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La pintora Débora
Arango en su estudio en Envigado
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Paganismo, denuncia y sátiran en Débora Arango
SANTIAGO LONDOÑO
TABLA DE CONTENIDO
DE LA FORMACIÓN A LA
EXPRESIÓN PAGANA (1933-1940)
LA DENUNCIA SOCIAL: 1942-1944
LA SÁTIRA POLÍTICA: 1948-1960
PERÍODO DE RECAPITULACIÓN:
1976-1984
DE LA FORMACIÓN A LA EXPRESIÓN PAGANA (1933-1940)
HASTA EL CUARTO DECENIO del siglo, la
pintura colombiana representó desnudos femeninos con poca frecuencia. Cuando lo hizo, fue
para ilustrar propósitos moralizantes, como lo muestran dos ejemplares significativos: La
mujer del levita, pintada por Epifanio Garay (1849-1903), y La última copa, de
Francisco Antonio Cano (1865-1935). Hasta entonces los desnudos femeninos carecían de
facciones precisas e incluso ocultaban el rostro; los cuerpos se presentaban generalmente
en escorzo y la ausencia del vello púbico les confería un pretendido tono de inocencia y
pudor cuyo contrapunto era la cuidadosa y sensual modelación ejercida por la luz sobre la
piel.
En los frescos de Pedro Nel Gómez apareció por primera vez en Colombia el desnudo
femenino en un edificio público. La desnudez como género artístico ya no se reservó
exclusivamente a los coleccionistas privados y la intención moralizante de sus
predecesores pasó a segundo plano. Es ahora reflejo de la realidad: hombres desnudos
batallando en la lucha por la tierra y sus riquezas. Según el propio artista, "el barequero
trabaja desnudo en la selva, hombres y mujeres trabajan desnudos. A lo más se pueden
poner taparrabos, pero son hombres y mujeres juntos"
1.
A partir de entonces y hasta los años cincuenta
por lo menos, el desnudo será un género cultivado con mayor frecuencia, pero arduamente
perseguido por sus opositores, que vieron en él signos de corrupción y amenaza contra
las costumbres ciudadanas.
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Débora
Arango en su casa, 1984
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Débora Arango (Medellín, 1910) dio a
conocer sus desnudos por primera vez en 1939 en el Club Unión, el más exclusivo de Medellín
2
. Exhibió
sus grandes acuarelas, entre otras Cantarina de la rosa y La amiga, pintadas en
pliegos de papel unidos. Este procedimiento de unir pliegos de papel había sido utilizado
por su amigo Carlos Correa hacia 1934 para pintar un desnudo titulado: La maternidad
blanca. A diferencia de los desnudos hasta entonces pintados en Colombia, aquellas
acuarelas son muy vivas, las poses están llenas de desparpajo, la modelo en muchos casos
mira abiertamente al espectador y conserva su vello púbico.
Débora Arango pintó sus primeros cuadros cuando fue alumna de Eladio Vélez en la
escuela de Bellas Artes de Medellín entre 1933 y 1935. Al cabo de estos años comenzó a
definir sus propios intereses: "Con el maestro Eladio Vélez aprendí de preferencia
la técnica del retrato. Cultivé ese estilo con entusiasmo. Pero yo sentía algo que no
acertaba a explicar. Quería no sólo adquirir la habilidad necesaria para reproducir un
modelo o un tema cualquiera, sino que anhelaba también crear, combinar: soñaba con
realizar una obra que no estuviese limitada a la inerte exactitud fotográfica de la
escuela clásica. No sabia a punto fijo lo que deseaba, pero tenía la intuición de que
mi temperamento me impulsaba a buscar movimiento, a romper los rígidos moldes de la
quietud (...). Un buen día hallé lo que buscaba. Los frescos de Pedro Nel Gómez me
revelaron algo que hasta entonces desconocía, algo que no había tenido ocasión de
aprender (...) los artistas que comulgamos con la escuela de Pedro Nel Gómez, vamos
alejándonos de los viejos moldes y nos inclinamos cada vez más hacia la concepción
modernista, revolucionaria, del arte destinado a interpretar el anhelo de las masas"
3
Hacia finales de los años treinta, la pintura antioqueña se encontró agrupada .en dos
tendencias opuestas, cuyos enfrentamientos irónicos y agresivos pueden seguirse en la
prensa de la época. La pintura de Pedro Nel Gómez se calificó de
"revolucionaria" y "antiburguesa" y sus seguidores fueron llamados
"pedronelistas"; mientras que los cuadros de Eladio Vélez fueron tachados de
"reaccionarios", "capitalistas" y "filisteos" por sus
enemigos. Sus simpatizantes fueron llamados "eladistas"
4
.
