Ficha bibliográfica
Titulo:
Boletín Cultural y Bibliográfico No. 18
Autores: Biblioteca Luis Ángel Arango - Banco de la República
Edición original: Bogotá: 1989
Edición en la biblioteca virtual: Bogotá: marzo de 2007
Notas: Publicación cuatrimestral de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, que presenta importantes artículos sobre las distintas disciplinas de investigación en el campo cultural
Consulte y lea en línea libros completos, textos, revistas, imágenes y páginas interactivas sobre temas relacionados con Colombia.


Reseña arte: Uniforme galería del Olimpo Radical
reseñas

Uniforme galería del Olimpo Radical

José Gabriel Tatis, un pintor comprometidoez Beatriz González Carlos Valencia Editores, Bogotá. 1988, 51 págs., ilustrado

A los cuarenta años, José Gabriel Tatis Ahumada, nacido en Sabanalarga en 1813, emprendió la realización de unos Ensayos de Dibujo, donde retrató a los políticos y diplomáticos de la época. Tatis se inició como miembro de la guardia nacional en Mompox en 1840 y continuó su carrera militar por cuatro años más hasta que en 1844 comienza a ejercer de profesor de arte en Bogotá. Alterna estas actividades con la pintura y la política y luego se vincula a la masonería. En el año 1884 fallece en Bogotá, dejando tras de sí una buena fama como miniaturista.

El libro de Carlos Valencia Editores recoge en edición facsimilar los Ensayos de Dibujo, y un estudio de Beatriz González sobre el pintor, bajo un título genérico que parece querer insistir en un problema que dio mucho que hablar a finales de los años sesenta, pero que no era preocupación en el siglo XIX. Probablemente entonces nadie dejó de estar comprometido con alguna de las causas políticas o económicas que agitaron la vida nacional. Los artistas no se pensaban como se piensan hoy y, más bien, formaban parte de la clase artesanal. Más o menos diestros en su oficio y tan comprometidos con una ideología como cualquier tejedor o zapatero.

La autora, en su estudio sobre Tatis, retoma ampliamente la investigación pionera, sobre el mismo pintor, de Gabriel Giraldo Jaramillo, a quien tanto debe la historia del arte colombiano. La información básica allegada por Giraldo está complementada con citas de prensa y otras noticias que contribuyen a ubicar la trayectoria de Tatis, de quien, no obstante, son pocas las cosas que se saben. El texto está ilustrado con ejemplos representativos del trabajo en miniatura, pintura y grabado.

reseñas

El libro es de gran formato, bella tipografía y excelente calidad editorial; exceptuando el empastado, que se despega con facilidad. Ensayos de Dibujo es un conjunto de 136 ilustraciones que representan políticos, congresistas y algunos religiosos de la época. En una advertencia caligrafiada, Tatis demuestra conciencia autocrítica de su propia obra: "Conociendo la multitud de defectos que contiene esta producción, suplico a todos lo que se dignen verla disimulen las imperfecciones de mis pinceladas, atendiendo a que han sido hechas en el corto período de treinta y seis días y que con cinco o seis excepciones, todas las semejanzas de las personas que figuran aquí han sido trazadas sin tener a la vista los originales ... ".

El cuaderno se abre con un autorretrato donde el pintor aparece dibujando dos de sus personajes pero, a la vez, muestra que tenía serias dificultades con la perspectiva convencional, con las proporciones académicas del cuerpo humano y con la representación de algunas de sus partes.

El énfasis del artista, la aplicación de sus capacidades de autodidacto y su minucia de miniaturista, lo reservó a los rostros. Pintados casi todos de memoria, y aunque posiblemente no resultaran entonces parecidos al modelo, hoy son los últimos vestigios de personajes anónimos o conocidos, que con el tiempo, y a falta de otra imagen, terminan pareciéndose al modelo o, mejor, siendo el modelo mismo.

La pose escogida por Tatis fue de pie y de perfil, porque sin duda simplificaba y facilitaba el trabajo. Sólo se encuentran dos personajes sentados (excluyendo el autorretrato) y sólo uno mira al espectador. Ciento veinticuatro miran aliado izquierdo y apenas nueve al lado derecho, lo cual muestra las facilidades y dificultades del artista. Se encuentra una amplia variedad de barbas, bigotes, cumbambas, narices, ojos, cachetes y orejas. Por el contrario, los sombreros ofrecen muy poca variedad: repetidos cubiletes que apenas se interrumpen en alguna cabeza descubierta o con el sombrero distinto de algún cura o algún monseñor.

Los atuendos de riguroso paño oscuro o marrón los resuelve generalmente en una mancha plana sin luces ni arrugas. A veces interrumpe algún detalle sobresaliente en el pecho, un guante blanco precariamente dibujado, un bastón o una leontina que cuelga.

Algunos trajes se convierten en excepciones notables, donde el artista detiene su ojo minucioso en un elaborado chaleco azulo en una camisa. Los zapatos son minúsculos, ínfimos con respecto a la proporción del cuerpo, "apoyados" en un piso como acuoso, trasparente, pintado sin referencias a una superficie natural, pero sabiéndolo necesario para que las figuras no floten en el blanco espacio del papel.

Se combinan, pues, en estos ensayos, lo que el pintor sabe (espacio, atuendos) con lo que ve (rostros). Pero lo que sabe es precario en términos académicos: no domina la representación del espacio, ni las proporciones, y las leyes de la perspectiva apenas si rigen su lápiz. Lo que ve el artista es lo que sabe y puede ver: rostros singulares aprendidos en la práctica de la fotografía y la miniatura; esta última, arte por excelencia de la naciente república, como afirma la autora.

La mayor parte de las figuras aparecen congeladas, y las que intentan algún movimiento dan apenas un envarado paso hacia adelante o se inclinan casi a punto de perder el equilibrio. Rompe el insistente desfile de personajes el perro "fósforo" y dos dibujos finales que muestran el interior de las cámaras legislativas. En ellos, la perspectiva de pirámide trunca estructura el espacio pero no las figuras ni el color. Así que los personajes que están en el último plano parecen en el primero, y los que están más cercanos al espectador lucen tan pequeños como si estuvieran en el fondo.

Con una visión inexperta en términos académicos pero, a la vez, con un inocultable deseo de expresión documental, los Ensayos de Dibujo de José Gabriel Tatis ofrecen el encanto equívoco de la sutil diversidad de una uniforme galería, que poco corresponde al realismo de los tormentosos tiempos del naciente Olimpo Radical.

SANTIAGO LONDOÑO Y.