El Pan nuestro de cada mes
DORA CECILIA RAMÍREZ
Reproducciones: Alberto Sierra Restrepo Mario Rivera
EL MOMENTO
COMENZAR ESCRIBIENDO que Pan fue una revista singular sería caer
en un lugar común. Lo más fácil sería decir que Pan fue o es una
caja de sorpresas.
Corre 1935. Colombia es un país rural; cobija una sociedad que
se resiste, a pesar de los discursos progresistas, a ese proceso de
transformación que ya anuncia el comercio cafetero y las primeras
huelgas. Es la época de auge de los ferrocarriles nacionales,
cuando se toma Cafiaspirina y Griperol, se viaja a Nueva York vía
La Habana en lujosos trasatlánticos y, por supuesto, no existe la
televisión. La mujer está en la casa en "lo suyo", el
hombre por fuera también en "lo suyo", "las ventanas
de acero se imponen en las construcciones modernas" y la
soledad del ser es la misma de hoy. Se respira una gran mediocridad
nacional y los escritores adoran la retórica. Entonces aparece Pan,
con su formato de 15 por 23 centímetros y sus ochenta y cuatro
páginas. Revista del tiempo de entreguerras, época de la república
liberal en Colombia, de la guerra civil española, de cuando
comienza el tránsito de Plutón por Leo que nos trae la dura tarea
de transformar la creatividad. Hay que cerrar los ojos y viajar en
el tiempo, transportarnos a provincia, a la fría Popayán, donde
hasta el aire tiene un acento lírico. Estamos en agosto, vale
treinta centavos el ejemplar, su cubierta es de cartulina gruesa,
roja, con letras verdes y negras. En Colombia hay plata, la tienen
los ricos que imitan a la sociedad inglesa tomando whisky en los
salones entapetados de los clubes; los pobres siguen siendo pobres
y toman chicha y los intelectuales siguen siendo los intelectuales.
También existe el anonimato, ese lector anónimo que consume pan y
desconoce que Federico García Lorca ya ha escrito Poeta en Nueva
York, que Virginia Woolf ya ha publicado un libro llamado Las olas,
que en ese otro mundo lejano Polonia y Alemania firman un pacto de
no agresión mientras se cuece la próxima guerra, y que entre tanto
Pablo Picasso pinta minotauros (dos años después, en 1937, pintará
Guernica), que ya ha nacido Rosario Castellanos y que Jorge Luis
Borges traduce y prologa La metamorfosis de Kafka. No, Colombia no
mira más allá de sus narices; la sociedad no da para más; no hay
crítica; abunda el exceso de retórica, el dogmatismo y la pobreza
mental; el lenguaje se limita a la corrección gramatical, a los
adornos, a cierta belleza, a los elogios y el eufemismo.
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Contracubierta del número I (A.S.R.).
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Enrique Uribe White, director (M.R.).
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Pan sale mensualmente. Es una revista gorda que puede interesar
a los poetas, periodistas y narradores; a los artistas plásticos,
fotógrafos y dibujantes; a los historiadores, a los filósofos, a
los sociólogos, a los profesionales de la ingeniería, a los
tipógrafos, a los políticos, a los amantes de los viajes y de la
geografía, a muchas mujeres en el anonimato de su hogar, y a
aquellas personas que adoran los acertijos o a los médicos y
dentistas para la sala de espera de sus consultorios porque Pan es
una revista para hojear también. Trae unas sesenta páginas, mal
contadas, de publicidad, y una diagramación entretenida; una o dos
columnas, ilustraciones de todo tipo, colores, letras las más
diversas del muestrario, adornitos, arabescos, estrellitas,
subrayados, diferentes clases de tintas y papeles, cartones,
cartulinas, transparencias o páginas que se abren en trípticos,
rúbricas o poemas manuscritos por sus autores, miscelánea. Esa es
su personalidad. No obstante Pan es ante todo una revista para
leer. Pan salió durante cinco años casi mensualmente y dejó de
editarse por razones que nunca pudimos averiguar.
