Ficha bibliográfica
Titulo:
Boletín Cultural y Bibliográfico No. 18
Autores: Biblioteca Luis Ángel Arango - Banco de la República
Edición original: Bogotá: 1989
Edición en la biblioteca virtual: Bogotá: marzo de 2007
Notas: Publicación cuatrimestral de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, que presenta importantes artículos sobre las distintas disciplinas de investigación en el campo cultural
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Reseña política: Toda formación del pasado es una alucinación

Toda formación del pasado es una alucinación

El diálogo y la paz. Mi perspectiva

Rocío Vélez de Piedrahita

Tercer Mundo Editores, Bogotá. 1988, 229 págs.

Los obstáculos que plantea la lectura de este libro provienen de la dificultad de conciliar la posición de vivencia personal, en que la autora se coloca desde el principio, con el inmenso material histórico que intenta describir. El lente no es siempre adecuado: a veces observa hechos y personajes desde muy cerca, y a veces desde muy lejos. Referencias que ha podido frecuentar, y que tuvo al alcance de la lupa examinadora, se le esfuman en puntos diminutos y casi insignificantes, porque no utilizó la oportunidad que había vivido como miembro de la comisión de paz del gobierno de Betancur para escrutarlas a fondo. Tales son los casos, por ejemplo, de los perfiles de "Tirofijo" y de Jacobo Arenas.

El tema no se reconcilia bien, a lo largo del libro, con la perspectiva elegida de espectadora inteligente. El núcleo histórico narrado es bien exigente y requiere confrontación con puntos de vista diversos y una documentación más exhaustiva. El género escogido no es el ensayo histórico; tal vez unas memorias sobre un trayecto concreto; o simplemente unas vivencias, registradas siempre con lucidez y sensibilidad.

En el subtítulo limita y define su trabajo con cierta ingenuidad honrada: "mi perspectiva". En el primer párrafo (pág. 13) de la Introducción, hace lo propio: "En este recuento mi propósito se limita a las conclusiones que puedo sacar del análisis de lo que presencié del Proceso de Paz, con la mayor fidelidad en la descripción de personas, sucesos y ambientes, pero con el matiz inevitable de la impresión que me produjeron; impresión que por supuesto puede ser diferente a la de otros testigos de la misma escena".

La autora intenta definir la complicada armazón del proceso de paza del gobierno de Betancuor con tres temasy estrategias concretas:el diálogo con la guerrilla, las reformas constitucionales y el Plan Nacional de Rehabilitación. El clímax del dialogo "se acabó con la firma de los acuerdos durante el segundo semestredel 84" (pá 17)

El Plan Nacional de Rehabilitación tiene una reseña apropiada, porque permite establecer un parámetro de continuidad y de comparación con lo que está realizando el gobierno actual. La autora considera que el mayor éxito del proceso lo constituyeron las reformas en el Congreso: las leyes descentralizadoras y la elección popular de alcaldes. Esta afirmación es sorprendente, porque la sabiduría convencional suele señalar que el aspecto de las reformas institucionales es casi siempre el punto muerto en los procesos de paz. Si las reformas constituyeron, en este caso, un éxito rotundo, ¿por qué se malogró el proceso? Aquí suponemos que a la autora se le olvidó precisar que los subversivos exigían transformaciones en otros aspectos.

reseñas

"Los diálogos con la guerrilla, por su aspecto novedoso y espectacular, acapararon a tal punto la atención de la gente, que para muchos el Proceso se reducía y agotaba en ellos. Esta perspectiva, que desconoce las reformas constitucionales y la puesta en marcha del Plan Nacional de Rehabilitación, es la que hace que algunos crean que el Proceso fracasó" (pág. 20). Otros observadores pueden ser menos ilusos y más pragmáticos: el proceso fracasó porque no se obtuvo la paz.

