Ficha bibliográfica
Titulo:
Boletín Cultural y Bibliográfico No. 18
Autores: Biblioteca Luis Ángel Arango - Banco de la República
Edición original: Bogotá: 1989
Edición en la biblioteca virtual: Bogotá: marzo de 2007
Notas: Publicación cuatrimestral de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, que presenta importantes artículos sobre las distintas disciplinas de investigación en el campo cultural
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Artículo: La Revista Universidad de Antioquia
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La Revista Universidad de Antioquia

SANTIAGO LONDOÑO V. *

LA PRIMERA REVISTA UNIVERSITARIA DE ANTIOQUIA

CORRIA EL PRIMER AÑO del gobierno de Alfonso López Pumarejo  (1934-1938) cuando, siendo ministro de educación el doctor Luis López de Mesa, se expidió la ley 68 de 1935. Esta disposición introdujo amplias reformas a la educación superior, que le significaron el otorgamiento de la libertad de cátedra y la autonomía en materia administrativa, no sin la fuerte oposición de la Iglesia y del partido conservador, que la atacaron por considerarla de carácter anticatólico.

Al amparo de la reforma, surgieron también cambios pedagógicos, nuevos estudios profesionales que buscaron responder tanto a las modificaciones en la base económica del país como al nuevo espíritu ideológico que empezaba a prosperar. Con las nuevas carreras, se introdujeron cátedras novedosas en ciencias y en humanidades que, al mismo tiempo que renovaron paulatina mente el bagaje cultural de los educandos, crearon necesidades de información y documentación.

La Universidad de Antioquia participó de este ambiente renovador acogiéndose a las nuevas directrices y creando la biblioteca, predecesora de la actual Biblioteca Central, que, junto con la revista y la Emisora Cultural, sirvió de base a un amplio programa de extensión cultural.

Correspondió al doctor Alfonso Mora Naranjo elaborar el proyecto para estos programas, en los que puso especial empeño y dedicación. El doctor Mora fue profesor universitario, gramático y literato, administrador de varias entidades educativas públicas y privadas, agregado cultural de Colombia en Lima y alto ejecutivo bancario, posición que abandonó para dedicarse a las nuevas labores universitarias que le encomendó el rector Clodomiro Ramírez. Bajo su administración apareció la que fue la primera revista universitaria de Antioquia, considerada como la continuación de los antiguos Anales de la Universidad de Antioquia, publicados a partir de 1882 1.

Los Anales servían como medio de comunicación de la rectoría con los alumnos y la comunidad en general. Allí se informaba sobre los distintos aspectos de la vida universitaria, tal como las calificaciones obtenidas en las distintas materias, los resultados de asistencia y conducta, las actas de los exámenes de grado, los discursos reglamentarios y las intervenciones importantes. Así mismo, se publicaban las tesis de grado que por su interés y calidad académica merecían ser dadas a conocer al público, lo cual constituyó el mayor aporte cultural y científico de los Anales.

Por entonces, Medellín apenas empezaba a romper con su pasado decimonónico. Ya contaba con un significativo proceso de industrialización, un activo tráfico comercial y financiero, y veía crecer su población a ritmos acelerados. La ciudad, que para 1905 apenas sobrepasaba los 55.000 pobladores, treinta años más tarde se había triplicado. Los estudiantes de educación superior no rebasaban en total la cifra de setecientos, repartidos en la Escuela de Minas (110 alumnos) yen las tres escuelas de la Universidad de Antioquia: derecho (185 estudiantes), medicina (178) y filosofía y letras (182) 2.

Así pues, la Revista Universidad de Antioquia apareció dentro del contexto de las reformas liberales introducidas al ordenamiento educativo, dirigidas a modernizar y ajustar el sistema a las nuevas necesidades nacionales. Formó parte también de un programa de extensión cultural de la biblioteca, la cual, hasta entonces, había caído en manos descuidadas que la redujeron a un cuartico donde se reunían apenas dos mil volúmenes, cifra irrisoria ocasionada por los hurtos continuados, la mala conservación y la censura bibliográfica.

Al poco tiempo, la eficiencia del doctor Mora, el respaldo institucional a su gestión y el aporte de publicaciones periódicas suministrado por el sistema de canje de la revista, condujeron a elevar el número de libros y folletos a 5.926 en 1936. La cantidad de revistas disponibles pasó de 82 en 1934 a 2.142 en 1936. Los usuarios alcanzaron entonces la significativa cifra de 32.205 3. Para esta fecha ya no era extraño ni reprobable que en los estantes coexistieran, en paz y sin la amenaza de censura, Churchill con Mussolini, y la Biblia con El Capital y el Corán.