Formada entre los valores estéticos de las dos corrientes
pictóricas en contradicción, Débora Arango empezó a pintar independientemente en 1938.
Desde este año hasta 1940 se puede hablar de un período de expresión pagana; los
desnudos de que hablábamos, despertaron en la época una polémica sin precedentes en
Medellín, que tomó un cariz político. El periódico liberal El Diario los defendió con
vehemencia en sus columnas y atacó la posición del conservador La Defensa, para el cual
se trataba de "brochazos lúbricos", "pinturas al deshabillé", "falta
de higiene moral", de obras impúdicas "que ni siquiera un hombre debiera
exhibir". El mismo periódico desafió a la artista a dejarse publicar "al pie
del mismo cuadro con que ha querido conquistar lauros que considera muy marchitos".
5
.
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Potada del
catálogo de la primera exposición colectiva de Débora Arango en 1937
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El Diario arguyó a favor de Débora
Arango por pertenecer a "una familia de tradición católica y cristiana (...)
conocida por su piedad sin estrépitos y por la noble pureza de su vida". Así mismo
puso de ejemplo los desnudos artísticos clásicos localizados en algunos lugares sagrados
para mostrar que eran compatibles e invitó a ver la exposición por ser "una
excelente oportunidad para aprender a distinguir entre arte y falta de moralidad, entre
ética y estética"
6
.
Débora Arango recibió el único premio de la exposición. Los "eladistas"
rechazaron el fallo y, en carta de protesta dirigida al jurado, dijeron: "vuestro
concepto artístico es lastimoso, y vuestro fallo de unos razonamientos mezquinos y
parciales (...). Ahora no sabemos como os vais a defender de la lluvia de desnudos y
acuarelas que mañana reclamarán premio,
7
. por
SU
parte, Ignacio Gómez Jaramillo
(1910-1971) criticó acerbamente a la mayoría de los expositores por no ser
"pintores profesionales", como sí lo eran en su opinión Eladio Vélez, Carlos
Correa, Pedro Nel Gómez y él mismo.
Al año siguiente Débora Arango realizó una exposición en el teatro Colón invitada por
el ministro de educación Jorge Eliécer Gaitán. La vanguardia literaria del momento,
representada por el poeta piedracielista Eduardo Carranza y por César Uribe Piedrahíta,
presentaron la muestra. Uribe Piedrahíta escribió: "quién iba a suponer que de un
rincón de la montaña austera, de un ambiente timorato e hipócrita viniera una niña
artista, pintora de grandes desnudos e iluminada con clara luz de la naturaleza inocente
(...). Esta exposición de pintura ha de servir para rasgar el velo de falso pudor y de
hipócritas prejuicios tras el cual se esconden maliciosamente los moralistas corrompidos"
8
.
El
diario El Siglo, bastión conservador, opinó, por su parte, que las acuarelas eran un
atentado contra la cultura y la tradición artística, un desafío al buen gusto y un
irrespeto para el aristocrático lugar donde fueron exhibidas
9
.
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Retrato de Eladio Vélez.
Acuarela, 0.38 X 0.27 mts. 1934
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Retrato de mi padre.
Óleo sobre lienzo, 0.73 X 0.58 mts. Sin fecha
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Desnudo.
1939. Acuarela sobre dos pliegos unidos 0.50 X 1.29mts
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Montañas.
Acuarela sobre cuatro pliegos unidos
,
0.97 X
1.27 mts.1940
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En su defensa la artista había declarado desde 1939: "Yo tengo mi convicción de que
el arte, como manifestación de cultura, nada tiene que ver con los códigos de moral. El
arte no es amoral ni inmoral. Sencillamente su órbita no intercepta ningún postulado ético"
10
.
Los
desnudos de Débora Arango desataron una controversia que puso de presente varios hechos.
