Reseña política: Toda formación del pasado es una
alucinación
Toda formación del pasado es una alucinación
El diálogo y la paz. Mi perspectiva
Rocío Vélez de Piedrahita
Tercer Mundo Editores, Bogotá. 1988, 229 págs.
Los obstáculos que plantea la lectura de este libro provienen de
la dificultad de conciliar la posición de vivencia personal, en que
la autora se coloca desde el principio, con el inmenso material
histórico que intenta describir. El lente no es siempre adecuado: a
veces observa hechos y personajes desde muy cerca, y a veces desde
muy lejos. Referencias que ha podido frecuentar, y que tuvo al
alcance de la lupa examinadora, se le esfuman en puntos diminutos y
casi insignificantes, porque no utilizó la oportunidad que había
vivido como miembro de la comisión de paz del gobierno de Betancur
para escrutarlas a fondo. Tales son los casos, por ejemplo, de los
perfiles de "Tirofijo" y de Jacobo Arenas.
El tema no se reconcilia bien, a lo largo del libro, con la
perspectiva elegida de espectadora inteligente. El núcleo histórico
narrado es bien exigente y requiere confrontación con puntos de
vista diversos y una documentación más exhaustiva. El género
escogido no es el ensayo histórico; tal vez unas memorias sobre un
trayecto concreto; o simplemente unas vivencias, registradas
siempre con lucidez y sensibilidad.
En el subtítulo limita y define su trabajo con cierta ingenuidad
honrada: "mi perspectiva". En el primer párrafo (pág. 13)
de la Introducción, hace lo propio: "En este recuento mi
propósito se limita a las conclusiones que puedo sacar del análisis
de lo que presencié del Proceso de Paz, con la mayor fidelidad en
la descripción de personas, sucesos y ambientes, pero con el matiz
inevitable de la impresión que me produjeron; impresión que por
supuesto puede ser diferente a la de otros testigos de la misma
escena".
La autora intenta definir la complicada armazón del proceso de
paza del gobierno de Betancuor con tres temasy estrategias
concretas:el diálogo con la guerrilla, las reformas
constitucionales y el Plan Nacional de Rehabilitación. El clímax
del dialogo "se acabó con la firma de los acuerdos durante el
segundo semestredel 84" (pá 17)
El Plan Nacional de Rehabilitación tiene una reseña apropiada,
porque permite establecer un parámetro de continuidad y de
comparación con lo que está realizando el gobierno actual. La
autora considera que el mayor éxito del proceso lo constituyeron
las reformas en el Congreso: las leyes descentralizadoras y la
elección popular de alcaldes. Esta afirmación es sorprendente,
porque la sabiduría convencional suele señalar que el aspecto de
las reformas institucionales es casi siempre el punto muerto en los
procesos de paz. Si las reformas constituyeron, en este caso, un
éxito rotundo, ¿por qué se malogró el proceso? Aquí
suponemos que a la autora se le olvidó precisar que los subversivos
exigían transformaciones en otros aspectos.
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"Los diálogos con la guerrilla, por su aspecto novedoso y
espectacular, acapararon a tal punto la atención de la gente, que
para muchos el Proceso se reducía y agotaba en ellos. Esta
perspectiva, que desconoce las reformas constitucionales y la
puesta en marcha del Plan Nacional de Rehabilitación, es la que
hace que algunos crean que el Proceso fracasó" (pág. 20).
Otros observadores pueden ser menos ilusos y más pragmáticos: el
proceso fracasó porque no se obtuvo la paz.
En esta obra hay sectores más afortunados: donde se narra el
panorama general del gobierno de Betancur con relación al proceso
de paz, y las violentas oscilaciones de la opinión pública en torno
de dicho proceso, y aquel en que se analizan las consecuencias
internacionales que pudieron tener para el mismo proceso medidas
como el ingreso a los No Alineados y la creación del Grupo de
Contadora. En estos dos temas, la autora se despoja del sombrero de
simple espectadora que cuenta sus vivencias y se traslada al género
del ensayo para realizar un examen acertado. La volatilidad de la
opinión pública frente al proceso de paz de Betancur es un fenómeno
relacionado no sólo con el funcionamiento de nuestra democracia
sino con la misma personalidad del ex mandatario, La incidencia de
las medidas internacionales de Betancur fue asumida globalmente por
la autora para analizar, en lo que fue, tal vez, el tramo más
afortunado de su relato, el papel de aquellas dentro del proceso de
paz interno que el presidente se proponía. Tanto en las
fluctuaciones de la opinión frente a Betancur como en la narración
del tema internacional, la autora hubiera podido profundizar más en
el perfil biográfico del mandatario, con el objeto de señalar sus
antecedentes ideológicos y su trayectoria dentro de su propio
partido.
