Ficha bibliográfica
Titulo:
Boletín Cultural y Bibliográfico No. 18
Autores: Biblioteca Luis Ángel Arango - Banco de la República
Edición original: Bogotá: 1989
Edición en la biblioteca virtual: Bogotá: marzo de 2007
Notas: Publicación cuatrimestral de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, que presenta importantes artículos sobre las distintas disciplinas de investigación en el campo cultural
Consulte y lea en línea libros completos, textos, revistas, imágenes y páginas interactivas sobre temas relacionados con Colombia.


Artículo: El Pan nuestro de cada mes
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Primer número de la revista Pan, que empezó a circular en 1935 y se suspendió en 1940 (A.S.R.).

El Pan nuestro de cada mes

DORA CECILIA RAMÍREZ

Reproducciones: Alberto Sierra Restrepo Mario Rivera

 

EL MOMENTO

COMENZAR ESCRIBIENDO que Pan fue una revista singular sería caer en un lugar común. Lo más fácil sería decir que Pan fue o es una caja de sorpresas.

Corre 1935. Colombia es un país rural; cobija una sociedad que se resiste, a pesar de los discursos progresistas, a ese proceso de transformación que ya anuncia el comercio cafetero y las primeras huelgas. Es la época de auge de los ferrocarriles nacionales, cuando se toma Cafiaspirina y Griperol, se viaja a Nueva York vía La Habana en lujosos trasatlánticos y, por supuesto, no existe la televisión. La mujer está en la casa en "lo suyo", el hombre por fuera también en "lo suyo", "las ventanas de acero se imponen en las construcciones modernas" y la soledad del ser es la misma de hoy. Se respira una gran mediocridad nacional y los escritores adoran la retórica. Entonces aparece Pan, con su formato de 15 por 23 centímetros y sus ochenta y cuatro páginas. Revista del tiempo de entreguerras, época de la república liberal en Colombia, de la guerra civil española, de cuando comienza el tránsito de Plutón por Leo que nos trae la dura tarea de transformar la creatividad. Hay que cerrar los ojos y viajar en el tiempo, transportarnos a provincia, a la fría Popayán, donde hasta el aire tiene un acento lírico. Estamos en agosto, vale treinta centavos el ejemplar, su cubierta es de cartulina gruesa, roja, con letras verdes y negras. En Colombia hay plata, la tienen los ricos que imitan a la sociedad inglesa tomando whisky en los salones entapetados de los clubes; los pobres siguen siendo pobres y toman chicha y los intelectuales siguen siendo los intelectuales. También existe el anonimato, ese lector anónimo que consume pan y desconoce que Federico García Lorca ya ha escrito Poeta en Nueva York, que Virginia Woolf ya ha publicado un libro llamado Las olas, que en ese otro mundo lejano Polonia y Alemania firman un pacto de no agresión mientras se cuece la próxima guerra, y que entre tanto Pablo Picasso pinta minotauros (dos años después, en 1937, pintará Guernica), que ya ha nacido Rosario Castellanos y que Jorge Luis Borges traduce y prologa La metamorfosis de Kafka. No, Colombia no mira más allá de sus narices; la sociedad no da para más; no hay crítica; abunda el exceso de retórica, el dogmatismo y la pobreza mental; el lenguaje se limita a la corrección gramatical, a los adornos, a cierta belleza, a los elogios y el eufemismo.

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Contracubierta del número I (A.S.R.).

 

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Enrique Uribe White, director (M.R.).