En primer lugar, que una nueva mentalidad estaba surgiendo como expresión de nuevas
realidades sociales, en contradicción con concepciones tradicionales. Los defensores de
éstas libraron una batalla drástica para oponerse a lo que pudiera constituir menoscabo
al poder que derivaban de ellas. La pugna encontró una formulación en postulados
estéticos enfrentando lo que denominamos, siguiendo al columnista conservador José
Mejía y Mejía, la estética de la reproducción con la estética de la interpretación.
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Entrevista aparecida en El
Diario de noviembre de 1939
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Débora Arango asumió tal discusión al adscribirse públicamente a la escuela
expresionista. Tal movimiento, que surgió a principios de siglo en Europa, se ocupó más
en los sentimientos y talantes que en la forma y el estilo, identificando arte y vida de
manera indisoluble. "El expresionismo transcurrió paralelamente a la época de la
contradicción entre fuerzas que poderosamente insisten en la conservación de lo
existente y las que aspiran a profundas modificaciones"
11
.
Para Débora Arango el arte se identifica
con la vida, y éste no sólo no puede contradecir las realidades interiores sino que
además las expresa: "Mi especialidad es la figura, naturalmente, y más que la
figura la expresión. En el colorido prefiero los colores fuertes. -¿Y en la
expresión! (pregunta el periodista): La expresión pagana, porque surge
espontáneamente de mi temperamento. En alguna ocasión traté de dibujar el rostro casto
de una mujer para hacer La mística y contra todas las fuerzas de mi voluntad
resultó el rostro de una pecadora (...) [de ser] que veo en todos los rostros humanos
pasión y paganismo"
12
"Hago paisajes, y desnudos porque en el
paisaje y el desnudo está la naturaleza palpitante y escueta y créame que encuentro
mayor arte en estos cuadros sinceros que en los amanerados y desfigurados por los
prejuicios de las gentes"
13
.
Laureano Gómez publicó en 1937 un
artículo donde se refirió al expresionismo "como síntoma de pereza e inhabilidad
en el arte"
14
. Para Gómez, el arte "es la actividad competente
sometida a reglas descubiertas por la razón, morigeradas por el gusto e iluminadas por el
sentimiento". En el expresionismo se refugiaban quienes no sabían dibujar y habían
olvidado el caudaloso y sabio legado de la antigüedad occidental, dejando de producir
como era debido una impresión "noble y delicada" en el espectador:
"¿Cómo pretender lograr ese resultado cuándo se carece de habilidad para
reproducir con exactitud miradas, manos, sonrisas, contracción de los músculos, matices
de las actitudes?". Estas apreciaciones del caudillo conservador muestran el
enfrentamiento que por entonces se produjo entre el ideal del arte como reproducción y el
arte como interpretación y expresión de nuevas realidades.
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Artículo
aparecido en el Heraldo de Antioquia el 4 de octubre de 1940
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En segundo lugar, las discusiones sobre los desnudos también permitieron que emergiera
con claridad la concepción dominante en la sociedad sobre la mujer y lo femenino. Aun
para los defensores de la obra de Débora Arango, es por medio del cuerpo humano como el
artista crea belleza y comunica emociones; pero el cuerpo humano es el cuerpo de la mujer,
"fuente inagotable de inspiración a través de las edades". También para sus
seguidores "la obra de Débora Arango es desconcertante por tratarse de una mujer"
15.
Luis
Vidales, entonces poeta vanguardista, escribió: "Débora Arango, de masculina
potencialidad en el modelado y audacia en el trazo"
16
. El periódico bogotano El Liberal la
entrevista para "conocer esa mujer varonilizada que algunos diarios de Medellín
habían pintado" y para su sorpresa encontraron "una mujer encantadora,
sencilla, íntegramente femenina (...) una mujer como casi todas las mujeres colombianas,
pero que se diferencia de ellas en que tiene una virtud admirable: el valor"
17
. La audacia, la fuerza, la
representación de ciertas escenas sórdidas que exigían haber sido "vividas"
previamente, la conciencia del cuerpo femenino, requerían para su expresión de una
independencia que la sociedad de entonces no estaba en condiciones de dispensar. La obra
de Débora Arango entró, pues, en contradicción con los valores y con la mentalidad de
la época.