Fiel a una mentalidad abierta y pluralista, la revista estableció entre sus propósitos, desde el primer número, el estar "destinada a promover el espíritu de investigación científica entre los profesores y los alumnos de las aulas universitarias" 4. Corrían los tiempos en que se buscaba impulsar la educación técnica, más adecuada a las necesidades del proceso de ind ustrialización, ya en vía de consolidación una vez superados los efectos adversos de la gran depresión de 1929.

Los fundadores eran conscientes de la importante transición histórica que se vivía en aquellos días. Manifestaron que la revista

ha abierto los ojos atónicos en un momento de la historia en que se derrumban estrepitosamente muchos sistemas que los hombres de las generaciones anteriores teníamos como dogmas científicos permanentemente demostrados [ ... ].De una cosa sí estamos seguros: por fundamentales que sean los cambios que ya se vislumbran en la estructura política, económica y social del mundo, ellos abrirán nuevos campos de combate en la lucha contra la injusticia, la ignorancia, las enfermedades, la explotación humana, el despilfarro y la guerra 5.

En el primer número se materializó un espíritu pluralista y heterogéneo que iría a caracterizar la revista en los siguientes años. Seis sonetos a una ceiba convivían con una discusión jurídica sobre la representación del incapaz para suceder y con un análisis del marxismo y del derecho natural. Se incluyó también un repaso a la preocupante situación internacional (Hitler, el rearme alemán), y se estableció una sección, que sería clásica, de reseñas bibliográficas y de actividades universitarias.

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Pronto la revista se ganó el aprecio de lectores nacionales y extranjeros. Gracias al intercambio que permitió con otras publicaciones, la hemeroteca siguió creciendo y con ella el número de usuarios. Poco a poco en sus páginas se dio cabida a nuevos temas en ciencias naturales y sus aplicaciones (geografía, astronomía, agronomía; zoología, medicina), y a nuevas tendencias en el saber humanístico (antropología, pedagogía, lingüística, sociología). De 1938 data un singular estudio sociológico firmado por Alfonso Castro, sobre la situación social del momento. En uno de sus apartes, analizó los famosos "piernipeludos" peculiar grupo de delincuentes que causaban estragos en Medellín, y que el autor definió así: "Inquietantes embriones de presidiario. De voz atiplada, de pantalón corto, con características intermedias entre hombres y chicos [ ... ] ladrones, cínicos, desvergonzados, especie de rinconetes y cortadillos, van por las calles y plazas con ademán desprevenido e insolente de matones que no reconocen vetos para sus fechorías" 6.

El tamaño original de la revista perduró hasta el número 70, cuando se amplió y se agregaron nuevas secciones como las dedicadas a reseñar la cultura antioqueña, a presentar las polémicas, discursos y conferencias de las  personalidades académicas que visitaron la Universidad. En octubre de 1950 salió el ejemplar número 100, y a partir de allí nuevos temas tuvieron cabida y la revista adquirió mayor independencia con respecto al acontecer universitario. Los problemas colombianos, el folclor y asuntos artísticos de actualidad son ejemplo de ello, así como la inclusión de un cuadernillo de poesía. Entonces todavía estaban frescos los recuerdos del 9 de abril de 1948 y de la valerosa actuación del doctor Mora, que personalmente defendió la biblioteca evitando que los exaltados la quemaran.

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En 1953 un inquieto muchacho de 22 años ingresó a la revista como redactor, y a ella permaneció vinculado hasta 1956. Era el futuro fundador del nadaísmo, Gonzalo Arango, quien colaboró con reseñas de libros y en las actividades editoriales.

