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¿Son
de la Loma? ¿Son de Santiago?
Sin clave y bongo no hay son
Fabio Betancur Alvarez
Editorial Universidad de Antioquia, Medellín, 1993, 364 págs.
Una cubierta estupenda, con el fondo del
sexteto Habanero, pionero en la grabación del son cubano, anuncia un libro con swing,
como el célebre canto de la orquesta Aragón que le inspiró su título. Después de
varios años de investigación, el sociólogo Fabio Betancur, profesor de la Universidad
de Antioquia, acertó con un libro que coloca las relaciones musicales entre Colombia y
Cuba como punto central de la cultura colombiana contemporánea.
Dividido en cinco partes, y cada parte en
varios capítulos, es posible hacer todavía una disección adicional entre el recuento
histórico de la música cubana (primeras cuatro partes) y el análisis del intercambio
colombo - cubano (quinta parte). Tiene aquél la virtud de presentar en forma clara y
comprensiva tanto las raíces culturales como la historia de los grandes ritmos y los
grandes intérpretes. La lectura que hace Betancur de la literatura secundaria es creadora
en cuanto que une el fenómeno musical con el nacionalismo antillano y, en general, con el
pensamiento cubano del siglo XIX, aspecto decisivo para entender el surgimiento de una
corriente musical tan vigorosa.
Pero lo más interesante y constructivo
del libro, donde Betancur muestra su oficio, está en la parte final dedicada a examinar
los intercambios concretos. Basada en un acervo documental respetable, argumenta de manera
convincente sobre la influencia del bambuco en Cuba, registrando las visitas de músicos
colombianos andinos desde comienzos del siglo XX para encontrar la sombra de Julio Flórez
incluso allá; aquí la nostalgia personal protesta: dejó por fuera a Fúlgida luna, vals
de Briceño y Añez, grabado como bolero en una soberbia versión de Fernando Fernández
con Don Américo y sus Caribes. Luego presenta el lado inverso y más conocido: el impacto
de los cubanos en Colombia, desde la visita del violinista Brindis de Salas en 1898 hasta
las de músicos más contemporáneos (sobre todo Enrique Jorrín, Pérez Prado y Benny
Moré), sin olvidar a la sobrevalorada Sonora Matancera; se configura un glosario de
efemérides desigualmente tratadas pero que contienen algunas de las hipótesis más
importantes para el análisis histórico de la música costeña. Al cerrar el libro queda
claramente establecida la influencia decisiva musical cubana, que provocó la coincidencia
de sensibilidades en un país de regiones muy distintas entre sí como es Colombia.
Vale la pena enriquecer este trabajo con
algunas reflexiones críticas. Una explicable limitación analítica de Betancur, que no
es individual sino del país que ha vivido de espaldas al mar, es su clasificación del
Caribe (en central y periférico), que no es aplicable a una realidad dividida geográfica
y socioculturalmente en insular y continental. El Caribe colombiano no es periférico con
respecto a Cuba sino distinto, con mayor influencia indígena y un intercambio con el
interior andino inédito en los territorios insulares antillanos. Y una pequeña puyita:
la puya no es un ritmo vallenato, como sostiene Betancur, basándose en los escritos de
los vallenatólogos, sino un ritmo de origen indígena asimilado por la cultura mestiza de
la región y parte integrante de la música costeña en su conjunto (cosa distinta es que
el país no la conozca sino en su versión comercial vallenata).
Nada de esto, por supuesto, demerita un
libro bien "jalado".
ADOLFO GONZÁLEZ HENRÍQUEZ
Universidad del Atlántico
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