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El
jardín por dentro
Colombia, parques
nacionales
Inderena
Fondo para la Protección del Medio
Ambiente José Celestino Mutis,
Fen, Colombia, Bogotá, 1984, 262 págs.
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Este llibro, en edición
de lujo, 24 x 32 cms, 3.500 ejemplares, 600 de ellos numerados, ilustrado con más de 240
fotografías en color, acomete la ambiciosa empresa de describir las 32 unidades de
conservación (27 parques nacionales y cinco santuarios de flora y fauna) que componen el
sistema nacional. En un prólogo titulado "La región más transparente del
aire", el presidente de la república, Belisario Betancur, presenta la obra, destaca
la importancia de los parques nacionales y acentúa la necesidad de que este patrimonio
sea de amplio conocimiento entre los colombianos. En palabras del presidente Betancur,
"la única forma de que aceptemos la dimensión preciosa de esos recintos es
conociéndolos. Sólo así podremos estimar su carácter único, su fabuloso valor
patrimonial, el respeto amoroso que deben suscitar".
Una Introducción General hace una breve reseña histórica del sistema colombiano de
parques nacionales y describe someramente la geografía del país. Los parques nacionales
aparecen agrupados en el libro según las provincias biogeográficas, cada una de las
cuales es objeto de una corta introducción que explica su situación geográfica y sus
características climáticas generales. A su vez, cada parque es descrito en detalle,
resaltando sus características geológicas, geográficas y climáticas. Se anotan las
especies características de flora y fauna y las formaciones vegetales representadas y se
resume la información arqueológica y etnológica, así como los episodios históricos
más sobresalientes de cada región. En algunos casos se mencionan las vías de acceso y
las facilidades para uso recreacional y educativo.
Las fotografías en color comprenden paisajes, plantas y animales de cada parque nacional.
En la introducción aparece un mapa del territorio nacional con la situación de todos los
parques y santuarios.
Es comprensible que, por fuerza de la compleja naturaleza del sujeto, un libro que tenga
que introducir conceptos y términos de tantas disciplinas deba recurrir al uso de
vocablos que no son de uso diario. Sin embargo, en Parques nacionales se incurre en
verdaderos excesos que llegan a ocasionar perplejidad innecesaria en cada página y hacen
la lectura verdaderamente fatigosa. Las descripciones de los suelos se hacen a base de
términos como Trophemists, Fluvaquepts, Aquods y Psamments. Aunque el libro
incluye un generoso glosario, suele resultar de poca ayuda para el lector no pedólogo
(especialista en suelos). Aquod, según el glosario, "es un Suborden del Orden
Espodosoles, suelos con tendencia a la gleyización [...] con epipedon
hístico".
Los nombres científicos de plantas y animales se complican injustificadamente con un
abundante uso de trinomios para la designación de subespecies o razas geográficas, sin
que se le aclare al lector el porqué de tal refinamiento. Se detectan errores
tipográficos en los nombres científicos, deslices éstos que no se compaginan con el
énfasis que hace el libro en materia de terminología (p.e., "leocophrys" por
leucophrys y "toxoides" por toxotes).
La nomenclatura ecológica también contribuye a que sea menos cierto aquello de que
"el libro emplea un lenguaje accesible a lectores no especializados":
"bosque del pedobioma subxerofítico" y "vegetación transicional entre la
hygrotropophytia y la subhygrophytia" son apenas dos ejemplos.
En cambio, en ciertos casos que habrían requerido de una información más precisa, se
incurre en una vaguedad inexplicable. "Existe, además, un pez nativo de la Cocha,
afín al llamado Capitán" (pág. 245). ¿Se trata de una especie endémica ?
¿Es que no ha sido clasificado todavía? ¿A cuál de todos los peces llamados
comúnmente "capitanes" se parece? Quien desee averiguar algo más sobre este
pez de la Cocha, no tiene aquí un punto de partida.
La redacción a veces es poco cuidadosa. En la página 244, por ejemplo, se lee que
"el visitante puede conocer en la laguna [de la Cocha] varias especies de aves, entre
las cuales están el pato zambullidor (Podiceps occipitahis juninensis), otras
especies de patos como el Anas georgica spinicauda. ." implicando
erróneamente que P. occipitalis es un pato, cuando en realidad pertenece a un
grupo muy diferente de aves.
El guatín Dasyprocta punctata pandora (pág. 182) se cita entre los mamíferos existentes
en la isla Gorgona, después que se anota que esta misma especie "al parecer se
extinguió debido a una peste ocurrida hace algunos lustros". Y hablando de las aves
del mismo parque (pág. 182), dice que "se han señalado hasta ahora 19 especies de
aves migratorias, de las cuales Cyanerpes cyaneus gigas y Coereba flaveola
gorgonae son nectarívoras y endémicas". Ninguna de las dos especies citadas es
migratoria.
