Ficha bibliográfica
Titulo:
Boletín Cultural y Bibliográfico No. 18
Autores: Biblioteca Luis Ángel Arango - Banco de la República
Edición original: Bogotá: 1989
Edición en la biblioteca virtual: Bogotá: marzo de 2007
Notas: Publicación cuatrimestral de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, que presenta importantes artículos sobre las distintas disciplinas de investigación en el campo cultural
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Artículo: CRITICA: ¿Un quincenario sin compromisos? (1948-1951)

CRITICA: ¿Un quincenario sin compromisos? (1948-1951)

OSCAR TORRES DUQUE

Reproducciones: Alberto Sierra Restrepo

Mario Rivera

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Primer número del quincenario Crítica (Mario Rivera)

QUIZA UNA DE LAS RAZONES por las cuales, en nuestro país, eso que la comunicación social llama "cultura" * haya tenido un desarrollo tan inauténtico y fragmentario sea el matrimonio espurio entre aquélla y la vida pública nacional. En el mejor de los casos, nuestros hombres representativos lucharon por conciliar sus dos vidas en un humanismo integral de pensamiento y de arte: casos como los de Miguel Antonio Caro, José Eusebio Caro y Guillermo Valencia nos ofrecen tema interesante para antologías o historias de las letras nacionales. Otros ejemplos, otros nombres, serían más penosos de mencionar, tanto más si están unidos a significativos momentos de la historia patria.

Desde el romanticismo -el hegeliano antes que el rousseauniano o victorhuguesco-, la función del intelectual de letras y pensamiento es cada vez menos social y más alienante. Por supuesto que en ningún momento tal distinción se plantea como un deber ser; antes bien, se observa con preocupación por los teóricos. Que el arte haya tomado la posición de distanciamiento no dice nada contra el histórico fenómeno de su destierro por parte del devenir social, del cual fueron expulsadas las condiciones que enmarcan la presencia equilibrante del arte, con el triunfo del liberalismo, la revolución industrial y la lucha de clases. Crítica, en el mejor sentido kantiano de la palabra, significa esa conciencia de límites, de reconocimiento del fin de las posibilidades históricas del hombre; el intelecto, desde entonces y como función social, debe ejercer una suerte de "rnarginalia", de glosa cínica e imparcial de los hechos históricos. ¿Se puede ser imparcial? Quizá no, pero el intelecto juega a serlo, olvidando la parte de carne dolorida que le incumbe; en su empecinado intento de objetividad, creo (y ese intento acaso se vea siempre, hasta cierto punto, frustrado), radica su humanidad, su parcialidad soberana y autojustificada.

Todo esto, para introducir el carácter de un tipo de publicación "cultural" en Colombia: el periodismo político de la "clase intelectual". Tal es el tono de Crítica, quincenario "cultural" dirigido durante cerca de tres años por Jorge Zalamea en Bogotá, con la salvedad, respecto de otras publicaciones de su tipo, de que este quincenario sí fue auténticamente "cultural", aun a pesar de su parcialidad, no política sino social (porque la parcialidad o imparcialidad del crítico están más allá de las ideologías políticas, que son circunstancias que a duras penas pueden reflejar un compromiso del intelectual o su dimensión práctica). La labor de difusión cultural de Crítica es destacable dentro de una historia de las publicaciones periódicas "culturales" en Colombia, repito,· aunque no se tratara exclusivamente de una publicación del tal índole.

La actitud política de una revista o periódico "cultural" debe coincidir con todo aquello que publica, no digo en el contexto de la opinión, pero sí en el del gesto y en el espíritu de texto comunal. Que se señale una dirección integral, una pasión humanística. La cultura es una órbita superior a la política o a cualquier manifestación social, porque ella las aglutina a todas en una sola visión del mundo; si la intención política no está presidida por la dirección integral de la cultura, la escisión que se produce impide la existencia del texto de la revista o periódico, que es algo más, o diferente, que la suma de textos publicados. En una gaceta del Fondo de Cultura Económica, escribió Alejandro Katz, a propósito del hablar comunal de San Agustín, lo siguiente: "El modo en que una revista es inventada es también el modo en que puede ser leída (por ello, sobra decirlo, algunas revistas son, pese a su apariencia, el Texto, con la rotunda firma de autor al calce; otras, carantes de la firma, no son más que una recolección de pequeñas firmitas, de textos que solicitan ser leídos como si fueran el Gran Original, pero que no consiguen serlo). En una redacción -aceptamos llamarla así- cada uno no es él sino un universo de lectores posibles " l.