En esta obra hay sectores más afortunados: donde se narra el panorama general del gobierno de Betancur con relación al proceso de paz, y las violentas oscilaciones de la opinión pública en torno de dicho proceso, y aquel en que se analizan las consecuencias internacionales que pudieron tener para el mismo proceso medidas como el ingreso a los No Alineados y la creación del Grupo de Contadora. En estos dos temas, la autora se despoja del sombrero de simple espectadora que cuenta sus vivencias y se traslada al género del ensayo para realizar un examen acertado. La volatilidad de la opinión pública frente al proceso de paz de Betancur es un fenómeno relacionado no sólo con el funcionamiento de nuestra democracia sino con la misma personalidad del ex mandatario, La incidencia de las medidas internacionales de Betancur fue asumida globalmente por la autora para analizar, en lo que fue, tal vez, el tramo más afortunado de su relato, el papel de aquellas dentro del proceso de paz interno que el presidente se proponía. Tanto en las fluctuaciones de la opinión frente a Betancur como en la narración del tema internacional, la autora hubiera podido profundizar más en el perfil biográfico del mandatario, con el objeto de señalar sus antecedentes ideológicos y su trayectoria dentro de su propio partido.

Los comentarios frente al papel negativo de la prensa en el proceso de paz son ácidos y posiblemente exactos; pero le faltó demostrar con documentos fehacientes sus aseveraciones. "La oscuridad se originó en que la prensa publicaba la declaración del funcionario o el decreto presidencial el día en que se producía la noticia, pero nunca más volvía a informar sobre el tema en forma orientadora u objetiva. En cambio, publicaba cuanta interpretación se le diera a palabras que habían sido claras, fomentando además la suspicacia de que no se informaba todo lo acordado, que había datos escondidos, acuerdos secretos. Con base en esos supuestos acuerdos secretos se tejió ininterrumpidamente cuanto cada cual quiso imaginar y se fue distorcionando una opinión ávida de ser  distorsionada" (pág. 49). "La prensapresentó los hechos fundamentales del Proceso a la luz teatral de lo exótico, lo espectacular. Faltó desde el inicio cautela en los detalles, prudencia en las interpretaciones, austeridad en los adjetivos, la escala justa de valores para dar más o menos pantalla a quienes la merecieran: crearon un caos informativo" (pág. 75).

En el libro encontramos enunciados sociológicos endebles, observaciones de filosofía casera, como los que se encuentran en la página 74. También hay atisbos de periodismo, pero sin profundidad, cuando narra el ambiente de Casa Verde; allí se le deslizó de entre las manos la oportunidad de plasmar unos perfiles humanos más netos de la gente que allí vivía, incluyendo a los líderes de la guerrilla.

La sintaxis tiene algunas imprecisiones. Las elipsis y las omisiones de circunstancias pueden ser eficaces en el lenguaje puramente literario, pero son peligrosas en una narración histórica en que es indispensable tener claro el punto de referencia sobre el cual se habla, ya se trate de personas o de hechos.

La heterogeneidad de los diversos niveles de narración de este libro permite identificar una característica: cuando la autora incurre en el ensayo, o sea el análisis reflexivo de los hechos, es particularmente afortunada. Ya hemos dado algunos ejemplos. Añadamos el análisis de los hechos del Palacio de Justicia, en que desarrolla con coherencia tres ejes de referencia (pág. 179) Y posteriormente plantea los interrogantes adecuados (pág. 189).

Hay una reiteración muy categórica sobre la falta de apoyo político que recibió el proceso de paz y sobre la eficacia del diálogo y de la misión que en este sentido realizó la comisión de paz en distintas regiones. Acerca del primer punto, vale copiar lo siguiente: "Jamás negaría que la guerrilla faltó desafiantemente a sus compromisos .. Pero entre lo que el país les prometió para que se reincorporaran a la vida civil estaban incluidas reformas -necesarias, razonables, factibles- que no se dieron: eso también es innegable. Esa labor correspondía a los políticos con poder de legislar. La fuerza de la inercia es grande; la de nuestro Congreso, invencible" (pág. 202).

Toda formulación del pasado es una alucinación. En hechos tan dramáticos como los narrados y en los cuales la autora participó, este testimonio de lo vivido es siempre exiguo frente a la magnitud del material de referencia y los aspectos casi infinitos con él relacionados. Pero este libro es muy útil. Su tono es objetivo y honesto. Se trata de un testigo de buena voluntad. No hay que olvidar que se asumió una perspectiva particular, aunque la autora ahondó con el escalpelo ensa yístico en algunos aspectos. El libro puede servir como valioso documento que contribuya, con otros, a integrar el complejo rompecabezas de la búsqueda de la paz en Colombia.

GERARDO BEDOYA B.