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Buzón
19 . VII . 85
[A propósito del artículo: Oro colombiano en manos extranjeras escrito por
María Elvira Bonilla y publicado en el Boletín Cultural y Bibliográfico vol. XXII, No.
3]
Luis Bernardo Esparza
Eraso, nos envía esta fotografía en la que puede verse al General Reyes, Expresidente de
Colombia, cuando hacía una visita en 1917 al tesoro Quimbaya regalado por Colombia a la
Corona Española. Aprovechamos para hacer dos aclaraciones respecto al artículo
mencionado. El Presidente que hizo la donación fue don Carlos y no don Jorge
Holguín.
El General Ernesto Restrepo Tirado era hijo de don Vicente Restrepo y no hermano.
31 . V .
85
[Sobre "José Celestino Mutis en un mundo pintoresco y exótico", Boletín
Cultural y Bibliográfico, vol. XXII, núm. 3]
Felicitación por el
tercer número del nuevo Boletín: ¡muy bueno!
También tiene un buzón, y aquí algo para citar: Vi el comentario que apareció, dizque
de un historiador, referente al libro de Schumacher sobre Mutis.
Pues bien: hace casi 180 años a Caldas le había pasado algo semejante y resolvió el
asunto con las siguientes palabras: "Si nuestro Semanario se hubiera limitado a
reproducir este maravilloso trabajo (ideas para una geografía de las plantas), dedicado a
Mutis, lleno de ideas vigorosas, brillantes, grandiosas y de alto vuelo, ello hubiera
bastado para asegurarse la gratitud del mundo de mañana. Resulta vergonzoso que en el
país existan unos cuantos ignorantes que sean acusados de un crimen por haber traducido
la obra que ellos declaran inútil. Hemos agregado algunas notas, pero también a veces
contradicen al sabio viajero. Así que nuestros difamadores pueden darse cuenta, si son
capaces, de que nuestras guías se llaman la razón y la experiencia, y que no merecimos
el malicioso calificativo de humbolillistas".
Hasta aquí Caldas. Sólo una palabra más: me declaro orgullosamente como segundo
biógrafo alemán de Caldas, hasta entonces.
ERNESTO GUHL, Bogotá
7 . VI . 85
[Sobre "Una suma explicada de nuestro mejor caricaturista", Boletín Cultural
y Bibliográfico vol. XXII, No. 3]
Jorge Orlando Melo es uno de los críticos más honestos y mejor informados con los
que cuenta el país. Considero un privilegio el que él se haya ocupado de mi compilación
sobre Ricardo Rendón (BCC, núm. 3, 1985, pág. 72). Melo posee además una rara
habilidad y un estupendo sentido de humor para cazar gazapos. En su nota señala algunas
omisiones que sin duda aclaran las caricaturas 327 y 781, episodio que yo ignoraba. Pero
agrega: "nunca. menciona Colmenares que Olaya aceptó el ministerio de relaciones
exteriores en 1921". Yo no podía mencionar esto, pues el ministro era Antonio José
Uribe. Este se oponía al nombramiento como ministros (que era el rango de la
representación diplomática en los Estados Unidos) de Olaya y de Pomponio Guzmán
(caricatura 544). En cambio sí menciono que Olaya aceptó nuestra representación
diplomática en Washington (págs. 187-188). Olaya fue ministro de relaciones exteriores
de Carlos E. Restrepo en 1910, cuando contaba cerca de treinta años. Tal vez esto haya
sugerido a Melo nombrarlo ministro de relaciones exteriores once años más tarde. El
presidente Ho!guín quiso incluir en su gabinete a Olaya como ministro de industria y
comercio pero éste y otros nombramientos fueron desautorizados por el general Herrera. Es
posible que el doctor Olaya haya sentido más satisfacciones con la misión diplomática
que con el ministerio de relaciones exteriores. Además, de la embajada regresó como
presidente de la república.
GERMÁN COLMENARES,
Bogotá
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7 . VII .
85
El autor de la reseña responde.