El pecado de Crítica fue constituirse en firma adicional -opositora, si se prefiere- a las firmas dominantes de la vida política de su tiempo, firmas que estaban, por lo demás, fuera del texto que se quería elaborar, porque ellas, salvo a partir de la censura, no participan oficialmente en la publicación del quincenario. Como publicación, Crítica no creó un círculo de "lectores posibles"; más bien reconocía la existencia importante de "enemigos vulnerables", cuando en realidad su contenido, en su mayor parte, era ajeno a tales consideraciones. El liberalismo podía reclamar su validez o importancia históricas -bandera de una intelectualidad artística-, pero no rebajarse a debatir con otro partido, el conservatismo, las responsabilidades en una situación crítica del país, reclamar desde allí, hacer proselitismo desde allí, hacer "cultura" desde allí. Crítica, entonces, fue dos cosas: un quincenario liberal y el quincenario de Jorge Zalamea: un solo quincenario, es cierto, pero dos direcciones diferentes.

Jorge Zalamea fundó Crítica (primera aparición) el 14 de octubre de 1948, época de efervescente violencia partidista en Colombia, de efervescente correr de sangre (¿la cultura como posición ante el asesinato y la infamia?). Tres años después, e14 de octubre de 1951, aparecía el último número de un quincenario diezmado y depurado por la censura conservadora y el desencanto de sus creadores. Realmente un lapso generoso para crear una imagen combativa o espiritual, o, por lo menos, para permanecer en las historias del periodismo o de las publicaciones periódicas en Colombia. Sin embargo, el desconocimiento y la carencia de datos de Crítica para la historiografía periodística posterior son abrumadores. Abrumadores, si pensamos en la calidad y cantidad de sus colaboradores y textos publicados. Nombrarlos aquí sería ocioso, pues, de hecho, más adelante aparecerán con su respectivo papel.

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Número 13, mayo 4 de 1949 (A.S.R.)

Crítica "consistió" en el abanderamiento que un grupo de liberales intelectuales (o mejor, el "clan Zalamea") hizo de la denuncia de crímenes políticos en el país (contra liberales, se entiende), de la oposición encarnizada y sectaria al ingenuo y pintoresco gobierno conservador (pero también a sus más notables alentadores) y de la actualidad "cultural" como difusión del quehacer artístico, literario y filosófico en todo el mundo. Tres banderas difíciles de coser en una sola. La cultura es, por principio, conservadora, pero de un orden ya existente, de una tradición, de un mundo constituido de valores y principios universales. La "cultura", liberal en todos los sentidos, de Crítica era en realidad la maravillosa conjunción de autores y textos en un muestrario para todos losgustos, incluso los más conservadores. Mucho de actividad reciente y numero sos ensayos de fondo sobre diversos temas en el campo de arte, de la literatura y del pensamiento

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Jorge Zalamea (M.R.)