LA DENUNCIA SOCIAL: 1942-1944
El ambiente en el que Débora Arango
pintó sus obras de denuncia social era uno de promesas incumplidas, esperanzas truncadas
y cambios sociales postergados por parte de los políticos liberales, quienes habían
sólo capitalizado el descontento popular para derrotar la república conservadora.
Antioquia se había convertido en el departamento colombiano más industrializado, con su
masa de proletarios y marginados urbanos y su elite de prósperos empresarios, para
quienes la pobreza es el símbolo del fracaso. Los cuadros de este período partieron de
una temática que la artista había explorado durante la etapa anterior, con trabajos como
En Puerto Berrio, El Heraldo de Antioquia, El placer, Amanecer, Trata de
blancas, En el barrio y otros más. En estas obras apareció quizás por primera vez
en el arte colombiano la sordidez de la prostitución, los bares y su clientela dudosa,
pintada con colores fuertes y con ciertas deformaciones del rostro y la figura.
Unas acuarelas de motivos religiosos, fechadas en 1942, iniciaron abiertamente esta etapa;
La primera comunión, La monja intelectual, La oración de la tarde, son muestras
de una mirada irónica y maliciosa sobre personajes femeninos religiosos. Mirada que
retrata claramente en una acuarela de 1943 titulada La colegiala. La colegiala no
es aquí la niña ingenua e inconsciente de sí misma: es "naturaleza escueta y
palpitante, como escribió un comentarista de la época: 'En los Ojos de esa niña con
brotes de adulta, se encuentra una pasión, una historia, una aventura entre tilos
discretos y soles amables que ha hecho de su corazón un depósito de recuerdos y emociones"
18
.
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La amiga . Acuarela
en tres pliegos unidos 0.61 X 1.44mts. 1939
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Amanecer. Acuarela
0.95 X 0.67mts. 1939
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Trata de blancas.
Acuarela sobre dos pliegos unidos, 1.32 X 1.00mts. 1940
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El año de 1944 fue quizás el más prolifero de la autora. Pintó numerosos óleos dentro
de los cuales sobresalen La lucha del destino, Adolescencia, Los que entran y los que
salen, Retrato de Matilde, Desnudo, El regreso y Maternidad, entre otros. Eran cuadros
de sólida composición y color muy expresivo, donde la expresión pagana apareció ligada
a una reflexión y crítica social, más allá de la sensualidad de sus desnudos
anteriores. Para darse cuenta del clima y del poder revulsivo de estas obras, bastaría
comparar su Maternidad con las varias obras del mismo género pintadas por Pedro
Nel Gómez. En otros cuadros la artista abordó la pobreza, exenta ya del tono pagano: La
pordiosera, La cuna, Paternidad, Maternidad negra, Amargada y Patrimonio.
En el mismo año fracasó la apertura del IV Salón Nacional de Arte de Medellín. Ante
tal hecho, surgió la "Exposición de artistas independientes"
19
, cuyos participantes
redactaron el "Manifiesto de los artistas independientes", firmado entre otros
por Débora Arango
2O
.
"Americanismo"
e "independencia artística" fueron los conceptos privilegiados en los trece
puntos del documento. Como su antecedente directo debe citarse la "llamada a los
artistas de América" realizada en 1921 en México por Siqueiros y Rivera. El
manifiesto de los "artistas independientes" puede entenderse como una forma de
reafirmar su adscripción al ideal americanista que irrigaba en los años cuarenta al
nuevo arte latinoamericano y colombiano, ideal que artistas como Pedro Nel Gómez y Luis
Alberto Acuña (1904) habían preconizado unos dos decenios antes. Los pintores que
surgieron en los años cuarenta en Colombia asumieron un lenguaje derivado de la Escuela
de París y abandonaron la tutela del muralismo mexicano: "en la mayoría de ellos
palpitaba lo telúrico, la plasmación de un ámbito que nos pertenece"
21.
