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El
pionero del periodismo económico
El personaje y los
hechos
Darío Bautista Olaya
Fondo Cultural Cafetero, Bogotá, 1984
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El voluminoso libro de
Darío Bautista se abre con un prólogo escrito en el peculiar y retorcido idioma del
exministro Alfonso Palacio Rudas, donde se hace "una breve etopeya de tan valioso
pendolista", o sea un resumen y un elogio muy a la colombiana, es decir, desmesurado,
del autor del libro. De las tres espesas páginas del pendolista etopeyador, se saca en
claro que Darío Bautista nació en Neiva en 1908, que en 1933 ingresó a El Espectador,
de donde se retiró como subdirector en 1978, después de 45 años en los cuales desempeñó
todos los oficios, "desde redactor de gacetillas hasta editorialista",
destacándose especialmente en el campo de la información económica.
Compilado por Darío Bautista Vargas y Efraín Sánchez Cabra, el libro contiene 118
crónicas y sobre todo- reportajes realizados por Bautista Olaya entre 1942 y 1976.
A posteriori puede conjeturarse que el criterio de selección apunta a ciertos
acontecimientos políticos como el golpe de Pasto, el 9 de abril de 1948, el 13 de junio
de 1953 y 10 de mayo de 1957, y también comprende una especie de seguimiento de la
hacienda pública y la política cafetera.
Ante un libro como éste, que recoge textos redactados bajo el acoso de que serán
publicados mañana y pensados en función de la información inmediata, cabe un dilema: o
bien, han sido compilados en forma de libro para hacerlos perdurables porque se cree que
documentan coherente, ordenada y completamente uno o varios temas o el punto de vista de
un personaje; o bien, se decide a rescatarlos para el lector de hoy porque se supone que
su forma, su estilo, tienen un valor que trasciende ese efímero instante en que fueron
noticia de actualidad y pueden ser leídos con el placer con que se lee un texto bien
escrito.
Si la justificación es la segunda, ciertamente el libro no se tiene solo: aquí
encontramos unos reportajes pulcramente escritos, pero no puede decirse que exista aquí
algún texto ni memorable ni antológico. Más bien sirve para registrar la fungibilidad
de las retóricas periodísticas y de las normas de trato con los entrevistados: lo que
era habitual en los cuarenta y cincuenta y formaba parte del espíritu de la época, ha
sido derogado por otros hábitos y normas. Aun en función de informador o de cronista, no
era extraño que el periodista se presentara y se sintiera como "periodista
liberal"; eran los atrincheramientos de ciertas épocas; y era casi un rito que el
periodista se cuidara de advertir su amistad y trato más o menos habitual con el
personaje, a costa de una impersonalidad que hoy parece formar parte de los usos del
periodismo escrito.
Pero si la pretensión del libro de Darío Bautista es la primera documentar ciertos
hechos, lo que queda probado es algo que los historiadores saben bien: que la fuente
periodística, por sí sola, no basta para darnos la visión completa de un hecho. Y más
en lo político, sobre todo cuando el periodismo se concibe desde un ángulo partidista y
al servicio de una de las facciones en liza.
Aun así, sabiendo que los reportajes de Bautista no son propiamente historia en sí
mismos, advertidos de que fueron impresos en un papel que 24 horas después servía para
envolver, sí representan testimonios vivos de los hechos políticos y económicos.
En este libro se hallan, para comenzar por lo político, entrevistas con los expresidentes
Eduardo Santos, Laureano Gómez, Guillermo León Valencia, Alfonso López Michelsen,
Turbay Ayala y Pastrana Borrero. Hay, también, declaraciones de carácter político de
Luis López de Mesa, Gilberto Moreno y Diego Luis Córdoba, entre otros.
En lo que respecta a la parte política, son inevitables las alusiones al momento y,
además, hay que pensar en que todos estos reportajes fueron escritos cuando la respectiva
situación era conocida, era la noticia del día: entonces el periodista podía permitirse
alusiones y sobreentendidos que se convierten en enigmas para un lector de hoy.
En cuanto a la parte económica, prevalece como es usual todavía hoy en nuestro
periodismo- la atención a la hacienda pública y a la política cafetera sobre la
economía privada. Pero si hay, solamente, una entrevista con un industrial en ejercicio,
los avatares del café pueden seguirse casi cronológicamente, no sólo por las varias
entrevistas con los sucesivos gerentes de la Federación Nacional de Cafeteros, sino
también con algunos entendidos en la materia. Lo mismo ocurre con los ministros de
hacienda y con los críticos de sus gestiones.
Para terminar, una cita final. Después de una entrevista, el profesor Luis López de Mesa
le mandó una carta a Darío Bautista, donde dice:
En estos achaques de erario público hemos tenido, y tenemos, buenos ministros de
hacienda, mas no buenos anestesistas. Al contribuyente hay que sacarle los hígados con el
menor dolor posible. El error máximo de la civilización occidental consiste en hacer
día por día más y más incómodas las relaciones del Estado con el individuo. La
ciencia de un buen ministro de hacienda estriba en dar el máximo de servicios con el
mínimo de tributos, y su arte, en obtener dicha tributación con la menor molestia
imponible del ciudadano paciente. Nosotros apuramos lo uno y descuidamos lo otro, tributo
y servicios, amén de incomodar sumamente en ambas operaciones.
DARÍO JARAMILLO AGUDELO
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