De principio a fin de su existencia, Crítica se presenta como un quincenario, de 8 a 24 páginas, con intensa opinión política en primer plano, hasta el momento de la censura oficial (el primer número censurado salió e14 de mayo de 1950); digo primer plano y me refiero a la noticia o comentario de primera página ya las páginas editoriales; "tout le reste" es la "cultura". ¿Se trataba de veras de crear el clima de civilización o cultura que permitiera el arrostramiento con la violencia, su denuncia, su infamación? Mi respuesta negativa se adhiere a estas palabras del poeta santandereano Tomás Vargas Osorio: "¿Es justa la contra posición ideológica-civilidad-violencia? ¿y hasta qué punto nosotros los colombianos hemos preferido el primer término con desapego definitivo del otro? La vida política, la vida administrativa, bien pueden desarrollarse armó nicamente dentro de los cauces de la civilidad, y hasta es conveniente que así sea; ¿pero la cultura debe y puede restringirse a este plano simple de hechos y de circunstancias? La civilidad es, ante todo, un estilo de moral política; pero es injusto -históricamente injusto- pretender que el espíritu y la cultura se estrechen dentro de un ámbito moral utilitario, dentro de un de finalida des inmediatas" 2 . Por supuesto, la pretensión es no sólo injusta sino fallida, pese a lo cual, dentro de la ya micro historia del espíritu, el texto cultural es recibido satisfactoriamente por los lectores ideales, al margen de la vergon zante tropelía nacional. Crítica pudo haber prescindido, teniendo en cuenta a sus inspiradores, de su famoso alegato contra una situación de hecho -más que de derecho- y de hacer en sus páginas explícito su compromiso político liberal, cuando éste podía ser tácito -y auténtico- en los textos de "cultura" publicados (de hecho, en ellos fue reconocible ese compromiso, especialmente después de la censura; bastaría citar los ejemplos de textos largos, publicados por entregas, de Sartre y Bertrand Russell sobre la libertad). Sólo la vida pública degenerada impone a sus protagonistas la especialización de su acción pública: personajes de la política, personajes de la cultura, personajes del deporte. Quien realmente lleva una vida pública, una vida consagrada a la transformación o conservación del mundo, refleja su esfuerzo no en una especialización especialización sino en su vida toda, convertida en la actividad que desarrolla. En Colombia sucede con frecuencia la desgracia de que para ser hombre público el escritor debe "meterse" a político, así como el político completa su imagen "metiéndose" a escritor.

Quien escribe para publicar y publica para influir en los demás, debe saber de antemano que su medio de expresión es la palabra y que ésta debe bastarse a sí misma, so pena de reconocer la incapacidad de los lectores de asumir una actitud madura ante ella. Si se reconoce esa incapacidad y pese a todo se publica, es decir, si se cambia el medio de expresión por el impuesto de la publicidad, se corre el riesgo de poner en entredicho el compromiso inicial: influir en gentes inmaduras -y, por tanto, nocivamente- o influir en la vida privada de las gentes maduras. Es un dilema aberrante, pero irremediable en estas latitudes: o se hace "cultura" o se es público. Sin embargo, la primera opción es una forma de apostar a esa publicidad y, por tanto, de comprometerse socialmente, aunque sólo sea como apuesta. Al respecto, transcribo algo que escribió Martí sobre la libertad pública -o publicada, para el caso-: "Ni el miedo a las justicias sociales, ni la simpatía ciega por los que las intentan, debe guiar a los pueblos en sus crisis, ni al que las narra. Sólo sirve dignamente a la libertad el que, a riesgo de ser tomado por su enemigo, la preserva sin temblor de los que la comprometen con sus errores. No merece el dictado de defensor de la libertad quien excusa sus vicios y crímenes por el temor mujeril de parecer tibio en su defensa. Ni merecen perdón los que, incapaces de domar el odio y la antipatía que el crimen inspira, juzgan los delitos sociales sin conocer y pesar las causas históricas de que nacieron ni los impulsos de generosidad que los producen" 3. Creo que todo el liberalismo, desde su nacimiento hasta nuestros días, ha cargado con ese estigma de ser, antes que una ideología nueva y aplicable, un reconocimiento de lo que le va quedando al hombre, cuando lo que lo ataba a ley natural se ha convertido en cadena insoportable. Liberarse siempre significa preguntarse por el sentido de una libertad que nace para huir, para escapar. Es preguntarse por el sentido de la libertad en el desierto.

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Núm. 16 junio 17 de 1949 (A:S:R:)

Crítica comienza unos meses después del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, y marcada por ese asesinato, con denuncias de crímenes contra liberales en diferentes lugares del país. Extensas listas de personas asesinadas se publican en los primeros números yen las primeras páginas, con titulares alusivos a la connivencia o participación del gobierno conservador de Mariano Ospina Pérez. Estas denuncias son indudablemente el plato fuerte del quincenario en su primera etapa y la presentación, como periódico, del mismo. No pretendió Zalamea hacer, en principio, una revista o periódico cultural; o si lo pretendió, se vio sorprendido por la urgencia de oposición y de denuncia políticas. En primera página, casi siempre, una gran caricatura, de más de media página, elaborada por el bocetista de Crítica, Samper, furibundo, sin remilgos, ridiculizador de todo el zoológico conservador en ciernes: Ospina Pérez como doncella cortej da por el caballero Laureano, o como arquero de un equipo de fútbol de ineptos (conservadores), incapaz de parar el disparo de Darío Echandía y con un letrero en su uniforme: "Manzanillo"; o danzando muy elegantemente con el esqueleto femenino llamado Colombia, o en el paraíso terrenal, de Eva, poco antes de su expulsión.

