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La
conciencia de la máscara
Los extraños traen mala suerte
José Luis Garcés
Editorial La Oveja Negra, Bogotá, 89 págs.
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En Montería, donde las
golondrinas invaden de tal manera la ciudad que los habitantes se proveen de escobones
para apartarlas de los cables eléctricos, varios jóvenes escritores se reunieron en el
bar Ganadero y crearon el hoy conocido grupo El Túnel. Entre los integrantes están:
José Luis Garcés, Leopoldo Berdella, Antonio Mora Vélez, Soad de Farah y Gustavo Tatis
Guerra, el benjamín del conjunto. Todos con un trabajo sólido, difundido en suplementos
y revistas literarias, algunos con libros publicados. Su propósito es divulgar los
valores de la cultura sinuana.
José Luis Garcés, en Los extraños traen mala suerte, novela corta (mal
presentada por la editorial como un volumen de cuentos, en su número 41 de la Biblioteca
de Literatura Colombiana), recoge una serie de vicisitudes amorosas vividas por el
narrador. Hay, en la estructura formal de la obra, uno o dos textos que frenan, antes que
estimular, el interés del lector. Las "Palabras iniciales necesarias", con las
cuales comienza el texto, son del todo innecesarias. No ocurre lo mismo con las
reflexiones del narrador sobre el discurso en fragmentos ofrecidos por el recuerdo.
Propone como premisa el razonamiento que redondeará al final del discurso narrativo,
tesis de paralelismo bergsoniano:
No importa el tiempo, importan los recuerdos. Y es posible que con esta afirmación yo
mismo me refute. El tiempo va y viene, se mastica la cofia de su propia cola, utiliza
diversos hábitos. Los hechos pierden color y se alejan a la caverna de la mala memoria.
Allí los acumula el tiempo. Moho y un poco de olvido los afecta, pero ellos se mantienen
vivos. Los recuerdos duermen con un ojo abierto. La vida sigue en su barca. Y de pronto,
practicando la sorpresa, un clarinete errabundo impone su toque. Los recuerdos se
desperezan y salen de su horrible foso. Vienen con paso atropellado, irrespetando el
óxido benigno que el tiempo ha depositado en las concavidades de sus sienes. Así me
aparecen a mí, penetrando los pasadizos en penumbran, derribando vallados y mostrando esa
sonrisita que combina la superioridad con la burla.
Es notable, a través de las reflexiones
del protagonista, que José Luis Garcés busca poner de manifiesto la autonomía de su
realidad circundante. La necesidad extrema, para él, de diseñar su propio bisturí y
poder diseccionar, en la atmósfera de sus personajes, los acontecimientos aislados dentro
de una óptica más compleja. A través de una historia de ausencia de amor, lo que se
configura es el cambio súbito de un pueblo que pierde su realidad espiritual, su pasado,
y se torna en una ciudad desamparada, con nuevos mitos. Una ciudad en donde, invirtiendo
la fórmula durreliana, no existe un mundo porque no hay habitante al cual amar. No es
gratuito que el narrador se torne incapaz de "reconstruir piedra por piedra",
como lo hace Darley en Justine con su amada ciudad, su "capital del
recuerdo", su amadísima Alejandría.
Para penetrar esta realidad de la cual desconfía, el narrador se interna en el ámbito
virgen de veintitantas madrugadas; se sobrepondrá, en sus recuerdos, a la muerte de los
que supuestamente eran sus seres queridos. Ante la muerte de Belysa, su tercera mujer,
afirma:
Durante un invierno
inclemente, hace más o menos veinticinco años, un ataque de asma le paralizó el
corazón. Y cumpliendo el consejo de Henry James de que en caso de morir hay que morir por
completo y tan absolutamente como sea posible, ella, a los seis meses, era en mí una vaga
memoria, una figura rumbo a la penumbra.
Indagará el autor en
torno a la miseria humana, sobre el engaño a sí mismo. Por eso, la narración está
plagada de expresiones de angustia, de nostalgia, de ironías sutiles.
¿Acaso es plata?
Ustedes siempre andan con muchas palabras en la boca, pero con escasa moneda en los
bolsillos. Eso del periodismo no florece aquí. La poesía sí que menos. Vienes donde la
práctica Celia. Donde la activa Celia. La audaz Celia. La... inteligente Celia. Cuándo
vas a poner tu ventica de versos. Versos al por mayor y al detal. Si usted compra más de
un centenar, su descuentico respectivo.
Otras veces son discursos
de confección impecable e implacable, como el terrible dinamismo del discurso que elabora
Celia, quien sirve de puente para que el periodista-narrador se conozca con Támara, con
quien compartirá emociones hasta la separación definitiva:
La realidad de la
cabeza sucumbe frente a la realidad de la puerta. ¿No siempre? Me gusta que digas eso,
Támara. Por lo menos demuestra que la lluvia empieza a perder importancia. Sí ya se
sabe, en la vida va la muerte, y en la muerte va la vida. Si las circunstancias le son
favorables, la realidad de la cabeza puede hacer añicos a la realidad de la puerta.
Las reflexiones
constantes del narrador son semejantes a las de Camus en El hombre rebelde: "Cuando
el asesino y la víctima hayan desaparecido la comunidad se reconstruirá sin ellos".
Por su parte, Garcés expresa:
Tal vez en los
próximos tiempos, hombres de otra textura, formados en una sociedad que haya extirpado la
posibilidad de ser víctima o verdugo, no tendrán la necesidad de vincularse a los
residuos del secreto para mantener la ficción de un amor exiguo.
El narrador establecerá
por medio de los negros, personajes aparentemente anodinos, los hilos que imponen y mueven
la máscara. Ellos, saturados de generosidad y bondad, océanos de nostalgia y soledad,
aportan el título a la obra y permiten mirar el desarrollo de la máscara real y en
permanente derrota cuando, por medio de la conciencia social, se desmitifica el amor que
permiten las ideologías. La sola palabra amor, en nuestros días, según Barthes,
es considerada obscena. Los personajes, en Los extraños traen mala suerte, buscan
el amor aún allí donde saben que no está. Se configura "un pueblo de historia
oculta, de pasado amplio y de presente estrecho", al decir de Garcés. El reencuentro
pesimista con la verdad, pero verdad en últimas. Por ello, en el alba del discurso, se
pregunta: "~,Sabe usted que todos venimos a la vida antes que con un
rostro, con una máscara?".
CLÍMACO PÉREZ CAMARGO
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