Reseñas crítica literaria: Para una historia literaria
latinoamericana
Para una historia literaria latinoamericana
La historia en la novela hispanoamericana moderna
Rayrnond D, Souza Tercer Mundo Editores, Bogotá, 1988, 199
págs,
De un tiempo para acá, cuando nos hablan de libros de
colombianistas norteamericanos pensamos en largas y baladíes
peroratas sobre la violencia o el subdesarrollo. Por eso resulta
gratificante encontrarse con este libro del presidente de la
Asociación de Colombianistas Norteamericanos, Raymond Souza,
centrado en reales problemas literarios y estéticos y, sin embargo,
indicador, a su vez, del núcleo de toda una perspectiva histórica
en el estudio de las obras analizadas.
Mi sorpresa no es más que la recomprobación del contraste
existente entre quienes, usando como pretexto la literatura,
pretenden recontamos anécdotas de nuestra triste historia
latinoamericana, y quienes elaboran un verdadero estudio literario
respetando la riqueza y amplitud de los textos estudiados. La
historia en la novela hispanoamericana moderna es un libro que abre
caminos para la aplicación de teorías propuestas, pero también un
libro que desarrolla conclusiones y juicios (el verdadero punto de
partida de una teoría creativa, no simplemente
"aplicable" como cualquier metodología).
El libro de Souza se fundamenta en cuatro obras teóricas, creo
que todas intraducidas al español: Metahistory, de Hayden White;
World Hypotheses, de Stephen Pepper; Semiotics and thematics in
Hermeneutics, de Thomas Seung, y Rethorical Poetics, de Donald Rice
y Peter Schofer. Al parecer, el libro de White es el que contiene
la teoría básica, si bien no satisfactoria para Souza, a saber: que
las cuatro categorías epistemológicas de relación con el pasado,
que están en la obra de Pepper, se relacionan con la existencia de
cuatro tropos correspondientes, cuatro formas de expresión ídem;
las categorías de Pepper (que son un verdadero gran aporte a la
epistemología) son las de "formisrno ",
"mecanicismo", "organicismo" y
"contextualismo"; los tropos correspondientes son la
metáfora, la metonimia, la sinécdoque y la ironía, respectivamente.
Rice y Schofer aportan, como nueva relación en esta cadena, la
vinculación de "tropos con relaciones particulares semánticas
y referenciales", es decir, cómo expresan los tropos una
realidad. Finalmente, el estudio de Seung (a mi juicio, la más
determinante y contradictoria fuente de Souza) aporta la noción de
contexto, asimilada a la idea de contexto cultural. Esta teoría
"transautorial" es equivalente a la creencia en cuatro
visiones del mundo, que resuelven el problema de la unión de la
visión con el mundo así: el "formismo" identifica hechos
históricos y los compara por su similitud: su medio de expresión es
la metáfora; el "mecanismo" interpreta la historia como
un con junto de causas y efectos, y su medio de expresión es la
metonimia, que relaciona dos realidades por continuidad o contacto;
el "organicismo" muestra las "repeticiones" de
la parte en el todo y viceversa, y por esa razón es vinculado con
la sinécdoque, figura que funda su desplazamiento semántico en los
continentes y los contenidos; finalmente, el
"contextualismo" considera los hechos como infinitamente
relacionados en un contexto, ofrecen un presente, pero se
desdibujan en un pasado y hacia un futuro: su medio de expresión es
la ironía, pues, en busca de la verdad, reconoce que no hay ninguna
posible en el devenir histórico.