Sobre la obra que Débora Arango presentó a
la exposición de los "independientes", el periódico La Defensa opinó:
"El visitante del salón encuentra a Débora Arango más reposada, sin desnudos de
los que han hecho su fama y siempre con tonos vivos y altisonantes, con brusquedad del
color y un desbordamiento de tonos como sangre derramada, esta obra de la artista
antioqueña que conocíamos parcialmente, destaca siempre las escenas amorosas mas ya en
forma un poco disimulada o intencionalmente disimulada, con lo cual su obra ha ganado y
han perdido sus admiradores nudistas"
22
. Tonos vivos
y altisonantes, brusquedad, desbordamiento, ¿era esto reposo? El reposo es ausencia de
desnudos; lo que reposa con alivio es la vigilante conciencia inculpadora de sus
críticos.
A la mirada antioqueña de los años cuarenta le resultó menos
ofensivo un espejo
que le mostró con deformidad imprecatoria sus más exactas miserias y vicios, que la
exposición del deseo de la mujer y la libertad de culto a que incitaba esa declaratoria
de guerra según la cual el arte nada tenía que ver con la moral. La obra de estos años
proporcionó no sólo una prueba de las condiciones sociales de un grupo humano. Fue
también una denuncia cernida por el tamiz de la óptica subjetiva y acusadora de la
artista donde a veces también cupo el humor: la Monja intelectual posee una
cómica inacción; el monje sentado en su bacinilla muestra que el espíritu es también
vulgar. Se quería ver en estas obras de denuncia social la influencia del
pedronelismo", pero tal influencia no es cierta. Los frescos de Gómez, aunque
aparecen como "denuncias", aunque muestran la tragedia minera y la mesa del
niño hambriento, hacen una valorización del sufrimiento, la enfermedad y la muerte a la
manera del Santo Job. Son los males con que hay que cargar en aras al logro epopéyico de
la riqueza y grandeza imperecedera de un pueblo, de una "raza". Los murales de
Pedro Nel recibieron el rechazo sobre todo por su lenguaje formal: eran mamarrachos,
pinturas de alguien inhábil. No se desdijo de su contenido.
Para nosotros estos frescos poco denuncian; más bien, ilustran una historia de la misma
manera como los mosaicos medievales eran medios para catequizar a los analfabetos. Los
frescos de Gómez se proponen evangelizar a los olvidadizos ciudadanos y burócratas sobre
el memorable y abnegado surgimiento de la "raza antioqueña" que cree haber
nacido altanera en una pelada sierra bajo el azul del cielo. Son un canto al antioqueño,
embebido en glorificar su ancestro. El artista elabora en sus murales el mito del origen buscando encontrarle un puesto
digno y perdurable en la historia a las virtudes tesoneras de su pueblo, demostrando que
ese pueblo no era bárbaro, pues "una sociedad que es capaz de producir el fresco no
es una horda propiamente"
23
. Así mismo, dándole una voz a las
"potencias originales", a "nuestro ser histórico", voz individual que
aspiraba a la monumentalidad y a la perdurabilidad de las paredes marmóreas: "Si
hice pintura al fresco, ¡cosa insólita!, fue porque mi fronda humana y cultural abrigaba
aspiraciones de monumentalidad"
24
.
Más inconveniente, más áspera, resultó la obra de su discípula. Si Pedro Nel Gómez
está imbuido del mito del origen, Débora Arango está cerca del mito de la redención.
Su denuncia, su sarcasmo y su sátira confían y aguardan en que las cosas, las relaciones
entre los seres, deben y pueden ser mejores. La imagen que la artista entrega es ya una
forma de redimir a sus personajes al hacerlos representabas, "bellos" y
"perdurables".
LA SÁTIRA POLÍTICA: 1948- 1960
En 1946 el conservatismo regresó al
poder, luego de dieciséis años de ausencia. Dos años más tarde, el asesinato de
Gaitán desató la crisis política más importante del siglo y abrió un nuevo ciclo de
violencia en el país. Mientras ésta crecía, se impuso, como arte de vanguardia en
Colombia, el abstraccionismo. Desapareció del espacio pictórico de avanzada la
representación de objetos y figuras reconocidas. Ni reproducción ni interpretación de
la realidad: sólo su eliminación. La "realidad real" dio paso a una realidad
puramente formal, tal como quería Kandinsky: "el cuadro carecía de todo tema, no
descubría objeto alguno identificable y estaba totalmente compuesto de brillantes manchas
de color". Es así como la década del cincuenta vio las pinturas abstractas de Marco
Ospina, los "aparatos mágicos" de Edgar Negret y las construcciones de Eduardo
Ramírez Villamizar, entre muchas otras"
25..
