Ficha bibliográfica
Titulo:
Boletín Cultural y Bibliográfico No. 18
Autores: Biblioteca Luis Ángel Arango - Banco de la República
Edición original: Bogotá: 1989
Edición en la biblioteca virtual: Bogotá: marzo de 2007
Notas: Publicación cuatrimestral de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, que presenta importantes artículos sobre las distintas disciplinas de investigación en el campo cultural
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Reseña poesía: La inocencia del poeta genuino

La inocencia del poeta genuino

Retratos, Amanecer en el valle del Sinú, Del amor

Raúl Gómez Jattin Fundación Simón y Lola Guberek, Bogotá, 1988

En un 'Tríptico cereteano" formado por Retratos (1980-1983), Amanecer en el valle del Sinú (1983-1986), Del amor (1986-1988), son reunidos los versos del poeta Raúl Gómez Jattin. Un acierto de la Fundación Simón y Lola Guberek haber rescatado estos textos marginales. Poesía largamente esperada, limpia, intensa, pasional, oxigenada. Un espacio que ventila y da un respiro, como una bocanada de aire limpio, a la nueva poesía colombiana. Poesía dicha con todo, en una merienda del cerebro, el corazón, el sexo: "¿De profesión? Loco / ¿De formación? Angel/ ¿De fornicación? Lento". Poesía encarnada que no admite el juego retórico, que dice lo que es, la verdad, y además otra cosa. Poesía maldita, de confesión y purificación, dicha con humildad, con desenfado. "La poesía es la única compañera/ acostúmbrate a sus cuchillos/ que es la única". Poesía de soledad, sedimentada en el dolor y la desesperación: "Ya para qué seguir siendo árbol". Poesía libre, de agua, elernental., silvestre, densa. Poesía pasional, infantil, sublime ... y sin un solo gemido/ se fue a galopar/ a las praderas del cielo". Poesía joven, para jóvenes. Poesía esencial, lírica que en su totalidad se llena de una engañosa y mágica sencillez. "Intemperie y soledad/ faltan en tu vida amigo de mi alma/ lo lamento De verdad lo lamento". Poesía no para poetas sino para el hombre, para nosotros, para todos,

En estos poemas, Raúl Gómez logra reunir la meditación y la inocencia del poeta genuino. La libertad como el viento logran en esta poesía brillar con luz propia: "Si el aire y la luz solar entraron en mis versos fue por tu culpa". En estos poemas el autor parece hablarnos y contarnos de sí en una confesión despojada, aguda y tierna. "Despreciable y peligroso/ Eso ha hecho de mí la poesía y el amor". En Raúl Gómez la necesidad de alegría y de amor no es una mistificación más de su soledad, sino una necesidad vital, y su exigencia choca no contra una ficción sino contra un mundo real: "Señores habitantes/ tranquilos/ que sólo a mí/ suelo hacer daño".

Poesía bucólica salida de un hombre que se consume en un pueblo del Caribe, encerrado en las mismas calles, perdido en las mismas caras conocidas, que descubre de pronto en sí mismo lo que corresponde a lo infinito en la naturaleza: la sexualidad o la locura: "Antes de devorarle su entraña pensativa/ Antes de ofenderlo de gesto y de palabra/ Antes de derribarlo / Valorad al loco". Este dominio inmenso, bestial y natural a la vez, recuerdan en el poeta las emociones de plenitud de su infancia. Y en este sentido, la posesión carnal representa para él el éxtasis de la participación: "Gran culeador del universo todo culeado/ Recordando a Walt Whitman". Homosexual de retória bíblica como el mismo Whitman, panteísta, poeta. "La gran metafísica es el amor / creador de amistad y arte/ Eso no me preparó para someter a la mujer/ sino para andar con un amigo".

reseñas

Los pensamientos en su poesía son bruscos y de golpe, relacionándolos con las intuiciones precedentes hasta encontrar de nuevo una continuidad. "Madre yo te perdono el haberme traído al mundo / Aunque el mundo no me reconcilie contigo". Poesía de sufrimiento antes que nada, Cesare Pavese recuerda: "la ofensa más atroz que se le puede hacer a un hombre, es negarle que sufre". Raúl Gómez, es una "biografía" espiritual que sobrevuela lo puramente cotidiano, encuentra aun en lo tormentoso un alma para las cosas que sufren por decirnos su ser pleno: "¿Hoy que vives entre las cosas cotidianas/ te olvidas de aquella época ilustre/ cuando a tus pies tuviste la poesía?". Raúl Gómez nos enseña la poesía como la última posibilidad de rescatar el ser perdido; en las palabras, una dosis apenas necesaria para subsistir; en el verso, un rito mediante el cual el ser desarraigado, abandonado del mundo, encuentra un espacio donde aposentarse y descansar: "Será porque los amo / porque está repartido en ellos mi corazón/ Así vive en ellos Raúl Gómez/ llorando riendo y en veces sonriendo/ siéndo ellos y siendo a veces también yo". Marginal y arrogante como buen campesino, Raúl Gómez juega con su yo poético y su yo real, perdiendo todo vínculo consigo mismo, extraviándose de lleno en el poema, sin recordarse, sin recuperarse. No habla de la hoguera desde fuera" sino que se sumerge en ella, encarnando cada frase en las ceremonias del vivir: " ... te habían mandado de vacaciones a París para que te olvidaras de mí El poeta del pueblo Ese que se ha ganado una triste fama de marica por tu cuerpo adorado!". El espacio del poema en Raúl Gómez no engaña, ni ilusiona; en ese nuevo lugar mítico, el hombre está intacto en su exilio, en comunión con su propia soledad. Un grado de misticismo vacuo en el cual no existe mundo, ni palabra que le sirva de vehículo: "por qué querrá esa gente mi personal si Raúl no es nadie Pienso yo/ Si es mi vida una reunión de ellos/ que pasan por su centro y se llevan mi dolor".

Lenguaje justo, desbordado en imágenes. Lenguaje que recobra la limpieza y elementalidad de las palabras, Encuentro con el vocablo preciso, transparente, que rebasa en su llaneza al lenguaje más allá de sí mismo hasta afirmar el ser. Lenguaje simple que en su precisión arrastra con la magia, que hace surgir la poesía. "Antonio vara de azucena/ venado del alba/ pez vela". Sus versos entonces sobrepasan la realidad verbal y se convierten a nuestros ojos en actos, en cuerpo, en mundo que fluye en cada lectura, en cada nuevo ejercicio espiritual: "Mi mejor amigo vive en mí/ y yo aspiro vivir en él/ Sencillamente / Sin estorbarnos",

Para quien "nos representa ante el mundo con su sensibilidad dolorosa como un parto, a quien le crece un árbol por la boca y no puede más con su vacío corazón", bien le iría este epígrafe del diario El oficio de vivir de Cesare Pavese: "Has nacido para vivir sólo bajo las alas de otro, sostenido y justificado por otro, pero que sea lo bastante gentil como para dejarte hacer el loco y permitirte creer que basta sólo contigo para rehacer el mundo".

JORGE HERNANDO CADAVID M.