Ficha bibliográfica
Titulo:
Boletín Cultural y Bibliográfico No. 18
Autores: Biblioteca Luis Ángel Arango - Banco de la República
Edición original: Bogotá: 1989
Edición en la biblioteca virtual: Bogotá: marzo de 2007
Notas: Publicación cuatrimestral de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, que presenta importantes artículos sobre las distintas disciplinas de investigación en el campo cultural
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Reseñas crítica literaria: Cantos a la vida

Cantos a la vida

Prosa

Amira de la Rosa Fundación Simón y Lola Guberek,Bogotá, 1988, 206 págs.

Nos presenta este libro la prosa poética de Amira de La Rosa, barranquillera nacida a comienzos del siglo, cuando, sin lugar a dudas, el mar, al llegar a la tierra, se desvanecía en olas con otro ritmo, quizá con el mismo que tiene su voz. La lectura nos transporta irremediablemente a otro tiempo, tiempo mesurado. Prosa trae una buena cantidad de escritos cortos, seleccionados y presentados por Germán Vargas para el número 27 de la Colección Literaria, que edita la Fundación Guberek.

En la primera parte, "Naturaleza emocional", las páginas son cánticos jocundos a la tierra, a la vida, a los ciclos; están salpicados de leyendas indígenas, historias de un lado y de otro, Colombia y España, de mitos o narraciones tomadas de los Libros Sagrados, o simplemente son recuerdos anecdóticos y nostalgias. Amira de la Rosa pasó un tiempo viviendo en España, en Sevilla y en Madrid, desde donde escribe este material. Lo digo porque se siente el trópico presente pero lejano, el mar Caribe ausente pero vivo, y es que ella ama la vida: "¿Qué se hace para no pensar en la vida hermosa, para no sentir la poesía?". Algunos escritos son descriptivos de animales: colibríes, mariposas, ovejas locas, luciérnagas, flamencos; o pintan las plantas, los árboles, las flores: maizales, cocoteros, matarratones, acacias, trupillos, castaños de indias, y luego de delinearlos, a veces minuciosamente, ¿cómo son?, ¿cómo viven?, ¿para qué sirven?, cuenta alguna anécdota, donde en ocasiones ella entra a participar, se hace protagonista y establece diálogos:

-¿ Y esa quebradura?
-Me la hice al caer del árbol
-¡Pobre!
-No me duele.
-¿No estás triste? Tu vida se acaba.
-No. Me renuevo en todas las primaveras. [pág. 78].

reseñas

También encuentra cierta satisfacción en humanizar animales, plantas, objetos, trasponiendo los sentimientos:

Ya tiene, para mí, categoría de persona. Es un amigo íntimo, todo paz y promesa. Entiende mis pensamientos y mi conversación. Es mi interlocutor. Tenemos tanta confianza, que entra por las  mañanas a mi despacho, con el sol nuevo, y juega con él a los claroscuros sobre mi mesa. Hay un momento en que yo no sé si lo que escribo son hojas o letras [pág. 49]

La preocupación de Amira de la Rosa parece ser el deleite por contarlo que siente, lo que ve, lo que en ella vibra, el proceso de la vida. Es, sin lugar a dudas, una observadora detallista, descubridora de lo aparentemente simple pero en profundidad muy rico, y con ello hace su poesía;para ella, quizá cada instante de la vida fuera poético. El lenguaje de su prosa es preciso y variado, cada palabra ocupa el sitio que le corresponde y no otro para decir la emoción que tiene que decir. Su vocabulario es amplio, con ese sabor de otros tiempos, de otros ritmos, quizás de otro continente, el de la "madre Patria". Y en general sus trazos nos remiten a otra atmósfera, cuando las ciudades, como Caracas, a la que le canta, no tenían rascacielos y las calles estaban sembradas de árboles y pasaba uno que otro auto. No hay quejumbres, habla de vivencias, ella es solo sentimiento, no hay tragedias, ni amarulencia, las lucubraciones no le roban tiempo.

La segunda parte toma otro rumbo, a pesar de encontrarnos con los mismos sabores. "Girándula" es un nombre muy bien puesto, porque se siente que contiene una temática variada, sí, pero con el mismo acento. Aquí también nos cuenta anécdotas, donde de nuevo aparece ese gusto por la personificación; esta vez se trata de los objetos: un barco o un estante viejo, al que le han quitado sus libros:

Ahora advirtió que tenía hendiduras; sintió la punzada del vacío; el dolor  de la carcoma; la vergüenza de  los remiendos; el insulto de los clavos;  el ridículo de la última pintura con que quisieron remozarlo. Halló escueto su regazo; mordió su soledad; tembló de frío; lo fustigó el pudor de su desnudez anciana; y se rindió sin hacer ruido, con mansa resignación, miedoso de ofender a la carcoma que quedaba sin hogar, [pág. 149].

También se ocupa de los procesos, de la descripción detallada de cómo funciona un horno de carbón, de cómo se hace un bollo de yuca, o una olla de barro de Malambo. Describe imágenes, o estampas, habla de mitos, recuerdos o visiones; en otras palabras, da rienda suelta a sus deseos de escribir, de hacer poesía observando el paso de la vida.

Es como si Amira de la Rosa lo supiera, lo conociera todo, la palabra precisa, el nombre de cada elemento, de cada movimiento, de cada acción, trátese de barcos, de toros, de organismos de la naturaleza; como si tuviera un Larousse adentro. Y lo hace con deleite y con donosura, porque tal vez en esa precisión ella encuentra el gran placer de escribir. Los párrafos son cortos, y también las frases; lo hace sin ningún temor; ella no tiene dudas. Sus preocupaciones son la belleza, la armonía; así se va dejando ir tras el ritmo de las palabras con sus pensamientos encadenados; sus ocupaciones, una trae otra, son sus opiniones. Hay textos bonitos, tiernos, amorosos; hay otros que producen emociones planas; a veces todo se vuelve lo mismo- sin serlo, por supuesto porque hay variedad-, pero el (la) lector(a), que lee por el solo goce de leer, se cansa a pesar de la diversidad de tonos y colores, de retratos, del rico lenguaje. Es que las emociones esperadas sin ser prometidas se quedan suspendidas en la belleza y nada patalea adentro de nosotros mismos.

DORA CECILIA RAMÍREZ