El material fotográfico deja qué desear por lo variado de su calidad. Hay fotos
excelentes, tales como las del nevado del Huila (pág. 107) y del nevado de la Reina
(págs. 24-25 y 26). Las correspondientes al parque nacional El Cocuy (págs. 160 a 167)
son de belleza impresionante. En el otro extremo, la única foto del caimán llanero
(pág. 79) no le hace ningún favor al más imponente de nuestros cocodrilos. Peor
todavía es el caso del colibrí Eriocnemis mira bilis cuya ilustración aparece
desenfocada, descolorida y recortada, con el efecto de un verdadero pegote, en la página
106, a pesar de un original de muy buena calidad reproducido previamente en el libro Portraits
of Tropical Birds (Dunning, J. S. 1970. Wynnewood, Penn.: Livingston). Igual
tratamiento se le dio a una foto de Geranoetus melanoleucos, una hermosa rapaz, en
la página 121. Los flamencos tampoco salieron favorecidos con una foto a doble página,
con rayones y otros desperfectos conspicuos (págs. 224-225).
Independientemente de su calidad, muchas fotos son de dudosa importancia y dejan la
impresión de que fueron incluidas por ausencia de objetivos claros en la escogencia del
material. Por ejemplo, la del gallito de ciénaga (pág. 233), aunque aceptable como foto,
no resulta adecuada para resaltar la rica avifauna acuática de la Ciénaga Grande de
Santa Marta. El gallito de ciénaga es una especie común y abundante en medios altamente
modificados en todo el país y bien pudo ceder su sitio en el libro a una de tantas
especies de aves con mayor valor simbólico para este santuario. De la misma manera, la
foto de la cocinera o tiamaría, y ésta sí de poco mérito fotográfico, pudo ser
eliminada del capítulo sobre la isla de Salamanca (pág. 58) sin que el libro
experimentara pérdida alguna. Por otra parte, echa uno de menos ilustraciones de especies
como el cóndor, el oso de anteojos, el tapir de montaña y el venado conejo, todas ellas
representativas de muchos de los parques nacionales de los Andes.
Ocasionalmente las leyendas no corresponden a las ilustraciones. Una foto panorámica de
un bosque de densa cubierta arbórea (pág. 117), probablemente del piso térmico frío,
está acompañada por una leyenda que la describe como "Detalle del páramo en los
Farallones de Cali. La cobertura vegetal consta de gramíneas y criptógamas".
La Bibliografía Básica enlista una extensa serie de trabajos de relación entre próxima
y remota con el sujeto del libro. Desafortunadamente no está discriminada por capítulos
ni por temas, haciendo en extremo difícil la localización de referencias pertinentes a
un aspecto cualquiera sobre el cual el lector desee profundizar. Por otra parte, omite
inexplicablemente muchos trabajos de divulgación científica que tocan directamente con
los parques nacionales y los recursos de flora y fauna y que serían del mayor interés
para el visitante potencial. Entre estos trabajos omitidos por la Bibliografía Básica
podemos citar los de Borrero (1972. Aves de caza colombianas. Cali: Universidad del
Valle), Espinal (1980. Apuntes sobre la flora de la región central del departamento
del Cauca. Cali: Universidad del Valle), Dunning (citado atrás) y Olivares (1973. Las
ciconiiformes colombianas. Bogotá: Proyser).
A pesar de lo anotado, que tal vez sea en parte resultado de un arraigado concepto de
educación que no considera a la naturaleza silvestre como sujeto legítimo de
"cultura general" y, por otra parte, de una falta de preparación del Inderena
para tareas de divulgación como esta, el libro Colombia, parques nacionales contribuye
a llenar un sentido vacío y seguramente estimulará el deseo de conocer mejor al país y
la preocupación por la suerte de aquellos que fueron escogidos entre los más bellos de
sus paisajes. Porque la moneda tiene otra cara que el libro apenas si toca muy
tímidamente, cual es la creciente agresión al sistema de parques y su consiguiente
deterioro: la muerte de los manglares de isla de Salamanca, la colonización de la
Macarena y el caos general de la Sierra Nevada de Santa Marta, para no citar sino algunos
de los casos que vienen teniendo mayor resonancia en los medios de comunicación.
Con una edición menos costosa, lograda mediante un texto simplificado a lo más
sobresaliente y accesible para el viajero y una poda drástica del material fotográfico,
este libro se convertiría fácilmente en lo que debió ser desde un principio: un atlas
para la mochila del excursionista. Por lo pronto Colombia, parques nacionales es
una geografía de lo bello y un itinerario de la Colombia amable que tan pocos conocen y
que todos deberíamos apreciar.
HUMBERTO ÁLVAREZ-LOPEZ
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