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Economia
en cuatro puntos
Bases de la
economía contemporánea
Antonio García
Primera edición, 1948; reedición,
Plaza y Janés, Bogotá, 1984
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Antonio García fue el
fundador de la economía política en el país. Lo afirmo así en dos sentidos: por su
sistemática obra sobre cuestiones de teoría económica y del estado, estudios
regionales, de política, historia y, en especial, sobre la cuestión agraria y, por ser,
el pionero de su enseñanza en el sistema colombiano de educación pública superior. La
intención de sus Bases de la economía contemporánea fue precisamente iniciar una
bibliografía económica propia que recogiera aspectos sobresalientes del pensamiento
universal. García buscaba dar forma a las estrategias de un desarrollo capitalista
independiente. Su veta teórica principal fue la filosofía nacionalista alemana (Lizt,
Schmoller, Wageman y Wagner), que sustenté durante el siglo XIX el desarrollo autárquico
y tardío de Alemania y que se hallaba en contraposición con la teoría económica
anglosajona.
Las Bases se publican en Bogotá, en 1948, a los tres años de fundado el Instituto
de ciencias económicas, adjunto a la facultad de derecho de la Universidad Nacional, y
constituyen la sistematización de las conferencias dictadas allí por García. Éste
había organizado el instituto, con muchas dificultades, en un medio que entonces no era
permeable al pensamiento científico sobre la sociedad en general y sobre la economía en
particular. Él nos comentaba, en 1981, a un grupo de profesores de la Universidad
Nacional, las dificultades y la incomprensión que tuvo que enfrentar su proyecto
académico. En 1944 nos decía había logrado concertar una entrevista de una
comisión con el entonces presidente de la república, Alfonso López Pumarejo, para
solicitarle apoyo a la institucionalización de la economía en la universidad pública.
López escuchó pacientemente a los integrantes de la comisión. En algún momento los
interrumpió para manifestar su incomprensión: "Si en el país hay excelentes
banqueros, ¿para qué se requiere una facultad que forje economistas?".
De todas maneras el instituto se fundó, como unidad de postgrado, y conté con un núcleo
de profesores excelentes, entre ellos algunos emigrados españoles, que establecieron una
importante dinámica de discusión sobre los problemas económicos que acosaban al país.
Publicaba una revista, Cuadernos de economía colombiana. En 1951 la revista Semana,
dirigida entonces por Alberto Lleras, hacía su balance respecto al instituto, de la
siguiente manera: "ha tenido una accidentada historia que actualmente lo amenaza de
muerte. Se inició bajo la influencia marxista que entonces dominaba en la Universidad
Nacional. Sus directores, más políticos que hombres de ciencia, iniciaron al alumnado en
la superestructura e infraestructura del Das Kapital con prescindencia
casi absoluta de la teoría económica de los clásicos fundadores de la ciencia"
1
. En esa fecha, 1951, la universidad estaba en manos del
partido conservador, García se hallaba en el exilio y el pénsum o plan de estudios
consistía en economía medieval (la teoría del justo precio), finanzas, contabilidad,
administración y excesivo derecho
2.
Al mismo tiempo, con base en el Gimnasio Moderno, se
constituyó la facultad de economía industrial de la Universidad de los Andes, que aún
se hallaba distante de enseñar la abismal ciencia, y más bien se limitaba a combinar la
ingeniería industrial con la administración de empresas.
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Si uno lee
desapasionadamente las Bases, aprecia fácilmente, al contrario de la revista
Semana, que las teorías que más inspiraban a García eran las de Friedrich List y los
organicistas alemanes (Schmoller, Wageman y Wagner), aunque también ciertamente las de
Marx y no menos las de Keynes no sólo La teoría general sino también sus
escritos sobre la economía de guerra
3
. Su objetivo era elaborar una teoria que sustentara
la industrialización forzada del país, una economía de defensa frente a las potencias
imperialistas. Esta es quizás una de las debilidades del pensamiento de García: apoyarse
más en las teorías europeas del nacionalismo que en las fuentes universales del
pensamiento económico y elaborar sus escritos con gran premura, para responderles a las
necesidades políticas del momento. García es exponente de un moderado socialismo
democrático, o sea un capitalismo dotado de amplia intervención estatal que buscaba
hacer más democrática una sociedad que todavía presentaba claros rasgos de servidumbre,
combinados con fuertes corporaciones y agremiaciones de capitalistas y comerciantes.
Haciendo un somero balance de las ciencias económicas del país, cabe afirmar que en la
Universidad Nacional los conservadores retrasaron el progreso de ellas durante veinte
años. Apenas en 1968 Lauchlin Currie reiniciaría allí la enseñanza de un pensamiento
económico objetivo, no tan propio pero sí universal. Para los conservadores y para
Semana, sin embargo, lo que se enseñaba en el instituto, las bases conceptuales de la
intervención económica del Estado capitalista, eran pura recitación de El capital, texto
en que es notoria la ausencia de cualquier análisis sobre el Estado y, más aún, de
éste como reformador de la sociedad. Ello es sólo parte de la incomprensión de la
economía en el medio colombiano, que hoy se ha superado a medias, gracias en parte a la
obra y gestión de García.
