Reseña arte: Una descuidada recopilación de la
recopilación
Una descuidada recopilación de la recopilación
Vida y obra de Carlos Correa Libe de Zukuegi
Ediciones Museo de Antioquia, Medellín, 1988, 208 págs.
Dos libros se han editado sobre Carlos Correa, pintor,
acuarelista, grabador y caricaturista antioqueño. El primero en
1945, con texto del notable investigador Juan Friede, y el segundo,
motivo de esta reseña, 43 años después. La distancia entre las dos
publicaciones habla claramente del tratamiento desigual que se les
ha dado a las artes plásticas en el país. Al contrario de lo que
sucede con este género de libros, ninguno de los dos ha sido
dedicado al ego del artista. Los libros sobre Carlos Correa han
sido modestos, y recogen parcialmente la obra de un artista
original, que tuvo el valor, como ninguno en Colombia, de destruir
su obra, de jugar al anarquista como señal de protesta contra el
establecimiento. Sin embargo, las dos publicaciones son
abismalmente diferentes: mientras la de 1945 es un estudio profundo
y extenso, con diagramación cuidadosa, la del Museo de Antioquia
consta de una serie de artículos cortos sin análisis -que anteceden
la "Viacrucis de una anunciación" y las notas de prensa-,
amarrados des cuidadamente con unas fotografías de su obra.
Este libro forma parte de una colección iniciada en 1987 por el
Museo de Antioquia, con una publicación dedicada al escultor Marco
Tobón Mejía. El título propuesto a la serie de Artistas Antioqueños
es el de Vida y Obra; en el tomo dedicado a Tobón, al menos está la
vida. Cuando se habla de colección y de serie, se hace presente el
concepto de diseño: la diagramación que conlleva al formato, la
tipografía, la distribución de las fotos y los textos, pensados
como algo que se va a prolongar en el tiempo. Todo ello está
ausente en esta colección. No se puede decir que sea anticuada,
porque la prueba se encuentra en las notables series monográficas
de Espiral de la década de 1940, a las cuales pertenece la obra
anteriormente aludida. El libro de Correa -número 2 de la serie
heredó el mal concepto que cobija a la colección. La intención de
estas publicaciones es, según se lee en el prólogo, "el
rescate de los valores antioqueños" que a falta de "una
información sistematizada" sirva para establecer "un
canal de información" a través de esta serie de publicaciones
que "son de todos nosotros: de los colombianos y, muy
especialmente, de los antioqueños ".
Los dos artículos realizados especialmente para el libro no
añaden gran cosa a los conocidos escritos sobre el pintor; en uno
de ellos, la introducción, "Carlos Correa: el arte como
itinerario de vida", el crítico Darío Ruiz Gómez se pierde en
divagaciones negativas y comillas que hacen resaltar
innecesariamente sus ironías. El lector se queda a la expectativa,
queriendo encontrar a continuación, desarrolladas en profundidad,
tesis como la del expresionismo y la relación con el medio
circundante en Carlos Correa pero que no pasan de ser una simple
enunciación. La autora del libro presenta un estudio de cinco
páginas titulado "Carlos Correa, una influencia rebelde"
-título inexplicable-, en el que intenta abordar el problema del
azaroso destino del talento colombiano, que ha salido a flote en la
actualidad en exposiciones retrospectivas como las de Alberto
Arango e Ignacio Gómez Jaramillo. "Volvamos cuarenta y cinco
años atrás y conozcamos cómo era el ambiente de aquel entonces;
conceptos, actitudes y oportunidades eran guiados por premisas
encerradas por política, religión y preceptos sociales que alejaban
la posibilidad de emitir opiniones sobre arte, como tal, libres de
influencias ajenas a él. Tal situación produjo el aislamiento de
artistas, con mucho talento, pero que se sintieron impotentes para
enfrentar la presión ejercida por quienes se sentían con la verdad
y la aplicaban ferozmente contra quienes se atrevían a hacer un
arte que rompiera con lo que el ambiente exigía". El
enfrentamiento de los artistas y las corrientes tradicionales y el
problema concreto de la cultura en Colombia y en Medellín merecía
un análisis menos elemental. Cuarenta y tres años atrás ya Juan
Friede había realizado una aproximación al artista y al medio de un
modo más cabal.
En el presente, con los recursos de investigación histórica y
estética, se esperaba un aporte moderno al conocimiento de un
artista tan polémico como Correa. En ninguna parte de esta sucinta
nota se habla de los problemas formales, del fenómeno de la
acuarela en Antioquia, de la caricatura política, del humor
antioqueño: sólo al final, un chiste del pintor reconcilia al
lector con la autora: Gonzalo Ariza: "¿Por qué ustedes
los antioqueños pintan tanta monja? Débora las pinta y usted
también". Carlos Correa: "¿Y ustedes los bogotanos
por qué pintan como monjas?".
La recopilación consta de tres partes, la primera formada por
unos artículos seleccionados de dos críticos: Germán Rubiano
(Salvat) y Walter Engel; el texto de este último representa el
estudio más metódico. En esta nota todo es destacable, pero
particularmente las luces sobre el sistema de trabajo del pintor.
Como muestra del descuido editorial, un fragmento de este artículo
se halla repetido en la parte final del libro (véanse las páginas
25 y 102).
La segunda parte es la titulada "Viacrucis de una
anunciación". Esta recopilación, realizada por el artista -que
hubiera podido complementarse con las fechas de los artículos- es
una de las secciones más interesantes del libro, porque da una
medida de la situación artística que se puede calificar, como lo
hizo la revista Estampa (s.f.), de "grave y divertida".
Una etapa del Salón Nacional que cabe denominar ingenua. Un cuadro
que se convierte en argumento de lucha política. El reflejo de la
Segunda Guerra Mundial, las señales anticipadas de la violencia de
finales de la década de 1940 en el país, la relación de arte y
gobierno liberal, todo ello se descubre en esta recopilación, sin
que a partir de ella ningún autor con mirada crítica y perspectiva
histórica realice un estudio completo del artista y su obra.
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La tercera parte, titulada "Notas de prensa", presenta
artículos interesantes de periodistas, artistas y críticos -la
plana mayor de los escritores de los últimos cuatro decenios-, que
han debido representar las fuentes de trabajo a partir de las
cuales la autora ha debido producir el libro de Carlos Correa, sin
olvidar a Juan Friede, como al parecer deliberamente se hizo. Hasta
el momento, esta publicación del Museo de Antioquia no es más
que.una recopilación dentro de una recopilación.
BEATRIZ GONZÁLEZ