Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 4,  Volumen XXII , 1985
 

Dos historias paralelas


El Banco de Bogotá
Carlos Eslava Flechas
114 años en la historia de Colombia
Op Gráficas, Bogotá, 1984

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El interés por la historia de la moneda y la banca en Colombia comienza a tomar fuerza en los años cuarenta con la publicación de dos obras: Crónicas e historia bancaria de Antioquia (Medellín, 1946) de Enrique Echavarría, e Historia de la moneda en Colombia (Bogotá, 1945), de Guillermo Torres García, convertida esta última en clásico del tema.
A raíz del proceso de absorción del capital industrial por el capital financiero en el último decenio (conocido en su momento como "el zarpazo financiero") y de los posteriores escándalos financieros, salieron a la luz pública tres textos dignos de mención: Judas Tadeo Landinez y la primera bancarrota colombiana (1842) (Medellín, 1981) de Mario Arango Jaramillo, donde se destaca que los episodios financieros no son cosa nueva en la historia del país, si bien la calma financiera y monetaria, perturbada por los acontecimientos de los setenta, había imperado gracias al establecimiento del Banco de la República, en 1923, por recomendación de la Misión Kemmerer. Los otros dos textos son Banqueros en el banquillo y Por qué cayó Jaime Michelsen, del periodista e investigador Alberto Donadio, donde se recogen los pormenores que desataron la caída de importantes banqueros y grupos financieros.
Más recientemente y dentro del ámbito académico, la tesis de grado de Mercedes Botero titulada Los bancos en Antioquia 1872-1886 (revista Lecturas de Economía núm. 17, Medellín, 1985) presenta la historia de cinco bancos antioqueños, poniendo en claro el alcance de sus actividades.
Es este el panorama, someramente descrito, en que puede inscribirse la Historia del banco de Bogotá, publicada con motivo de los ciento catorce años de la institución.
Si la Historia de una gran empresa es fundamentalmente una historia contada desde la silla del gerente, la del Banco de Bogotá está escrita con una estructura narrativa opuesta. Más de la mitad de las cuatrocientas páginas presentan el contexto político y económico colombiano e internacional que antecede a la fundación y acompaña el desarrollo de la institución, pues para el autor "no se puede prescindir de un repaso de la historia patria, al narrar la de una empresa, nacida al amparo de las instituciones nacionales y bajo los auspicios de un gobierno ejemplar, que le otorgó generosos y determinantes estímulos".
La obra consta de siete capítulos, cuyos títulos no son siempre afortunados; la bibliografía utilizada está compuesta principalmente por textos de historiadores de las nuevas generaciones; un conveniente índice complementa la obra, lujosamente editada en Colombia con impecable tipografía y excelentes fotografías en duotono, provenientes de varios archivos, destacándose el del Museo de Arte Moderno de Bogotá. Cada uno de los capítulos contiene una sección final dedicada exclusivamente a la historia del banco, la cual incluye amplias citas de documentos internos que permiten una más amplia comprensión para los interesados.
El libro comparte dos características que exhiben las recientes historias de grandes empresas colombianas: son productos editoriales de alta calidad y son ediciones de circulación restringida. Lo que lo diferencia es la concepción con la cual el autor y sus asistentes de investigación (Germán Mejía, Juan Carlos Eastman, Augusto Gómez) confeccionaron la obra, aunque ella no logra escaparse a la innecesaria alabanza a la "institución venerable" que marcha hacia el porvenir "con fe y esperanza, perseverante en los principios de servicio a Colombia"

