Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 6,  Volumen XXIII , 1986
 

Algunos perfiles guajiros


Perfiles de La Guajira
Varios autores
Edición de Vanguardia Juvenil por la
Paz Guajira. Auspiciado por la
Asociación Carbocol-lntercor,
Bogotá, 1985, 116 págs., Textos en español e inglés.

A diferencia de otras regiones. La Guajira es de los sitios que más bibliografía tienen en su haber. Desde el siglo pasado personajes como Jorge Isaacs o Miguel Antonio Caro o el obispo Rafael Celedón escribían estudios sobre sus tribus, lengua o misiones en ese territorio. Tema permanente para los antropólogos, se podría dar una larga lista de títulos. Desde los trabajos etnológicos de Gregorio Hernández de Alba, en la década de los treinta, hasta las múltiples tesis antropológicas, muchas de ellas escritas en inglés y que no han sido traducidas al español.
Lo mismo podría decirse de los numerosos estudios económicos y científicos que se han producido alrededor del carbón de El Cerrejón, a lo cual se suma la discusión de tipo político que arroja también un vasto material de lectura. Sin embargo estos trabajos, por su misma naturaleza, están dirigidos a un estrecho círculo de lectores, a los entendidos en esas disciplinas, dejando a un lado al grueso público. Al parecer, la intención de los editores de Perfiles de La Guajira es llenar ese vacío. La pregunta que cabe hacerse es si lo lograron. El libro es ecléctico, posiblemente debido a que sus colaboradores salen de distintas vertientes. Por eso el tono es disparejo. Se encuentra desde la prosa lírica de Antonio Montaña, en el prólogo, hasta la hermética de Virginia Gutiérrez de Pineda, en su estudio sobre la organización social. A todo esto, el libro puede mostrar un amplio espectro en estilos, densos como el de los antropólogos Adonoli y Rivera, coloquial como el de José Vicente Lafaurie en sus relatos sobre la antigua provincia de Padilla, apasionado como el de Amílcar Acosta Medina en su radiografía sobre la economía guajira.
"¿Cómo, de qué vive el hombre?", se pregunta Antonio Montaña, para contestarse: "De imaginación o fortaleza. De empecinado esfuerzo. De ganas". Tal vez porque se pensó en la poesía como la mejor forma de develar la esencia de las cosas, se empieza el volumen con este prólogo.
Con una prosa sobria y en donde se adivina que su origen hispano le condicionó el bilingüismo desde la infancia, el profesor de la Sorbona Tomás Gómez inicia la sección histórica con el capítulo "Guajira bravía", escrito originalmente en español. Explicando el título, al demostrar que los guajiros y los araucanos fueron los indígenas que más resistencia opusieron al conquistador español, este especialista en historia del virreinato de la Nueva Granada nos hace dar un vistazo alrededor del acontecer de la península desde la conquista hasta nuestros días, al final de lo cual se formula la pregunta:
"¿Hasta cuándo los indómitos y altaneros guajiros podrá resistir los insistentes embates de la; cultura dominante, que acosan su territorio ancestral?". Un adocenado artículo sobre el almirante Padilla, escrito por Ramiro de la Espriella, y una historia sobre la música de la región, de Alvaro Cuello Blanchard, cierran la sección histórica del libro.
Con la anuencia de sus autores, se incluyen dos artículos publicados anteriormente: el de Virginia Gutiérrez de Pineda "Organización social" y el de Ambrosio Adonoli y Alberto Rivera "Cambios en la sociedad guajira", que conforman la segunda parte del libro, dedicada a los "Indios guajiros". Cabe preguntar si el lector medio se interesará en este tipo de lectura tan especializada.
Al referirse a la baja Guajira, José Vicente Lafaurie, en su "Bosquejo de las antiguas provincias de Padilla y Valledupar", nos dice: "Los primeros automóviles llegaron en 1928, es decir cuatrocientos años después de iniciada la conquista, por manera que con este instrumento de progreso se cierran cuatrocientos años de soledad, de los cuales cien ya fueron biografiados por Gabriel García Márquez, pues nadie que conozca la vida y milagros de nuestra vieja provincia puede poner en duda que ella es Macondo". Como se ve, se pasó del rigor científico del antropólogo al realismo mágico del cronista.
El autor lanza tesis tan discutibles como cuando dice: "Ni en España, el común hontanar, ni en México, ni en el Caribe tan rico en melodías autóctonas, tiene nuestro ‘merengue’, nuestro ‘son’, fuera de los nombres, parentela de ninguna naturaleza. La Gota fría o La custodia de Badillo, verdaderos antecedentes de nuestro folclor, no tienen antecedentes en ninguna latitud, son los frutos espontáneos, el reflejo del entorno propio, de un valle cerrado, de un costeño sin mar... ". Afirmación que levantará una polvareda entre los musicólogos, que siempre le encuentran parentesco y antecedentes a este tipo de composiciones.
-El libro nos lleva a una serie de hallazgos. En uno de los pocos estudios sobre economía que he conocido que hayan sido escritos en forma apasionada, Amílcar Acosta Medina nos dice, al juzgar los efectos de la bonanza del narcotráfico en la península: "Pero con el auge del cultivo, el tráfico y la danza de los millones, vino lo que no podía faltar, la atmósfera deletérea inmanente al negocio:
las vendettas, el ajuste de cuentas y la pérdida e inversión de valores. Los hogares se empezaron a enlutar, las mujeres a cerrarse de negro. Aquellos polvos tenían que traer estos lodos. Cuando se produjo el desbordamiento, se empezó a elucubrar que el problema delincuencial de La Guajira es un mal atávico y los comunicadores endilgaron a nuestro gentilicio una connotación peyorativa, indentificándolo con el sicario. Hasta que por fin le llegó su cuarto menguante al narcotráfico y entonces muchos de los que querían vivir en jauja sin esfuerzo se quedaron en babia sin esperanza, derivando en el desafuero delictivo. Al hablar de etiología de la violencia tenemos que acudir a este fenómeno larvado aún, pero ya con protuberantes manifestaciones".
El volumen se cierra con un informe del departamento de relaciones públicas de Intercor sobre la explotación en el proyecto Zona Norte de El Cerrejón.
La longitud de algunos de estos trabajos impidió que las excelentes fotografías de Mauricio Mendoza y Guillermo Molano se destacaran más; es posible que más de un lector lamentará que ello ocurriera. La presentación hecha por los editores, o sea los jóvenes que configuran el grupo Vanguardia Juvenil por la Paz Guajira, da muchas explicaciones sobre las limitaciones que se les presentaron en la realización del libro. Hay que destacar el alto porcentaje de colaboradores guajiros, tal vez los nombres más significativos de la intelectualidad en este momento. Las traducciones de Gillian Moss y Frances Strachan, personas para quienes el inglés no tiene secretos, son impecables y, al decir de algunos entendidos, en algunas ocasiones mejoraron el original. Perfiles de La Guajira es, a pesar de sus limitaciones, un esfuerzo valioso que vale la pena tener en el estante de nuestra biblioteca.

RAMON ILLÁN BACCA