Reseña poesía: La inocencia del poeta genuino
La inocencia del poeta genuino
Retratos, Amanecer en el valle del Sinú, Del amor
Raúl Gómez Jattin Fundación Simón y Lola Guberek, Bogotá, 1988
En un 'Tríptico cereteano" formado por Retratos
(1980-1983), Amanecer en el valle del Sinú (1983-1986), Del amor
(1986-1988), son reunidos los versos del poeta Raúl Gómez Jattin.
Un acierto de la Fundación Simón y Lola Guberek haber rescatado
estos textos marginales. Poesía largamente esperada, limpia,
intensa, pasional, oxigenada. Un espacio que ventila y da un
respiro, como una bocanada de aire limpio, a la nueva poesía
colombiana. Poesía dicha con todo, en una merienda del cerebro, el
corazón, el sexo: "¿De profesión? Loco / ¿De
formación? Angel/ ¿De fornicación? Lento". Poesía
encarnada que no admite el juego retórico, que dice lo que es, la
verdad, y además otra cosa. Poesía maldita, de confesión y
purificación, dicha con humildad, con desenfado. "La poesía es
la única compañera/ acostúmbrate a sus cuchillos/ que es la
única". Poesía de soledad, sedimentada en el dolor y la
desesperación: "Ya para qué seguir siendo árbol". Poesía
libre, de agua, elernental., silvestre, densa. Poesía pasional,
infantil, sublime ... y sin un solo gemido/ se fue a galopar/
a las praderas del cielo". Poesía joven, para jóvenes. Poesía
esencial, lírica que en su totalidad se llena de una engañosa y
mágica sencillez. "Intemperie y soledad/ faltan en tu vida
amigo de mi alma/ lo lamento De verdad lo lamento". Poesía no
para poetas sino para el hombre, para nosotros, para todos,
En estos poemas, Raúl Gómez logra reunir la meditación y la
inocencia del poeta genuino. La libertad como el viento logran en
esta poesía brillar con luz propia: "Si el aire y la luz solar
entraron en mis versos fue por tu culpa". En estos poemas el
autor parece hablarnos y contarnos de sí en una confesión
despojada, aguda y tierna. "Despreciable y peligroso/ Eso ha
hecho de mí la poesía y el amor". En Raúl Gómez la necesidad
de alegría y de amor no es una mistificación más de su soledad,
sino una necesidad vital, y su exigencia choca no contra una
ficción sino contra un mundo real: "Señores habitantes/
tranquilos/ que sólo a mí/ suelo hacer daño".
Poesía bucólica salida de un hombre que se consume en un pueblo
del Caribe, encerrado en las mismas calles, perdido en las mismas
caras conocidas, que descubre de pronto en sí mismo lo que
corresponde a lo infinito en la naturaleza: la sexualidad o la
locura: "Antes de devorarle su entraña pensativa/ Antes de
ofenderlo de gesto y de palabra/ Antes de derribarlo / Valorad al
loco". Este dominio inmenso, bestial y natural a la vez,
recuerdan en el poeta las emociones de plenitud de su infancia. Y
en este sentido, la posesión carnal representa para él el éxtasis
de la participación: "Gran culeador del universo todo culeado/
Recordando a Walt Whitman". Homosexual de retória bíblica como
el mismo Whitman, panteísta, poeta. "La gran metafísica es el
amor / creador de amistad y arte/ Eso no me preparó para someter a
la mujer/ sino para andar con un amigo".
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Los pensamientos en su poesía son bruscos y de golpe,
relacionándolos con las intuiciones precedentes hasta encontrar de
nuevo una continuidad. "Madre yo te perdono el haberme traído
al mundo / Aunque el mundo no me reconcilie contigo". Poesía
de sufrimiento antes que nada, Cesare Pavese recuerda: "la
ofensa más atroz que se le puede hacer a un hombre, es negarle que
sufre". Raúl Gómez, es una "biografía" espiritual
que sobrevuela lo puramente cotidiano, encuentra aun en lo
tormentoso un alma para las cosas que sufren por decirnos su ser
pleno: "¿Hoy que vives entre las cosas cotidianas/ te
olvidas de aquella época ilustre/ cuando a tus pies tuviste la
poesía?". Raúl Gómez nos enseña la poesía como la última
posibilidad de rescatar el ser perdido; en las palabras, una dosis
apenas necesaria para subsistir; en el verso, un rito mediante el
cual el ser desarraigado, abandonado del mundo, encuentra un
espacio donde aposentarse y descansar: "Será porque los amo /
porque está repartido en ellos mi corazón/ Así vive en ellos Raúl
Gómez/ llorando riendo y en veces sonriendo/ siéndo ellos y siendo
a veces también yo". Marginal y arrogante como buen campesino,
Raúl Gómez juega con su yo poético y su yo real, perdiendo todo
vínculo consigo mismo, extraviándose de lleno en el poema, sin
recordarse, sin recuperarse. No habla de la hoguera desde
fuera" sino que se sumerge en ella, encarnando cada frase en
las ceremonias del vivir: " ... te habían mandado de
vacaciones a París para que te olvidaras de mí El poeta del pueblo
Ese que se ha ganado una triste fama de marica por tu cuerpo
adorado!". El espacio del poema en Raúl Gómez no engaña, ni
ilusiona; en ese nuevo lugar mítico, el hombre está intacto en su
exilio, en comunión con su propia soledad. Un grado de misticismo
vacuo en el cual no existe mundo, ni palabra que le sirva de
vehículo: "por qué querrá esa gente mi personal si Raúl no es
nadie Pienso yo/ Si es mi vida una reunión de ellos/ que pasan por
su centro y se llevan mi dolor".
Lenguaje justo, desbordado en imágenes. Lenguaje que recobra la
limpieza y elementalidad de las palabras, Encuentro con el vocablo
preciso, transparente, que rebasa en su llaneza al lenguaje más
allá de sí mismo hasta afirmar el ser. Lenguaje simple que en su
precisión arrastra con la magia, que hace surgir la poesía.
"Antonio vara de azucena/ venado del alba/ pez vela". Sus
versos entonces sobrepasan la realidad verbal y se convierten a
nuestros ojos en actos, en cuerpo, en mundo que fluye en cada
lectura, en cada nuevo ejercicio espiritual: "Mi mejor amigo
vive en mí/ y yo aspiro vivir en él/ Sencillamente / Sin
estorbarnos",
Para quien "nos representa ante el mundo con su
sensibilidad dolorosa como un parto, a quien le crece un árbol por
la boca y no puede más con su vacío corazón", bien le iría
este epígrafe del diario El oficio de vivir de Cesare Pavese:
"Has nacido para vivir sólo bajo las alas de otro, sostenido y
justificado por otro, pero que sea lo bastante gentil como para
dejarte hacer el loco y permitirte creer que basta sólo contigo
para rehacer el mundo".
JORGE HERNANDO CADAVID M.