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Ramírez
Villamizar: más allá del constructivismo, la abstracción
Ramírez
Víllamizar
Frederico Morais
Museo de Arte Moderno y Flota
Mercante Grancolombiana, Bogotá. 1984, 228
págs.
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Diez años duró la
gestación de este libro y la búsqueda infructuosa de un editor. Desde que en 1975 el
estadounidense Al Hamowy realizara el boceto inicial y el crítico brasileño Frederico
Morais diera término al texto introductorio, había pasado casi un decénio completo. La
obra misma de Eduardo Ramírez Villamizar había evolucionado mientras tanto. Cuando
Morais recibió un ejemplar del libro, en seguida escribió al escultor estas palabras
llenas de entusiasmo, tan reveladoras, por otra parte, de su método de aproximación al
arte: "Estoy conmovido, es el más bello libro que se haya publicado con un texto
mío. Efectivamente, el libro quedó muy bonito, y releyendo el texto en español, le
confieso que también me gustó. El tono poético resulté del propio impacto que su obra
tuvo sobre mí, además de corresponder a mi visión particular de la crítica de arte: o
el crítico se deja aprehender poéticamente por la obra de arte, descubriendo a partir de
ella y solamente de ella la metodología de su abordaje, o la obra se escapa
en secas teorías estéticas"
1
.
Se sabe que Frederico Morais, colaborador del diario O Globo, forma con Roberto Pontual y
Aracy Amaral la trilogía de críticos de arte más importante del Brasil. Sorprende, sin
embargo, la penetración de su ensayo, que en nada ha perdido vigencia, diez años
después. Tal vez su carácter de texto "definitivo" provenga de la estructura
que proporcionó a su análisis: primero un examen "sincrónico y vertical" de
la obra, "cuyos trazos son principalmente el lenguaje constructivo que se manifiesta
a través de la geometría, convertida en lírica y sensible, y el énfasis en la forma,
que es el contenido mismo de la obra". Una vez determinadas las dos características
esenciales de la obra de Ramírez Villamizar, Morais se plantea un examen
"diacrónico y horizontal", a través de su evolución: los tanteos
expresionistas, el impacto de Vasarely y de artistas geométricos vinculados a la galería
Denise Renée en París, el paso al abstraccionismo en los primeros años de la década
del cincuenta, el tránsito hacia la escultura, a través de los relieves y murales, hacia
1957-59; la influencia precolombina recibida en el Museo del Oro, de Bogotá, en su viaje
a México en 1959 y, últimamente, en su visita a Machu Picchu en 1983; las estructuras
modulares, las torres, las catedrales... Y, finalmente, un examen "en diagonal"
para situar la obra de Ramírez Villamizar en los contextos del arte constructivo de
Colombia, América Latina y el arte contemporáneo. En este análisis, Morais detecta una
voluntad constructiva latinoamericana. "Negret y Ramírez Villamizar, que comienzan
juntos su carrera, representan las dos fases de la moneda constructiva colombiana, la
curva y la recta, la sinuosidad y la angulosidad [...] Puede ser incluso que la obra de
Ramírez Villamizar, más aún que la de Negret, haya ayudado a desatar finalmente lo que
sería la verdadera vocación nacional del arte colombiano: su opción por un arte de
estructuras claras, límpidas, serenas"
2.
Cualquiera de esas tres aproximaciones
resulta válida en el caso de Ramírez Villamizar. Las tres, en síntesis, proporcionan un
panorama de reflexión que, por primera vez, permite ver el conjunto de la obra, con
ilustraciones adecuadamente compaginadas con el texto. Un texto que, por otra parte,
integra muy bien la trayectoria crítica, los comentarios que esa obra ha motivado en sus
diferentes etapas de evolución.
Sería oportuno, sin embargo, hacer algunas precisiones. En primer lugar, sobre la
definición con que Frederico Morais abre su ensayo: "Eduardo Ramírez Villamizar es
un artista constructivo". Constructivista, por el esfuerzo de ordenamiento que hay en
su obra, que es evidente en todas sus fases, evidente incluso en las pocas obras
expresionistas que lograron salvarse de la destrucción por parte del artista. Pero con el
calificativo de "constructivo" se soslaya un factor histórico importante: el
paso a la abstracción, que Ramírez Villamizar es el primero en dar en el arte
colombiano. "Creo que es la verdad dijo alguna vez, porque si bien Marco
Ospina hizo las primeras obras abstractas en Colombia, yo nunca le conocí una
pintura abstracta, totalmente abstracta, que no fuera una abstracción de la naturaleza.
Si se la hubiera conocido, o le hubiera oído hablar a Marco Ospina de esa posibilidad, me
hubiera interesado muchísimo y seguramente hubiera seguido sus planteamientos sin
pensarlo dos veces; pero él realmente nunca pronunció la doctrina del abstraccionismo total...
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Luego, la influencia
precolombina. Se ha vuelto un tópico entre los artistas hablar de su inspiración en el
arte precolombino. Sin embargo, Ramírez Villamizar ha sido el único en trabajar esa
inspiración en forma orgánica, plástica y estructural, alejándose totalmente de una
influencia puramente formal o imitativa, superficial o literaria. En su imbricación de
módulos y, sobre todo, en suplanteamiento de "zonas de silencio" y "zonas
musicales" es donde más se manifiesta su comprensión plástica de lo precolombino,
como puede verse en este testimonio: "Creo que he aprendido mucho viendo sus cosas,
tengo por ellas una gran admiración; cuando voy al Museo del Oro, salgo realmente
conmovido de emoción estética y saco muchas enseñanzas; por ejemplo, si usted ve mis
relieves horizontales, observará que son básicamente una superficie muy clara, muy
quieta, como un silencio general. Pues bien, de repente, en el centro, irrumpen la música
y los sonidos: eso lo aprendí en el Museo del Oro. Fíjese en esos pectorales que son
superficies perfectamente lisas, sin nada que las contamine, y de pronto, colgando, se
encuentra una profusión de elementos riquísimos en volúmenes y contrastes de luces y
sombras, es decir, de silencios y musicalidad que entra en juego sorpresivamente. Lo mismo
sucede en mi obra"
4
.
Esas resonancias son todavía más
estructurales en la nueva serie Recuerdos de Machu Picchu, cuyas fotografías
cierran el libro. Inútil buscar allí una anécdota o una trasposición formal. Es la
idea misma de monumentalidad y sensible disposición de vacíos y rupturas lo que recuerda
aquí, verdaderamente, los muros y terrazas y acueductos incaicos.
CAMILO CALDERÓN
1 Carta
fechada en Río de Janeiro en enero de 1985. (regrasr1)
2
Idem
(regresar2)
3
"Un mural firmado Ramírez Viliamizar", entrevista por Camilo Calderón,
publicada en la revista Al Día, núm. 16, 11 de agosto dc 1981, págs. 44-49. (regresar3)
4 Idem. (regras4)
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