Débora Arango viajó en 1946 a Estados Unidos, donde no aceptó participar en una
exposición en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, pues era su interés estudiar
pintura mural en México. Allí ingresó a la Escuela Nacional de Bellas Artes, donde
permaneció hasta 1948. En el mismo año regresó a Medellín y pintó el que sería su
único mural público en la sede de la Compañía de Empaques. Participó en el Segundo
Concurso-Exposición de Pintura de Medellín, organizado por la Sociedad de Amigos del
Arte, al que concurrieron veinticinco artistas colombianos. Débora envió también cuatro
obras pertenecientes a períodos anteriores: Patrimonio, Paternidad, Adolescencia y El
obispo (también conocido como Indulgencia). Pedro Nel Gómez, responsable de
la exposición, ordenó que no fuera exhibido El o
bispo.
Adolescencia tuvo gran éxito entro el público y la muestra, nuevamente generó un
escándalo local. La pintora fue amenazada de excomunión por el arzobispo y conminada a no pintar desnudos; su obra fue
atacada desde los púlpitos
26
. Años más tarde, su hermana Elvira
evoca así el episodio "El prelado la llamó al palacio episcopal y le anunció la
amenaza de exco munión, si no retiraba los cuadros. Débora firmó el documento, después
de consultarlo con eclesiásticos amigos y todavía sostenemos el debate si debió
resistir a la amenaza"
27
.
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La lucha del
destino
.
Óleo sobre lienzo, 1.45 X 0.96 mts. 1942, aprox.
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En 1949 participó en el Salón de Artistas Antioqueños en Bogotá. A partir de entonces
suspendió toda actividad pública en Colombia hasta 1955. Entre 1953 y 1955 la artista
emprendió un viaje de estudio que incluyó estadía en Inglaterra, Francia, Escocia y
Austria; en esa época hizo sus primeras cerámicas. En 1955 presentó una exposición en
el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid, clausurado por el gobierno al día
siguiente. En el mismo año exhibió en Medellín una muestra de cerámicas en el Centro
Colombo-Americano. La obra que Débora Arango pintó durante estos años, dio cuenta con
un rigor constante de los conflictos históricos que atravesó el país, no de modo
génerico o de manera recordatorio o alegórica
28
, sino asumiendo la representación de
momentos precisos; quizás esta fue una de las principales lecciones aprendidas del
muralismo mexicano. Masacre nueve de abril (cuyo espacio y figuras aglomeradas
aprovechan las enseñanzas de Grosz), El tren de la muerte, El vagón, La ciudad, La
danza (esqueletos que recuerdan los grabados de Guadalupe Posada), fueron obras de
1948 que sirvieron de preámbulo a un conjunto de escabrosas pinturas conminadas por la
fealdad: El cementerio de la chusma, La salida de Laureano, Las tres fuerzas que
derrocaron a Rojas, Melgar, La junta militar, La República, El plebiscito, La mujer
víctima de la violencia y Doña Berta. En ellas las calaveras, sapos, perros, hienas,
reptiles y buitres son la principal gramática de esta invectiva, que muestra, por
ejemplo, a Laureano Gómez como batracio cargado en una camilla por cuatro buitres
antecedidos del heraldo de la muerte. El bestiario humano tuvo su antecedente español
más importante que Goya (1746-1828), pintor admirado por Débora Arango. Ricardo Rendón
(1894-1931), por su parte, dibujó una serie de caricaturas llamadas El jardín
zoológico, donde los personajes encarnaban figuras animales. Dos obras del escritor
Jorge Zalamea (1905-1969), La metamorfosis de su excelencia y El gran
Burundún-Burundá ha muerto, compartieron la atmósfera de sátira política,
mostrando hasta qué punto tal forma de referirse a la realidad del país era común a
ciertos creadores.
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Los
que entran y los que salen.
Óleo sobre lienzo 1.52 X 1.20. 1944 aprox.
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La
viuda, 0.56 X 0.37mts. sin fecha
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Las
tres fuerzas que derrocaron a Rojas.