EL AUTOR
La revista Pan no se puede mencionar sin hablar de su creador,
el doctor Enrique Uribe White, editor, propietario, alma y espíritu
de ella. Uribe había nacido en el Valle del Cauca a fines del siglo
pasado. Comenzó a estudiar ingeniería civil en la Universidad de
Antioquia, de donde lo echaron "por protestar a pólvora".
Terminó sus estudios en Bastan (Estados Unidos) y regresó al Valle,
trazó carreteras en el Cauca, participó en política, fue diputad o
y asistió al Congreso. El doctor Uribe White fue ingeniero,
escritor, poeta, fotógrafo, dibujante, conocedor de varias lenguas
-entre ellas el griego-, traductor de Baudelaire y Osear Wilde. Era
un amante loco de las letras, de las palabras impresas, del olor
del papel. A lo largo de su vida coleccionó una cantidad enorme de
material bibliográfico, descuartizado de revistas de todo tipo que
recibía periódicamente desde los rincones del mundo y que él mismo
marcaba con su letra gótica y ordenaba en carpetas y ficheros que
acumuló en número exagerado y que, por supuesto, utilizó. Material
que hoy en día pertenece a la Biblioteca Luis-Angel Arango. Enrique
Uribe fue un hombre extraordinario, amante del mar y de los barcos;
un liberal que en aquella época, la de Pan, vacilaba entre derecha
e izquierda, entre los poemas y las ecuaciones. Caballero metódico
y organizado, cuando un número salía, ya tenía listo el próximo,
anunciaba su tabla de contenido completa y, cuando algo fallaba,
ofrecía disculpas. Siempre se manifestó como director,
propietario editor; en la bandera nunca apareció comité de
redacción, o de dirección, alguno. El siempre, desde su
"sillón de Editor" o "La pipa del Editor",
asumió como único responsable de la publicación. La revista era,
sin lugar a dudas, suya; fácilmente podemos imaginarlo haciéndolo
todo. "Es un hombre sustantivo, de esos que desconocen la
palabra IMPOSIBLE y no han conjugado nunca en primera persona el
verbo TEMER", dice de él una semblanza escrita por José
Ignacio Bustamante.
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En sobres de este estilo se distribuia la revista (M. R.).
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NACIMIENTO Y ESPIRITU
El primer número de la revista Pan sale en agosto de 1935, con
cubierta en dos colores: rojo y verde. Dice que es "el órgano
de un centro sin nombre" y que su editor es Enrique Uribe
White. Editorial América, Cali. Cuesta $ 0,30 el ejemplar y se
plantea como revista mensual. El editorial se titula
"Nacimiento, vida y muerte probable de Nabisco". Cuenta
que se reunió un grupo de caucanos, "a la iniciativa del más
loco", para formar un centro, y Nabisco nació. "NA quiere
decir 'Nacional' "; "BIS, otra vez 'Nacional' ";
'CO', cualquier cosa, y el todo significa la impotencia en
que -tras numerosas y largas discusiones, trasegar de viejos odres,
yuxtaponer alfabetos, copiar, plagiar e inventar- hallóse el grupo
para darse un nombre que simbolizará los altos ideales, la gula de
hacer algo y el entusiasmo que aflige a esta clase de organismos en
su primer vagido". Nabisco tuvo un lema: "Este Centro es
indescrestable". También se dijo: "No tendré reglamentos,
no habrá cuotas, no tendré presidente, ni tesorero, ni secretario,
ni socios honorarios, no defino propósitos, no ubico mis
actividades bajo credos o prejuicios, no adoleceré del
trascendentalismo de la gente trópica. Ahí iré viviendo". Dice
que "Prestó mesas y sillas, y que entronizó a Valencia y a
Lenin", que toma cerveza, no trabaja, es un indolente, hace
política y conversa mucho en los cafés; "como se ve, Nabisco
es colombiano". Habla de la biología de Nabisco con el mismo
humor, refiriéndose a cada uno de los colaboradores como una parte
de la anatomía de un ser humano: de Uribe White dice que es el
estado de alergia, y de Guillermo Valencia que se esperaba fuera la
pituitaria pero se le secó. Dice también que luego se le apareció
Pan como dios y como alimento y lo tomaron; y termina con un mal
deseo anticipado: "Desde ahora se abre a concurso la oración
fúnebre", y la foto de los dieciséis caballeros de Nabisco y
colaboradores de Pan en sus primeros números, con saco, corbata,
chaleco y pañuelo. Es 1935. Por esos años muere Unamuno, Chaplin
hace Tiempos Modernos, Faulkner publica Santuario pero nadie lo
lee, nace Alejandra Pizarnik, se lleva al cine el Frankenstein de
Mary Shelley, Roosevelt es el presidente de los Estados Unidos,
Italia y Etiopía están en guerra, Hitler va a Roma y Mussolini a
Berlín, hace ya doscientos años que la madre Josefa del Castillo ha
escrito su vida y apenas Aurelio Arturo publica sus poemas en
suplementos literarios. Colombia es una sociedad pobre
intelectualmente.
