Reseña poesía: Desde el panal del alma
Desde el panal del alma
Golosina de sal
Helí Ramírez Universidad de Antioquia, Medellín, 1988
En la contraportada de este libro de Helí Ramírez, leemos:
"[...] tanto la visión como la experiencia del lenguaje se
hacen aún más extremas". Con ello los editores quieren llamar
la atención sobre una obra que se reclama del "mundo del
extramuro".
A partir de estas indicaciones un lector con básicos prejuicios
(literarios, se entiende) se interesaría en medir, con igual
criterio, semejantes logros. ¿Experiencias extremas de
lenguaje? Uno tropieza con la imposibilidad de establecer respecto
a qué o a quiénes se consolidaría lo que se predica. De entrada
cualquiera puede alterar las consonantes y juntar o cortar pala
bras, de modo que un poema que empezaría: "¿Quién se
bebe la alegría de gor. .. rra? No yo/ Que no bebo y si bebo no es
de pega./ No les dejo levantar cabeza en mí a las! Oraciones del
tarjetero que nos! Trajeron en naves a la raíz de mi sangre ...
", más bien haga su debut expresivo de la siguiente
manera:
¿ Qui en ze veve la halegria de gor.c.rra? No llo/ Que no
vevo y ci vevo no ez de pega. No lez dejo leban tar ca be sa en mi
a laz Horasionez del tar je te ro que noz Tralleron en nabes a la
rais de mi zan gre l.
La pregunta más simple es: ¿Por qué unos poemas presentan
esas alteraciones gráficas y otros no? (¿Es que también la
prosodia está metida en la colada?)
La segunda pregunta es más compleja: ¿Por qué esa
alteración precisamente? En el caso archiconocido de la jota
impuesta en su escritura por Juan Ramón Jiménez, existe una razón.
Y también en el caso del cambio de la representación de los sonidos
qu (por k), o la conjunción y (por i), hay un juego fonético de por
medio, muy en boga durante las vanguardias en la década del veinte
al treinta. Yeso para no llegar a Rayuela, donde Cortázar puso la
trampa en la que cayeron las palomitas con tardía vocación de
revolucionarios de la palabra.
En este sentido el libro de Helí Ramírez no le ofrece al lector
respuesta alguna (o pista). Estos juegos recuerdan, entonces, los
papelitos donde los colegiales apuntan los resúmenes de la lección
para copiar de ellos -si se puede- durante el examen. (En el Perú
se llamaban "cornprirnidos"y uno los complicaba
sintáctica y gráficamente -como hace Helí Ramírez- para evitar las
sospechas del profesor o hacer más difícil el desciframiento).
¿Sería este el "extremo" del que hablan los
editores de Golosina de sal?
La tercera pregunta tiene que ver con la construcción en verso.
¿No habrían quedado mejor los poemas en forma de breves
crónicas? El verso de Ramírez no pasa de ser prosa recortada. Esta
es una tendencia que impuso el lado menos interesante del nadaísmo
(para ejemplo, la obra en verso de Gonzalo Arango). Algunos buenos
momentos del libro de Ramírez semejan ecos de las baladas de Mario
Rivera, aunque este sea otro cantar 2.
Y es que la alusión tanto al nadaísmo como a Rivera apunta a la
oposición que sostiene al libro. Por un lado, elacademicismo es el
Enemigo Número Uno; por otro, la vida es un ejercicio
permanente.
¿Qué nos descubre esta poesía? Que los seres humanos
sufren y sueñan en la prisión, que la cotidianidad es ardua.
3. Pero esto lo podemos averiguar
también a través del periodismo, ¿verdad? Y si no existen
temas poéticos per se, lo que sí existe es la habilidad para volver
atractivo (verbalmente) cualquier asunto. (Es lo que hace el propio
Helí Ramírez cuando elige a Garrincha).
La muerte y la locura rodean a los personajes de Golosina de
sal, ya vivan en la ciudad o estén recluidos en una cárcel (ambos
escenarios se superponen). ¿En qué se diferencia, entonces,
una lectura poética de una sociológica? En aquel tramado verbal
que, refiriéndose a la experiencia de la cárcel, por poner un
ejemplo, invoca en el acto a otro tramado verbal. La lectura
sociológica no se preocupa por estas conexiones. En cambio la
poética es como un constante sintonizador. Helí Rarnírez expresa
una experiencia carcelaria con estos versos:
De día en día la causa amanece montada Rencoriza los ángulos del
ánimo. Ah mercado de ademanes violentos ... [De día en día, pág.
