Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 34. Volumen XXX - 1993 - editado en 1995

 

Un temblor en el vacío


Cuaderno de mapas
Fabián Rendón y Juan Manuel Roca
Beca Colcultura, Santafé de Bogotá, 1994, 68 págs.


Perfecto en sus imágenes, en la pulcritud expresiva de su disposición estética, siempre descomplicada, este Cuaderno de mapas, del poeta Juan Manuel Roca, prosigue un estilo – enverado ya en sus anteriores escritos (evoco aquí apenas sus similares: Mester de caballería, con grabados de Augusto Rendón; Cartas desde el sueño, con dibujos de Darío Villegas; Tríptico de Comala, con grabados de Antonio Samudio; y Del lunario circense, con linóleos de Fabian Rendón) –... prosigue un estilo que apunta hacia un redescubrimiento de la memoria. Una predisposición casi inscrita en la siguiente sentencia de José Manuel Caballero Bonald: "La poesía es una especie de ocupación violenta de la memoria"..., e intenta recuperar sus adormecidos poderes bajo una fundamental comunión entre la experiencia real y la experiencia inventada; entre la presencia verosímil de lo natural y la alucinación fantasiosa propia de los cuentos de hadas. En efecto, la imaginaría de su lenguaje (la de sus voces) no está enraizada sino en dos tiempos: el ficticio – cargado de imágenes tocadas de mitos de leyenda o de sueño – y el real, donde, echando mano de la ironía y evidenciando una visión pesimista que tampoco busca cambiar el mundo, delata lo absurdo del hombre y las " geografías abstractas" en las que se moviliza. Geografías que, en los cuatro puntos cardinales de estos mapas, no encierran parajes distintos de los de nuestro aciago territorio. Este país (Colombia) lejano y próximo, al que el autor, y finalmente también el lector, se asoma como en la desvencijada ventana de un viejo caserón olvidado, para averiguar, a veces con deseo, a veces con desasosiego, que se esconde o acontece en el enigmático escenario de su oscuridad.

La consolidación de un tono propio en Juan Manual Roca, sin duda derivado de un lenguaje que cuenta con una capacidad de invención verbal fabulosa (żde fábula?) sin pretender proporcionar nuevos códigos o nuevas convenciones, muestra que la poesía latinoamericana de hoy asiste a una tradición literaria que continuamente se funda. Un ejercicio, en Roca, suspendido con entero privilegio en las estrictas vigas del poema. En el poema como único artificio o baqueta para hacer oír el codiciado golpe de tambor de la poesía. Sus excepcionales facultades, en este sentido, le permiten beneficiarse de un espacio en el que reinan las siempre inasibles palabras. Y no es otro recurso el que abre, tal una mano mágica, los pliegues de un atlas holgado sobre el que, en detalle, pueden leerse los trazados de sus obsesiones. Sus asedios, magistralmente centrados en una coordenada intermedia entre la ironía y la melancolía, entre el horror y la belleza. De las variadas " indicaciones" que figuran en estos mapas, cito aquí algunos dobleces que sobresalen de los cantos del libro,

el sueño
"blanca lechuza que sale de
                               viaje"

los ladrones
"con luna en las navajas"

el olvido
"parajes que la memoria no
                              visita"

el país, Colombia
"cuyos predios siempre son
                            ajenos"

las leyendas
"que corren como el negro
      corcel de un bandolero"

la lluvia
"de finos pies descalzos"

la mujer
en cuya voz" se desliza un bote
   cargado de astillas de canela"

los músicos
"que palmotean el aire"

el colibrí
"un temblor en el vacío"

la noche
"que deshace en sus horas lo
   que construimos en el día"

el patio
"que algunos niños suponen
           el límite del mundo"

el barrio
"donde se planeaban amores y
                              atracos"

                         y el silencio
                         "creciendo"

Legible - visible, pues está dignamente ilustrado por el grabador Fabián Rendón, el Cuaderno de mapas es igualmente un valioso objeto de arte en el que el ojo plástico es también un ojo mental, donde los elementos tangibles de la realidad aparecen casi sobrepuestos, sintetizados unos, deformados otros, en una abstracción dinámica claramente enfilada en un propósito de la plástica contemporánea que persigue, más que la realidad de la visión, una realidad de la concepción. En efecto, de la fisicidad de la cosa (imagen), Rendón excluye sus rasgos denotativos, haciendo así del fondo, de la superficie, el elemento de sus figuraciones. Una habilidad retórica, pareja a la de Juan Manuel Roca, que va de lo sensible a lo abstracto, como parafraseando quizás a Cocteau: "Los racimos de uva pintados ya no atraen a los pájaros. Sólo la mente reconoce la mente".

GUILLERMO LINERO