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Este es el gorro que utilizaba Uribe White cuando trabajaba con
la revista (M.R.).
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Estos avisos se colocaban en almacenes de la ciudad, haciéndole
así la propaganda (M. R.).
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Ese primer número de Pan viene con ochenta y cuatro páginas y
constituye la muestra de lo que será la revista a lo largo de los
cinco años. N o obstante, Pan va cambiando con los meses, como
cualquier objeto vivo. Trae una traducción aporreada, hecha por
Guillermo Valencia y dedicada a Enrique Uribe, de un poema de John
Keats; un estudio sobre ganadería en el Cauca con cinco páginas de
cuadros con números acerca de impuestos; otro sobre la justicia en
Colombia, de Eustorgio Sarria; otro sobre la industria del fique,
de Adolfo Zambrano; uno de Uribe White, titulado
"Determinación de coordenadas con tránsito de ingeniero"
con muchas páginas de cuadros y gráficas; unas páginas de
"Humorismo en las dictaduras"; la versión del inglés al
castellano, hecha por Uribe White, de algunas cuartetas del
Rubaiyata del poeta persa Ornar Jayyam, con ilustraciones en color
muy bien impresas de A. Aragón; una primera parte de la novela Diez
muertos obreros, con sabor muy socialista, de Antonio García.
Además, notas bibliográficas sobre revistas y autores extranjeros,
hechas por García, y semblanzas varias, todas ellas muy floridas.
Ese primer número, a decir verdad, soso y aburrido pero muy bien
impreso, es la respuesta a ese primer intento de estos señores por
hacer una revista; obedece a su gula ya los principios de Nabisco
más o menos así: cada quien escribe sobre lo que a bien tenga y Pan
publica lo que le viene en gana. De todas formas, Pan es fiel a su
momento histórico, se abren carreteras, se ocupan de la producción
en el campo, se hacen chistes sobre las dictaduras, se echan loas e
inciensos los unos a los otros con ese estilo demasiado exornado de
galas retóricas; se traduce a los poetas extranjeros escogidos
según la admiración de cada quien, se discute desde entonces sobre
la administración de justicia en Colombia. De todas maneras, Pan es
una revista de provincia, y en Colombia poco ocurre.
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Las letras iniciales de los artículos aparecían con diseños muy
elaborados. como este caso (A.S.R.).
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Cubierta del núm. 5 de 1935. elaborado por el mismo Uribe
White:"Rubaiyata". (A.S.R.)