Cuando escribió sus Bases, ya ha bía elaborado la Geografía económica de
Caldas, publicada por la Contraloría General de la República en 1937. En la segunda
edición de esta magna obra, reeditada por el Banco de la República en 1978, el autor
recuerda las circunstancias de la virtual ausencia de las ciencias sociales en el país y
de sus más elementales herramientas estadísticas:
No debe olvidarse que
esto ocurría en 1935, esto es, en el momento cenital y más conmocionado de la República
Liberal de Alfonso López Pumarejo, cuando se hizo necesario efectuar los primeros
diagnósticos científico-sociales sobre la sociedad colombiana y crear, literalmente, un
nuevo instrumental de análisis y un moderno y vertebrado aparato institucional de
investigación, medición y registro de los fenómenos económicos y sociales" (pág.
VI).
De esta experiencia
en verdad, de campo, pues fue un recorrido minucioso por toda la región
caldense, García dice que le nació "la preocupación por una perspectiva
interdisciplinaria y globalista que pudiera integrar tanto los enfoques de las
diversas ramas de la ciencia social como los procesos históricos de las sociedades
latinoamericanas: esta fue la idea central que posteriormente desarrollé en
investigaciones efectuadas en Colombia, Bolivia, Argentina, México, Ecuador, Perú y
Chile y que me permitió elaborar un proyecto de teoría latinoamericana de las ciencias
sociales del desarrollo" (pág. VII). Si en Colombia las proyecciones de su gestión
se impusieron con tanta dificultad, en el concierto del continente su tarea fue
grandemente facilitada por estructuras políticas más permeables que la colombiana. Su
obra logró así un reconocimiento mucho mayor en América Latina que en su país de
origen.
Bases de la economía
contemporánea es un libro extenso, casi de 700 páginas en la edición de Plaza y
Janés. Sus temas van desde cuestiones de método, sistemas sociales e historia hasta
política, en su acepción más general. Actuando injustamente con esta gran obra, la
dividiremos en cuatro temas fundamentales, así:
1. La concepción orgánica que subyace en toda su labor y cuya preocupación fundamental
es justificar la intervención del Estado y el proteccionismo aduanero. La organicidad de
un sistema social se alcanza cuando su desarrollo capitalista homogeniza el desarrollo
regional, culturiza a la mayor parte de su población, y establece relaciones armónicas
entre la política y la economía. Así, en su análisis sobre Colombia, lo define como un
"país subcapitalista" para señalar que no tiene una "homogénea cultura
capitalista. [...] En un país culturalmente subcapitalista, si la economía es un
archipiélago de formas económicas aisladas, ¿podría ser el estado una empresa unitaria
y con capacidad de darle a la nación una organicidad y un sistema"? (pág. 487).
El logro de la unidad nacional y de la fortaleza económica del país exigen un Estado
fuerte, donde el poder de las corporaciones patronales será neutralizado por las
corporaciones organizadas por los trabajadores (sindicatos), artesanos, campesinos y
pequeños comerciantes (cooperativas). Por el contrario, el liberalismo económico
Colombia es el país más acérrimamente liberal (en sentido económico) en la
historia de América Latina es considerado como el más formidable obstáculo a la
construcción de sólidas economías nacionales en el continente (pág. 51).
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2. El estudio de los
sistemas económicos en términos de sus mecanismos de producción, y distribución, de
los consumos sociales y, en especial, del principio de "la regulación, simple o
racional, por una autoridad política, que expresa la incidencia de lo político sobre lo
económico" (pág. 64). El interés de García es analizar el abigarramiento de
formas de producción que presenta todavía el país colombiano en los años cuarenta,
relaciones de sujeción extraeconómica que atan a indígenas y mestizos a la tierra por
expropiación, legislación, endeudamiento y fuerza bruta (aparceros, concertados,
medieros, terrajeros y agregados), alternando con modernas plantas fabriles, plantaciones
de café, el pequeño y gran comercio, la producción artesanal. En una palabra, el
moderno capitalismo y los pesados legados de la historia que la teoría económica
ortodoxa evade y que los historiadores aristocráticos tapujan o embellecen. Esos lastres
del pasado definen la inorganicidad nacional.
3. El gran tema del colonialismo y el imperialismo recorre la obra de García en forma
constante y pungente. El drenaje de excedentes nacionales, la imposición del librecambio
arruinan las posibilidades nacionales de desarrollo económico. En el siglo XX son los
Estados Unidos los que intentan imponer el liberalismo económico que favorece el
movimiento de sus capitales y de sus mercancías, con lo cual multiplican aún más sus
fuerzas productivas y debilitan las nuestras. Precisamente Estados Unidos, Alemania y
Francia han surgido como fuertes economías nacionales recurriendo a la autarquía, al
proteccionismo aduanero, a la centralización política y bancaria, al corporativismo de
sus grandes empresas para consolidarse como imperios. Una vez consolidados como tales, les
imponen el liberalismo a los demás. García es, en verdad, uno de los más originales
gestores de la teoría de la dependencia latinoamericana, quizás con un basamento
teórico menos refinado que el que desplegarían después Gunder Frank, Dos Santos y
Arrubla en los años 60.
