lector no conociera los anteriores. Dice una y otra vez quién era don Jorge, que
escribió un diario, los años en que lo hizo, que lo conserva la esposa, que es muy útil
para captar el ambiente de la ciudad. Esta misma impresión de nostalgia deja el tono
sepia de las fotos, las orlas que adornan el comienzo de cada capítulo y hasta las letras
de todo el libro.
PATRICIA LONDOÑO
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