Boletin Cultural y Bibliográfico   Número 5,  Volumen XXII,   1985
 
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Esta es la colección completa de los instrumentos recogidos por monseñor Perdomo Escobar.

La colección Perdomo, una herencia musical

ALFREDO GÓMEZ ZUREK

JOSE IGNACIO PERDOMO ESCOBAR, abogado, músico y presbítero, nació en Bogotá el 5 de junio de 1913 y murió en la misma ciudad el 28 de abril de 1980. Un rápido examen de las actividades que cumplió a lo largo de su vida, nos presenta de inmediato con firmeza las múltiples y muy ricas facetas de su inteligencia y su carácter: abogado del Externado de Colombia, con estudios avanzados en la Escuela de Leyes de la Universidad de Michigan; estudiante en el Conservatorio Nacional de Música de Bogotá y en la Escuela de Música de la Universidad de Michigan.
Monseñor Perdomo Escobar (pues, entre muchos honores, también alcanzó una dignidad prelaticia) desempeñó diversos cargos y recibió variados títulos que simplemente fueron la consecuencia natural de su proteica actividad:  secretario del Conservatorio Nacional de Música en Bogotá; sacristán mayor de la catedral; miembro de la comisión de música sagrada arquidiocesana y, por lo tanto, directamente involucrado en los proyectos de conservación, desciframiento y divulgación del Archivo Nacional de la catedral de Bogotá; párroco de Nuestra Señora de las Aguas, miembro numerario de la Academia Colombiana de Historia, correspondiente de la Real Academia Española, catedrático de historia eclesiástica de Colombia en el Seminario Mayor de Bogotá y catedrático de derecho romano en la Universidad de los Andes. De igual manera, consecuente con sus muchos intereses intelectuales y su curiosidad inacabable, monseñor Perdomo, o llanamente el padre Perdomo (como a él le gustaba que lo llamaran), escribió, junto a semblanzas personales y relatos sobre la naturaleza y otros aspectos sencillos de la vida cotidiana, tratados sobre legislación aeronáutica e historia de la Iglesia. Sin embargo, las tres obras que conjugan los intereses históricos y musicales de monseñor Perdomo Escobar y que constituyen un aporte, diríase que único, a la magrísima bibliografía musical colombiana, son: Historia de la música en Colombia, que ya va por las cinco ediciones, la última de 1980, por Plaza y Janés La ópera en Colombia, Bogotá, Editorial Arco, 1979, y El archivo musical de la catedral de Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1976.

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Capador, flauta de pan siringa, fabricada en caña brava con cuerdas de fique y cera de abejas. Este quiribillo o soniche. es una pieza del muy rico grupo de ideófonos mestizo colombianos.

 

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Cununo macho, básico para marcar el ritmo del currulao

Puede afirmarse que la entrega de monseñor Perdomo a la pasión por la música dejó dos realizaciones fundamentales: los libros mencionados y la colección de instrumentos musicales que ahora nos ocupa, compuesta por setenta y cuatro piezas que recogió con amoroso patrocinio en el transcurso de sus largas investigaciones histórico-musicales. Esta colección fue donada al Banco de la Repúbica por voluntad de los familiares de monseñor Perdomo Escobar.
Comenzó su colección en 1938, cuando ejercía el cargo de secretario del Conservatorio Nacional de Música de Bogotá. De acuerdo con Egberto Bermúdez, musicólogo que ha realizado un minucioso trabajo de clasificación y descripción de los instrumentos de la colección, ella "es históricamente muy representativa del desarrollo de las actividades musicales del país, especialmente en lo que se refiere al siglo XIX y comienzos de éste".
Sin necesidad de parcelarla exhaustivamente dentro del marco de las distintas metodologías de clasificación existentes, es preciso señalar que contiene cuatro grupos así: uno compuesto por instrumentos indígenas y mestizos; otro, por instrumentos de origen africano; el formado por instrumentos europeos y orientales que fueron decisivos en el fenómeno de aculturación ocurrido durante los siglos XVIII y XIX, y un último integrado por instrumentos del sudeste asiático, caracterizados por su rareza.

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Zambomba, zambumbia o puerca. Matraca. De gran calidad sonora, sonaba en semana santa para reemplazar las campanas.

