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Abominables
poemas del gran Luis Vidales
Poemas del
abominable hombre del barrio de Las Nieves
Luis Vidales
Ediciones Aurora, Bogotá, 1985
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El 25 de febrero de 1926
apareció en Bogotá Suenan timbres. Cincuenta años después, sin que su autor
hubiera publicado más libros de versos, se realizó la segunda edición, esta vez con
prólogo y epílogo del autor, además de comentarios de Luis Tejada, Eduardo Carranza,
Fernando Arbeláez, Alberto Lleras. Todos, comentarios elogiosos; todos, comentarios
acertados: en 1976, en sus bodas de oro, Suenan timbres seguía siendo, como hoy,
un libro regocijante, fresco, directo, sutil, humorístico.
Un poeta que está en las antípodas estéticas y políticas del autor de Suenan
timbres, Eduardo Carranza, escribe: "Es necesario decir que Luis Vidales fue,
entre sus contemporáneos, el único que escribió a la altura de su tiempo, el único que
se plantó con un libro extraordinario en la vanguardia, el único que incorporó a su
poesía las nuevas criaturas lucientes de la técnica, la inquietud revolucionaria que
surgía con las primeras victorias del socialismo, y los tesoros oníricos que venían de
la inmersión freudiana en el subconsciente [...] En Suenan timbres hay agilidad,
brillo, ingenio, humor y, a menudo, ternura y lirismo".
Suenan timbres, este primero y, por 52 años, único libro de Luis Vidales tiene
mayor valor cuando a estas alturas es todavía legible y cuando se piensa en las
circunstancias que se vivían en la poesía colombiana en ese momento: a pesar de que la
revolución de los imaginistas ingleses había sucedido en 1910 y de que de esas fechas
son los poemas de Blaise Cendrars y Guillaume Apollinaire y de que muy poco después
aparecieron los poemas de Vicente Huidobro y de que etcétera y etcétera, en Colombia,
por aquellas calendas, seguíamos en el modernismo. El primer remezón lo pegó Ciro
Mendía un poeta que está por estudiarse, particularmente en su papel de
protovanguardista, pero el mayor impacto, desde ese momento, siempre lo causé Suenan
timbres.
Sobre este hilarante libro ha descansado el prestigio del poeta Vidales, ya coronado con
distinciones como el premio de reconocimiento de la Universidad de Antioquia y el premio
Lenin, otorgado por la Unión Soviética.
En 1978 se publicó el segundo libro de Vidales, La obreriada, del cual el único
elogio que puede hacerse consiste en decir que es mejor que los Poemas del abominable
hombre del barrio de Las Nieves.
Si el autor del libro que aquí se comenta no fuera un poeta reconocido, no valdría la
pena reseñarlo: simplemente merecería sumarse a los cincuenta o cien volúmenes de
versos intrascendentes que se publican al año en Colombia. La cuestión aqui es
precisamente ésa: que no se reconoce por ninguna parte al autor de Suenan timbres, ese
Luis Vidales regocijante; pareciera que el autor de los Poemas del abominable hombre
del barrio de Las Nieves fuera otro individuo sin el tino y la frescura del otro. Pero
no; ahí está la evidencia, contra el estupor, y estos poemas los firma, también, un
Luis Vidales, esta vez sin gracia, sin originalidad, sin emoción lírica, sin fuerza en
sus versos políticos.
En el prólogo de la segunda edición de Suenan timbres (Colcultura, 1976), dice
Vidales que "he ensayado acentos, dejos, verso libre, verso rimado, poesía sencilla,
poesía compleja, qué sé yo. Busco por todos lados, no quiero anquilosarme. Una especie
de angustia me lleva a meterlo todo dentro de un gigante laboratorio". Pues bien, Los
poemas del abominable.., son una muestra de ese laboratorio de Vidales: en este libro
hay de todo eso, rescatado como dice el prologuista, José Luis Díaz Granados
"de los centenares de carpetas de sus textos inéditos". Aquí hay de todo.
Aquí hay de todo; este libro es una especie de desafortunado muestreo del "gigante
laboratorio" o de los "centenares de carpetas" de Vidales. Lo grave es que
nada se salva. Nada. Y al amante lector de Suenan timbres le queda la esperanza de
que se haya tratado, simplemente, de una mala escogencia. Porque acaso lo único que puede
decirse en su favor es que allí hay algunos pasables versos festivos. Pero si se comparan
con la buena poesía humorística y festiva que se ha producido en el país, esto tampoco
significa mucho.
Vale la pena hacer un recuento de la mezcla que hay en este libro: una traducción del
poema de Louis Aragon al partido comunista (que se recuerde, Luis Vidales es el único
comunista colombiano que ha sido obligado a hacer profesión pública de obediencia; en
1935 fue acusado de desviacionismo y escribió: "Declaro que ceso toda oposición
ideológica contra la actual dirección del partido y que en lo sucesivo aceptaré su
política"; no obstante fue degradado del comité central y se le mandó a trabajar
con la base), una paro |