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Poemacortismo
Poemas cortos de poetas mayores
colombianos (1939 -1833)
Luis Iván Bedoya M. (Selección. presentación y notas)
Vana Stanza Ediciones, Medellín, 1992, 137 págs.
El poeta Jaime Jaramillo Escobar, al
reseñar para el Boletín Cultural y Bibliográfico núm. 28 de 1991 la antología
Poetas de Antioquia (1966- 1826), preparada por Luis Iván Bedoya, concluía
afirmando: " Libro insignificante, anodino y apresurado, temeroso de los poemas
largos que hicieron honor a los grandes poetas. En la actualidad literaria de hoy, donde
lo pequeño es norma, los nuevos poetas se fatigan con ocho escuálidos versitos"
(pág. 104). Certera afirmación que conlleva vanas proposiciones: la primera, que la
" moda" se cuela hoy en todos los terrenos aun en los supuestamente sagrados
(sexo, religión, poesía); la segunda, que la " moda" que no siempre es
moderna se ha convertido en estos tiempos en norma; la tercera, que lo "
micro" como patrón de cultura no sólo toca la tecnología sino también lo
literario; la cuarta, que los poetas de " largo aliento" de la estirpe de un
Whitman para nuestro caso: León de Greiff, Aurelio Arturo, Alvaro Mutis y el mismo
Jaime Jaramillo Escobar parecen estar tristemente condenados a escasear o
desaparecer.
En la otra esquina y como
contraparte a los anteriores argumentos está el escritor guatemalteco Augusto Monterroso,
quien escribe: " Cuando vine a México tropezaba mucho con un anuncio que decía
" No escriba; telegrafíe", que yo interpreté al pie de la letra y quizá,
habiéndolo tomado demasiado en serio, sea de donde procede mi tendencia a escribir con
brevedad, o por lo menos frases breves" (La letra e, pág. 83). El problema,
pues, no radica en escribir breve; radica en pensar que la forma breve (prosa o verso) por
ser breve es más fácil. El poema breve es condensación verbal. Condensación es
sinónimo de concentración. Sólo quien se ha entrenado en pruebas de largo aliento, sabe
de la dificultad que es afrontar " la prueba reina": los cien metros. La
imposibilidad radica en querer hacer lo contrario; de ahí que el escritor denuncie la
fatiga de los nuevos poetas que palidecen con " ocho escuálidos versitos".
Poetas mayores, en el contexto, significa entonces que han corrido más de un maratón, y
que, por tanto, también han pasado pruebas de tensión" de corto aliento.
El mismo Luis Iván Bedoya nos ofrece en
esta oportunidad otra antología, esta vez de Poemas cortos de poetas mayores
colombianos (1939-1833), una muestra del largo aliento llevado al mínimo resuello. Es
el riesgo de una poesía que no tolera exceso. Es la economía que evita el gasto inútil
de palabras e imágenes. Es el gesto llevado a su mínima expresión: la exactitud. En
palabras de su recopilador: " Bellas palabras en bello orden [...] Abundancia de
poesía en muy pocos versos [...] Hallazgo de todas estas pequeñas y acabadas joyas
poéticas [...] En bola de luz puede convertirse este libro en manos del lector"
(pág. 13).
La antología reúne pues, más de un
siglo de poesía colombiana con nombres que van desde Giovanni Quessep (1939), José
Manuel Arango (193?) quien lleva al poema corto a su máxima expresión ,
Mario Rivero (1935), Jaime Jaramillo Escobar (1932); pasando por la generación de Mito:
Charry Lara,(1920), Rojas Herazo (1921), Gaitán Duran (1924), Mutis (1923), hasta llegar
en orden regresivo al inicio de nuestra poesía moderna con Arturo (1909), Vidales (1904),
De Greiff (1895), Barba Jacob (1883) y, por supuesto, Silva(1865). A su vez, la antología
rescata nombres olvidados como Rafael Pombo, Germán Pardo García, Carlos Martín, Jorge
Artel, entre otros.
Esta antología quiere en el fondo
también rendir un tributo al encuentro de nuestras letras con las literaturas orientales
e inglesas. De ellas nos oxigenamos con imaginación, humor, precisión, desverbalización
y eficacia en las palabras. Autores como Silva, Arturo, Mutis, Arango, se enriquecieron al
entrar en contacto y diálogo con la lírica inglesa. Poetas de la talla de Pound,
Dickinson, Eliot, Williams, Stevens, son traducidos e influyen quitando demagogia y
despilfarro a nuestras letras, que se mantenían anquilosadas, en un parroquialismo hasta
finales del siglo pasado y principios de éste. En palabras de Gutiérrez Girardot: "
Restos rezagados menores de un siglo XIX de campanario". La misma síntesis y
transparencia ofrecidas por la lírica inglesa nos la da la lírica oriental (tanka, renga
y haiku) por la llamada "senda de Basho".
GUAYACAN
El guayacán
de copa
ahusada
vencido
de racimos de flores
amarillas
qué llamarada
José Manuel Arango (pág. 20)
HAI-KAI
quédate así, quieta un instante:
para no espantar
la poesía que llevas
como un nimbo de pájaros
Eduardo Carranza (pág. 63)
Poemas cortos de poetas mayores
colombianos nos enseña una lírica colombiana erguida, limpia y profunda, ajena a todo
énfasis, donde el mayor acierto está en su eficacia con el lenguaje, donde se encuentran
los resultados de una búsqueda ante todo expresiva, cargada de rigor y voluntad crítica.
JORGE HERNANDO CADAVID
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