Dadas estas categorías, Souza procede a hacer el estudio de ocho
novelas "hispanoamericanas" contemporáneas (la primera
cronológicamente es El siglo de las luces, de Carpentier, publicada
en 1962). No deja de ser curioso, sin embargo, que prácticamente
todas las ocho novelas, en el análisis de Souza, resultan
contextualistas, con salvedades no muy justificadas en La guerra
del fin del mundo y El guerrillero, de Vargas Llosa y Rosario
Aguilar, respectivamente, y obviando la falta de perspectiva
crítica que se acusa en el estudio de Pepe Botellas, de Alvarez
Gardeazábal (capítulo en el que ponemos en duda nuevamente las
desinteresadas preocupaciones de los colombianistas gringos). De
esa reiterada visión contextualista no se sacan, a nuestro juicio,
conclusiones definitivas, a pesar de que "El contextualismo
tiende a calificar de ingenuas a las otras visiones del mundo"
(pág. 29). Tal vez no a la organicista, que no niega la complejidad
de los contextos. Ello lo comprueba el análisis de las novelas
elegidas, en el que Souza anota a menudo la alianza
de"formismo" y "mecanicismo" y, por otra parte,
de "organicismo" y "contextualismo", como el
caso de El siglo de las luces.
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En El siglo de las luces Souza observa inteligentemente una
serie de sinécdoques, en la que diferentes fragmentos de la vida de
los protagonis tas (Hugues, Carlos, Esteban y Sofía) apuntan hacia
la totalidad de sus historias: las palabras del Zohar o la
contemplación de la guillotina nos lanzan a la totalidad de la
conciencia de Esteban (que es el primer fascinado con las ideas de
Víctor); o bien, los "vestidos esparcidos" de Hugues, en
la última escena vivida con Sofía, son para ésta signo de un hombre
que ya no está, o mejor, encajando en una nueva totalidad, del
hombre que ha dejado de ser lo que era antes -el tiranuelo que no
es ya más el revolucionario idealista-o Pero esta estructura
organicista de la novela de Carpentier marcha a la par con su
dimensión de ironía, puesto que lo que ocupa un primer plano es la
contemplación del cambio (Hugues cambia la vida de los tres
muchachos; al cambiar Hugues, los tres muchachos tienden a cambiar,
ahora voluntariamente, pero el mundo que quieren cambiar -o
mejorar- ya es otro: ya no es Guadalupe, ya no es Cayena,
¿ya no es España?). Por eso es una visión del mundo abierta,
compleja, soluble sólo en la utopía del lector, pero del lector
histórico, también cambiante. Esto define su contextualismo. En El
mundo alucinante, de Reinaldo Arenas, el contextualismo también es
anulador de la visión de mundo del protagonista, el histórico y
controvertido fray Servando Teresa de Mier. Es evidente que el
autor siente simpatía por el personaje, cura rebelde que se
enfrentó a las jerarquías eclesiásticas poco antes de la
Independencia, argumentando que la Virgen de Guadalupe había
aparecido por las tierras mexicanas antes de la llegada de los
españoles; aunque fray Servando ofrece más bien una visión
simplista del mundo, mecanicista, como observación de un escenario
de las luchas de dos fuerzas opuestas, la constante intromisión de
Arenas en el discurso del cura hace que el lector mismo cuestione,
desde dentro, a veces desde el mismo personaje esa mirada y esas
actuaciones. Fray Servando tiene convicciones, principios, pero la
ironía del relato introduce, a última hora, la duda, el simbólico
"Eli, Eli, lamma sabacthani". Esa duda que también es
propia del contextualismo. En las dos novelas de Vargas Llosa, La
guerra del fin del mundo e Historia de Mayea, parece menos clara la
visión de mundo contextualista: en la primera, porque hay dos
grandes líneas "personajísticas ", las dos radicalmente
mecanicistas (el Consejero) Moreira; el primero, mesías radical.
