Boletín Cultural y Bibliográfico. Número5,  Volumen XXII , 1985
 

Símbolos nacidos del mito


Las culturas del oro, arte universal y proporción armónica FI
Martín Canyis
Presidencia de la República, Secretaría de Información y Prensa,
Bogotá, 1984

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Inicié con escepticismo la lectura de Las culturas del oro de Martín Canyis. Suponía que era otro de esos esfuerzos inútiles por probar si la espiral vino de Sumeria al antiguo Perú o si, por el contrario, debemos vanagloriamos de la invención americana de la proporción dorada o la proporción armónica FI. En fin, otro de esos trabajos con tesis difusionistas que no conducen a ninguna parte. Pero, lejos de esto, el libro contiene un magnífico análisis de los objetos precolombinos, considerándolos como símbolos nacidos del mito para luego observarlos como indicios del alto grado intelectual y estético de los aborígenes americanos, sometiéndolos a cuidadoso análisis geométrico.
Según Canyis, el hombre participa de la realidad divina mediante el símbolo que hace "visible lo invisible" y permite "expresar lo que se sabe y no lo que se ve". Explica cómo surge lo que podríamos llamar estilo "al intentar conservar la forma porque de ella depende una especial energía espiritual". Hace resaltar cómo en estas culturas, para dar a las piezas su valor simbólico, "la creación artística empleó la estilización que destaca lo esencial y suprime todo lo demás como accesorio y opaco".
Canyis indica cómo estos símbolos trascienden al individuo, por cuanto están revestidos de una "dimensión litúrgica que valora lo social sobre lo contingente individual", y cómo el hombre, en "su afán por escapar a la arbitrariedad de un mundo sin sentido, logra, a través de sus expresiones artísticas una experiencia sensible de lo absoluto".
Al dar una rápida mirada a los símbolos precolombinos, M. Canyis observa la importancia dada al agua como origen de las cosas, y a los animales que la habitan. Olvida anotar que algunos seres del aire y de la tierra, en especial el águila y el jaguar, irrumpen con frecuencia en el mundo del hombre y, tanto como la anaconda, son animales que se mueven con facilidad y destreza en medios distintos del propio. Son animales mediadores entre diferentes estadios y simbólicamente sirven de intermediarios entre el mundo real y el mundo mítico.
Aunque el libro anota la especial importancia del sol como fuente de calor y de vida, representado en pectorales circulares, omite justificar la utilización del oro en la elaboración de estos y de otros objetos de evidente valor simbólico. Martín Canyis no llega a encontrar la razón simbólica del oro como materialización de la fuerza creadora del sol, como material fertilizante de la tierra.
El uso de pectorales, colgantes, narigueras, orejeras y otros objetos de oro, que poseen la energía vital del sol y que pueden "recargarse" al ser expuestos a sus rayos, según una antigua creencia de los coguis que serviría para explicar la preferencia del metal precioso por diferentes culturas orfebres precolombinas, le permite al hombre la posibilidad de participar de la fuerza creativa que rige el universo, de ser su intermediario, su portador, su conducto.
Los análisis geométricos que el padre Martín Canyis aplica rigurosamente a veinte objetos prehispánicos y a otras tantas obras del arte universal están basados en los conceptos clásicos de ritmo, armonía y simetría hasta llegar a encontrar la proporción dorada o armonía FI que los inspira a todos. Elementos geométricos dinámicos que demuestran que sus autores comparten indudablemente un refinado sentido vital y una elevada mentalidad filosófica.
Pero si vamos más allá en este tipo de investigación formal, podríamos llegar a clasificar los distintos "grupos cristalográficos planos"; comprendidos dentro de esa constante geométrica común, hasta encontrar el grado de abstracción alcanzado por cada una de nuestras culturas aborígenes, según lo sugiere Víctor Albis-González, profesor de matemáticas de la Universidad Nacional. "Si a esta clasificación le añadimos un análisis de la frecuencia con que aparecen estos grupos abstractos en la ornamentación de determinada cultura, existe la posibilidad de aplicarla como criterio de clasificación arqueológica", añade el profesor Albis-González. Con lo cual a cada constante geométrica correspondería un tipo determinado de pensamiento.
Si además, concluye el profesor, tenemos la fortuna de poder establecer comparaciones con las expresiones artísticas de comunidades que aún subsisten, como en el caso de los coguis de la Sierra Nevada de Santa Marta, descendientes de los taironas, tendríamos la posibilidad de seguir la evolución de su abstracción geométrica a través del tiempo.
Revisando los datos arqueológicos que incluye en su trabajo el padre Canyis, son pocos los revaluados por las últimas investigaciones. El estilo darién, creado por Carlos Margaín y retomado por José Pérez de Barradas y el autor del libro, ha sido cuestionado desde hace algunos años. Según los datos, las figuras antropomorfas esquemáticas que lo caracterizan no pertenecen a esta región geográfica, sino que se encuentran dispersas desde la región caliman hasta Centroamérica, con grandes diferencias en el tiempo. Estas piezas son representaciones de un ser mítico común a diferentes culturas y no un estilo independiente.
El autor no contempla piezas de la zona nariño, seguramente porque los hallazgos son relativamente recientes. El manejo de la geometría de estos grupos apoyaría de manera notable su tesis sobre el alto grado intelectual y estético de los aborígenes americanos.
Martín Canyis prueba por medio de su estudio cómo el arte americano y el universal están regidos por los mismos principios. Hipótesis válida que sólo se podrá enriquecer con la profundización de los estudios geométricos propuestos y con la actualización de los datos arqueológicos.

CLEMENCIA PLAZAS