99]
El inconveniente radica en que o Ramírez no ha leído los poemas
de Vallejo (ah las cuatro paredes albicantes y etcétera) o, si los
leyó, no ha sabido asimilarlos en aquel tramado verbal que le
habría permitido sacar los pies del plato (del plato
vallejiano).
Una salida hubiera sido incorporar a propósito -así como Coba
Borda se deleita con las letras de Agustín Lara y compañía- la rama
de la salsa a la expresión de esta problemática. "Ya todo
colombiano goza/ Con los Latin Brothers ... ", decía una voz
de coro de esa canción que arranca: "Virgen de las Mercedes/
Patrona de los reclusos ... ".
Creo advertir que en estos poemas el soplo de vida lo quiere
poner una especie de naturalismo (que se resiste a seguir las leyes
de Darwin) con su lado ultrasensible: tono melodramático y
paradoja allende el orden de las percepciones. Es el doble sentido
de todo naturalismo cuya adecuada definición proviene del lenguaje
coloquial: "soy ateo por la gracia de Dios".
Así, en estos poemas de Helí Ramírez hallamos un protagonista
que, tomado literal o metafóricamente, convoca a las fuerzas de lo
ultraterreno. Es el alma, trajinado ser que recorre el libro en por
lo menos 26 ocasiones y pone su toque inasible en la existencia de
unos personajes sometidos a la oferta y demanda capitalista,
sancionados con la ilegalidad y la miseria. Y el sujeto que los
encarna o les presta su lengua (con las incomodidades fonéticas del
caso) no parece tener esperanzas en un sistema económico a todas
luces inhumano. Empero, declara:
Cuando siento como poeta Me pellizca un sentimiento y el alma no
me arde [ ... ] Ignorando que cada poeta si lo es Solo aporta un
pedazo de su alma al gran Poema de la humanidad. .. [Cuando
siento como poeta, pág. 175] Quiero oír la voz de mi alma. Otra no
... [La voz de mi alma, pág. 149] La palabra Ventilador en el alma.
Murmullo de canción íntima? Agazapada la muestra de cariño No
conmueve. Ayer oía Hoy no oigo [Hoy no oigo, pág. 127]
Y el alma tiene su carnal: el cerebro. En la reclusión el deseo
(demonio de todos los huesos) sólo puede ser contrarrestado por
este organismo (la palabra no es gratuita, pues tiene notorios
antecedentes naturalistas) que es el surtidor de imágenes. Pero el
peligro consiste en perder una tuerca:
Delincuente a quien la prisión le ha bajado su equilibrio mental
[Entre muros muere un almanaque, pág. 79] Quiero sacarme el cerebro
pero seguir vivo viendo lo que viene [Tarde reseñada, pág. 81] Los
hombres vuelan sobre lo que antes hacían y no sólo muros y rejas es
cárcel. ¿Habituado a la madeja de humo el cerebro quedará?
[La madeja, pág. 83]
Y nuestra pregunta final sería: ¿Que darán estos poemas
de Helí Ramírez? Sólo el tiempo y el autorretrato del pintor
Francis Bacon (que ilustra con una cruel belleza la cubierta del
libro ) pueden saberlo. Mi lectura ha sido prejuiciosa, lo
confieso. Pero también ignora la respuesta.
EDGAR O'HARA
1
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Jardín (pág. 119). El procedimiento se repite en otros poemas:
Hofendida de zu edad (pág. 13), Labay haplancha (pág. 17), Merienda
zolitaria (pág. 33), Zelemoto a la bida (pág. 39), Verlo (pág. 47),
Triángulo de belaz (pág. 73), La noche ez un merengue (pág. 129),
Ezmeraldaza rojaz (pág. 167), En un paceo a Sizneroz (pág.
177).
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2
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Por ejemplo, los poemas con personajes ya presentados en
el primer verso: "El vecino de la cuadra ... " (pág. 27),
"Don Jaime T. experto albañil..." (pág. 29), "La
vida de Manuel Francisco Dos Santos ... " (pág. 31). "A
Moma vuen amigo jenerozo ... " (pág. 33), entre otros.
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3
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En el comercio de la suerte es, de lejos, el más logrado
poema del conjunto. Y pro bablemente tenga esto relación con la
crónica o el "costumbrismo poético" que de pronto alcanza
inusitado y merecido vuelo. En poesía, el talento expresivo (algo
no mensurable) es lo que distingue a la virtud del disparate .
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