A raíz del golpe militar de Gustavo Rojas Pinilla, 13 de junio de 1953, en 1954 el doctor Mora, después de casi veinte años de continua e incansable labor, durante los cuales aparecieron 115 números de la revista, fue reemplazado por el profesor José Ignacio González, en una decisión con marcado carácter político, y que no fue bien recibida por la comunidad universitaria. Con su retiro se cierra la primera etapa de la revista, durante la cual, aparte de los profesores y las plumas de prestigio que colaboraban habitualmente, hicieron sus primeras publicaciones, o se reafirmaron como autores en formación, Abel Naranjo Villegas, Antonio Panesso Robledo, Edgar Poe Restrepo, Ciro Mendía, Joaquín Vallej o Arbeláez, Teresa Santamaría de González, Manuel Mejía Vallejo, René Uribe Ferrer, Bilisario Betancur, Graciliano Arcila Vélez. Muy notable fue la labor de reseña de libros, con marcada preferencia por los temas literarios, jurídicos e históricos; tan sólo Gonzalo Arango publicó 39 notas bibliográficas entre 1953 y 1956. En las páginas de la revista se comentó, por primera vez en nuestro medio, La hojarasca de García Márquez. Y en sus páginas apareció publicada la primera traducción al español de El pez soluble de André Breton, en una separata dedicada a los poetas surrealistas, gracias a la cual, según lo ha declarado en diversas entrevistas, Alvaro Mutis se sintió impulsado a escribir poesía. Sin duda, esto solo ya justifica la vida de la revista 7.

Entre los colaboradores especiales de aquella época, cabe recordar a don Luis Ospina Vásquez y al investigador estadounidense James Parsons, quien publicó avances de su libro fundamental sobre la colonización antioqueña (Antioqueño colonization in western Colombia). Ernesto Cardenal dio a conocer en la revista, por primera vez, sus Salmos. Todo esto y diversas traducciones de temas de vanguardia colocaron a la publicación entre las primeras de su género en el país. Reconocimiento temprano del nivel alcanzado, fueron los premios obtenidos en las exposiciones internacionales de Cuba y Argentina en 1937 y 1940, respectivamente 8.

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DEL AUGE A LA DECLINACION

La etapa inaugurada por la nueva dirección duró de 1954 a 1962, período durante el cual se publicaron los números 116 a 151. Sin el gran impulso que le imprimía el doctor Mora y con la huella de la dictadura militar, la revista no se desenvolvió al ritmo que traía desde antes. Cabe destacar, sin embargo, que se dedicó un mayor espacio a las notas destinadas a comentar las manifestaciones artísticas y las actividades culturales de la ciudad. Se siguieron publicando artículos sobre diversos temas literarios y científicos pero, a pesar de ser un órgano de difusión y discusión universitaria, la revista se mantuvo ajena al análisis de la situación política, económica y social de Colombia, que enfrentaba difíciles situaciones de violencia, problemas agrarios, desempleo urbano y reacomodación de su estructura industrial.

Para 1960 se introdujeron cambios en la presentación y mejoras en la calidad editorial y en el papel utilizado; como hecho curioso se registra la inclusión de publicidad pagada, lo que seguramente ayudó a financiar los cambios editoriales.

No estuvieron, pues, estos años caracterizados por la innovación y los aportes en materia científica o artística. La publicación mantuvo un carácter más convencional y sus mejores años quedaron en el olvido.

Un tercer período de la revista se inició en 1963 bajo la dirección de Jorge Montoya Toro, y se prolongó hasta 1972, años durante los cuales aparecieron los números 152 a 185. Trabajaron como redactores Gonzalo Cadavid Uribe y Jaime Mercado Jr. La publicación no alteró la tendencia que había adquirido en los años precedentes, y más bien se agudizó el énfasis en un humanismo de sonetería y literatura convencional. El material se organizaba bajo una especie de batiburrillo que buscaba incluir diversidad de temas tratados de manera superficial, donde ingenuamente se pretendía darles gusto a casi todos, pero, a la vez, se trataba de mantener a la revista ajena a los conflictos universitarios de estos años. Estudios de filosofía y sociología, crítica literaria, estudios científicos, vida universitaria y reseñas de libros compartían páginas con diversas antologías de poesía elaboradas por el director.

A partir de 1969 la revista se había separado de la biblioteca, y fue adscrita al recientemente creado departamento de publicaciones. Al poco tiempo, y después de casi cuarenta años ininterrumpidos de labores, se suspende su publicación, coincidiendo con una época de grave crisis universitaria y serios conflictos políticos.

