Artículo: CRITICA: ¿Un quincenario sin compromisos?
(1948-1951)
CRITICA: ¿Un quincenario sin compromisos?
(1948-1951)
OSCAR TORRES DUQUE
Reproducciones: Alberto Sierra Restrepo
Mario Rivera
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Primer número del quincenario Crítica (Mario Rivera)
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QUIZA UNA DE LAS RAZONES por las cuales, en nuestro país, eso
que la comunicación social llama "cultura" * haya tenido un desarrollo tan inauténtico y
fragmentario sea el matrimonio espurio entre aquélla y la vida
pública nacional. En el mejor de los casos, nuestros hombres
representativos lucharon por conciliar sus dos vidas en un
humanismo integral de pensamiento y de arte: casos como los de
Miguel Antonio Caro, José Eusebio Caro y Guillermo Valencia nos
ofrecen tema interesante para antologías o historias de las letras
nacionales. Otros ejemplos, otros nombres, serían más penosos de
mencionar, tanto más si están unidos a significativos momentos de
la historia patria.
Desde el romanticismo -el hegeliano antes que el rousseauniano o
victorhuguesco-, la función del intelectual de letras y pensamiento
es cada vez menos social y más alienante. Por supuesto que en
ningún momento tal distinción se plantea como un deber ser; antes
bien, se observa con preocupación por los teóricos. Que el arte
haya tomado la posición de distanciamiento no dice nada contra el
histórico fenómeno de su destierro por parte del devenir social,
del cual fueron expulsadas las condiciones que enmarcan la
presencia equilibrante del arte, con el triunfo del liberalismo, la
revolución industrial y la lucha de clases. Crítica, en el mejor
sentido kantiano de la palabra, significa esa conciencia de
límites, de reconocimiento del fin de las posibilidades históricas
del hombre; el intelecto, desde entonces y como función social,
debe ejercer una suerte de "rnarginalia", de glosa cínica
e imparcial de los hechos históricos. ¿Se puede ser
imparcial? Quizá no, pero el intelecto juega a serlo, olvidando la
parte de carne dolorida que le incumbe; en su empecinado intento de
objetividad, creo (y ese intento acaso se vea siempre, hasta cierto
punto, frustrado), radica su humanidad, su parcialidad soberana y
autojustificada.
Todo esto, para introducir el carácter de un tipo de publicación
"cultural" en Colombia: el periodismo político de la
"clase intelectual". Tal es el tono de Crítica,
quincenario "cultural" dirigido durante cerca de tres
años por Jorge Zalamea en Bogotá, con la salvedad, respecto de
otras publicaciones de su tipo, de que este quincenario sí fue
auténticamente "cultural", aun a pesar de su parcialidad,
no política sino social (porque la parcialidad o imparcialidad del
crítico están más allá de las ideologías políticas, que son
circunstancias que a duras penas pueden reflejar un compromiso del
intelectual o su dimensión práctica). La labor de difusión cultural
de Crítica es destacable dentro de una historia de las
publicaciones periódicas "culturales" en Colombia,
repito,· aunque no se tratara exclusivamente de una
publicación del tal índole.
La actitud política de una revista o periódico
"cultural" debe coincidir con todo aquello que publica,
no digo en el contexto de la opinión, pero sí en el del gesto y en
el espíritu de texto comunal. Que se señale una dirección integral,
una pasión humanística. La cultura es una órbita superior a la
política o a cualquier manifestación social, porque ella las
aglutina a todas en una sola visión del mundo; si la intención
política no está presidida por la dirección integral de la cultura,
la escisión que se produce impide la existencia del texto de la
revista o periódico, que es algo más, o diferente, que la suma de
textos publicados. En una gaceta del Fondo de Cultura Económica,
escribió Alejandro Katz, a propósito del hablar comunal de San
Agustín, lo siguiente: "El modo en que una revista es
inventada es también el modo en que puede ser leída (por ello,
sobra decirlo, algunas revistas son, pese a su apariencia, el
Texto, con la rotunda firma de autor al calce; otras, carantes de
la firma, no son más que una recolección de pequeñas firmitas, de
textos que solicitan ser leídos como si fueran el Gran Original,
pero que no consiguen serlo). En una redacción -aceptamos llamarla
así- cada uno no es él sino un universo de lectores posibles "
l.