4. La gestación de grandes corporaciones, gremios patronales y monopolios en la etapa del
capitalismo contemporáneo están en la base de la intervención estatal. Las guerras
interimperialistas han catalizado el proceso de intervención del gobierno en las
economías nacionales. García estudia cuidadosamente todos estos elementos, en lo que se
refiere a los países europeos y los Estados Unidos, e intenta proponer para las debiles
naciones de América Latina los procesos factibles de economías de guerra para
transformarlas en verdaderas naciones en el contexto internacional.
La totalidad de los componentes de la obra están ordenados obviamente por una concepción
política. Que esta orientación fuera nacionalista y estuviera muy cercana al populismo
latinoamericano, aun a los proyectos popular-militares de Perón en la Argentina, Alvarado
en el Perú y Rojas en Colombia, tenía que ver con que el populismo en su vertiente
militar buscaba la construcción de una industria pesada, capaz de producir armamentos y
para ello exigía todo un reordenamiento planificado de nuestras sociedades, con lo cual
se lograría la independencia política frente a los Estados Unidos. García se inclinó
políticamente primero por Gaitán, con quien milité activamente, elaborando buena parte
de la plataforma económica expuesta en el teatro Colón en 1945. El asesinato del
dirigente popular y la posterior dispersión de su movimiento le debió plantear las
dificultades de un populismo civilista.
Ciertamente, su concepción entraba en conflicto con el radical liberalismo económico del
bipartidismo colombiano, y así se puede explicar suficientemente que fuera catalogado por
los ideólogos conservadores y liberales más como político que como científico social,
y que se le descalificara como un marxista primitivo. Su logro mayor, por el contrario,
fue esa inmensa capacidad de conceptualizar objetivamente sobre las realidades nacionales
en un medio social en el cual no se había impuesto aún la cultura capitalista; en
particular no se había desarrollado la capacidad de pensar la sociedad en términos
objetivos y abstractos: la historia concebida como historia familiar, gloriosa, la
política como gesta individual, la economía como defensa de intereses particulares y
confundida con las finanzas públicas, la administración y la contabilidad. García fue
mucho más allá, al sentar las bases de un pensamiento social latinoamericano. Los
malentendidos sobre la obra de Antonio García no acaban en los años cincuenta. A él se
le hizo difícil volver a trabajar en Colombia, aunque lo intentó cada vez que tuvo la
oportunidad. Obligado al exilio en 1950, diseminé ampliamente sus ideas por el sur del
continente; residió en México durante los años 60, después de haber asesorado
brevemente al gobierno militar de Rojas, en su etapa final. En esos años realizó un
número impresionante de publicaciones, en especial sobre reforma agraria y
cooperativismo, En 1970 volvió al país, a la Universidad Nacional, pero en 1972 se le
destituyó fulminantemente, durante el gobierno de Pastrana, a pesar de ser profesor
titular, legalmente inamovible por el privilegio académico. Su expulsión de la Nacional
se hizo en una barrida del personal calificado que había logrado introducir Currie en
1968, quien era, paradójicamente, el consultor económico principal del gobierno. Fue un
momento difícil para Currie, que incluso asistió a un acto público de desagravio a los
destituidos, en la Sociedad Económica de Amigos del País, en diciembre de 1972.
En 1975 García fue restituido a la universidad, ahora como vicerrector académico,
durante la rectoría de Luis Carlos Pérez. Desde allí reorganizó el departamento de
economía con los destituidos y un grupo adicional de jóvenes economistas. La carrera
despegó, al fin, como disciplina independiente del derecho, la contabilidad y la
administración, apoyada en la ciencia universal, compartiendo la tarea latinoamericana en
las ciencias sociales y elaborando interpretaciones rigurosas sobre la economía
colombiana. Siempre apoyé sin reservas a las personas que se proyectaran académicamente
con seriedad y rigor, aunque no compartieran su orientación ideológica y académica. A
sus estudiantes los impulsaba a seguir rumbos propios, se rehusaba a sobreprotegerlos y
esto le confiere su estatura de gran maestro, de aquel que está dispuesto a morir en los
demás.
SALOMÓN KALMANOVITZ
1 Jorge
Vallejo, Sobre la enseñanza de la economía , mimeógrafo, Cali, Universidad del
Valle, 1984. (regresar1)
2 Ibid. (regresar2)
3 Aunque
García define a Keynes como el economista ortodoxo del capitalismo monopolista, que
plantea como problema fundamental el de la ocupación plena" (pág. 479). (regresar3)
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