Todos los instrumentos de los cuatro grupos mencionados pueden situarse, desde luego, en alguno de los cuatro géneros de la ordenación Sachs-Von Hornbostel, que es la clasificación taxonómica moderna (data de 1913), es decir: en membranófonos, o género donde el sonido se produce por la vibración de una o dos membranas o parches; en cordófonos, donde la ubicación de una o más cuerdas es la que origina el sonido; en aerófonos, donde el sonido se produce por la vibración de una columna de aire; en idiófonos, donde vibra el cuerpo mismo del instrumento.
Dentro de la apretada síntesis que forzosamente implica un artículo de divulgación como el presente, no es posible reseñar la totalidad de los instrumentos de la colección Perdomo Escobar. Pronto estarán exhibidos convenientemente y acompañados de un catálogo con toda la información anecdótica y científica que los especialistas ya están recopilando, y que en total medida es la base de este escueto artículo cuyo único objetivo es el de atraer la atención de los profanos hacia un patrimonio cultural inapreciable. Nos limitaremos, pues, a señalar algunos ejemplos que tipifican los cuatro grupos que conforman la colección y que contienen singular valor dentro de nuestra historia musical.
Como pertenecientes al grupo de los instrumentos de origen europeo y oriental, cabe destacar la presencia de violines, violonchelos o chelos, cítaras, guitarras, el arpa, clavicordios, pianos y armonios.
Según una anotación escrita a lápiz encontrada junto a un violín de confección muy burda, éste provenía de la región del Patía. La nota, casi con seguridad de puño y letra de monseñor Perdomo, decía textualmente: "violín del Patía (hecho a machete) 1820?". Es, pues, una verdadera curiosidad esta pieza rústica formada de partes no pegadas sino clavadas con puntillas, de 60 centímetros de largo y 22 centímetros en su parte más ancha. En otra nota, esa sí, sin duda, de monseñor Perdomo, se reseña que el violín fue construido por el bisabuelo del "negro Mina", quien lo regaló a don Ricardo Pérez, de Popayán. Dice monseñor Perdomo: "A su turno el señor Pérez en fino gesto me lo regaló el 5 de junio de 1965 en Popayán".
También se encuentran en la colección el llamado "violín de Socha", construido por Segundo García en esa población de Boyacá, y de esa misma región el "violín de Chiquinquirá", muy burdo también en su fabricación.
Es interesante anotar que no fue escasa la producción de violines en nuestro territorio. Desde el siglo XIX se encontraron fabricantes en las regiones de Nariño y de la costa pacífica, también en Boyacá y los Santanderes, por cierto más apegados estos últimos a los modelos europeos, en contraste con la "ingenuidad" de los primeros.
En cuanto a violonchelos o chelos, existe uno de fabricación tunjana firmado por B. Leal y fechado en 1802; otro de 1840 trabajado por Fernando Figueroa e identificado mediante los famosos papelitos escritos por monseñor Perdomo Escobar. Además hay una copia del modelo Stradivarius, sin fecha definida, de procedencia alemana o checoslovaca, en todo caso del siglo XX.
Pero el ejemplar único, que constituye un verdadero alarde de ereatividad, es el violonchelo de calabazo, llamado así porque utiliza este fruto seco, de forma semiesférica, como caja de resonancia. Fue construido por el ingeniero Carlos Mercado Acevedo en 1911 en Fusagasugá.
En términos generales, las cítaras están construidas sobre cajas de resonancia rectangulares o trapezoidales, pero las hay de formas poligonales. Son antiquísimas y ya se mencionan en el Salmo 150, en su variedad de salterio. Las cuerdas atraviesan el cuerpo del instrumento extendidas sobre puentes de madera o metal. Una característica de las cítaras fue su decoración, por lo menos hasta el siglo XIX, con exquisitas pinturas. A partir de entonces, se ha impuesto la ornamentación con calcomanías. Se tocan pulsando las cuerdas con las yemas de los dedos, con las uñas o con plectros o plumillas.
En la colección Perdomo, se encuentra una cítara que lleva un rótulo metálico con la siguiente información: "AUTOHARP. Manufactured by C.F. Zimmermann C. Dolgeville, N.Y. U.S.A.". Tiene resonador de madera y 23 cuerdas metálicas extendidas sobre dos puentes. Su fabricación data de principios de siglo.
Otro grupo interesante en la colección es el de los cordófonos descendientes del laúd, instrumento milenario que nos vino de Arabia vía España, para continuar aquí las transformaciones que ya había comenzado a sufrir en Europa antes de la llegada de Cristóbal Colón al nuevo mundo.
Es el antecesor del tiple, el cuatro, la bandola, el bandolín y el charango, todos representados en la colección y colocados en el grupo de los instrumentos producto del mestizaje. La guitarra, que también tiene ese remoto linaje, está representada en la colección por piezas europeas y nacionales. Hay una francesa cuyo rótulo interno señala la fabricación en París por Lacote, en una fecha imprecisa del tercer decenio del siglo XIX. Construida de arce, con tapa de abeto e incrustaciones de concha de nácar en el clavijero, bordes y boca de la caja. En la calle de los Mortiños número 203 de Bogotá y cerca del año 1910, Jeremías Padilla fabricó, de cedro y con tapa de pino, una guitarra con clavijas de ébano y puente labrado en nogal.