El pecado de Crítica fue constituirse en firma adicional
-opositora, si se prefiere- a las firmas dominantes de la vida
política de su tiempo, firmas que estaban, por lo demás, fuera del
texto que se quería elaborar, porque ellas, salvo a partir de la
censura, no participan oficialmente en la publicación del
quincenario. Como publicación, Crítica no creó un círculo de
"lectores posibles"; más bien reconocía la existencia
importante de "enemigos vulnerables", cuando en realidad
su contenido, en su mayor parte, era ajeno a tales consideraciones.
El liberalismo podía reclamar su validez o importancia históricas
-bandera de una intelectualidad artística-, pero no rebajarse a
debatir con otro partido, el conservatismo, las responsabilidades
en una situación crítica del país, reclamar desde allí, hacer
proselitismo desde allí, hacer "cultura" desde allí.
Crítica, entonces, fue dos cosas: un quincenario liberal y el
quincenario de Jorge Zalamea: un solo quincenario, es cierto, pero
dos direcciones diferentes.
Jorge Zalamea fundó Crítica (primera aparición) el 14 de octubre
de 1948, época de efervescente violencia partidista en Colombia, de
efervescente correr de sangre (¿la cultura como posición
ante el asesinato y la infamia?). Tres años después, e14 de octubre
de 1951, aparecía el último número de un quincenario diezmado y
depurado por la censura conservadora y el desencanto de sus
creadores. Realmente un lapso generoso para crear una imagen
combativa o espiritual, o, por lo menos, para permanecer en las
historias del periodismo o de las publicaciones periódicas en
Colombia. Sin embargo, el desconocimiento y la carencia de datos de
Crítica para la historiografía periodística posterior son
abrumadores. Abrumadores, si pensamos en la calidad y cantidad de
sus colaboradores y textos publicados. Nombrarlos aquí sería
ocioso, pues, de hecho, más adelante aparecerán con su respectivo
papel.
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Número 13, mayo 4 de 1949 (A.S.R.)
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Crítica "consistió" en el abanderamiento que un grupo
de liberales intelectuales (o mejor, el "clan Zalamea")
hizo de la denuncia de crímenes políticos en el país (contra
liberales, se entiende), de la oposición encarnizada y sectaria al
ingenuo y pintoresco gobierno conservador (pero también a sus más
notables alentadores) y de la actualidad "cultural" como
difusión del quehacer artístico, literario y filosófico en todo el
mundo. Tres banderas difíciles de coser en una sola. La cultura es,
por principio, conservadora, pero de un orden ya existente, de una
tradición, de un mundo constituido de valores y principios
universales. La "cultura", liberal en todos los sentidos,
de Crítica era en realidad la maravillosa conjunción de autores y
textos en un muestrario para todos losgustos, incluso los más
conservadores. Mucho de actividad reciente y numero sos ensayos de
fondo sobre diversos temas en el campo de arte, de la literatura y
del pensamiento
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Jorge Zalamea (M.R.)
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De principio a fin de su existencia, Crítica se presenta como un
quincenario, de 8 a 24 páginas, con intensa opinión política en
primer plano, hasta el momento de la censura oficial (el primer
número censurado salió e14 de mayo de 1950); digo primer plano y me
refiero a la noticia o comentario de primera página ya las páginas
editoriales; "tout le reste" es la "cultura".
¿Se trataba de veras de crear el clima de civilización o
cultura que permitiera el arrostramiento con la violencia, su
denuncia, su infamación? Mi respuesta negativa se adhiere a estas
palabras del poeta santandereano Tomás Vargas Osorio:
"¿Es justa la contra posición
ideológica-civilidad-violencia? ¿y hasta qué punto nosotros
los colombianos hemos preferido el primer término con desapego
definitivo del otro? La vida política, la vida administrativa, bien
pueden desarrollarse armó nicamente dentro de los cauces de la
civilidad, y hasta es conveniente que así sea; ¿pero la
cultura debe y puede restringirse a este plano simple de hechos y
de circunstancias? La civilidad es, ante todo, un estilo de moral
política; pero es injusto -históricamente injusto- pretender que el
espíritu y la cultura se estrechen dentro de un ámbito moral
utilitario, dentro de un de finalida des inmediatas" 2 . Por supuesto, la pretensión es no sólo
injusta sino fallida, pese a lo cual, dentro de la ya micro
historia del espíritu, el texto cultural es recibido
satisfactoriamente por los lectores ideales, al margen de la vergon
zante tropelía nacional. Crítica pudo haber prescindido, teniendo
en cuenta a sus inspiradores, de su famoso alegato contra una
situación de hecho -más que de derecho- y de hacer en sus páginas
explícito su compromiso político liberal, cuando éste podía ser
tácito -y auténtico- en los textos de "cultura"
publicados (de hecho, en ellos fue reconocible ese compromiso,
especialmente después de la censura; bastaría citar los ejemplos de
textos largos, publicados por entregas, de Sartre y Bertrand
Russell sobre la libertad). Sólo la vida pública degenerada impone
a sus protagonistas la especialización de su acción pública:
personajes de la política, personajes de la cultura, personajes del
deporte. Quien realmente lleva una vida pública, una vida
consagrada a la transformación o conservación del mundo, refleja su
esfuerzo no en una especialización especialización sino en su vida
toda, convertida en la actividad que desarrolla. En Colombia sucede
con frecuencia la desgracia de que para ser hombre público el
escritor debe "meterse" a político, así como el político
completa su imagen "metiéndose" a escritor.