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PAN ES FIEL A SU MOMENTO HISTORICO
En el segundo volumen comienza a "fusilar" -esto es, a
meter textos que ya han sido editados en otro medio-, vicio que
seguirá teniendo hasta el final y por lo que será criticada muchas
veces a través de las cartas de los lectores. Aquí, en el número 2,
los ingenieros escriben sobre paseos y aspectos técnicos, se trata
del Puracé ilustrado con fotografías; continúan los temas agrarios,
los poemas mal logrados de Alberto Guillén, Antonio García y Otto
de Greiff (sobre un tema musical, por supuesto). Aparece la
partitura de la Sonatina boyacense de Antonio María Valencia, lo
que le da ese aire singular además de simpático. Continúa la novela
de Antonio García, así como las notas bibliográficas sin firma,
esta vez sobre literatura colombiana: Mancha de aceite de César
Urihe Piedrahíta, asiduo colaborador de la revista, es anunciada
como una novela antiimperialista; la reseña se limita a contar el
argumento y a decir cómo debería terminar. En la otra,
Remordimiento de Fernando González es calificada como una obra para
distraer la vejez prematura. Al doctor Uribe White le gusta
intercalar entre las páginas de su revista ciertas notas sociales:
aparece una foto que reproduce una escena de un refresco ofrecido
por el director a los colaboradores en los talleres editoriales.
Trae también reproducciones de grabados, acuarelas, óleos, dibujos
y trascripciones de notas sobre Pan publicadas en los diferentes
diarios, en las que se la saluda y exalta con ese lenguaje de
"tornasolada ductilidad" tan de moda por aquellos años.
La revista trae esa sutileza que conserva hasta el final, ya
comentada: la de anunciar el contenido de la próxima entrega.
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Acuarela de Ricardo Rendón, se publicó en el núm. 4 de 1935.
(A.S.R.)
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Hacia el tercer número, de Popayán fría y colonial, circunspecta
y plena de rancios olores, donde se mezclan los sobretodos
importados por agentes exclusivos con los indígenas del Cauca
vecino, salta a "la Atenas Suramericana". A pesar de que
las vías de comunicación se han esparcido por la tortuosa geografía
nacional, la arrogante Santa Fe, que ya pronto cumplirá el cuarto
centenario de su nacimiento, continúa aislada del resto del país.
En Bogotá, en Editorial Minerva y con material gráfico hecho en los
talleres de El Tiempo, la revista continúa más o menos con el mismo
acento; nada tampoco ha cambiado en el país. Para diciembre sacan
un ejemplar extraordinario que cuesta 40 centavos, con cubierta a
todo color que nos muestra una imagen muy árabe de los Tres Reyes
Magos. En la capital, quizá el contacto con.los escritores se hace
mas fácil. Entonces entra en la nómina de colaboradores -en el
sentido de que de ellos se publica algún material, un texto o
varios a lo largo de esos cinco años-la crema de la intelectualidad
bogotana y nacional, los escritores, poetas, pintores, artistas,
desde Guillermo Valencia, "consagrad o como genio indiscutible
por la minoría gobernante del país y de la sociedad señorial
colombiana" -al decir de Gutiérrez Girardot-, hasta el joven
Eduardo Caballero Calderón, pasando por los "discretos
modernistas" de la Gruta Simbólica: Max Grillo, Víctor M.
Londoño, Alfredo Gómez Jaime, o don Tomás Rueda Vargas, con su
mundo de crónicas, y también los contertulios del café Windsor que
en la década del 20 sueñan demoler el viej o orden. Es, ese grupo,
heterogéneo y de varias generaciones: León de Greiff, Jorge
Zalamea, Ricardo Rendón, Germán Arciniegas, Rafael Maya, Germán
Pardo García, Jorge Eliécer Gaitán, Alberto y Felipe Lleras
Camargo, Juan Lozano y Lozano, José Umaña Bernal, los comunistas
Luis Vidales y Luis Tejada y Los Leopardos José Camacho Carreño,
Augusto Ramírez Moreno y Silvia Villegas. y no sólo ellos, sino
muchos más: Gilberto Vieira, Eduardo Zalamea, Barba Jacob, quien ya
había hecho su regreso triunfante luego del exilio, o el ensayista
Baldomero Sanín Cano o José Antonio Osario Lizarazo y, por