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¿Fueron
locos los años veinte?: un estudio de mentalidades colectivas
Los años veinte en Colombia
Carlos Uribe Celis
Ediciones Aurora, Bogotá, 1985, 206 págs.
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Carlos Uribe Celis,
sociólogo de la Universidad Nacional, nos ofreçe un sugestivo libro acerca de un
período que comienza a ser objeto, con justeza, de creciente número de investigaciones.
Se trata de un estudio preliminar sobre las grandes tendencias culturales e ideológicas
observadas en el decenio de los veinte en Colombia. El propio autor afirma: "la
novedad historiográfica del contenido no tiene otro objeto que el de señalar tendencias
e indicar pautas para una investigación más profunda" (págs. 9-10).
Después de un capítulo introductorio sobre el contexto histórico mundial y
latinoamericano, Uribe Celis aborda lo que llama las grandes tendencias del período, que
se podrían resumir en la aceleración de la "modernización" y en la creación
de "hombres nuevos" de acuerdo con el crecimiento capitalista. Página tras
página, nos describe amenamente ese proceso de modernización en todos los planos: la
legislación; las ideas; los nuevos rumbos educativos; la arquitectura, la pintura y la
escultura; la prensa; la ciencia y la técnica. En un capítulo especial, nos habla del
caricaturista Ricardo Rendón, quien en realidad era, por ese tiempo, el gran orientador
de la opinión pública. Finalmente se incluyen dos apéndices: uno sobre el movimiento de
ideas en la América Latina durante el decenio; otro sobre los hechos y personajes de la
época.
Los años veinte en Colombia constituye, sin lugar a dudas, una de las mejores
descripciones de ese período tan rico en nuestra historia. Carlos Uribe logra un buen
acercamiento al "sabor" del decenio, como lo reconoce en el prólogo el maestro
Luis Vidales, uno de los distinguidos sobrevivientes de esos tiempos. En tal sentido, el
libro se convierte en obligada fuente para todo aquel que piense investigar sobre esa
década en Colombia.
El hecho de abarcar muchos temas es, al mismo tiempo, una ventaja y una de las debilidades
del libro. Después de leerlo detenidamente queda la impresión de que pretendió abarcar
demasiado perdiendo en profundidad. Esto parece reconocerlo el autor, cuando afirma que es
el anticipo de una investigación más pormenorizada. Con trabajos como el que estamos
comentando, se van dando puntadas para la construcción de la anhelada síntesis
histórica.
Ventaja adicional de las páginas de Carlos Uribe es su apertura a zonas temáticas hasta
ahora descuidadas por nuestra historiografía: su llamativa presentación de las artes, la
moda, los gustos, los valores y las ideas flotantes en esos años. Todo esto, que
podríamos llamar estudio de "mentalidades colectivas" en un período
específico, no ha tenido suficiente acogida en nuestros textos de historia.
Ahora bien: hay una limitante que salta a la vista a medida que se avanza en la lectura.
Se trata de la escasa capacidad interpretativa. Aunque no se pretende que toda obra
producida en el campo de las ciencias sociales deba ser teórica en sentido
estricto, sí es necesario que se explicite un cuerpo interpretativo de la información
acuñada y se lo proyecte coherentemente a lo largo del texto. Desafortunadamente, el
cuerpo interpretativo no aparece aquí claramente. Más allá de unos vagos señalamientos
al indudable proceso de modernización de la sociedad, a la tensión entre lo
"tradicional" y lo "nuevo", a la lucha del capital por crear
"hombres nuevos", no se dan elementos interpretativos que permitan entender con
mayor profundidad el período descrito. Incluso las mismas categorías no son precisas:
¿qué es, por ejemplo, lo "moderno" o lo "tradicional" en los años
veinte? (Aquí se reclama no una definición descriptiva, sino analítica, enmarcada en
hipótesis interpretativas). Lo mismo podría preguntarse acerca de lo
"regresivo" o "progresivo" que continuamente opone el autor para una
serie de fenómenos del decenio. Incluso sobre la misma tesis de la imposición creciente
del capitalismo, no se avanza mucho en la obra. En las Conclusiones, la comparación con
los procesos de modernización vividos en Europa y los Estados Unidos permanece inmersa en
el sabor descriptivo que recorre al texto.
Hay algo, sin embargo, que hace que el trabajo analizado se destaque dentro del conjunto
de las investigaciones históricas recientemente publicadas: el estilo ágil y ameno en el
que está escrito. Desde los tiempos de Heródoto se sabe que escribir historia es aplicar
una dosis de imaginación a lo que, de lo contrario, sería una árida recolección de
datos aislados. Uribe Celis se inscribe en esta sana tradición historiográfica. Tanto
por su estilo literario como por las ilustraciones que acompañan al texto, su libro es de
aquellos que se leen con agrado. Con razón el maestro Vidales señala que "fue
escrito exprofesamente para ser leído".
En síntesis, cabe decir que Los años veinte en Colombia es un buen trabajo
descriptivo, en el cual Uribe Celis entrega al lector, en forma amena, el sabor cultural
de una de las épocas más ricas de nuestra historia. Con todo, yo discreparía de la
opinión del prologuista, cuando compara a los años veinte con un limón que ha sido
exprimido "hasta la última gota" por Uribe Celis. Afortunadamente, para la
investigación histórica, todavía queda aún mucho jugo por exprimir.
MAURICIO ARCHILA N.
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