Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 34. Volumen XXX - 1993 - editado en 1995

 

Los ricos no usaban charreteras


Reforma militar y sociedad en la Nueva Granada, 1773-1808.
Allan J. Kuethe
Banco de la República, Santafé de Bogotá. 1993, 442 págs.


Publicado hace algo más de quince años en inglés, por fin aparece en castellano – con una introducción en la cual el autor se reafirma en sus conclusiones – el libro de Allan J. Kuethe sobre las reformas militares del último tercio del siglo XVIII en la Nueva Granada – por lo demás, relativamente contemporáneas de lo ocurrido en este terreno en los otros virreinatos hispanoamericanos –.

Más que una corta reseña – y lo que aquí escribiremos será una injusticia frente a la riqueza del libro, pues sólo tomaremos en cuenta una de sus tesis –, este libro merecería una amplía discusión en nuestro medio, no sólo por la importancia intrínseca del tema (existe hoy en día en el país un relativo consenso sobre la necesidad de una reforma democrática de la institución militar), sino por el profundo interés histórico de sus tesis y conclusiones, y aun, por el carácter riguroso de la construcción intelectual con que el lector se ve gratamente sorprendido, pues más allá del estudio específico de un conjunto de reformas, lo que el autor presenta es una visión de gran coherencia sobre las estructuras sociales de los finales del siglo XVIII colonial.

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Apoyándose en un conocimiento cuidadoso de la creciente literatura internacional sobre el problema (el libro constituye una buena introducción al " estado del arte" ) y en una consulta detenida de cinco importantes archivos (en Colombia, Ecuador y España), dan al libro una gran base probatoria e ilustrativa; este trabajo es un ejemplo de una historia erudita – en el sentido tradicional de la expresión – que no se niega a incorporar nuevas técnicas – como la cuantificación –, pero que sobre todo busca el análisis y la interpretación de largo aliento, como lo demuestra su tesis sobre las relaciones entre civiles y militares en el país, por diferencia con lo que el autor denomina las " tradiciones pretorianas" , para referirse a la experiencia histórica de otros países de América Latina. Desde este punto de vista este libro, de hace ¡quince años!, constituye un modelo y un reto para la más reciente historiografía universitaria, cada día más técnica y profesional, pero tal vez más alejada de los análisis relacionales y de los impulsos de síntesis que animaron a la primera " nueva historia" .

El tema del libro es, en sentido estricto, el análisis de las relaciones entre la reforma militar –que buscaba mejorar el sistema de defensa externa y aumentar el papel político del ejército en la sociedad local – y las estructuras sociales y políticas de la Nueva Granada, vista tal reforma en el contexto general del reformismo borbónico, con todas las ambigüedades, desigualdades y contradicciones que tal empresa comportó. Un tema más bien virgen en el estudio de nuestra sociedad colonial.

Cuidadoso en la cronología y en el seguimiento de la evolución de los eventos – el autor sigue con gran detalle los comienzos de la reforma (de 1770 en adelante) y sus diversos aspectos y fases (defensa costera, reducción de indígenas en zonas de frontera, control político interno de la parte central del virreinato) – hay que señalar el logro que constituye la no limitación de su trabajo al estudio de los aspectos legales, institucionales y procedimentales, como ha sido costumbre en los escasos escritos que en nuestro medio han examinado la historia de la institución militar, y no sólo en el caso de la sociedad colonial.

Muy por el contrario, es un logro notable del libro del profesor Kuethe su pericia para "leer" la reforma militar en función de las condiciones y coyunturas locales, "internas", de la sociedad neogranadina. La reforma militar no fue – como no lo fue, por lo demás, ninguna otra de las reformas ilustradas – simplemente un conjunto de disposiciones y reglamentos producto de las nuevas orientaciones del círculo que rodeaba a Carlos III. La reforma fue – y ésta es una orientación de método básica que no debe olvidar quien se ocupe del reformismo borbón – la redefinición de un conjunto de orientaciones e imposiciones en función de intereses sociales, de formas de identidad y de modalidades de cultura y acción política que resumían más de doscientos años de una experiencia singular de ejercicio del poder, que había dotado a grupos regionales dominantes de una capacidad de control social y territorial que difícilmente admitía discusión. Es eso lo que aparece bien sustentado por el análisis de los avatares y traspiés de la reforma militar en Popayán y, más en general, por el estudio de la " región andina", entendida ésta como una verdadera formación social y no como una entidad geográfica o étnica, – o ambas cosas a la vez –, según la moda más reciente.

