Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 4,  Volumen XXII , 1985
 

Definir lo indescifrable


Arte actual. Diccionario de términos y tendencias
Leonel Estrada
Editorial Colina, Medellín, 1985

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El diccionario se define en el Larousse como "reunión, por orden alfabético, de todas las palabras de un idioma o de una ciencia". Sus sinónimos son glosario, vocabulario, léxico, lexicón y enciclopedia.
La empresa de reunir términos, tendencias, movimientos, grupos, certámenes, exposiciones de arte moderno participa del carácter sistemático que gobierna todas las acciones del hombre y cuya versión más simple es el directorio telefónico.
Medellín, antes que ninguna otra ciudad, tuvo la oportunidad de aproximarse, un poco cándidamente, a lo que cabe llamar arte-espectáculo (palabra no incluida en el recuento). Este antecedente es lo que le da validez al libro, pues constituye un fruto real de la que se denominé Bienal de Medellín, definida dentro del mismo diccionario como: "Certamen propiciado por la empresa privada y que se inició en 1968. Se realizó de nuevo en 1970 y 1972. Después de superar una crisis de índole económica reapareció en 1981. Sus objetivos son didácticos, e informativos de la realidad del arte contemporáneo. Es una Bienal orientada a las masas y no a los críticos, busca educar por medio del arte y llevar un mensaje de creatividad a través de la obra de cada artista".
Sin querer discutir acerca de si la bienal cumplió estos objetivos, Arte actual puede considerarse un producto de estas inquietudes: nació como una necesidad. En él se demuestra, más que en ningún catálogo, el proceso de actualización de la percepción a que estuvieron sometidos los habitantes de la capital antioqueña y conforma de por sí un aporte didáctico e informativo.
No existe campo que produzca más incertidumbre que el del arte moderno. Investigar, buscar definiciones, proporcionar un acercamiento cabal a las múltiples lecturas de la obra de arte contemporánea requiere una disciplina a la que hubo de someterse Leonel Estrada, quien la realizó como una empresa familiar. El haber logrado un libro oportuno e indispensable, aun para artistas y críticos —unos y otros, autores de ese desaguisado— debe causarle honda satisfacción. Para los investigadores y para los centros educativos, especialmente los de bellas artes, representa un ahorro de tiempo y soluciona problemas de manejo de material, pues la principal fuente de información está conformada por catálogos y revistas. Este pequeño libro rojo es una especie de biblia de Mao y de misal -los dos al mismo tiempo- por el color, el formato y el ritual que encierra. Ojo: no olvidar que nació en Medellín.
El diseño, a cargo de Alberto Sierra, merece capítulo aparte. La forma de libro en el libro, reafirma el espíritu conceptual que tuvo tanta acogida en los museos colombianos de arte moderno, en la década del setenta, y está de acuerdo con la intención del libro. Los cortes en dos esquinas opuestas combinan lo real y lo virtual. El diseño es de por sí una aproximación al tema y le quita el carácter enciclopedista serio y aburridor.
Las variaciones de tipos que encabezan el consabido abecedario y las claras divisiones entre cada término, además de una tipografía clara y moderna, son un gusto para el lector y ayudan a la comprensión de un lenguaje críptico, en la mayoría de los casos. El material fotográfico, impreso de modo impecable y colocado lo más cercano posible al vocablo, es realmente una fuente de información. Tal vez lo más inteligente de la empresa resulta la utilización de este material actual que manejaron en Medellín durante las bienales, en los catálogos, en la Revista —terminada en mala hora— y en el simposio de arte no objetual. Los ejemplos de artistas colombianos y extranjeros contribuyen a la intención didáctica.
El problema que plantea el diccionario, cuyo material puede resultar efímero como el arte mismo, es cuáles son los límites y la metodología de su glosario; la mezcla de tendencias y términos no se acomoda al diccionario ortodoxo, y por ello debe ser un tormento para filósofos y filólogos. Los nombres y los certámenes constituyen un conjunto sobre manera heterogéneo. Naturalmente, las palabras que ocupan más páginas son arte y nuevo. Como si se cumpliera un destino, comienza con el término abstracto y finaliza con zigurat, para que no queden dudas de lo indescifrable.

BEATRIZ GONZÁLEZ