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Charango o quirquincho. Con caparazón de armadillo. Violonchelo de calabazo. Fusagasugá, 1911.

 

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Un raro instrumento de origen chino.

El arpa, también del oriente, se aclimató en América según las circunstancias, llegando a constituirse en el principal instrumento de varias músicas autóctonas tales como la del Paraguay, la de los llanos de Colombia, Michoacán y varios centros del Perú. En la colección Perdomo hay una que tiene treinta cuerdas y soporte de madera en forma de patas de león. Data probablemente del siglo XVIII. Fue muy utilizada en fiestas tanto religiosas como profanas.
Los instrumentos de teclado están representados por clavicordios, pianos y un armonio portátil. Hay dos clavicordios; de uno de ellos se dice que acompañó al Libertador Simón Bolívar en muchos de sus viajes y con certeza se sabe que estuvo con él en la hacienda de Aposentos de Tasco. Otro de los curiosos papelitos de monseñor Perdomo lo bautiza como "Clavicordio del Libertador". Es un instrumento raro, muy burdo o elemental, sin adornos ni ningún tipo de refinamientos, con teclas desgastadas por el uso. No se sabe de fijo su procedencia pero es muy probable que hubiese sido hecho en la sabana de Bogotá.
El más popular de los instrumentos musicales, el "rey de los instrumentos", como también suele llamársele, no podía faltar en la colección Perdomo Escobar. Hay dos piezas importantes. Una corresponde al llamado piano cuadrado o square, como se denomina en Inglaterra, donde su construcción fue relativamente corriente a fines del siglo XVIII. Según monseñor Perdomo, este piano fue construido en Bogotá por David McCornick hacia 1830. Tiene teclado de marfil y carece de pedales. En la tapa frontal está el rótulo borrado de la marca del fabricante. La otra pieza es un piano inglés cuya inscripción frontal dice: "New Patent, Muzio Clementi and Co., Cheapside, London". En la tapa de resonancia se halla grabado el número de la serie OA-8470. De sonido muy fino y excelente mecanismo, el piano, con su caja de caoba e incrustaciones de otras maderas, construido en los comienzos del siglo xix, se conserva en excelente estado.

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Citara.  Las cajas generalmete se decoraban bellamente con pinturas o calcomanias

Como verdadera curiosidad hay que considerar la presencia de un piano de manubrio y un piano costurero. El primero es prácticamente una caja de música accionada por una manivela externa que desata, mediante un rodillo, un mecanismo de martinetes sobre treinta cuerdas dobles. Posee dos martinetes adicionales que golpean sobre la madera para imitar el sonido de las castañuelas y tres que caen sobre el metal para simular campanas. Construido en Madrid, España, por Antonio Martín alrededor de 1920. Tiene un programa de seis piezas.
El piano costurero consta de un encordado percutido con martillos sin mecanismo de apagadores. Se le llama costurero, ya que su construcción presenta una caja de caoba, tapa armónica de pino y contratapa de quince cajoncitos. que conforman la caja-costurero propiamente dicha. Su origen se sitúa en Francia a finales del siglo XIX.
En nuestro medio, el armonio fue un instrumento de teclado muy popular en la práctica de la música para la liturgia católica. Reemplazó de cierta manera al órgano. Fue construido en 1840 por Alexandre François Debain. Un mecanismo de teclado hace vibrar un conjunto de lengüeta mediante el paso de aire controlado por pedales. De acuerdo con la clasificación de Sachs y Hornbostel, es un aerófono. El ejemplar de la colección consiste en un instrumento portátil apto para procesiones y otros actos, a donde podía llevarse sin mayores problemas.
Existe en la colección Perdomo gran variedad de instrumentos aerófonos; de los europeos cabe mencionar aquí los que son muy populares en nuestras bandas; las cornetas de Samacá, con tres válvulas. Un papelito de monseñor Perdomo indica su importancia histórica como instrumento militar utilizado en las campañas libertadoras. Fabricados en París por Jéróme ThibouvilleLamy alrededor de 1810.
El bombardino existente en la colección también fue fabricado por Thibouville-Lamy, de quien se sabe que era proveedor de instrumentos del ejército francés. Como las cornetas, tiene tres pistones. Hay una inscripción en el pabellón con monograma con león y la palabra Phebus.