Por oposición con lo que sucedió en la región costera, las elites de las zonas interiores del virreinato desarrollaron desde el principio de la reforma un sentimiento de hostilidad, desconfianza y rechazo frente a ella, pues veían en el nuevo papel del ejército una amenaza para sus privilegios y su autonomía tradicional, lo mismo que – a través del mecanismo del "fuero militar" – un principio de alteración de su autoridad política, al trastornar las jerarquías sociales y las formas de dominio estamental. A diferencia de la costa norte, en donde el ejército reformado fue un importante medio de movilidad social, que reforzó pretensiones dudosas de nobleza y permitió la elevación de individuos de los grupos subalternos (a través de los conocidos destacamentos de pardos), en el interior del virreinato no hubo creación de lazos firmes entre la institución militar y las aristocracias criollas, lo que, según nuestro autor, impidió el desarrollo de una "tradición militar elitista", siendo mirado el ejército, por el contrario, con hostilidad y rencor. Por lo demás, las relativas restricciones al ingreso de los criollos en la alta oficialidad obraron como un factor más que permitía ver a los militares como una verdadera fuerza de ocupación. Si a finales de los años 90 encontramos un número importante de criollos en cargos altos de la oficialidad, ello se debe a una especie de evolución natural de quienes habían ingresado en posiciones intermedias en los años 70 y ahora ascendían, y a la dificultad de llenar con españoles los cargos vacantes de la oficialidad

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De acuerdo con el autor, la ausencia de nexos fuertes entre aristocracia local y ejército, y los sentimientos de mutuo rechazo, favorecieron el que nuestro país llegara al siglo XIX "sin una tradición de elitismo militar", y es uno de los elementos que explican la (afortunada) ausencia de tendencias de "autonomía militar" que ha caracterizado a Colombia, a diferencia de otros países vecinos, incluso el muy vecino Ecuador (cuya reforma militar dependió de los virreyes con asiento en Santafé). Sin embargo, con prudencia Allan Kuethe consigna que ese tipo de relaciones entre ejército y aristocracias criollas "no explica por sí solo el carácter peculiar de lo civil y de lo militar en Colombia" , aunque es "una valiosa ayuda para comprender la escena general" (pág. 387).

Y hace bien el autor en matizar su conclusión. Por lo menos por tres razones. La primera tiene que ver con una ausencia. Su tesis se refiere a la actitud de los círculos de elite frente a la institución militar, pero no indaga – a pesar de una mención ilustrativa – la actitud de las clases subalternas, aunque habría demasiados argumentos para corroborarla. Recordemos el papel de control interno que se dio al ejército, su intervención como garante de la reforma fiscal y su función en el reclutamiento de grupos populares a los cuales se obligaba al trabajo forzado en las obras públicas. De todas maneras, sería apasionante escribir la historia de las actitudes populares frente a lo "militar", que en cuanto a imágenes parece haber representado una atracción, pero que en cuanto a relaciones reales, vividas, ha tenido mucho de pesadilla.

La segunda tendría que ver con posibles discontinuidades introducidas por el siglo XIX y que podrían producir variaciones en el funcionamiento general que Kuethe ha sabido percibir en el siglo XVIII. La hacienda, las diversas formas del caudillismo y las guerras civiles que acompañaron a los fraccionamientos regionales redefinieron las relaciones entre elites y formas primarias de la "institución militar", lo que permitió el surgimiento de nuevas formas de prestigio y de privilegio para aquellos que podían mostrar títulos militares – desde luego, en posiciones de mando –. No olvidemos que ni el Reyes de la vida real ni el Buendía de la novela dejaron nunca de usar su titulo de " General", para mencionar sólo un ejemplo.

La tercera razón tendría que ver con la forma específica de las relaciones entre capitalismo y reformas sociales en el siglo XX colombiano, forma que ha determinado la utilización más bien sistemática del ejército como el "actor" que enfrenta al movimiento social y sus reivindicaciones. Demasiados fenómenos, pues, de la sociedad colombiana contemporánea muestran una escena social altamente militarizada y un amplio papel protagónico de la institución militar. Y, sin embargo, todo ello ha transcurrido siempre en un marco formalmente democrático, en donde nunca desaparece por completo la referencia a la ley, y, con una sola excepción, bajo la presencia expresa de fórmulas de derecho, siendo, por lo demás, esa extraña combinación parte de lo que un agudo comentarista llamó, refiriéndose a la nuestra, "una democracia enigmática".

Ninguna de estas observaciones, desde luego, resta ningún valor a la tesis general del profesor Kuethe sobre las relaciones entre civiles y militares en Colombia, tesis que, por el contrario, permite abrir un inmenso terreno de investigación para la sociología política y la historia.

RENÁN SILVA
Universidad del Valle