Los comentarios frente al papel negativo de la prensa en el
proceso de paz son ácidos y posiblemente exactos; pero le faltó
demostrar con documentos fehacientes sus aseveraciones. "La
oscuridad se originó en que la prensa publicaba la declaración del
funcionario o el decreto presidencial el día en que se producía la
noticia, pero nunca más volvía a informar sobre el tema en forma
orientadora u objetiva. En cambio, publicaba cuanta interpretación
se le diera a palabras que habían sido claras, fomentando además la
suspicacia de que no se informaba todo lo acordado, que había datos
escondidos, acuerdos secretos. Con base en esos supuestos acuerdos
secretos se tejió ininterrumpidamente cuanto cada cual quiso
imaginar y se fue distorcionando una opinión ávida de ser
distorsionada" (pág. 49). "La prensapresentó los hechos
fundamentales del Proceso a la luz teatral de lo exótico, lo
espectacular. Faltó desde el inicio cautela en los detalles,
prudencia en las interpretaciones, austeridad en los adjetivos, la
escala justa de valores para dar más o menos pantalla a quienes la
merecieran: crearon un caos informativo" (pág. 75).
En el libro encontramos enunciados sociológicos endebles,
observaciones de filosofía casera, como los que se encuentran en la
página 74. También hay atisbos de periodismo, pero sin profundidad,
cuando narra el ambiente de Casa Verde; allí se le deslizó de entre
las manos la oportunidad de plasmar unos perfiles humanos más netos
de la gente que allí vivía, incluyendo a los líderes de la
guerrilla.
La sintaxis tiene algunas imprecisiones. Las elipsis y las
omisiones de circunstancias pueden ser eficaces en el lenguaje
puramente literario, pero son peligrosas en una narración histórica
en que es indispensable tener claro el punto de referencia sobre el
cual se habla, ya se trate de personas o de hechos.
La heterogeneidad de los diversos niveles de narración de este
libro permite identificar una característica: cuando la autora
incurre en el ensayo, o sea el análisis reflexivo de los hechos, es
particularmente afortunada. Ya hemos dado algunos ejemplos.
Añadamos el análisis de los hechos del Palacio de Justicia, en que
desarrolla con coherencia tres ejes de referencia (pág. 179) Y
posteriormente plantea los interrogantes adecuados (pág. 189).
Hay una reiteración muy categórica sobre la falta de apoyo
político que recibió el proceso de paz y sobre la eficacia del
diálogo y de la misión que en este sentido realizó la comisión de
paz en distintas regiones. Acerca del primer punto, vale copiar lo
siguiente: "Jamás negaría que la guerrilla faltó
desafiantemente a sus compromisos .. Pero entre lo que el país les
prometió para que se reincorporaran a la vida civil estaban
incluidas reformas -necesarias, razonables, factibles- que no se
dieron: eso también es innegable. Esa labor correspondía a los
políticos con poder de legislar. La fuerza de la inercia es grande;
la de nuestro Congreso, invencible" (pág. 202).
Toda formulación del pasado es una alucinación. En hechos tan
dramáticos como los narrados y en los cuales la autora participó,
este testimonio de lo vivido es siempre exiguo frente a la magnitud
del material de referencia y los aspectos casi infinitos con él
relacionados. Pero este libro es muy útil. Su tono es objetivo y
honesto. Se trata de un testigo de buena voluntad. No hay que
olvidar que se asumió una perspectiva particular, aunque la autora
ahondó con el escalpelo ensa yístico en algunos aspectos. El libro
puede servir como valioso documento que contribuya, con otros, a
integrar el complejo rompecabezas de la búsqueda de la paz en
Colombia.
GERARDO BEDOYA B.