No comprendo la insistencia de Germán Colmenares en negar que Olaya Herrera hubiese
ejercido el ministerio de relaciones exteriores en 1921. Es cierto que rechazó
inicialmente el nombramiento hecho por el presidente Jorge Holguín en noviembre de ese
año (decreto 1331). Pero luego, ante el desarrollo del debate sobre el tratado con los
Estados Unidos y el aumento de la oposición, Holguín reiteré el nombramiento (decretos
1362 y 1462 de 1921) y la convención liberal reunida el 8 de diciembre, aunque rechazó
la colaboración con el gobierno, hizo expresa excepción del área de política
internacional, en la cual dio a sus miembros "absoluta libertad en sus opiniones y en
las actitudes que adopten". Esto hizo que Alfonso López P. y Lucas Caballero
rechazaran los ministerios que se les ofrecieron, mientras Olaya aceptó el 9 el cargo,
pero sólo por el tiempo necesario para lograr la aprobación del tratado. El 24 de
diciembre, el mismo día en que Holguín firmó el tratado, renunció Olaya y fue
reemplazado por Antonio José Uribe, nombrado el 4 de enero de 1922 (decreto 08), Olaya
fue enviado a Washington, lo que explica la acusación de Laureano Gómez, por supuesto
indemostrada y más bien improbable, de que Olaya había condicionado su aceptación del
ministerio al nombramiento posterior en Washington. No es verosimil que la oposición
liberal al tratado se ablandara por una simple negociación sobre el cargo de ministro en
Washington: se requería que los asuntos de política internacional fueran considerados
como ajenos a compromisos de partido. La mejor prueba de esto, y ese era el sentido del
reiterado ofrecimiento de Holguín, era tener al frente de la cancillería a un liberal.
Si se acepta esto, algunas de las piezas del rompecabezas, que Colmenares debe intercalar
a la fuerza, casan sin violencia.
JORGE ORLANDO MELO
3 . VII . 85
[Sobre "La Escuela Normal Superior", Boletín Cultural y Bibliográfico vol.
XXII, No. 2]
Como antiguo alumno
de la Escuela Normal Superior (1945-47), graduado en filosofía y letras de la Universidad
Javeriana y en filosofía de la Universidad de Innsbruck, Austria (letras clásicas e
historia universal), miembro del cuerpo docente de las facultades de letras y de derecho
de la Universidad de Salzburgo, tomé vivo interés en su excelente artículo sobre la
Escuela Normal Superior y la obra de los doctores Socarrás, Nannetti y Bernal Jiménez.
La calidad de estudios de los departamentos de ciencias sociales y economía (dirigido por
el profesor Hommes) y de filología (dirigido por el profesor don Pedro Urbano González
de la Calle y después de algunos años por el profesor Francisco Cirre y el licenciado
Pardo) era extraordinana. Tuve el honor de ser alumno del profesor De la Calle durante
tres años (estudié en los departamentos de filología y de ciencias sociales, habiendo
obtenido un permiso especial) y me permito añadir que no sólo fue uno de los mejores
catedráticos de filología latina de Europa sino el más insigne humanista de España.
Había ocupado la cátedra de filología latina en Salamanca, al lado de Miguel de
Unamuno, quien a la sazón había sido catedrático de filología griega.
En cuanto al padre Félix Restrepo, S.J., puedo decir que ha sido uno de los hombres más
extraordinarios y benévolos que encontré en el curso de mi vida. El padre Félix fue
rector de la Universidad Javeriana cuando me gradúe en filosofía y letras, siendo el
primer hebreo que obtuvo este honor. Presidié el padre Félix, al lado de mi presidente
de tesis, el R.P. Gabriel Giraldo, S.J. Cuando
llegó el momento de prestar
juramento sobre la sagrada Biblia, el padre Félix colocó en la mesa el volumen del Viejo
Testamento y cambió la fórmula usual de juramento, habiéndola adaptado a mi religión,
sin que yo se lo hubiera pedido. Era un gesto de nobleza extraordinaria.
Después de más de tres decenios estos recuerdos de la Escuela Normal Superior y de la
Universidad Javeriana son todavía motivo de alegría y de orgullo para mí.
Prof. Dr. THOMAS
CHAIMOWICZ,
Universidad de Salzburgo
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