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El texto se inicia con un repaso de la situación del país desde que consigue la independencia hasta 1885. Entonces Colombia "era un conglomerado de regiones con economías propias, grupos sociales diferentes, intereses políticos diversos y manifestaciones culturales específicas. Cualquier intento de implantar una política nacional exasperaba los intereses locales, produciéndose inevitablemente una guerra civil. En la base de esta situación estaba la inexistencia de una clase social dominante a nivel nacional, con la capacidad suficiente de darle a la economía, al estado y a la sociedad una articulación suprarregional. Romper los marcos locales y erigir los cimientos de una economía y de un estado nacional era la tarea primordial de aquel entonces".
Desde 1821 la asamblea constituyente había señalado como atribución del congreso "establecer un banco nacional". Las circunstancias políticas y económicas pospusieron la institucionalización de la "industria del crédito" durante medio siglo. El intercambio mercantil enfrentaba, entre otras muchas dificultades, las ocasionadas por el caos monetario: monedas de distintas especificaciones y valores, fácilmente falsificables. Diversos proyectos bancarios fallidos se registraron por entonces, como el del Banco de Londres, México y Suramérica. Entre tanto el abastecimiento de las necesidades crediticias estaba en manos de los prestamistas particulares "cuyos rendimientos no estaban sujetos a limitaciones y cambiaban o fluctuaban en relación directa con las urgencias o necesidades del prestatario"; varios de ellos amasaron importantes fortunas. El Banco de Bogotá inició su vida legal en 1870. Ciudadanos y compañías nacionales y extranjeras fueron sus socios fundadores, entre quienes se destaca la personalidad de Salvador Camacho Roldán. La primera sede operé en la famosa calle Florián de Bogotá a partir de 1871. Numerosos documentos oficiales y privados, citas de autores de la época, así como reproducciones de los billetes, retratos de los socios fundadores y fotografías de la ciudad, recrean el ambiente de entonces.
En los capítulos sucesivos se cubren los períodos 1886-1903, 1904-1914, 1915-1929, 1930-1945, 1946-1958. Para el período 1886-1903, el autor en las secciones "Una ojeada a América" y "El país: viajes por algunas ciudades" muestra el ambiente político y económico imperante en América Latina al finalizar el siglo XIX, y hace un recorrido por las principales ciudades colombianas destacando su ambiente y escenario. El espíritu político de los años finales del siglo pasado queda consignado en la sección "Entre la doctrina y la necesidad".
Entre 1904 y 1914 el país pasa de "la dictadura a la reforma", y lo más significativo que destaca el autor es "la nueva dimensión de la distancia", producto de la apertura de nuevas vías de comunicación. El "Despegue de un país 1915-1929" está marcado por el "auge y caída de una hegemonía" y por la expansión cafetera. Para elautor, de 1930 a 1945 Colombia se mueve entre la estabilidad y la reforma; la industria prospera al amparo de la sustitución de importaciones. El lapso 1946-58 está marcado por la aparición de nuevos bloques de poder y de una bonanza que para Eslava Flechas se debe a extranjerización de la producción, pero que a nuestro modo de ver se origina más bien en el auge económico (crecimiento industrial, transformaciones agrarias, dinamismo bancario) frente al grave conflicto político que vive la nacion.
Los años 1958-1984 los caracteriza Eslava Flechas como de "conciliación de un país", durante el cual surge el "tercer mundo" y el bipartidismo es la fórmula de conciliación.
La historia del Banco de Bogotá -como dice Jorge Mejía Salazar en la presentación del libro— puede sintetizarse en tres etapas: "La primera, durante la cual nace y muestra un desarrollo acorde con su tiempo (...) logra el banco con el concurso de sus directores sobrevivir la más dura etapa de la vida nacional (...) la segunda (...) se caracteriza porque el banco adquiere su verdadera dimensión nacional: abre sucursales y agencias en todo el territorio y logra una ampliación notable de la gama de servicios que ofrece a sus clientes (...). Finalmente, esta tercera que se vive hoy, muestra un banco con una organización moderna y flexible, con estructuras administrativas profesionales y técnicas (...)".
La historia del país y la historia del banco van paralelas en la narración y no tanto "entretejidas" como afirma el prologuista. Dos historias paralelas que por momentos parecen escritas por dos autores diferentes.

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No obstante, puede decirse, con Álvarez Restrepo, que el autor incorpora múltiples aspectos de la vida nacional, biografías y trozos de lo ocurrido en otras partes del mundo, episodios que "configuran la imagen de una época y crean el clima para que pueda apreciarse mejor el cuadro con el cual se proyecta la obra realizada por la institución que ha inspirado la obra. El material complementario es como el gran telón de fondo de uno de esos cuadros de Veronés (...) en los cuales la multiplicación de los diversos rostros contrasta con la figura solitaria del personaje principal que está en el centro de la tela". Paradójicamente, pese a la preocupación por no olvidar la historia del país, el autor no se detiene lo suficiente en la historia bancaria en la que se inscribió el Banco de Bogotá, con excepción del capítulo "Prehistoria de la banca nacional". Así mismo podría haberse hecho más explícito el papel del banco dentro de las distintas etapas del desarrollo económico colombiano.
No obstante, este libro es para ser estudiado y no para destinarse al injusto sueño de los anaqueles, en el que cae la mayor parte de las lujosas obras conmemorativas, debido a las listas de destinatarios de las oficinas de relaciones públicas.

SANTIAGO LONDOÑO