Acuarela, 0.49 X 0.41 mts. Sin fecha
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Es notorio en estas obras el predominio de la diagonal en la composición y el color
chocante, de tal manera que el lenguaje plástico guardó coherencia con el contenido y
los propósitos de la expresión: ese desastre es repugnante tanto como su
representación.
En 1957 la Casa Mariana de Medellín presentó una muestra de 37 pinturas de Débora
Arango, algunas de ellas realizadas en Europa. Según su fundador, el jesuita Juan
Escobar, la exposición se organizó "como justo reconocimiento a sus méritos y con
el objeto de que ello sirva como medio de dar a conocer la obra de una de las más grandes
pintoras colombianas"
29
'La prensa dijo que se
trataba de la "primera exposición individual de Débora Arango, no obstante
que ésta se halla dedicada a la pintura
desde 1935 y de que constituye uno de los primeros valores del arte pictórico
colombiano"
30
. Ovidio Rincón escribió,
por su parte: "No puede afirmarse que exista en la pintura de Débora Arango una
intención política, pues a veces la anima piadosa fuerza cristiana que conmueve y
edifica; ni existe el desquiciamiento de la creación hacia todas las cosas crueles de la
existencia"
31
. Nuevamente su obra tuvo que sufrir el procedimiento de la
inversión para recibir la aceptación. El levantamiento contra la dictadura de Rojas
Pinilla motivó la clausura intempestiva de la muestra; la artista rescató las obras (10
óleos y 25 acuarelas), arriesgándose personalmente
32
.
La exposición colectiva de cerámica de 1960, en la que participó la artista, sirvió de
nuevo punto suspensivo a su relación con el público y parcialmente a su tarea como
pintora activa, hasta 1975. Durante este tiempo se dedicó al cuidado de su padre enfermo
y pintó los zócalos de cerámica en su residencia.
PERÍODO DE RECAPITULACIÓN.- 1976-1984
La muestra de 1975 en la Biblioteca
Pública Piloto de Medellín reunió cien obras; ésta "es recibida ya sin ataques
por la prensa, pero sí con un extraño silencio. Salvo dos breves reseñas (...)
absolutamente nada se escribió. En cambio se dio en esos mismos días un notorio
despliegue publicitario y periodístico a una muestra de León Posada organizada con
motivo del tricentenario de Medellín"
33.
Participó también en las exposiciones colectivas
"La pintura a través de la mujer en Antioquia" en el Museo de Antioquia y en
"Arte y política" en el Museo de Arte Moderno de Bogotá. La mayor parte de las
obras de esta época fueron realizadas en 1977. Se trata, en su mayoría, de apuntes a la
acuarela llenos de humor e ingenuidad, en los cuales vuelve a sus temas más afines; con
la presencia dominante de la mujer. Frente al carácter de su obra anterior, adquieren,
sin embargo, un tono menor.
En febrero de 1984 Débora Arango recibió el premio "Secretaría de Educación y
Cultura a las letras y a las artes". En agosto del mismo año se inauguró
"Débora Arango, exposición retrospectiva" en el Museo de Arte Moderno de
Medellín, con 205 cuadros entre acuarelas, óleos y cerámicas cubriendo un período que
va de 1934 a 1977 y que se compone en su totalidad de obras que pertenecen a la pintora,
puesto que no ha pintado para vender y el aspecto comercial lo borró por completo de su
vida artística. Esa misma exposición se presentó posteriormente en la Biblioteca Luis
Ángel Arango de Bogotá, a finales de 1984. La pintora Beatriz González la calificó
como la mejor muestra del año y la puso como ejemplo contra el hiperrealismo local y el
costumbrismo predominante en el arte colombiano
34
.
En la obra de Débora Arango ya no se quiere duplicar el mundo, sólo decirlo con un
lenguaje propio, sin la intervención
morigeradora del buen gusto y "lo culto". Estética y ética son una sola. La
sensualidad, la angustia, la miseria, la exposición de la corrupción, la burla
implacable de los poderosos: ese es su registro, su testimonio de una personal temporada
en el infierno. Para decirlo no requirió como estimulante el éxito comercial ni la
aceptación social. Ligada en cada momento a su tiempo desde la exclusión, Débora Arango
creó imágenes que movilizaron la conciencia, las que apenas ahora van conquistando un
espacio mental que permita verlas, pues aún son provocaciones.