Tres años más tarde, en octubre de 1972, reapareció bajo la dirección del poeta Carlos Castro Saavedra y de Luis Eduardo Acosta. Vista en perspectiva, fue tal vez la peor época de la revista, pues se dio un vuelco completo en el contenido y la presentación, en franco desmedro de la tradicional calidad editorial. El número 115, con el que se reinició en aquella fecha, fue un lamentable producto editorial, que no solo alteró las secciones habituales, desapareciendo hasta los artículos de fondo, sino que introdujo un inusitado desorden y mal gusto en materia de diagramación, ilustraciones y tipografía. Esta época coincidió con una nueva crisis universitaria, que repercutió creando inestabilidad en la dirección y en el cuerpo de colaboradores, y determinó un distanciamiento entre la publicación y la comunidad universitaria de la que se pretendía órgano de expresión. Pronto se hizo notorio el aislamiento con respecto a las actividades culturales e intelectuales y respecto a los problemas nacionales, con el persistente descenso de calidad en el contenido y el diseño, factores que condujeron a la desaparición de la revista, con el número 200-201, en junio de 1977. Para entonces, los artículos se limitaban a ser breves, "sin pretender agotar el tema", según se justificaba la dirección. La poesía fue motivo de una sonada polémica local, que reflejaba el estado calamitoso en que había caído la revista. El debate surgió a raíz de la publicación, en el que a la postre sería el último número, de una separata con versos del caldense Fernando Mejía, a quien los editores, unos funcionarios de la sección de artes gráficas, no tuvieron el menor pudor en presentar con gran bombo como e1 poeta vivo más grande de América".

EL RESURGIMIENTO Y LA CONSOLIDACION

A partir de entonces, diversos y complejos problemas universitarios impidieron que reapareciera la revista institucional. Huelgas, cambios de administración, dificultades presupuestales y falta de compromiso de los distintos estamentos con la revista prolongaron la interrupción hasta el último trimestre de 1985. Tras siete largos años en los que surgieron varias publicaciones periódicas especiailizadas en algunas facultades de la Universidad, la revista formó parte, al reaparecer, de los esfuerzos que se hacían para devolverle a la Universidad su estabilidad académica y por reintegrarla a la sociedad.

El rector de entonces, Santiago Peláez, estableció en el número 202 las nuevas pautas que rigen la más reciente etapa de la revista:

[ ... ] habrá de servir de punto de unión y de referencia constante del estado actual del trabajo cultural, creativo e investigativo de la Universidad, del país y fuera de él. Uno de sus propósitos es rescatar el prestigio que tenía y abrir un espacio nuevo y singular para divulgar el arte, la literatura, la ciencia, la crítica y la imaginación. De este modo buscamos romper el aislamiento de la Universidad con su medio y conectarla con todos los ámbitos del mundo exterior 9.

Este último período que vive actualmente la revista, está caracterizado por una llamativa presentación, un aprecio por la diagramación y por las ilustraciones, al igual que una cuidadosa selección de los temas, que necesariamente reflejan las preocupaciones sociales y económicas del momento, pero sin desechar, fiel a su tradición, los materiales literarios, filosóficos, históricos, artísticos y científicos. Se han retomado también las secciones de crítica bibliográfica, la reseña de la vida universitaria, y al final se incluyen cuadernillos de música y poesía.

La nueva etapa está respaldada con una organización administrativa y el apoyo financiero de la Universidad y de los suscriptores y lectores.  Restablecida su periodicidad trimestral, con modernos equipos de edición e impresión y un renovado grupo de colaboradores de distintas tendencias, la revista ha recuperado con creces el lugar que ocupaba entre las publicaciones colombianas, y puede mirar con satisfacción el ejemplo y experiencia que han tomado de ella las ya diversas revistas universitarias de Antioquia.

*
El autor agradece a Juan José Hoyos, actual director de la revista, su valiosa colaboración para la elaboración de este artículo.
1
Jorge lván Correa, "Medio siglo de la biblioteca", en Revista Universidad de Antioquia, Medellín,núm. 202, págs. 132-133. Nota: Las reproducciones de este artículo corresponden a los diferentes tipos de cubierta que ha tenido la revista a través de su historia.
2
 Anuario estadístico del municipio de Medellin, Medellín,1936, págs. 10 y 86.
3
Francisco López de Mesa, citado en Ibid.,pág. 134.
4
 "Nuestros propósitos ", enRevista U nivcrsidad de Antioquia, Medellín, núm. 1, pág. 7.
5
 Ibid., págs. 5y 6.
6
Alfonso Castro, "Presente y futuro",en Revista Universidad de Antioquia, núm. 23, pág. 411.
7
 Ana María Cano, "Mutis, poeta mayor", en Entrevistas, Bogotá, 1985,pág. 103. Véase también: Alvaro Mutis, Prosa  6 Alfonso Castro, "Presente y futuro",en Revista Universidad de Antioquia, núm. 23, pág. 411.  y poesía, Bogotá, 1982, págs. 576 y 622.
8
Correa, op. cit., pág. 135.
9
Santigo Peláez, "La Revista".en Revista Universidad de Antioquia .. núm. 202. pág. 5.