Pan sale mensualmente. Es una revista gorda que puede interesar a los poetas, periodistas y narradores; a los artistas plásticos, fotógrafos y dibujantes; a los historiadores, a los filósofos, a los sociólogos, a los profesionales de la ingeniería, a los tipógrafos, a los políticos, a los amantes de los viajes y de la geografía, a muchas mujeres en el anonimato de su hogar, y a aquellas personas que adoran los acertijos o a los médicos y dentistas para la sala de espera de sus consultorios porque Pan es una revista para hojear también. Trae unas sesenta páginas, mal contadas, de publicidad, y una diagramación entretenida; una o dos columnas, ilustraciones de todo tipo, colores, letras las más diversas del muestrario, adornitos, arabescos, estrellitas, subrayados, diferentes clases de tintas y papeles, cartones, cartulinas, transparencias o páginas que se abren en trípticos, rúbricas o poemas manuscritos por sus autores, miscelánea. Esa es su personalidad. No obstante Pan es ante todo una revista para leer. Pan salió durante cinco años casi mensualmente y dejó de editarse por razones que nunca pudimos averiguar.

EL AUTOR

La revista Pan no se puede mencionar sin hablar de su creador, el doctor Enrique Uribe White, editor, propietario, alma y espíritu de ella. Uribe había nacido en el Valle del Cauca a fines del siglo pasado. Comenzó a estudiar ingeniería civil en la Universidad de Antioquia, de donde lo echaron "por protestar a pólvora". Terminó sus estudios en Bastan (Estados Unidos) y regresó al Valle, trazó carreteras en el Cauca, participó en política, fue diputad o y asistió al Congreso. El doctor Uribe White fue ingeniero, escritor, poeta, fotógrafo, dibujante, conocedor de varias lenguas -entre ellas el griego-, traductor de Baudelaire y Osear Wilde. Era un amante loco de las letras, de las palabras impresas, del olor del papel. A lo largo de su vida coleccionó una cantidad enorme de material bibliográfico, descuartizado de revistas de todo tipo que recibía periódicamente desde los rincones del mundo y que él mismo marcaba con su letra gótica y ordenaba en carpetas y ficheros que acumuló en número exagerado y que, por supuesto, utilizó. Material que hoy en día pertenece a la Biblioteca Luis-Angel Arango. Enrique Uribe fue un hombre extraordinario, amante del mar y de los barcos; un liberal que en aquella época, la de Pan, vacilaba entre derecha e izquierda, entre los poemas y las ecuaciones. Caballero metódico y organizado, cuando un número salía, ya tenía listo el próximo, anunciaba su tabla de contenido completa y, cuando algo fallaba, ofrecía disculpas. Siempre se manifestó como director, propietario  editor; en la bandera nunca apareció comité de redacción, o de dirección, alguno. El siempre, desde su "sillón de Editor" o "La pipa del Editor", asumió como único responsable de la publicación. La revista era, sin lugar a dudas, suya; fácilmente podemos imaginarlo haciéndolo todo. "Es un hombre sustantivo, de esos que desconocen la palabra IMPOSIBLE y no han conjugado nunca en primera persona el verbo TEMER", dice de él una semblanza escrita por José Ignacio Bustamante.

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En sobres de este estilo se distribuia la revista (M. R.).