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Núm. 18. julio 15 de 1949 (A.S.R.).

La opinión escrita de Crítica poco difería de sus caricaturas: el gobierno de Ospina Pérez, un títere asediado por los maliciosos Laureano Gómez y Gilberto Alzate Avendaño, no era más que la pretensión de trasplante del franquism tiránico español, la más infame huella del fascismo europeo y su locura.  "La falange criolla", se les llama en alguna caricatura en la que aparecen Ospina Pérez, Laureano Gómez, Gilberto Alzate y Guillermo León Valencia. De paso, el ímpetu ironizante, no exento de la ira por la falta del poder, se comprometía con la causa de Daría Echandía para las venideras elecciones, asegurando, y dando la cabeza por ello, que sería el nuevo presidente de Colombia, el Mesías, la salvación (aunque, irremediablemente, Crítica habría de auto nombrarse tarde o temprano "un quincenario sin compromisos"). La derrota y el triunfo de Laureano Gómez serían el trago más amargo para la publicación de Zalamea. Titulares como "Los pies en polvorosa de Laureano" (¿el pueblo como amenaza de muerte?), "Homenaje al caudillo, agravio a Colombia", a propósito de un homenaje a Laureano, "El presidente Jano" y otros por el estilo corrompen de odio sus páginas, precediendo excelentes textos para almas menos comprometidas con la bajeza. El 18 de octubre de 1950, ya censurada, Crítica publica en su editorial (uno de los pocos redactados en esos tiempos) lo siguiente: "Mientras en Colombia fue libre la palabra, ésta nos sirvió para luchar franca y lealmente contra lo que nos parecía indeseable para la patria y contrario al destino del hombre. De esa etapa nos queda un orgullo: jamás mancillamos la dignidad de la palabra con nada que fuera soez o injurioso; jamás quebrantamos el imperio de la verdad con nada que fuera inverídico o calumnioso. Nuestros ataques pudieron ser iracundos; pudieron ser implacables; pero fueron siempre decorosos en la expresión y rigurosos en la verdad" 4. A pesar de lo cual, la palabra había admitido continuar encadenada y amordazada. ¿Esto era cierto? ¿Sin el afán político, Crítica no tenía derecho de ser publicación "cultural"? ¿Por qué, entonces, seguir publicando? Por otra parte, el final de Crítica, no bajo un gobierno conservador, sino entre las mil manos clausuradoras de Laureano Gómez, era previsible. Que a Ospina Pérez se lo calificara de tonto era soportable, pero que a Laureano se lo tachara de criminal y tras la tacha se sellara el sobre con textos de escritores eminentes, acaso "inocentes ", era algo impensable como hecho público.

Caricatura, listas de asesinados liberales, proselitismo editorial y una columna llamada "La quincena parlamentaria" constituyeron la catapulta del combate político. Podían no llevarse más de tres páginas del quincenario, pero dejan hoy en día desazonado al lector para lo que sigue en las páginas restantes. En la columna "La quincena parlamentaria" se exaltaba la labor igualmente denunciante y desenmascaradora de los congresistas liberales (Plinio Mendoza Neira, Mario Ruiz Camacho, Carlos Lleras Restrepo, Abelardo Forero Benavides)

*
Las comillas o la ausencia de ellas para la palabra "cultura" y sus dereivadas, atiende a mis escrúpulos respecto a ese concepto. En este artículo es más una posibilidad que una realidad. Cultura no es, por supuesto, ni en el terreno de las publicaciones,"arte pensamiento y  letras". Me he  presentad, sin embargo, al abuso sistemático y poñular de la expresión.
1
Alejandro Katz, "De la lectura compartida ", en Gaceta del Fondo de Cultura Económica, diciembre de 1986, págs. 21-22 2 Tomás Vargas Osario, Bucaramanga, Imprenta Departamental, I944,t. I, pág. 300
2
Tomás Vargas Osario, Bucaramanga, Imprenta Departamental, I944,t. I, pág. 300
3
José martí, Antología, Barcelona. Salvat, 1972,pág. 60
4
Crítica , 18 de octubre de 1950.