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Un
temblor en el vacío
Cuaderno de mapas
Fabián Rendón y Juan Manuel Roca
Beca Colcultura, Santafé de Bogotá, 1994, 68 págs.
Perfecto en sus imágenes, en la
pulcritud expresiva de su disposición estética, siempre descomplicada, este Cuaderno
de mapas, del poeta Juan Manuel Roca, prosigue un estilo enverado ya en sus
anteriores escritos (evoco aquí apenas sus similares: Mester de caballería, con
grabados de Augusto Rendón; Cartas desde el sueño, con dibujos de Darío
Villegas; Tríptico de Comala, con grabados de Antonio Samudio; y Del lunario
circense, con linóleos de Fabian Rendón) ... prosigue un estilo que apunta
hacia un redescubrimiento de la memoria. Una predisposición casi inscrita en la siguiente
sentencia de José Manuel Caballero Bonald: "La poesía es una especie de ocupación
violenta de la memoria"..., e intenta recuperar sus adormecidos poderes bajo una
fundamental comunión entre la experiencia real y la experiencia inventada; entre la
presencia verosímil de lo natural y la alucinación fantasiosa propia de los cuentos de
hadas. En efecto, la imaginaría de su lenguaje (la de sus voces) no está enraizada sino
en dos tiempos: el ficticio cargado de imágenes tocadas de mitos de leyenda o de
sueño y el real, donde, echando mano de la ironía y evidenciando una visión
pesimista que tampoco busca cambiar el mundo, delata lo absurdo del hombre y las "
geografías abstractas" en las que se moviliza. Geografías que, en los cuatro puntos
cardinales de estos mapas, no encierran parajes distintos de los de nuestro aciago
territorio. Este país (Colombia) lejano y próximo, al que el autor, y finalmente
también el lector, se asoma como en la desvencijada ventana de un viejo caserón
olvidado, para averiguar, a veces con deseo, a veces con desasosiego, que se esconde o
acontece en el enigmático escenario de su oscuridad.
La consolidación de un tono propio
en Juan Manual Roca, sin duda derivado de un lenguaje que cuenta con una capacidad de
invención verbal fabulosa (żde fábula?) sin pretender proporcionar nuevos códigos o
nuevas convenciones, muestra que la poesía latinoamericana de hoy asiste a una tradición
literaria que continuamente se funda. Un ejercicio, en Roca, suspendido con entero
privilegio en las estrictas vigas del poema. En el poema como único artificio o baqueta
para hacer oír el codiciado golpe de tambor de la poesía. Sus excepcionales facultades,
en este sentido, le permiten beneficiarse de un espacio en el que reinan las siempre
inasibles palabras. Y no es otro recurso el que abre, tal una mano mágica, los pliegues
de un atlas holgado sobre el que, en detalle, pueden leerse los trazados de sus
obsesiones. Sus asedios, magistralmente centrados en una coordenada intermedia entre la
ironía y la melancolía, entre el horror y la belleza. De las variadas "
indicaciones" que figuran en estos mapas, cito aquí algunos dobleces que sobresalen
de los cantos del libro,
el sueño
"blanca lechuza que sale de
viaje"
los ladrones
"con luna en las navajas"
el olvido
"parajes que la memoria no
visita"
el país, Colombia
"cuyos predios siempre son
ajenos"
las leyendas
"que corren como el negro
corcel de un bandolero"
la lluvia
"de finos pies descalzos"
la mujer
en cuya voz" se desliza un bote
cargado de astillas de canela"
los músicos
"que palmotean el aire"
el colibrí
"un temblor en el vacío"
la noche
"que deshace en sus horas lo
que construimos en el día"
el patio
"que algunos niños suponen
el límite del mundo"
el barrio
"donde se planeaban amores y
atracos"
y
el silencio
"creciendo"
Legible - visible, pues está dignamente
ilustrado por el grabador Fabián Rendón, el Cuaderno de mapas es igualmente un
valioso objeto de arte en el que el ojo plástico es también un ojo mental, donde los
elementos tangibles de la realidad aparecen casi sobrepuestos, sintetizados unos,
deformados otros, en una abstracción dinámica claramente enfilada en un propósito de la
plástica contemporánea que persigue, más que la realidad de la visión, una realidad de
la concepción. En efecto, de la fisicidad de la cosa (imagen), Rendón excluye sus rasgos
denotativos, haciendo así del fondo, de la superficie, el elemento de sus figuraciones.
Una habilidad retórica, pareja a la de Juan Manuel Roca, que va de lo sensible a lo
abstracto, como parafraseando quizás a Cocteau: "Los racimos de uva pintados ya no
atraen a los pájaros. Sólo la mente reconoce la mente".
GUILLERMO LINERO
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