Quien escribe para publicar y publica para influir en los demás,
debe saber de antemano que su medio de expresión es la palabra y
que ésta debe bastarse a sí misma, so pena de reconocer la
incapacidad de los lectores de asumir una actitud madura ante ella.
Si se reconoce esa incapacidad y pese a todo se publica, es decir,
si se cambia el medio de expresión por el impuesto de la
publicidad, se corre el riesgo de poner en entredicho el compromiso
inicial: influir en gentes inmaduras -y, por tanto, nocivamente- o
influir en la vida privada de las gentes maduras. Es un dilema
aberrante, pero irremediable en estas latitudes: o se hace
"cultura" o se es público. Sin embargo, la primera opción
es una forma de apostar a esa publicidad y, por tanto, de
comprometerse socialmente, aunque sólo sea como apuesta. Al
respecto, transcribo algo que escribió Martí sobre la libertad
pública -o publicada, para el caso-: "Ni el miedo a las
justicias sociales, ni la simpatía ciega por los que las intentan,
debe guiar a los pueblos en sus crisis, ni al que las narra. Sólo
sirve dignamente a la libertad el que, a riesgo de ser tomado por
su enemigo, la preserva sin temblor de los que la comprometen con
sus errores. No merece el dictado de defensor de la libertad quien
excusa sus vicios y crímenes por el temor mujeril de parecer tibio
en su defensa. Ni merecen perdón los que, incapaces de domar el
odio y la antipatía que el crimen inspira, juzgan los delitos
sociales sin conocer y pesar las causas históricas de que nacieron
ni los impulsos de generosidad que los producen" 3. Creo que todo el liberalismo, desde su nacimiento
hasta nuestros días, ha cargado con ese estigma de ser, antes que
una ideología nueva y aplicable, un reconocimiento de lo que le va
quedando al hombre, cuando lo que lo ataba a ley natural se ha
convertido en cadena insoportable. Liberarse siempre significa
preguntarse por el sentido de una libertad que nace para huir, para
escapar. Es preguntarse por el sentido de la libertad en el
desierto.
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Núm. 16 junio 17 de 1949 (A:S:R:)
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Crítica comienza unos meses después del asesinato de Jorge
Eliécer Gaitán, y marcada por ese asesinato, con denuncias de
crímenes contra liberales en diferentes lugares del país. Extensas
listas de personas asesinadas se publican en los primeros números
yen las primeras páginas, con titulares alusivos a la connivencia o
participación del gobierno conservador de Mariano Ospina Pérez.
Estas denuncias son indudablemente el plato fuerte del quincenario
en su primera etapa y la presentación, como periódico, del mismo.
No pretendió Zalamea hacer, en principio, una revista o periódico
cultural; o si lo pretendió, se vio sorprendido por la urgencia de
oposición y de denuncia políticas. En primera página, casi siempre,
una gran caricatura, de más de media página, elaborada por el
bocetista de Crítica, Samper, furibundo, sin remilgos,
ridiculizador de todo el zoológico conservador en ciernes: Ospina
Pérez como doncella cortej da por el caballero Laureano, o
como arquero de un equipo de fútbol de ineptos (conservadores),
incapaz de parar el disparo de Darío Echandía y con un letrero en
su uniforme: "Manzanillo"; o danzando muy elegantemente
con el esqueleto femenino llamado Colombia, o en el paraíso
terrenal, de Eva, poco antes de su expulsión.
