Reseña poesía: Afán de esencialidad
Afán de esencialidad
Historia baladesca de un poeta
Eduardo Gómez. Universidad Nacional, Bogotá, 1988
En la poesía colombiana del presente, el trabajo de Eduardo
Górnez tiene perfiles peculiares, por la reticente forma en que
invariablemente se ha dado ha conocer, por el extrañamiento
personal, su permanencia de casi un decenio en Alemania, sus
estudios de dramaturgia y el consecuente oficio de crítico teatral,
su afición a la novela, etc. Nacido en 1935, habría que situarlo
entre los epígonos del grupo de Mito y los albores del movimiento
nadaísta.
Hasta el presente ha publicado cuatro libros de poemas:
Restauración de la palabra (1969), El continente de los muertos
(1975), Movimientos sinfónicos (1980) e Historia baladesca de un
poeta (1988). Pero el hito de su producción lo marca el instante en
que, a manera de obras completas, edita el libro Poesía 1969- 1985.
Hablamos aquí de la Historia baladesca ... breve volumen editado
por la Universidad Nacional, en el cual se reúne una treintena de
poemas.
En la contraportada hay una advertencia que quiere relacionar el
libro con los anteriores obra y pensamiento del autor: "la
concepción poética de Eduardo Gómez cambia para ofrecer (sobre todo
en el extenso poema que da el título al libro) una versión
lírico-irónica de un poeta colombiano, inscrita en la tradición de
la poesía popular con más sentido critico (como Villon y Brecht)
aunque con más complejidad y connotaciones culturales". Tras
leer el poema y los poemas queda en pie antes que otra cosa la
complejidad, que, naturalmente, deshace el concepto de "poesía
popular", así como el sentido crítico, si se lo afilia a las
connota ciones culturales, está en contra del lírico.
Acaso la filiación más próxima o perceptible en el verso de
Gómez sea la de los poetas alemanes del movimiento expresionista,
con su fuerza y afán frente a la vida tanto como al lenguaje
poético, en un verso que se confunde con la frase y con la
exposición, cerca en ocasiones del abigarramiento que es
justificado en el afán mismo de decir. Preguntado por sus
influencias, citó una vez Eduardo Gómez nombres como el Neruda de
Residencia en la tierra, como excepción frente a toda la poesía de
su lengua, pues más bien habla de T. Mann, Proust, Baudelaire,
Goethe, Marx o Brecht.
Hay una poética suya que dice: "Considero, por tanto, que
la poesía no puede seguir marcando, con tan mezquina y masoquística
exactitud, sus límites con la prosa artística y que debe nutrirse,
renovarse y ponerse a prueba en las fuentes del saber científico y
filosófico. En otras palabras, que debe superar la sensibilidad
puramente inmanente de los temas convencionalmente poéticos (los
cuales implican fórmulas y giros estilísticos) para ampliar sus
horizontes". Ampliación sería, entonces, tanto del
conocimiento, en cuanto ideas, como del sentimiento y los motivos.
Hay, en este caso, más obligación frente al pensar que frente al
lenguaje.
Naturalmente, múltiple es la experiencia humana, como múltiples
son sus formas de expresión, y dentro de ellas, la poesía, como el
ser, es de muchas maneras. En el caso de Eduardo Gómez y de sus
poemas todos, hay una constante atención hacia la cara oscura de la
vida o hacia la oscuridad que los seres entrañan, con su pobre
anécdota vital. Ya lo ha dicho Andrés Holguín, quien en los poemas
de Gómez entrevé: " ... un mundo sombrío, tétrico, del cual
emana una serena, contenida angustia. Sin elocuencia ni patetismo,
Eduardo Gómez nos habla de la miseria, de la terrible condición
humana. La suya y la del otro. La soledad, el abandono, la
tristeza, la frustración y la desesperanza recorren estos poemas
donde, súbita mente, algunas metáforas bellísimas iluminan el
contexto amargo".
Sin ser oscura, es poesía difícil, acaso por el afán de
esencialidad. Y ante la historia baladesca hay varias preguntas:
¿Autobiografía, biografía, vida apócrifa o fantasía?
Para él todavía no existía la historia/ sino la madre
presidiendo un mundo amable y protector/ cuando la gran casa con
flores cerrada como un convento/ se tornó mezquina para el mundo de
sus sueños/ y los niños delicados y las palomas y los juegos/
dejaron de ser amigos para tornarse siervos.
Consta el poema de ocho apartados que pueden equivaler a edades
de la vida o a estaciones interiores, en una doble dirección de
relato e introspección, de pintura y de análisis, prevaleciendo,
sí, el tono irónico, que más que de la crítica viene el desengaño o
del desprendimiento, de la tristeza o de una lejanía inmóvil:
Entró a los claustros del colegio como a una prisión decorosa /
y huyó silencioso -y con arrogancia secreta-/ de los compañeros
venidos de lejanos campos y aldeas.
Entonces repasa anécdotas, voces, escenarios y, como algo
especialmente valioso, la experiencia intelectual, las lecturas y
la colección de autores decisivos, en el tránsito doloroso del niño
al poeta:
Prefirió -otra vez- la sencillez de las barriadas/ el arduo
lenguaje de pensadores ásperos / o la ascética discreción de los
hombre de ciencia / cuando no eran Shakespeare, Goethe y
Dostoievski/ Tolstoi, Chéjov, Manny Marcel Proust/ Baude laire,
Neruda, Kavafis, Daría y Barba Jacob / Villon, Brecht, Rilke y
Federico García Lorca] Jean-Paul Sartre, Musil y Kafka] Leonardo da
Vinci, Miguel Angel y Rafael/ Rembrandt, Van Goghy Pablo Picasso
sus compañeros de viaje por el mundo/sus interlocutores totales/
las voces de la Especie antiguas como Homero/ Sófocles y su Edipo /
Esquilo y su Ores tes Nietzsche y su Zaratustra] Freudy sus sueños/
Marx radical con su ironía.
Y de la galería nacen o un principio o una postura o una actitud
ante la existencia, que serán las que han hecho de este poeta el
hombre que es o del niño el poeta-, y aquello que no fue o dejara
de ser:
Esos amigos despertaban la nobleza que había en él su
experiencia quijotesca y su risa cervantina.
Otros poemas hablan de otras historias, pero ocurridas a un
mismo personaje o a una misma mente, a un mismo tipo de ser humano
y de poeta que padece la vida y sus contradicciones, su negación o
absurdo.
El libro es como un censo de vivencias, aunque puede también
significar en la historia, el recuerdo o el recuento, una toma de
postura delante de su obra y universo anteriores, incluida la
manera de componer a redactar. Podría ser un punto crítico y un
quiebre; no sabríamos si el final de algo o el comienzo también de
algo y de alguien.
JAIME GARCÍA MAFFLA