sin los conflictos de fray Servando, ) el segundo, radical
representante de un Estado, uno medieval y el otro "moderno
"); en la segunda novela porque la tendencia interpretativa es
formista, es decir, al mezclarse el presente del narrador con el
pasado de Jauja, en donde Mayta intentó su revolución, pareciera
insinuarse -lo insinúa sin definirse Souza- que el Perú, y así
acaso los países latinoamericanos, repite cada tanto su historia de
radicalismos represivos y mesiánicos en sangrienta lucha. Sin
embargo, en las dos novelas hay elementos
"complicadores": la versión de los hechos del periodista
miope, en La guerra del fin del mundo- que no sólo recuenta un
pasado sino que también se siente afectado por él-, y la imagen
última de un Mayta empleado de heladería, cuando el narrador logra
hablar con él, sacándolo del pasado y de los testimonios amañados,
en Historia de Mayta. Esta ambigüedad, no de
"contextualismo" y otras visiones, sino de optimismo y
pesimismo, de ironía y amargura, de escepticismo y patriotismo,
también rodea el "contextualismo" de Sobre héroes y
tumbas, de Sábato: reconocer el valor de asumir como nuestra una
historia pervertida, es, quizá, un optimismo, yeso caracteriza la
novela de Sábato, con sus familias ruinosas y sus próceres
mutilados. Tampoco aquí hay, como piensa Souza,
"oscilación" entre el "contextualismo" y el
"organicismo", por el hecho de que Sábato supera con
facilidad las barre ras entre el pasado y el presente (Lavalle y
Alejandra): hay complementariedad o pleno
"contextualismo"; tan historia argentina es la historia
de Alejandra, sinecdóquicamente, como la de Lavalle; eso es cierto,
pero no se opone a la otra obvia afirmación de que las dos
historias son una sola, no causa y efecto, pero sí red secreta de
razones.
Souza también analiza La muerte de Artemio Cruz, de Fuentes, El
guerrillero, de Rosario Aguilar, y Pepe Botellas, de Alvarez
Gardeazábal, y el resultado del estudio tropológico es, en términos
generales, la tendencia al "contextualismo", exceptuando
la novela de la nicaragüense Rosario Aguilar, por una razón no
suficiente, la de que el guerrillero, como personaje clave, vital e
ideológicamente, es también un radical mecanicista (sólo que en la
novela quien vive la experiencia del guerrillero, la que se quiere
mostrar, por lo menos, es la maestra, un personaje conflictivo a
quien, a pesar de sus decisiones tardías, le "pasa la historia
por encima"). No veo sostenibles los argumentos en favor de la
complejidad de Pepe Botellas; el solo hecho de tomar un personaje
real, actual, de la vida pública colombiana, como modelo para
configurar al protagonista, es ya sospechoso: no toda ironía -y
este recurso de la novela de Alvarez es irónico- es históricamente
"oposicional" (esto es, crítico ante la historia); hay
ironías anecdóticas, interesadas, autobiográficas.
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Lo que falta, entonces, a las conclusiones de Souza, es que la
gran novela histórica latinoamericana (aquella capaz de reemplazar
con creces el manual de historia) debe ser contextualista, ni
anecdótica ni fantástica. Aquí podría volverse sobre la primera
parte de su Introducción, en la que hace un esbozo de la historia
de las visiones literarias de la historia escritas en Latinoamérica
desde la Conquista; allí se especula sobre ese carácter propio de
nuestra imaginación histórica, integrador y vacilante, quizá quepa
llamarlo "inauténtico" -pero profundo- y que es base de
ese "contextualismo" literario (lo advierte Souza
haciendo un parangón entre Sarmiento y su Facundo y Ricardo Palma,
el calumniado de las Tradicionesperuanas): somos medievo europeo y
utopía precolombina de la naturaleza l.
El rencor y la nostalgia. Entonces recuerdo unas palabras de
Fuentes en su Artemio Cruz: "[...] te sentirás satisfecho de
imponerte a ellos; confiésalo: te impusiste para que te admitieran
como su par: pocas veces te has sentido más feliz, porque desde que
empezaste a ser lo que eres, desde que aprendiste a apreciar el
tacto de las buenas telas, el gusto de los buenos licores, el
olfato de las buenas lociones, todo eso que en los últimos años ha
sido tu placer aislado y único, desde entonces clavaste la mirada
allá arriba, en el norte, y desde entonces has vivido con la nos
talgia del error geográfico que no te permitió ser en todo parte de
ellos [...]"
OSCAR TORRES DUQUE
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En la mencionada Introducción, en la página 20, tal vez por
descuido de Souza, se afirma que Rosas "fue presidente de
Argentina entre 1868 y 1874". El dato corresponde a Sarmiento,
y puede confundir, puesto que en el párrafo se viene hablando de la
oposición de los dos
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