NACIMIENTO Y ESPIRITU

El primer número de la revista Pan sale en agosto de 1935, con cubierta en dos colores: rojo y verde. Dice que es "el órgano de un centro sin nombre" y que su editor es Enrique Uribe White. Editorial América, Cali. Cuesta $ 0,30 el ejemplar y se plantea como revista mensual. El editorial se titula "Nacimiento, vida y muerte probable de Nabisco". Cuenta que se reunió un grupo de caucanos, "a la iniciativa del más loco", para formar un centro, y Nabisco nació. "NA quiere decir 'Nacional' "; "BIS, otra vez 'Nacional' "; 'CO',  cualquier cosa, y el todo significa la impotencia en que -tras numerosas y largas discusiones, trasegar de viejos odres, yuxtaponer alfabetos, copiar, plagiar e inventar- hallóse el grupo para darse un nombre que simbolizará los altos ideales, la gula de hacer algo y el entusiasmo que aflige a esta clase de organismos en su primer vagido". Nabisco tuvo un lema: "Este Centro es indescrestable". También se dijo: "No tendré reglamentos, no habrá cuotas, no tendré presidente, ni tesorero, ni secretario, ni socios honorarios, no defino propósitos, no ubico mis actividades bajo credos o prejuicios, no adoleceré del trascendentalismo de la gente trópica. Ahí iré viviendo". Dice que "Prestó mesas y sillas, y que entronizó a Valencia y a Lenin", que toma cerveza, no trabaja, es un indolente, hace política y conversa mucho en los cafés; "como se ve, Nabisco es colombiano". Habla de la biología de Nabisco con el mismo humor, refiriéndose a cada uno de los colaboradores como una parte de la anatomía de un ser humano: de Uribe White dice que es el estado de alergia, y de Guillermo Valencia que se esperaba fuera la pituitaria pero se le secó. Dice también que luego se le apareció Pan como dios y como alimento y lo tomaron; y termina con un mal deseo anticipado: "Desde ahora se abre a concurso la oración fúnebre", y la foto de los dieciséis caballeros de Nabisco y colaboradores de Pan en sus primeros números, con saco, corbata, chaleco y pañuelo. Es 1935. Por esos años muere Unamuno, Chaplin hace Tiempos Modernos, Faulkner publica Santuario pero nadie lo lee, nace Alejandra Pizarnik, se lleva al cine el Frankenstein de Mary Shelley, Roosevelt es el presidente de los Estados Unidos, Italia y Etiopía están en guerra, Hitler va a Roma y Mussolini a Berlín, hace ya doscientos años que la madre Josefa del Castillo ha escrito su vida y apenas Aurelio Arturo publica sus poemas en suplementos literarios. Colombia es una sociedad pobre intelectualmente.

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Este es el gorro que utilizaba Uribe White cuando trabajaba con la revista (M.R.).

 

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Estos avisos se colocaban en almacenes de la ciudad, haciéndole así la propaganda (M. R.).

Ese primer número de Pan viene con ochenta y cuatro páginas y constituye la muestra de lo que será la revista a lo largo de los cinco años. N o obstante, Pan va cambiando con los meses, como cualquier objeto vivo. Trae una traducción aporreada, hecha por Guillermo Valencia y dedicada a Enrique Uribe, de un poema de John Keats; un estudio sobre ganadería en el Cauca con cinco páginas de cuadros con números acerca de impuestos; otro sobre la justicia en Colombia, de Eustorgio Sarria; otro sobre la industria del fique, de Adolfo Zambrano; uno de Uribe White, titulado "Determinación de coordenadas con tránsito de ingeniero" con muchas páginas de cuadros y gráficas; unas páginas de "Humorismo en las dictaduras"; la versión del inglés al castellano, hecha por Uribe White, de algunas cuartetas del Rubaiyata del poeta persa Ornar Jayyam, con ilustraciones en color muy bien impresas de A. Aragón; una primera parte de la novela Diez muertos obreros, con sabor muy socialista, de Antonio García. Además, notas bibliográficas sobre revistas y autores extranjeros, hechas por García, y semblanzas varias, todas ellas muy floridas. Ese primer número, a decir verdad, soso y aburrido pero muy bien impreso, es la respuesta a ese primer intento de estos señores por hacer una revista; obedece a su gula ya los principios de Nabisco más o menos así: cada quien escribe sobre lo que a bien tenga y Pan publica lo que le viene en gana. De todas formas, Pan es fiel a su momento histórico, se abren carreteras, se ocupan de la producción en el campo, se hacen chistes sobre las dictaduras, se echan loas e inciensos los unos a los otros con ese estilo demasiado exornado de galas retóricas; se traduce a los poetas extranjeros escogidos según la admiración de cada quien, se discute desde entonces sobre la administración de justicia en Colombia. De todas maneras, Pan es una revista de provincia, y en Colombia poco ocurre.

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Las letras iniciales de los artículos aparecían con diseños muy elaborados. como este caso (A.S.R.).

 

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Cubierta del núm. 5 de 1935. elaborado por el mismo Uribe White:"Rubaiyata". (A.S.R.)