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Núm. 18. julio 15 de 1949 (A.S.R.).
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La opinión escrita de Crítica poco difería de sus caricaturas:
el gobierno de Ospina Pérez, un títere asediado por los maliciosos
Laureano Gómez y Gilberto Alzate Avendaño, no era más que la
pretensión de trasplante del franquism tiránico español, la más
infame huella del fascismo europeo y su locura. "La
falange criolla", se les llama en alguna caricatura en la que
aparecen Ospina Pérez, Laureano Gómez, Gilberto Alzate y Guillermo
León Valencia. De paso, el ímpetu ironizante, no exento de la ira
por la falta del poder, se comprometía con la causa de Daría
Echandía para las venideras elecciones, asegurando, y dando la
cabeza por ello, que sería el nuevo presidente de Colombia, el
Mesías, la salvación (aunque, irremediablemente, Crítica habría de
auto nombrarse tarde o temprano "un quincenario sin
compromisos"). La derrota y el triunfo de Laureano Gómez
serían el trago más amargo para la publicación de Zalamea.
Titulares como "Los pies en polvorosa de Laureano"
(¿el pueblo como amenaza de muerte?), "Homenaje al
caudillo, agravio a Colombia", a propósito de un homenaje a
Laureano, "El presidente Jano" y otros por el estilo
corrompen de odio sus páginas, precediendo excelentes textos para
almas menos comprometidas con la bajeza. El 18 de octubre de 1950,
ya censurada, Crítica publica en su editorial (uno de los pocos
redactados en esos tiempos) lo siguiente: "Mientras en
Colombia fue libre la palabra, ésta nos sirvió para luchar franca y
lealmente contra lo que nos parecía indeseable para la patria y
contrario al destino del hombre. De esa etapa nos queda un orgullo:
jamás mancillamos la dignidad de la palabra con nada que fuera soez
o injurioso; jamás quebrantamos el imperio de la verdad con nada
que fuera inverídico o calumnioso. Nuestros ataques pudieron ser
iracundos; pudieron ser implacables; pero fueron siempre decorosos
en la expresión y rigurosos en la verdad" 4. A pesar de lo cual, la palabra había admitido
continuar encadenada y amordazada. ¿Esto era cierto?
¿Sin el afán político, Crítica no tenía derecho de ser
publicación "cultural"? ¿Por qué, entonces, seguir
publicando? Por otra parte, el final de Crítica, no bajo un
gobierno conservador, sino entre las mil manos clausuradoras de
Laureano Gómez, era previsible. Que a Ospina Pérez se lo calificara
de tonto era soportable, pero que a Laureano se lo tachara de
criminal y tras la tacha se sellara el sobre con textos de
escritores eminentes, acaso "inocentes ", era algo
impensable como hecho público.
Caricatura, listas de asesinados liberales, proselitismo
editorial y una columna llamada "La quincena
parlamentaria" constituyeron la catapulta del combate
político. Podían no llevarse más de tres páginas del quincenario,
pero dejan hoy en día desazonado al lector para lo que sigue en las
páginas restantes. En la columna "La quincena
parlamentaria" se exaltaba la labor igualmente denunciante y
desenmascaradora de los congresistas liberales (Plinio Mendoza
Neira, Mario Ruiz Camacho, Carlos Lleras Restrepo, Abelardo Forero
Benavides)
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Las comillas o la ausencia de ellas para la palabra
"cultura" y sus dereivadas, atiende a mis escrúpulos
respecto a ese concepto. En este artículo es más una posibilidad
que una realidad. Cultura no es, por supuesto, ni en el terreno de
las publicaciones,"arte pensamiento y letras". Me
he presentad, sin embargo, al abuso sistemático y poñular de
la expresión.
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1
|
Alejandro Katz, "De la lectura compartida ", en
Gaceta del Fondo de Cultura Económica, diciembre de 1986, págs.
21-22 2 Tomás Vargas Osario, Bucaramanga, Imprenta Departamental,
I944,t. I, pág. 300
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2
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Tomás Vargas Osario, Bucaramanga, Imprenta Departamental,
I944,t. I, pág. 300
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3
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José martí, Antología, Barcelona. Salvat, 1972,pág. 60
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4
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Crítica , 18 de octubre de 1950.
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