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Clavicordio del Libertador.

 

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Piano clementi. De fabricación inglesa, un valioso instrumento de principios del siglo XIX.

En la colección se hallan incluidas algunas flautas interesantes; pocas europeas u orientales, con excepción de una pequeña, como de juguete, en forma de dragón, y otra señalada por monseñor Perdomo como "pequeña gaita gallega", también de juguete; más numerosas, pero no demasiado, las que corresponden al grupo de instrumentos indígenas o mestizos. Se encuentran allí: las quenas, fabricadas de un trozo entero de caña, muy común en la región andina de Ecuador, suroeste colombiano, Bolivia, Chile y Argentina. Estas piezas se presume que sean colombianas, de la región de Nariño; el capador, de Boyacá, Cundinamarca y Santander, conjunto de flautas, diez tubos de caña agrupados en dos secciones de cinco cada una en orden descendente de longitud. Es una variedad de la flauta de Pan. Como también lo es la denominada kammu-purrui, de siete tubos, distribuida en secciones de cuatro y tres, proveniente del Darién colombiano (Urabá) y originaria de los indígenas cunas.
Entre los idiófonos o grupo de instrumentos en los cuales el sonido se produce por la vibración del cuerpo mismo del instrumento, hay que resaltar la variedad de piezas indígenas, mestizas y de origen africano. Las europeas y orientales se limitan a: la matraca, pieza espléndida de más de un metro de largo, medio de ancho y treinta y seis centímetros de alto; se encuentra en diversas culturas; de madera fina, lleva eje dentado y flejes de madera que se accionan mediante el giro de una manivela; es de gran calidad sonora. La celesta, inventado por Auguste Mustel en París, consta de barras metálicas que se presentan con mazos accionados por un mecanismo de teclado. El sonido que produce es muy sugerente, de gran belleza. La celesta de la colección Perdomo es presumiblemente de fabricación alemana.

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Pianito costurero. Aún se conservan en sus cajoncitos, cintas, tijeras e hilos.

En cuanto a los idiófonos indígenas, mestizos y de origen africano, cabe señalar que la colección Perdomo consta de un grupo bastante representativo con tambores diversos del litoral pacífico, Cauca, costa atlántica, Venezuela y Amazonas. Están allí los cununos, el tambor catío de Risaralda, el kut o tambor del Cauca, el tooto, tambor ticuna, y los culepuyas del estado venezolano de Miranda.
Es importante señalar la presencia de la zambumbia o puerca, que es un tambor original de España. El ejemplar hecho en Colombia, en Santander, es un calabazo cuya boca se cubre con una membrana de vejiga perforada por el centro. Por la perforación se pasa una varilla de madera pulida.
Pero, además, hay otros ideófonos que nos muestran la gran gama de posibilidades sonoras del grupo y la imaginación de sus creadores. Entre otros, el quiribillo, conjunto de tubos de caña,quince en total, que chocan entre sí cuando se halan los extremos de las cuerdas que pasan por los tubos. La carraca, ejemplar incompleto, procedente de la sabana de Bogotá, es una quijada de equino. Se ejecuta por fricción de una costilla o trozo de madera sobre los molares. La marimba, hecha de madera de chonta con resonadores de tubos de bambú. Las tabletillas de chonta son de longitud decreciente y se golpean con baquetas que rematan en puntas de caucho. El ejemplar de la colección Perdomo fue fabricado por el legendario Teófilo Potes, de Buenaventura.
Finalmente hay que mencionar como instrumentos de relativa rareza al angkuoc, que utiliza la cavidad bucal como caja de resonancia. Conocido también como arpa de mandíbula, consta de un marco y una lengüeta que se pulsa para hacerla vibrar. Este ejemplar viene del sudeste asiático probablemente de Tailandia o de Camboya. Es de bambú, al cual se le saca una lengüeta que se hace vibrar mientras se coloca en la boca.
Otro instrumento curioso del sudeste asiático, también de Tailandia o de Camboya, es el Er-Hu, cordófono que utiliza una sección de tubo de bambú con tapa de piel como caja de resonancia, mango y clavijas de madera y dos cuerdas metálicas. Su remoto origen está en la China.
Algún día, ojalá no muy lejano, estas piezas someramente descritas aquí, y otras más que la naturaleza de esta reseña no permite destacar ahora, estarán expuestas en forma científica, con toda la exactitud museológica que posibilite, a quien las admire, formarse una idea muy clara de uno de los aconteceres humanos más fascinantes: la creación de fuentes productoras de sonidos.

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