PAN ES FIEL A SU MOMENTO HISTORICO

En el segundo volumen comienza a "fusilar" -esto es, a meter textos que ya han sido editados en otro medio-, vicio que seguirá teniendo hasta el final y por lo que será criticada muchas veces a través de las cartas de los lectores. Aquí, en el número 2, los ingenieros escriben sobre paseos y aspectos técnicos, se trata del Puracé ilustrado con fotografías; continúan los temas agrarios, los poemas mal logrados de Alberto Guillén, Antonio García y Otto de Greiff (sobre un tema musical, por supuesto). Aparece la partitura de la Sonatina boyacense de Antonio María Valencia, lo que le da ese aire singular además de simpático. Continúa la novela de Antonio García, así como las notas bibliográficas sin firma, esta vez sobre literatura colombiana: Mancha de aceite de César Urihe Piedrahíta, asiduo colaborador de la revista, es anunciada como una novela antiimperialista; la reseña se limita a contar el argumento y a decir cómo debería terminar. En la otra, Remordimiento de Fernando González es calificada como una obra para distraer la vejez prematura. Al doctor Uribe White le gusta intercalar entre las páginas de su revista ciertas notas sociales: aparece una foto que reproduce una escena de un refresco ofrecido por el director a los colaboradores en los talleres editoriales. Trae también reproducciones de grabados, acuarelas, óleos, dibujos y trascripciones de notas sobre Pan publicadas en los diferentes diarios, en las que se la saluda y exalta con ese lenguaje de "tornasolada ductilidad" tan de moda por aquellos años. La revista trae esa sutileza que conserva hasta el final, ya comentada: la de anunciar el contenido de la próxima entrega.

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Acuarela de Ricardo Rendón, se publicó en el núm. 4 de 1935. (A.S.R.)

Hacia el tercer número, de Popayán fría y colonial, circunspecta y plena de rancios olores, donde se mezclan los sobretodos importados por agentes exclusivos con los indígenas del Cauca vecino, salta a "la Atenas Suramericana". A pesar de que las vías de comunicación se han esparcido por la tortuosa geografía nacional, la arrogante Santa Fe, que ya pronto cumplirá el cuarto centenario de su nacimiento, continúa aislada del resto del país. En Bogotá, en Editorial Minerva y con material gráfico hecho en los talleres de El Tiempo, la revista continúa más o menos con el mismo acento; nada tampoco ha cambiado en el país. Para diciembre sacan un ejemplar extraordinario que cuesta 40 centavos, con cubierta a todo color que nos muestra una imagen muy árabe de los Tres Reyes Magos. En la capital, quizá el contacto con.los escritores se hace mas fácil. Entonces entra en la nómina de colaboradores -en el sentido de que de ellos se publica algún material, un texto o varios a lo largo de esos cinco años-la crema de la intelectualidad bogotana y nacional, los escritores, poetas, pintores, artistas, desde Guillermo Valencia, "consagrad o como genio indiscutible por la minoría gobernante del país y de la sociedad señorial colombiana" -al decir de Gutiérrez Girardot-, hasta el joven Eduardo Caballero Calderón, pasando por los "discretos modernistas" de la Gruta Simbólica: Max Grillo, Víctor M. Londoño, Alfredo Gómez Jaime, o don Tomás Rueda Vargas, con su mundo de crónicas, y también los contertulios del café Windsor que en la década del 20 sueñan demoler el viej o orden. Es, ese grupo, heterogéneo y de varias generaciones: León de Greiff, Jorge Zalamea, Ricardo Rendón, Germán Arciniegas, Rafael Maya, Germán Pardo García, Jorge Eliécer Gaitán, Alberto y Felipe Lleras Camargo, Juan Lozano y Lozano, José Umaña Bernal, los comunistas Luis Vidales y Luis Tejada y Los Leopardos José Camacho Carreño, Augusto Ramírez Moreno y Silvia Villegas. y no sólo ellos, sino muchos más: Gilberto Vieira, Eduardo Zalamea, Barba Jacob, quien ya había hecho su regreso triunfante luego del exilio, o el ensayista Baldomero Sanín Cano o José Antonio Osario Lizarazo y, por