1 Pedro Nel Gómez,
"Las paredes hablan al pueblo", en Crónica municipal, Medellín, Antioquia,
s.f. (regresar1)
2 Se trata de una
exposición- concurso en el Club Unión de Medellín, organizada por la Sociedad de Amigos
del Arte. Participaron: Gustavo López, Alberto Villa, Jaime Muñoz, Eladio Vélez,
Ignacio Gómez Jaramillo, Francisco Morales y Débora Arango. Fueron Jurados: Félix
Mejía, José Posada y Carlos Posada. (regresar2)
3 El Diario, noviembre de
1939. (regresar3)
4 José Mejía y Mejía,
El Colombiano, diciembre de 1939. (regresar4)
5
La Defensa,
noviembre de 1939. (regresar5)
6 El Diario, noviembre de
1939. (regresar6)
7 El Diario, 28 de
noviembre de 1939. (regresar7)
8 El Heraldo de
Antioquia, 10 de octubre de 1940. (regresar8)
9 El Siglo, 10 de octubre
de 1940 (regresar9)
10 El Diario, 5 de
noviembre de 1939. (regresar10)
11 Bernd Rau, La obra
gráfica del expresionismo alemán, Gotinga, 1981. (regresar11)
12
El Heraldo
de Antioquia, 4 de octubre de 1940. (regresar12)
13 La Razón, 10 de
octubre de 1940. (regresar13)
14
Citado por
Álvaro Medina, op. cit. (regresar14)
15 El Heraldo de
Antioquia, 4 de octubre de 1940. (regresar15)
16
Citado
por Álvaro Medina, op. cit.
(regresar16)
17
El Liberal, 3
de octubre de 1940. (regresar17)
18 El Correo, octubre de
1944. (regresar18)
19
Paralelamente
se presentaron en Medellín las obras escogidas para el frustrado salón. Tuvo también
lugar la primera exposición nacional de dibujos infantiles, así como sendas muestras de
Gómez Jaramillo, y de Eladio Vélez con Gustavo López, Luis Viecco, Humberto Chávez y
Apolinar Restrepo. Posteriormente los Independientes exhibieron sus obras en el
Conservatorio de Cali en julio de 1944. (regresar19)
20
Los demás firmantes fueron: Rafael Sáenz, Gabriel Posada,
Pedro Nel Gómez, Octavio Montoya, Jesusita Vallejo, Graciela Sierra, Maruja Uribe y Laura
Restrepo. Fecha: febrero de 1944. (regresar20)
21
Álvaro
Medina, op. cit. pág. 365 (regresar21)
22 La Defensa, 14 de
enero de 1944. (regresar22)
23 Carlos Jimenez Gómez
"Pedro Nel Gómez habla de sí mismo", en Pedro Nel Gómez, Bogotá,
1981. (regresar23)
24
ídem, pág. 19.
(regresar24)
25 Para ampliar lo
anterior puede consultarse: Germán Rubiano. "El primer arte abstracto en
Colombia", en Historia del arte colombiano, tomo V, Barcelona, 1976. (regresar25)
26
Miguel Escobar
,
Apuntes para la hoja de vida de Débora Arango, manuscrito
sin publicar. (regresar26)
27 Recorte de prensa sin más referencias, incluido en el
Catálogo de la exposición retrospectiva de
Débora Arango,
Medellín, 1984, pág. 83.
(regresar27)
28 Para una
revisión sobre el arte colombiano de "Violencia", ver: Germán Rubiano "El
arte de la violencia", revista Arte en Colombia, núm. 25. Bogotá, s.f.
(regresar28)
29 El Colombiano, abril
de 1957.
(regresar29)
30
ídem.
(regresar30)
31
ídem.
(regresar31)
32 Escobar, op.
cit.
(regresar32)
33
ídem, León
Posada es considerado un pintor convencional, miembro de la denominada "Escuela de
acuarelistas antioqueños".(regresar33)
34
Beatriz
González, "Gracias Espíritu Santo por la pintura insana", en Magazín
Dominical de El Espectador, núm. 92, 30 de diciembre de 1984. (regresar34)
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